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Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net Para meditar las palabras del Salve Regina
Te saludamos con sonrisas, flores, y canciones. Oh María, la mujer más digna del amor.
Meditemos esta oración para disfrutar más el Rosario.
Dios te salve
Te
saludamos con sonrisas, flores, y canciones Oh María, la mujer más
digna del amor. Desde niño me enseñaron esta oración mis padres queriendo
que yo te amara y venerara como ellos lo hacían. Y desde
entonces sigo rezando y cantando esta bella plegaria todos los
sábados y a la hora del rosario cotidiano. Dios te salve, maravilla
de mujer y de Madre, lirio hermoso de los valles y
praderas. Pensando en Ti me vuelvo poeta me dan ganas de cantar. Mis
versos son para Ti, mis canciones te las canto a
Ti.
Reina y Madre de misericordia
Lo que más
necesitamos es misericordia, porque somos infinitamente miserables. Tu amor inmenso hacia tus
hijos se convierte en océano de bondad, de misericordia, y de
piedad. Te agradecemos tu amor, tu virtud excelsa, veneramos tu grandeza incomparable pero
sobre todo agradecemos la misericordia de tu rostro y de tu
corazón. Tienes ojos y corazón hechos de bondad. Dios te salve, Reina
y Madre de misericordia…
Vida nuestra
Nos animas a vivir, Haces feliz
nuestra vida, Nos otorgas calidad de vida, porque contigo vale la pena
vivir. No vamos solos por la vida. ¿No estoy yo aquí que
soy tu Madre? Tú lo dijiste. Y cumples las promesas.
Dulzura
Suavidad, serenidad,
paz. Contigo estamos al abrigo de tormentas y huracanes. Tu corazón es
refugio montañero, es brisa de primavera, es cantar de pajarillos, es
cristalina fuente, dulzura de la vida, de mi vida.
Y esperanza
nuestra
Todo lo espero de Dios por medio de Ti, porque Dios
te ama muchísimo y Tú me amas muchísimo. Contigo no cabe la
desesperanza y la tristeza. En las orillas de tu manso río crecen
los pastos y las flores en toda estación. Tú eres una
eterna primavera, rosal florido, perfumado, digno de contemplarse. De Ti lo espero
todo y más de lo que esperan todos los niños de
sus mamás. Espero que me lleves al cielo. Espero que me hagas
feliz. Espero contemplarte en el cielo en un éxtasis de amor. Eres
hermosísima paloma blanca que vuelas en mi jardín. Alegras mis días y
mis noches. Me haces sonreír y mirar hacia delante con ilusión y
entusiasmo. La vida sin Ti no tendría sabor ni sentido. Pero contigo
sí quiero vivir. Quiero contemplarte en el lirio del campo, en la
rosa perfumada, en el blanco clavel, en todas las flores de
las praderas, en las estrellas de la noche.
Dios te salve
Te saludamos,
te cantamos, te llevamos mañanitas, Oh dulce madre. Dios te
salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva
Fuimos hijos de
Eva para desgracia nuestra. Pero somos hijos tuyos para completa felicidad. Si
triste y dura fue la herencia de nuestra madre Eva, inmensamente
rica es la herencia que nos viene de Ti. El destierro se
dulcifica porque Tú nos acompañas cada día. Así nuestro desierto florece y
se vuelve llevadero. ¡Qué dura sería la vida sin tu dulce
compañía! ¡Qué cardos, qué espinas no produciría! Pero entre los cardos y
espinas tu mano amorosa ha plantado muy bellas rosas.
A Ti suspiramos,
gimiendo y llorando en este valle de lágrimas
Siempre nos quedas
Tú. En medio de los peligros eres refugio, pararrayos contra la
justa ira de Dios. En medio de las lágrimas, eres
consuelo. Tus hijos pueden sufrir, por ser ley todos, pero nunca desesperan. Saben
mirar a través de las lágrimas tu rostro materno que les
llena de esperanza.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra…
El nombre de abogada
significa defensora. Tú nos defiendes del maligno, del que atacó a nuestra
madre Eva en el Paraíso, y la hirió pasándonos la herida. Tú
nos libras de peligros y tentaciones que nos pudieran hacer perecer. Contigo
llevamos la frente alta por la vida, hasta el destino
final que es el cielo. Desde allí intercede ante tu Hijo por
cada uno de tus hijos, por mí también.
Vuelve a nosotros tus
ojos misericordiosos
Sí, tus ojos... Yo quiero asomarme a tus ojos, contemplarlos, porque
sólo de mirarlos me curo de mis tristezas, su alegría se
me contagia, su pureza infinita se me participa. Tus ojos, Madre Virgen,
son océano de gracia y de pureza. Por eso necesito mirarlos,
contemplarlos, para que la bienaventuranza de los puros de corazón me toque
a mí también. Nos miras con amor y misericordia. Necesitamos de ambas
realidades a morir. porque somos débiles y miserables en abundancia. Misericordia es
lo que suplicamos. Suplicamos a la misericordiosa Virgen. Suplicamos a la más
amorosa Madre. A través de tus ojos aspiramos esa misericordia y
ese amor. Es lo mejor que nos puedes regalar. Eres misericordia y
eres amor, dos realidades que heredaste de Dios, para regalarlas
a tus hijos.
Y, después e este destierro…
Destierro, porque la patria
no está aquí. Porque la tierra, que es en sí hermosa, se
nos vuelve inhóspita y agraz, al pensar en el cielo. Destierro,
porque aquí te tenemos y tenemos a Dios, pero todavía no
es del todo y para siempre. Podemos perderte, podemos perder a
Dios, ¡Oh terrible posibilidad! En el cielo Tú serás nuestra y nosotros
tuyos del todo y por toda la eternidad. ¡Qué inmensa beatitud!
Muéstranos a
Jesús, fruto bendito de tu vientre
Lo más grande que Tú
tienes es Jesús. Muéstranoslo, queremos verlo, conocerlo, amarlo entrañablemente. Desde que fuiste Madre
de Jesús, nunca podrás separarte de Él, es tu hijo. Pero lo
mismo que a Él, nos has engendrado a cada uno de
nosotros. Somos por eso sus hermanos y tus hijos. Ser hijo no
siempre es bien valorado por éste pero ser madre es muy
bien conocido por ella. Yo no conozco bien lo que significa
ser tu hijo, pero Tú sí sabes lo que significa ser
mi madre. Jesús es el hermano mayor y especial. Debemos asemejarnos a
Él. danos la gracia de conocerlo como Tú lo conoces: Un
Dios amor que nos quiere hasta la muerte de cruz, que
nos dio a su Madre, a Ti, para cada uno. Déjanos
ver su rostro, déjanos conocer su corazón, concédenos amarlo con todas
nuestras fuerzas.
Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María
Clemente, piadosa
y dulce: la trilogía de la misericordia encarnada en Ti. Permítenos beber
en tu fuente el agua dulce de tu piedad. Estamos tan
necesitados de clemencia, dulzura y piedad. Pero tu fuente rebosa de esa
agua pura. Virgen María dulce: Eres el rosal sin espinas, belleza
de rosas perfumadas: corremos al olor de tus perfumes. Virgen María clemente:
De Dios lo aprendiste, Oh Madre del hijo pródigo. Si algo sabes
hacer con excelencia, es el arte de la misericordia con tus
hijos pecadores. Necesitamos tanto tu capacidad de compasión, porque somos pecadores
maltratados por Satanás. Virgen María piadosa: Te compadeces del pecador, de
sus heridas purulentas, no queriendo ver su culpa. Respondes con piedad
y misericordia a la negra ingratitud, como tu Hijo. Misericordia del Hijo,
misericordia de su Madre. Gracias por ser dechados de piedad para
nosotros, que, si algo necesitamos, es misericordia y piedad.
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