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Autor: Consejo Pontificio para la Promoción de la unidad de los cristianos | Fuente: vatican.va Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2008
Tradicionalmente, esta semana se celebra del 18 al 25 de enero. Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad para pedir por nuestros hermanos separados.
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2008
No ceséis de orar (1 Tes 5,17)
A todos aquellos
que organizan la Oración por la unidad de los cristianos
Buscar la unidad durante todo el año
Tradicionalmente, la Semana de
oración por la unidad de los cristianos se celebra del
18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en
1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la
fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta
elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde
el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano,
se prefiere adoptar igualmente en otra fecha, por ejemplo en
torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución
en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la
unidad de la Iglesia.
Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos
a considerar estos textos como una invitación para encontrar otras
ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado
de comunión que las Iglesias ya han alcanzado, y orar
juntas para llegar a la plena unidad querida por Cristo.
Adaptar
los textos
Estos textos que han sido propuestos, cada vez que
sea posible, se procurará adaptarles a las realidades de los
diferentes lugares y países. Al hacerlo, se deberá tener en
cuenta las prácticas litúrgicas y devocionales locales así como el
contexto social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente una colaboración ecuménica.
En
muchos países, las estructuras ecuménicas existen y permiten este género
de colaboración. Esperamos que la necesidad de adaptar la «Oración»
a la realidad local pueda animar la creación de esas
mismas estructuras allí donde éstas no existen todavía.
Utilizar los textos
de la Oración por la unidad de los cristianos
Para
las Iglesias y las Comunidades cristianas que celebran juntas la
«Oración» durante una sola ceremonia, este folleto propone un modelo
de Celebración ecuménica de la Palabra de Dios.
Las Iglesias
y las Comunidades cristianas pueden igualmente servirse para sus celebraciones
de las oraciones y de otros textos de la Celebración
ecuménica de la Palabra de Dios, de los textos propuestos
por el Octavario y de las oraciones presentes en el
apéndice de este folleto.
Las Iglesias y Comunidades cristianas que
celebran la «Oración por la unidad de los cristianos» cada
día de la semana, pueden encontrar sugerencias en los textos
propuestos para el Octavario.
Las personas que desean realizar estudios
bíblicos sobre el tema del año 2008, pueden servir de
apoyo igualmente los textos y las reflexiones bíblicas propuestas para
el Octavario. Los comentarios de cada día pueden concluir con
una oración de intercesión.
Para las personas que desean orar
en privado, los textos de este folleto pueden animar sus
oraciones y su llamada a la comunión con todos aquellos
que oran en todo el mundo por una mayor unidad
visible de la Iglesia de Cristo.
Texto bíblico
(1 Tes
5,12a.13b-18)
Os pedimos, hermanos... que la paz reine entre vosotros. Os
recomendamos también, hermanos, que corrijáis a los indisciplinados, animéis a
los tímidos y sostengáis a los débiles, teniendo paciencia con
todos. Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario,
buscad siempre haceros el bien los unos a los otros
y a todos. Estad siempre alegres. No ceséis de orar.
Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo
que Dios quiere de vosotros como cristianos.
(BTI, Biblia Traducción Interconfesional)
Introducción
La
“Semana de oración para la unidad de los cristianos 2008”
señala el centenario del comienzo del “Octavario por la unidad
de la Iglesia”. Este cambio de terminología indica que la
oración por la unidad de los cristianos evolucionó a lo
largo de los años. A este respecto, se nos propone
un breve panorama de su historia en la primera parte
de esta introducción.
En la segunda parte se presentan el
texto bíblico y el tema elegido para la Semana de
oración por la unidad de los cristianos 2008. Proponemos a
continuación una breve reflexión sobre “el ecumenismo espiritual” que permita
situar bien la oración para la unidad de los cristianos.
La introducción se concluye con una breve descripción de la
estructura de los ocho días del octavario por la unidad
de este año.
Un aniversario importante
Hace cien años, el Padre Paul
Wattson, sacerdote episcopal (anglicano) y cofundador de la Sociedad del
Atonement de Graymoor (Garrisson, en el Estado de Nueva York),
inauguraba un Octavario de oración por la unidad de los
cristianos que se celebró por primera vez del 18 al
25 de enero de 1908. En 1968, exactamente sesenta años
más tarde, las Iglesias y las parroquias del mundo entero
recibían por primera vez los textos para la Semana de
oración para la unidad de los cristianos, preparados conjuntamente por
la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las
Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad
de los cristianos (Iglesia católica).
En la actualidad, la colaboración entre
las Iglesias, las parroquias y las comunidades anglicanas, católicas, ortodoxas,
y protestantes en la preparación y la celebración de la
Semana de oración por la unidad es una práctica ya
familiar, lo que es prueba tangible de la eficacia de
la oración por la unidad. Se justifica que podemos hablar
de la historia de la Semana de oración por la
unidad de los cristianos como la de un éxito. Es
para nosotros fuente de gran alegría y profunda gratitud.
Los antecedentes
de la Semana de oración
Si estos dos aniversarios nos permiten
describir la historia de la Semana de oración, es evidente
que la oración por la unidad no es una invención
del siglo pasado. Él mismo Jesús elevó esta oración al
Padre: “Que todos sean uno”. Desde entonces, los cristianos no
han dejado de orar de varias maneras para que la
unidad se realice. A pesar de sus divisiones, los cristianos
de todas las tradiciones han rezado juntos con la oración
de Cristo por la unidad de todos sus discípulos. La
antigua liturgia diaria de las Iglesias ortodoxas, por ejemplo, invita
los fieles a orar por la paz y la unidad
de todos.
Otras propuestas habían precedido a la Semana de oración
por la unidad de los cristianos a mediados del siglo
XIX. La importancia y la necesidad de la oración -y
en particular de la oración por la unidad de los
cristianos divididos- son puestas de relieve por un gran número
de movimientos y grupos eclesiales de distintas confesiones (por ejemplo
el Movimiento de Oxford, la Alianza evangélica y distintas iniciativas
femeninas por la oración). En su Carta encíclica dirigida en
1902 a todas las Iglesias locales ortodoxas, el Patriarca ecuménico
Joaquín III destacaba que la unidad de todos los cristianos
era un “tema de oración y súplica incesantes”.
Paul Wattson y
Paul Couturier
Cuando el Padre Paul Wattson concibió y llevó a
la práctica el octavario de oración -que se considera como
el principio de la Semana de oración por la unidad
de los cristianos tal como la celebramos hoy-, para él
la unidad significaba en realidad el retorno de las distintas
Iglesias al seno de la Iglesia católica romana. Eso influyó
en la elección de las fechas para el octavario: éste
comenzaría el 18 de enero que en aquella época en
el calendario católico romano era la fecha de la “Fiesta
de la Cátedra de Pedro” y se concluiría el 25
de enero, Fiesta de la conversión de Pablo. Después de
la entrada de la Sociedad del Atonement en la Iglesia
Católica en 1909, el Papa Pío X dio su bendición
oficial al octavario por la unidad.
A mediados de los
años treinta, el Abad Paúl Couturier de Lyón (Francia) dio
un nuevo impulso al octavario por la unidad de la
Iglesia. En esta época, la celebración del octavario había comenzado
a extenderse en toda la Iglesia católica y en un
pequeño número de comunidades anglicanas favorables a la reunión con
el obispo de Roma. No obstante, por razones teológicas este
enfoque era rechazado por un gran número de cristianos que
no pertenecían a la Iglesia católica. El Abad Couturier mantuvo
las fechas del 18 al 25 de enero pero modificó
la terminología: el objetivo de la “Semana universal de oración
por la unidad de los cristianos” que promovía era la
unidad de la Iglesia “tal como Cristo la quiere”.
Fe y
Constitución
Otra corriente de iniciativas de oración por la unidad de
los cristianos está en el origen de la Semana de
oración. En 1915, se publicó un Manual de oración para
la unidad de los cristianos por la “Comisión de la
Iglesia episcopal protestante en los Estados Unidos de la Conferencia
mundial sobre fe y constitución”. En la breve introducción a
esta obra, los autores destacaban su esperanza que cada una
de las distintas comunidades rece por la unidad, no que
recen necesariamente en un mismo lugar. Así mismo no se
esperaba que “las Iglesias con fuerte tradición litúrgica tal como
la Iglesia Católica y la Santa Iglesia oriental ortodoxa” utilizaran
este material sino que lo pusieran en sus extensos recursos
y en su rica herencia de oraciones por la unidad
de los cristianos.
A partir de 1921, el Comité permanente para
la Conferencia mundial sobre Fe y Constitución publica el material
para el Octavario de oración por la unidad de los
cristianos y sugerirá que se tenga durante los ocho días
que preceden a Pentecostés. En 1941 la Comisión Fe y
Constitución desplaza estas fechas al mes de enero, de manera
que coinciden con la iniciativa católica y estas dos corrientes
resultantes del COE y la Iglesia católica invitan a los
cristianos a orar en el mismo período. A partir de
1958, la preparación del material propuesto por Fe y Constitución
se hizo en gran parte en coordinación con la de
los textos elaborados por el Centro ecuménico Unidad Cristiana (católico)
de Lyón, y a partir de 1960 Fe y Constitución
y la Iglesia Católica comenzaron a reflexionar juntas y de
manera profunda sobre la elaboración de estos textos aunque discretamente,
ya que la Iglesia Católica no fomentaba aún de manera
oficial las actividades ecuménicas.
Hacia una celebración común de la Semana
de oración
Es el 25 de enero de 1959, día de
la conclusión del octavario de oración por la unidad, cuando
el Papa Juan XXIII convoca el Concilio Vaticano II que
deberá hacer entrar de manera decisiva a la Iglesia Católica
en el movimiento ecuménico. El Concilio permitía también la colaboración
oficial entre el Secretariado de Fe y Constitución del Consejo
Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción
de la unidad de los cristianos del Vaticano. A raíz
de la consulta mixta organizada por estos dos organismos en
1966 sobre la Semana de oración por la unidad de
los cristianos, se creó un grupo mixto de preparación de
los textos para la Semana de oración. En 1968, el
primer “producto” del grupo estaba listo para emplearse. Desde 1973
cada año hay un diferente grupo ecuménico, resultante de una
región del mundo, que es invitado a preparar un primer
proyecto de textos para la Semana de oración que el
grupo preparatorio mixto internacional se encarga de revisar. Este “viaje”
en torno al globo destaca hasta cierto punto el carácter
verdaderamente ecuménico de la semana de oración. Esta larga historia
de la preparación y la celebración común de la Semana
de oración por la unidad de los cristianos condujo en
2004 a la coedición del material por Fe y Constitución
y el Consejo pontificio para la promoción de la unidad
de los cristianos.
El texto bíblico y el tema elegido para
2008
El pasaje bíblico elegido para la celebración del centenario de
la Semana de oración para la unidad de los cristianos
se extrae de la primera carta a los Tesalonicenses. El
texto “no ceséis de orar” (1 Tes 5,17) destaca el
papel esencial de la oración en la vida de la
comunidad de los creyentes, ya que da a sus miembros
el profundizar en su relación con Cristo y con los
otros. Este paso forma parte de una serie de “imperativos”,
de las declaraciones por las cuales Pablo anima a la
comunidad a vivir de la unidad que Dios nos da
en Cristo, a ser en la práctica lo que está
en el principio: el único cuerpo de Cristo, visiblemente unido
en este lugar.
La Carta a los Tesalonicenses, que data
del año 50 ó 51 después de Jesucristo y es
considerada por la mayoría de los exegetas como la más
antigua carta de Pablo, nos revela el vínculo muy fuerte
que une a este último con la comunidad cristiana de
Tesalónica. Mientras acaba exactamente de sufrir persecuciones en la ciudad
de Filipos –Pablo y sus compañeros Silas y Timoteo fueron
conducidos allí por la muchedumbre y puestos en prisión por
orden de los magistrados de la ciudad (Hch 17,1-9)-, establece
la Iglesia en Tesalónica en algunas semanas con un trabajo
intenso antes de que nuevos ataques lo conduzcan de Berea
a Atenas (17,10-15). Pablo alimentaba grandes esperanzas para la Iglesia
de Tesalónica: la fe, la esperanza y la caridad que
no dejaba de crecer en esta ciudad, la manera en
que había acogido la Palabra a pesar de los sufrimientos,
y la alegría que expresaba en el Espíritu Santo, todo
contribuía a suscitar su admiración y sus alabanzas (1 Tes
1,2-10). No obstante estaba preocupado. Su salida precipitada no le
había dejado tiempo para consolidar la obra que había emprendido
y rumores inquietantes le habían llegado. Algunos retos procedían del
exterior, en particular, de la persecución de la comunidad y
de sus miembros (1 Tes 2,14). Otros eran de naturaleza
interna: algunos miembros de la comunidad seguían teniendo comportamientos más
caracterizados por la cultura ambiente que por su nueva vida
en Cristo (4,1-8); otros criticaban a los responsables que ejercían
la autoridad y por consiguiente del mismo Pablo (cf 2,3-7,10);
otros aún desesperaban de la suerte reservada a los que
morirían antes de la vuelta del Cristo. ¿Se les negaría
entrar en el Reino de Dios? ¿Para ellos y quizá
para otros, la promesa de la salvación sería inútil y
vacía de sentido (cf 4,13)?
Temiendo haber trabajado en vano
y “sin esperar más” (3,1), Pablo en la incapacidad de
darse la vuelta él mismo hacia Tesalónica, decide enviar a
Timoteo e informarle del testimonio de la fe y amor
profundos manifestados por esta comunidad así como de su fidelidad
a Pablo. En 1 Tesalonicenses leemos la respuesta de Pablo
a esta buena noticia, y también a los retos que
debe afrontar la Iglesia naciente. En primer lugar, escribe para
agradecer a la comunidad su fortaleza ante la prueba de
la persecución. Pero a pesar de su alegría y su
alivio cuando Timoteo le informa, comprende que la semilla de
la desunión ya está en la Iglesia; por esta razón
responde a las diversas cuestiones planteadas por la comunidad sobre
el comportamiento personal (4,9-12), sobre los dirigentes (5,12-13a) y sobre
la esperanza en la vida eterna en Cristo (4,14-5,11).
Uno de
los objetivos principales de Pablo era edificar esta comunidad en
la unidad. Incluso ni la muerte puede cortar los vínculos
que crean su unidad, como único cuerpo de Cristo. Jesús
murió y resucitó por todos nosotros; por eso cuando venga
el Señor, los que se durmieron aún están vivos, todos
“viviremos entonces unidos él” (5,10). Eso conduce a Pablo a
pronunciar los imperativos que figuran en 1 Tesalonicenses 5,13-18 y
forman una lista de exhortaciones, de la que una se
eligió como base de la Semana de oración de este
año. Este pasaje comienza por la exhortación que Pablo dirige
a los miembros de la comunidad: “que la paz reine
entre vosotros” (5, 13b), una paz que no significa simplemente
la ausencia de conflicto sino una armonía en la cual
los dones de todos los miembros de la comunidad contribuyen
a su prosperidad y a su crecimiento.
Es interesante tener en
cuenta que Pablo no da ninguna enseñanza teológica abstracta ni
hace alusión a las emociones o a los sentimientos. Como
en el pasaje famoso sobre el amor en 1 Corintios
13, invita más bien a la acción, a comportamientos concretos
a través de los cuales los miembros de la comunidad
revelan su compromiso y la responsabilidad que tienen los unos
hacia otros en el único cuerpo del Cristo. El amor
debe llevarse a la práctica y ser visible.
Establece una
lista de estos imperativos, de las “cosas que contribuyen a
la paz”: garantizar la participación de todos y valorar a
los que tienen poco; sostener a los débiles; ser pacientes
con todos; no devolver mal por mal sino buscar siempre
el bien, entre nosotros y con respecto a todos; estar
siempre alegres; orar sin cesar; dar gracias en toda circunstancia
(5,14-18). Este pasaje se concluye con la afirmación de que
al actuar así, la comunidad vive según “la voluntad de
Dios en [su] referencia a Cristo Jesús” (5,18b).
La llamada “no
ceséis de orar” (5,17) forma parte de esta lista de
imperativos. Eso nos recuerda que la vida en una comunidad
cristiana sólo es posible a través de una vida de
oración. Más aún, Pablo pone de manifiesto que la oración
es parte integrante de la vida de los cristianos precisamente
cuando pretenden manifestar la unidad que se les ha dado
en Cristo -una unidad que no se limita a puntos
doctrinales y a declaraciones oficiales sino que se expresa en
“todo lo que contribuye a la paz”- por acciones concretas
que atestiguan su unidad en Cristo y entre ellos y
que la hacen aumentar.
La oración de Cristo y la unidad
cristiana
A través del bautismo nos comprometemos a seguir a Cristo
y a realizar su voluntad. Esta voluntad para sus discípulos,
Jesús la expresa en su oración por la unidad para
que otros crean que es el enviado de Dios. Algunas
Iglesias consideran que la oración asociada a la oración de
Jesús por la unidad es una expresión del “ecumenismo espiritual”.
Esta oración es especialmente intensa durante la Semana de oración
por la unidad de los cristianos, pero no debe limitarse
a esta celebración y debe penetrar en nuestra vida diaria.
Tenemos conciencia que la unidad no puede realizarse solo a
través de nuestros esfuerzos, sino que es obra del Espíritu
Santo. Como seres humanos no podemos hacerla o realizarla. No
podemos sino recibirla como un don del Espíritu cuando nosotros
mismos estamos dispuestos a acogerla.
El ecumenismo espiritual implica un
intercambio de dones espirituales, aunque lo que falta en una
tradición se completa por lo que está presente en otras.
Eso nos ofrece la posibilidad de ir más allá de
nuestras etiquetas confesionales para ir hacia el que es la
fuente de todo bien. Lo que es sorprendente en la
oración es que su eficacia se comprueba en primer lugar
en nosotros mismos. Ella modela nuestro espíritu y nuestro corazón
cuando pretendemos traducirla en la vida práctica, lo que es
la verdadera prueba de su autenticidad. El ecumenismo espiritual nos
conduce a la purificación de la memoria, animándonos a hacer
frente a los graves acontecimientos del pasado que dieron lugar
a interpretaciones divergentes de naturaleza y origen. Podemos superar estas
dificultades que nos han mantenido en la división. Dicho de
otra forma, el objetivo del ecumenismo espiritual es la unidad
de los cristianos que nos hace participar en la misión
para la gloria de Dios.
Si los creyentes quieren de verdad
seguir los pasos de Jesús, deben trabajar y rogar por
la unidad de los cristianos. No obstante, las Iglesias tienen
visiones diferentes de la unidad visible por la cual rogamos.
Para algunos, el objetivo es llegar a una plena unidad
visible en la cual las Iglesias se reunirían en una
única comunidad de fe, oración y sacramentos, de testimonio, donde
las decisiones se tomarían conjuntamente y la vida sería estructurada
según un mismo modelo. Otros contemplan una diversidad reconciliada en
la cual las Iglesias actuales trabajarían juntas para ofrecer al
mundo un testimonio coherente. Para otros aún, la unidad reside
más bien en los vínculos invisibles que la unen a
Cristo y entre nosotros, y depende también mucho de la
manera personal de vivir su fe en el mundo.
La
oración por la unidad de los cristianos es por consiguiente
una oración extremadamente estimulante. Es una oración que implica cambios
en nuestra identidad personal así como en nuestra identidad confesional.
En definitiva, eso significa que renunciemos a nuestra visión de
la unidad para pretender comprender mejor lo que Dios quiere
para su pueblo. No obstante, eso no quiere decir que
abandonemos nuestra unicidad ya que la unidad se expresa naturalmente
en la diversidad. La unidad en la diversidad es la
imagen del misterio de la comunión de amor que es
la naturaleza misma de Dios.
El octavario
Las meditaciones propuestas para el
octavario de oración de este año parten del principio que
la oración para la unidad de los cristianos, el ecumenismo
espiritual, es la base de todos los demás aspectos de
la búsqueda de la unidad entre los cristianos. Ofrecen una
reflexión profunda sobre el tema de la oración por la
unidad, cada una llamando la atención sobre un aspecto o
una preocupación de esta oración y estableciendo un vínculo con
una de las exhortaciones que Pablo dirige a la comunidad
cristiana de Tesalónica. La primera meditación presenta la unidad como
un don y una llamada hecha a la Iglesia y
reflexionar sobre lo que significa “no ceséis de orar” para
la unidad. El segundo día nos invita tener confianza en
Dios y darle las gracias cuando trabajamos por la unidad,
ya que tenemos conciencia que es el Espíritu Santo el
que dirige nuestros pasos por el camino de la unidad.
La necesidad de una conversión permanente del corazón, como fieles
y como Iglesias, es el centro de la reflexión del
tercer día. El cuarto día titulado “orad sin cesar por
la justicia” anima los cristianos a una oración siempre centrada
en Cristo que nos incita a trabajar juntos para responder
a la injusticia y a las necesidades de una humanidad
que sufre.
En la vida cristiana la paciencia y la
perseverancia van juntas. En nuestra búsqueda de la unidad querida
por Cristo para sus discípulos, deberíamos estar atentos a los
distintos ritmos y tiempos de nuestros hermanos y hermanas, tal
como nos invita el quinto día. La meditación del sexto
día anima a rezar para que se nos conceda la
gracia de ser conscientemente instrumentos de la obra de la
reconciliación de Dios. Al igual que aprendimos a trabajar juntos
aportando una ayuda a los que están en el desamparo,
nosotros podríamos aprender a progresar juntos en la oración y
apreciar las distintas maneras según las cuales los cristianos se
dirigen a Dios. Es lo que sugiere el séptimo día.
Al apoyarse en el camino recorrido hacia la unidad, guiados
por el Espíritu Santo, la meditación final de este octavario
nos llama, así como a nuestras Iglesias, a comprometernos de
nuevo a rezar y buscar con todas nuestras fuerzas la
unidad y la paz que Dios quiere para nosotros.
Preparación de
los textos para el Octavario 2008
El proyecto de textos ha
sido preparado por el director del Instituto ecuménico e interreligioso
de Graymoor (Nueva York, Estado de Nueva York, EE.UU.), el
Padre James Loughran, SA, en colaboración con el Dr. Ann
Riggs, Directora general (cf Susan Dennis, en lo sucesivo) de
la Comisión Fe y Constitución del Consejo nacional de las
Iglesias cristianas de EE.UU. (NCCCUSA), el Dr. Keelan Downton, investigador,
el Reverendo James Mass, Director del Secretariado para los asuntos
ecuménicos e interreligiosos de la Conferencia de los obispos católicos
de los Estados Unidos (USCCB) y la Sra. Susan Dennis,
Presidenta y Directora general del Centro interconfesional de Nueva York
(EE.UU.).
Este proyecto es un buen ejemplo de las relaciones
de colaboración que mantienen el Instituto ecuménico e interreligioso de
Graymoor, el NCCCUSA y el Centro interconfesional en sus esfuerzos
para promover cada año en los Estados Unidos la Semana
de oración por la unidad de los cristianos. A través
de su trabajo de redacción, los participantes han querido poner
de relieve la importancia de la celebración del centenario del
Octavario para la unidad de la Iglesia que por primera
vez se celebró a Graymoor (Garrison, NY) del 18 al
25 de enero de 1908. Quisieron también celebrar la historia
de estos cien años de oración con una llamada a
dar un nuevo impulso a la Semana de oración por
la unidad de los cristianos, de ahí el tema elegido:
no ceséis de orar.
Estos textos han sido adaptados y
aprobados definitivamente en la reunión del grupo preparatorio internacional nombrado
por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de
las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de
la Unidad de los Cristianos. Este grupo internacional que se
reunió en Graymoor en septiembre de 2006 agradece sinceramente a
los Hermanos y a las Hermanas franciscanos de la Reconciliación
(Society of the Atonement) su calurosa hospitalidad así como a
todos los que participaron en la preparación de este proyecto
inicial.
_________________
Materiales para la SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD
DE LOS CRISTIANOS y para el resto del año 2008
Preparados conjuntamente por el Consejo Pontificio para la promoción de
la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y
Constitución del Consejo Mundial de Iglesias.
Traducción preparada por la
Comisión para las relaciones interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española
Celebración ecuménica
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