La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno! [Expandir]
> Inglés
> Francés
> Italiano
El lugar de encuentro de los católicos en la red
 
 
Tus Favoritos   |   Página de Inicio   |   Recomiéndanos   |   Opiniones   |   Suscríbete
Aprende a orar | sección
Habla con Dios | categoría
Retiro Espiritual | tema
Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
2o. Plática
La Creación. Dios es amor, por eso es mi creador.
 

Esta primera meditación trata sobre la creación. Dios es amor, por eso es mi creador. Y me creó porque me quiere, sólo por eso. Y no me pidió permiso, no se aconsejó con nadie. De ahí que la decisión más importante en mi vida, que es mi existencia, depende sólo y exclusivamente de Dios: Existo y existiré porque Dios lo quiso. Fue una decisión de amor: He vivido, por tanto, veinte, treinta, cuarenta o más años sumergido en el amor eterno de Dios.
Jack Loew, convertido, decía esto: “La realidad más radiante de mi vida es ésta: Dios existe y me ama”. Tú puedes decir con idéntica verdad la misma frase a la hora levantarte y a cualquier hora del día: “ Dios existe y me ama”. Cuando estás alegre, ahí es más fácil, pero también cuando estás en problemas, en dificultades. Que esa frase te dé seguridad, te de fuerza: Dios existe y te ama.

Crear para Dios es amar. En la Biblia se leen estas palabras claras: “No odias nada de lo que has creado” y entre esas cosas o personas que ha creado estás tú; por lo tanto puedes estar absolutamente seguro de que Dios a ti no solo no te odia, sino que te ama, aunque tú no le correspondas. Vivir para para ti, para mí, es ser amado.
Además, tienes que pensar que Él te creó para algo muy importante...No para el egoísmo, tampoco para la mediocridad, menos aun para la desdicha. Ciertamente tú puedes ser un egoísta pero porque tú lo decides, torciendo el plan de Dios. Puedes ser un mediocre, incluso puedes ser una persona desdichada, triste, pero habría que preguntarse: ¿Es de Dios la culpa de que no seas feliz o de quién es?

Te creó, además, para ser santo. Se nos dice en la carta a los Efesios, en el capítulo primero, del versículo 4 al 5: “Él nos eligió en Cristo antes de crear el mundo -¡fíjense desde cuando!- para que fuéramos santos e irreprochables ante sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso Él, que por medio de Jesucristo fuéramos sus hijos”.

¡Qué maravillosa forma de decirlo de San Pablo! Él determinó crearnos pero no solo determinó, quiso, se propuso que fuéramos sus hijos. Y la persona que nos lo dijo -y de una manera firme y clara- fue su propio hijo Jesucristo, al enseñarnos a rezar así: “Padre Nuestro que estás en el cielo...” Te creó para ser santo; puedes serlo. Es relativamente fácil cuando uno se decide a serlo. ¡Claro que es difícil cuando uno no se convence o no se anima a ser santo!

Te creó para ser un apóstol de los grandes. Créelo, porque te da las herramientas, te da las cualidades, las oportunidades de oro. En el Concilio Vaticano Segundo se nos ha recordado, -porque se nos había olvidado- que todos podemos y debemos ser santos y ser apóstoles, entendiendo como apostolado hacer el bien a los hermanos.

Te creó para ser feliz aquí y allá. Si yo no eres feliz, tendrás que preguntarte: “¿Es porque Dios me ha creado para ser un infeliz o es porque yo, contraviniendo su plan, me he resignado a ser infeliz? “
Te creó para ser útil, para hacer algo útil. Si resultas ser un inútil, para ser sincero, tendrás que reconocer que es tu culpa, no culpa de Dios.

Bien, a estas alturas de la vida, ¿cómo has realizado el sueño de Dios? Es una pregunta fuerte, pero sería bueno contestarla. Si necesitas llorar, ¡llora! Pero convierte esas lagrimas en coraje, en decisión, en esperanza infinita. Estás muy a tiempo de realizar el sueño de Dios y el tuyo.

Quiero citar aquí unas palabras hermosas de un hombre santo, precisamente hablando de los ejercicios espirituales: Dios es lo único necesario en la vida humana, es el único ser que pasa el test de nuestros anhelos de eternidad, el que siempre está ahí, permanece, queda fijo, inmutable, a salvo del paso del tiempo. Dios es hacia donde mira toda alma que busca su salvación. Por lo mismo nada vale tanto como el invertir aquí abajo en la fidelidad a ese Dios mediante la total sumisión a su querer. Todo cuanto no sea esto es echar en saco roto. “Me dejaron a mí, fuente de aguas vivas, y se acabaron cisternas rotas que no pueden contener el agua”. Si poseer a Dios es el fin, buscarlo es el quehacer de la vida. Pero a Dios sólo le encuentra el que le ama, y la experiencia del amor puro a Dios es la experiencia del puro olvido de uno mismo. Se trata de ser libre para servir a Dios y a los demás con la única libertad interior del hombre respecto a si mismo. El gran error de nuestras vidas es vivir desorientados, engañados creyendo que vamos siguiendo un sentido, cuando en realidad cada día nos alejamos más del verdadero sentido: Dios. El que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto mas se va alejando del término”.

Gracias debería ser una de las palabras más repetidas, más maravillosas que deberíamos decir a cada hora: Gracias al amanecer, gracias al mediodía, gracias al atardecer; gracias por los días pasados; gracias por este día, y gracias, también, por los días porvenir. ¡Qué suerte, qué alegría ser de Dios, pertenecerle, servir a tan gran Señor, amar a tan magnífico Padre; poderle decir desde el corazón: “Soy de Dios felizmente y para siempre”.

Dios es amor, por eso es tu Redentor: El amor que renueva su alianza contigo. Con la desobediencia y el pecado mataste aquel amor primero y te apuntaste con los condenados al infierno; perdiste el cielo, perdiste a Dios, perdiste todo; y estabas, como dice el profeta Oseas, a la orilla del camino revolcándote en tu propia sangre; pero pasó junto al camino de tu vida el Redentor con su cruz a cuestas y se compadeció de tu dolor, de tu desventura y te lavó con su sangre y con su gracia.

Cuando te creó sus manos estaban sanas y enteras; ahora están sangrantes, su corazón abierto, sus pies atravesados. Cristo lleva tus pecados, tu dolor, tu desventura en sus cinco heridas. Esas cinco heridas son el el precio que ha pagado por ti; son la prueba imborrable del amor que te tiene. Créelo, cree en el amor de Cristo, y no podrás ser un mediocre, un pecador, sino un santo.
El ejemplo de santa Teresa es muy claro. Recordemos brevemente lo que le sucedió: Era una religiosa que vestía el hábito de Carmelita en el convento de la Encarnación, en Ávila. A veces se dice: “ Si está en un convento, será santa”. Pero, por lo visto, era bastante mediocre. Y, como Dios sabía que podía sacar de ella una santa, le hizo pasar una experiencia fuerte, le permitió ver el infierno. Ella comentó: “No me morí porque Dios no lo quiso.” Me dijo: “Fíjate en ese lugar concreto del infierno”.Yo pregunté: ¿Por qué, Señor? “Porque ese iba a ser tu sitio para toda la eternidad, si hubieras ido como ibas”.

Ella, obviamente, no podía decir lo que hoy dicen muchos: que el infierno no existe, y, como lo dicen ellos, pues, no existe. En su convento, en unos de los pasillos, había una imagen de Cristo flagelado. Por allí pasaba todos los días como si nada, pero ese día no pudo seguir adelante; se detuvo ante la estatua, diciendo: “Ahora comprendo de qué me has librado y cuál ha sido el precio que has pagado, es decir, cuanto me amas”. Y, a renglón seguido, añadió: “Desde ese día me decidí a ser santa”. Hoy es Santa Teresa de Jesús. Es decir, cuando ella comprendió el amor que Dios le tenía, cambió radicalmente; y esto mismo sucede, o no sucede en nuestra vida. Si hay un día en que sentimos, comprendemos, experimentamos cuanto nos ama Dios, seremos capaces, como ella y muchos otros, de decir: desde hoy me decido a ser santo, a ser un apóstol, a cambiar radicalmente de vida.

Si eres capaz de amar, de comprender el amor, todo es posible al que ama. Si no eres capaz de amar, de comprender el amor, serás un eterno mediocre. Los santos, los de ayer y los de hoy, los de siempre, son pobres seres humanos llenos de defectos, pero que han comprendido el amor. Y cito aquí a uno de esos hombres santos: “Se es fiel sólo por amor; se es auténticamente feliz sólo en el amor; se es idéntico -en el sentido de auténtico-, sólo amando”.

La muerte de Jesús, tu Redentor, fue tu vida; su sangre lavó tus pecados; sus azotes, espinas y salivazos curaron, o debieron haber curado, tu soberbia.
Si te hacen un favor, espontáneamente dices: ¡Gracias! Si el favor es muy grande, no te basta con dar las gracias. ¿Por qué con Cristo debemos hacer una excepción? Si comprendiéramos cuánto nos ama Jesucristo, deberíamos vivir toda la vida de rodillas, dando gracias, llorando de felicidad y de gratitud. Pero, a base de recibir dones y más dones, nos volvemos de piedra, con una ingratitud realmente inexplicable. Yo me pregunto si será tan difícil amar locamente, entrañablemente, apasionadamente a un Dios que me ama desde siempre y para siempre; que murió crucificado por mí, flagelado, coronado de espinas por mí; que me dio a su misma Madre y se dio a sí mismo en la Eucaristía.

Dios es amor, y por eso es mi padre. El mejor de los padres. La oración del “Padre Nuestro”, rezada en su máxima intensidad, provoca o provocaría la muerte por felicidad. Tengo un Padre en los cielos que me ama con un amor eterno. “¿Puede una madre olvidarse de su hijo, del fruto de sus entrañas?” -Pregunta Dios- “Pues, si ella se olvidara, yo nunca te olvidaré.” ¿Por qué esta realidad, la más grande, la más hermosa, la más entrañable de la vida, la olvidamos? Considero que la desgracia más grande del mundo consiste en ignorar este amor. A nosotros que nos consideramos católicos, cristianos, se nos ha olvidado la esencia, se nos ha olvidado lo que es la religión del amor, y no tanto de nuestro amor al prójimo, sino del amor de Dios a nosotros. El amar sería la consecuencia. Yo, que soy amado infinitamente por Dios, quiero amar a ese Dios y a mis hermanos.

Los cristianos han vaciado la religión del amor para quedarse con la religión de los mandamientos, del aburrimiento y no sé de qué otras cosas, y ¡claro! les resulta pesada, aburrida, inaguantable. También nosotros en la vida religiosa o sacerdotal podríamos hacer lo mismo. Y ¿qué queda de nuestra vida cristiana, cuando se va el amor; qué queda de nuestra vida consagrada, cuando se va el amor?
En una ocasión preguntó a Jesús un doctor de la ley, por lo tanto, una persona seria, formada: “¿Cuál es el primer mandamiento de la religión, de tu religión?” Jesús respondió: “ El primer mandamiento es: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

No le habían preguntado el segundo, pero Él se adelantó a decir: “El segundo mandamiento es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y todavía redondeó la respuesta, diciendo: “En estos dos mandamientos está toda mi religión”.

No hay más; los dos mandamientos, los únicos dichos por Jesús son: Amarás, amarás. Por lo tanto Él fundó la religión del amor. Donde hay dos enamorados, ¿hay aburrimiento, hay ganas de acortar el tiempo, hay tristeza, o qué hay? Entonces, si nosotros no somos felices, no estamos realmente encantados en nuestra religión católica, de cristianos nos queda la pura fachada y la boleta de bautizo.

Se nos ha olvidado lo más importante, lo que los santos han defendido hasta con la sangre. Porque debemos de saber una cosa: Los santos son como nosotros, pero el amor se les ha clavado en el alma, en la sangre y, por eso, son lo que son.

Yo estoy convencido de que tú y yo, aunque seamos unos pobres seres humanos, si ese amor se clava en nuestro corazón también seremos santos.

Tengo un Padre en los cielos, un Padre que sigue todos mis pasos por la tierra, un Padre que ha orado por mí cuando hice de hijo pródigo, un Padre que me ha dado tantos dones que ya no los recuerdo, y de los recordados muy pocos he sabido agradecer.
Dios es mi Padre. Antes de hablar de cómo debe portarse un hijo, hay que estar seguro de esto: de que Dios es mi Padre.

Disfrutarlo, agradecerlo y morirse de felicidad. Somos hijos de Dios cada uno de ustedes y yo. No nos miremos la cara, las manos o el alma, porque no lo merecemos. Pero Él nos puede decir: ”No les pido que lo merezcan, sino que lo acepten”. No busquemos en nosotros mismos ninguna razón o huella para demostrarlo, sino en ese corazón enorme, maravilloso, amorosísimo de Dios Padre.

Con qué ternura decía San Juan: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos, sino que somos hijos de Dios”.

Manifestarle una confianza sin límites, esperándolo todo de Él; manifestarle un amor sin medida. Dios busca, Dios espera nuestro pobre amor pero lo busca como una fidelidad a su voluntad semejante a la de Jesús. Así debemos proceder. ¡Qué felices seríamos, si cada día, cada hora y durante toda la existencia, sintiéramos a Dios como un verdadero Padre!

Cuando Santa Teresa rezaba el Padre Nuestro, se detenía, se quedaba extasiada con esas dos palabras:, “Padre nuestro, Padre mío”, y se abismaba en la contemplación y la maravilla de lo que esto representa, y no podía seguir...

Recuerdo estas palabras de un hombre santo: “Antes de que pudiera defenderme contra el hechizo de su llamado, contra su amor devorador, caí sojuzgado”, o estas otras: “Cristo es mi Dios, mi gran amigo, mi compañero, mi Padre, mi grande y único amor y la única razón de mi existencia”. San Pablo era un cristiano verdadero porque era un enamorado: “Cristo me amó y se entregó a la muerte por mí”.

Debemos pensar que, si no amamos, hacemos inútil tanto sufrir, tanto soñar, y tanto amar de Dios a la humanidad. Hacemos inútil su sangre derramada, hacemos inútil el amor más perfecto, damos la espalda a aquél que es el Amor.

¡Gracias, por haberme amado como nadie, sabiendo que iba a ser tantas veces ingrato, indiferente, y gracias, porque no te has arrepentido, y porque, después de meses y de años, sigues mendigando mi pobre e insignificante amor! “¿Quién soy yo para que me pidas y me exijas que te ame con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas’ ¿Quién soy yo?” Así se preguntaba San Agustín y también nos preguntamos cada uno de nosotros; por lo menos yo me lo pregunto. ¿Quién soy yo, Señor, para que me pidas ese amor, y te pones bien triste si no te amo? ¿Quién soy yo?

Es necesario de alguna manera experimentar este amor; es una gracia que hay que pedir; es una gracia que hay que tener, si es que de verdad queremos cambiar, ser santos, y queremos dejar para siempre la mediocridad.

Una religión fundada por el Hijo de Dios, un Hijo de Dios humillado, flagelado, coronado de espinas y muerto en una cruz, para salvar a sus seguidores, sólo puede vivirse con pasión de amor. Jesús no es un filósofo, Jesús no es un intelectual, que predicó pacíficamente unos principios como otros filósofos y que los dejó para los que quisieran oírlos y practicarlos. Jesús -y en esto se diferencia radicalmente a todos los fundadores de religiones- es el Hijo de Dios, no un simple hombre, pero, además, para fundar su religión, no lo hizo con un libro, Él no escribió. Lo escribieron los discípulos. Él la fundó con una sangre en un patíbulo, clavado en una cruz para salvar, para dar la vida a sus cristianos: Ésta es la gran diferencia del cristianismo, y, por eso, la religión católica o se vive con pasión, o no se vive. Nosotros, los cristianos, hemos querido descoyuntar esa religión queriendo hacer nuestros caprichos, nuestros gustos, y tener una pintadita, un barniz de católicos, y por eso, sigue siendo verdad para muchos de nosotros el ataque que Nietzsche dirigía a los cristianos: “No se les nota rostro de resucitados.”

Y uno tiene que plantearse severamente: ¿De qué me sirve ser católico? ¿De qué me sirve ese Cristo? ¿De qué me sirven las misas y los sacramentos y las predicaciones, si no hay diferencia con otros? ¿Si sigo criticando como los otros? ¿Si soy un pecador empedernido como los otros hombres, o, tal vez, más que los otros? Para tener solamente fachada de católico, sería mejor declararme no cristiano, y, cuando tuviera fuerzas, ganas, ánimo de serlo de verdad, entrar y decir : Ahora sí voy a amar a Dios sobre todas las cosas y a mi prójimo como a mí mismo.

¿Por qué hay tantos cristianos que se pasan a las sectas? Y habrá más porque hay muy pocos que están decididos a amar de esa manera, a comprometerse de esa manera. Quisieran un cristianismo domesticado, un evangelio de bolsillo: chiquitito y hecho a su medida. Pero Jesús inventó un Evangelio maravilloso, un estilo de vida maravilloso, pero nunca fácil, y hoy nos gusta lo fácil, lo light. Por eso, nos tenemos que plantear severamente, concienzudamente: ¿Quiero ser un cristiano auténtico, al estilo de lo que Cristo quiere o prefiero ser cualquier otra cosa con una fachada de cristiano?

Para concluir, quisiera, de una manera viva, leer un cuestionario de una persona, en concreto, una muchacha que vivía ese cristianismo light o menos que light, pero hizo la experiencia de María Magdalena, de Zaqueo. Aquí están sus palabras:
“Antes de ir a aquel retiro, mi vida era horrible. La estaba llevando de tal forma que era, en verdad, de dar tristeza: Era una niña con tan solo 16 años, y ya sin alegrías ni ilusiones, ya decepcionada de la vida”. Hoy día hay miles de niños y niñas como ésta. “Pero era obvio: llegó el día en que me sentí asqueada de todo, y empecé a sentir un vacío enorme: algo me hacía falta.” Aquí hay un punto ya de reconocimiento: necesita algo y obviamente va en busca de llenar ese vacío. “ Pensé que ese vacío lo llenarían las fiestas, conocer niños nuevos, etc. Acababa de terminar con mi novio, -por lo tanto andaba en crisis sentimental- y así lo hice. Salí mucho, conocí a miles de niños, pero yo seguía igual. Antes los estudios me llenaban bastante, pero en esos momentos nada llenaba aquel vacío tan horrible. ¡Era desesperante! Nada me gustaba”. Esto lo pone con letras grandes. Y aquí vean cómo interviene Dios: “Llegó el día en que Dios me llegó directamente -recuerdo que fue por sus amigas que habían hecho un retiro como éste, y venían radiantes de felicidad-. La reacción de ella había sido burlarse de ellas, decirles que se iban al convento; les hizo llorar de coraje.

“Entonces Dios me llegó directamente, porque decir que nunca me había buscado sería una mentira; me insistió, y mucho, pero yo preferí vivir mi vida sin Él”. Uno podría preguntarse: ¿Por qué?: No lo necesito, me estorba, no me interesa, hay cosas mucho más interesantes, Dios es un aburrido, los jóvenes no necesitamos de la religión, etc.
“Pero, como decía, me habló; me hizo ver directamente que ahora tenía nuevamente los dos mismos caminos que ya antes había tenido: con Él o sin Él. obviamente esta vez escogí con Él”. Ahora vamos a ver cómo le va: “Fui a hablar con el padre y, después de insistirle mucho, me dejó ir. Fue el día de mi cumpleaños, por eso digo que yo nací a los 17 años. ¡Qué día tan increíble! Volví a nacer, pero con la conciencia de que tenía mucho que hacer. Y así empezó mi cielo, que hasta ahora sigo viviendo y nadie ha podido convertírmelo en infierno. Es algo maravilloso, porque desde que fui, todo es diferente. Cristo me ha dado un ideal por el cual vivir” -¡Vean cómo habla de Cristo, antes no quería saber nada!- “Antes estudiaba por un MB, ahora estudio por Cristo; antes me reía, pero por tonterías, ahora porque sé que cuento con Cristo; antes era una niña responsable, pero sólo ante mí misma, ahora lo soy sobre todo ante Cristo; antes lloraba, y ahora también lloro; antes, por falta de Cristo, y ahora porque lo adoro, es decir, de felicidad.

¡Claro! He tenido problemas. Pero con Cristo todo lo he podido solucionar: ahora hasta los problemas los veo como una bendición, porque he aprendido a exigirme. No sé cómo explicarle, solo me sale decir que es extraordinario. Para mí Cristo lo es todo, y, si a mí me dijeran: déjalo, preferiría morirme en ese momento, ya que sin Él me perdería, no sabría qué hacer: perdería a Cristo, y, por tanto, mi felicidad. ¿Por quién lucharía, entonces? ¿Por mí? ¿Para qué...?”

Esta persona fue a unos ejercicios espirituales con otras chicas. Es un caso realmente típico de lo que es un cristiano light antes de conocer: Odian lo que no conocen, desprecian lo que ignoran, lo rechazan incluso cuando lo ven en el rostro de sus mismas amigas; lo dejan, no les importa, y, cuando aceptan con una cierta humildad acercarse a Dios, ahí está el resultado.

¿Quién de ustedes quiere tener una experiencia semejante? Porque Cristo sigue siendo el mismo que conquista corazones y les llena de felicidad.

Recuerdo aquella expresión de San Agustín: “Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti”. “Nos has hecho Señor para ti”: es decir, que somos de ti por criaturas para amarte servirte y poseerte; somos de ti por el bautismo: hijos de Dios, y en el caso nuestro: somos de ti por la consagración, por ser sacerdotes y religiosos.

Darnos totalmente. Somos para Dios. El honor más grande del mundo consiste en ser servidores de Dios. Por algo se dice que “servir a Dios es reinar”. El hecho de que Él se haya interesado, Él haya pedido, buscado, el que tú le intereses, que te necesite para lo que a Él más le importa, dime si esto no es un grandísimo honor. Nos pide amor.
Cuando el joven rico se fue, causó en Cristo enorme tristeza y con razón. Si te dedicas a tu egoísmo ¡estás perdido, definitivamente perdido, sin luz, sin paz, sin ilusiones, sin nada! Por eso, debemos concluir que amar a Dios y cumplir su voluntad es lo único necesario.

La frase sigue diciendo: “Y nuestro corazón está inquieto...” Nuestra historia lo grita. Así estuvo San Agustín, Margarita de Cortona y tantos otros. Recordemos los remordimientos por el pecado que sentía Caín. Nosotros experimentamos la vida vacía y sin sentido, la falta de alegría y realización. Nada llena: ni el sexo, ni las drogas, ni el dinero, la fama, los viajes, nada! Es el hueso dislocado; es el pez fuera del agua; es el pájaro tras las rejas de la jaula.

Esa inquietud y falta de paz total nos tiene que empujar a una entrega mayor y para toda la vida: Una gran insatisfacción puede convertirse en una entrega definitiva. ¿Qué es lo que te frena o te ata todavía? Pídele a Dios que te dé la gracia de que esa atadura se rompa para siempre.

Y termina la frase: “Hasta que descanse en ti”: hasta que te entregues del todo, dejando barcos, quemándolos, cruzando la raya. ¿Qué cosas te detienen para esa entrega? ¿Has pensado, has creído en la felicidad de darse totalmente, felizmente y para siempre? El joven rico no sabía de esto, se fue con sus riquezas, y perdió a Cristo... Al final de la vida, aparte de haber perdido a Cristo, perdió también las riquezas; se quedó sin nada. En cambio, Pedro y los demás que le siguieron, se quedaron con Cristo y con el ciento por uno. Allí mismo San Pedro en esa escena del joven rico hace la pregunta trascendente: “Nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué va a suceder? Jesús aprovecha ese momento solemne para decirle a Pedro y a los otros Once, a ti y a todo el que quisiera oír, esta palabras: “Todo el que me siga y sea fiel a mi evangelio recibirá el ciento por uno en esta vida en padres, madres, hijos, campos, etc., en todo lo que haya dejado, con persecuciones, y después la vida eterna.” La promesa de Jesús era tan clara, tan contundente que Pedro, el que solía preguntar más de una vez, allí no preguntó más.

Ciento por uno y la vida eterna. Debió de pensar: “¡Negocio redondo! Por eso, en aquella ocasión en que muchos de los discípulos querían marcharse porque habian interpretado mal la Eucaristía, les hace esta pregunta a los doce: ”¿También vosotros queréis marcharos? Pedro fue el que respondió con estas palabras: “¿A quién iremos, Señor, si Tú tienes palabara de vida eterna? Que era como decir: Yo no entiendo mucho de Teología de la Eucaristía, pero lo que conozco de ti hace que me quede para siempre. Y gracias a eso salvó la situación de los otros apóstoles, por lo menos de diez de ellos. Porque Judas ya se había pasado al otro bando.

“Hasta que descanse en ti... hasta que se entregue totalmente a ti, Esta es una forma de vivir apasionante. ¿Qué importa el frío, el calor, los sufrimientos, las humillaciones? ¡El amor lo puede todo, lo transforma todo! Lo que vuelve la vida aburrida, monótona y cansada es la falta de fuego, de amor. Cuesta más; a veces, mucho, pero compensa totalmente.

Y, en vez de andar pensando tanto y tanto en lo que cuesta, en lo difícil, en lo que dejamos, ¿por qué no pensar en lo hermosa y apasionante que es esa vida?

La abnegación es bendita. “La vida del alma, minuto a minuto, es siempre bella, preciosa y emocionante, cualquiera que sea la condición del cuerpo ¡Ningún precio es suficiente para pagar la amistad con Jesús!”



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Mariano de Blas LC















    Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red. Ayúdanos, Dios te lo recompensará.
    DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
         Herramientas del Artículo:
    Arriba
    .
    Ver más artículos del tema
    .
    Preguntas o comentarios
    .
    ¿En donde estoy?
    .
    Hacer un donativo
    Envíalo a un amigo
    .
    Formato para imprimir
    .
    Descargar en PDF
    .
    Descargarlo a tu Palm
    .
      Suscripción canal RSS

    Escribir un comentario sobre este artículo

     Nombre

     Email Formato invalido. (no será publicado)

     País

    Comentario




    * Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.

    Inicio | Secciones | Comunidades | Servicios | Consultorios | Alianzas | Foros | Contacto
    Servicios por email Servicios por email
    Foros Foro de círculo de oración
    Mapas Mapa de Aprende a orar
    Opiniones ¿Qué opinas de Catholic.net?
    Comentarios Comentarios al editor de esta sección
    Biblioteca Documentos de apoyo de Aprende a orar
    Preguntas frecuentes Preguntas Frecuentes
    Donativos Hacer un donativo
    Habla con Dios
    ¿Cómo puedo hablar con Dios?
    Oración de Abandono
    Explicación de oraciones y devociones
    Retiro Espiritual
    Reflexión diaria
    Evangelio meditado
    Cambia tu vida
    Devocionario
    Libros de meditación y oración
     
    Lista de correo


    Suscribir
    Cancelar suscripción
    Consultores de la sección
    Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
    Ver todos los consultores
    Apoyan a la sección
    Buscadores del Reino
    Adoración Real, Perpetua y Universal al Santísimo Sacramento
    Asociación Cultural Salvadme Reina de Fátima
    María Visión
    Espacio Sagrado

    Ver todas las alianzas que apoyan a la sección

    Eventos
    Grupo de oración Santa María del camino
    Rezo del rosario ,alabanza y predicación.
    Ver todos los eventos

    Encuesta
    El Taller de oración interactivo de Catholic.net me ha servido para:
    Cambiar el concepto que yo tenía de la oración
    Controlar mejor mis pensamientos e imaginación durante la oración
    Cuidar el tiempo, el lugar, la postura y el contenido de mi oración
    Dedicar más tiempo a la oración
    Darle una mayor importancia a la oración en mi vida
    No me ha servido para nada
    No conozco el taller de oración de Catholic.net
    > Ver resultados
    > Ver todas las encuestas
    Foro de círculo de oración
    ¡Participa!
     |   Homenajes  |   Condiciones de uso   |   Donativos   |   Política de privacidad   |   Publicidad   |   Contáctanos   |  RSS
    © 2009 Catholic.net Inc.
    Todos los derechos reservados
    El lugar de encuentro de los católicos en la red