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Autor: Consejo Pontificio para la Promoción de la unidad de los cristianos | Fuente: vatican.va
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2008
Tradicionalmente, esta semana se celebra del 18 al 25 de enero. Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad para pedir por nuestros hermanos separados.
 
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2008
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2008


No ceséis de orar (1 Tes 5,17)




A todos aquellos que organizan la Oración por la unidad de los cristianos


Buscar la unidad durante todo el año

Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere adoptar igualmente en otra fecha, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.

Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos a considerar estos textos como una invitación para encontrar otras ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar a la plena unidad querida por Cristo.


Adaptar los textos

Estos textos que han sido propuestos, cada vez que sea posible, se procurará adaptarles a las realidades de los diferentes lugares y países. Al hacerlo, se deberá tener en cuenta las prácticas litúrgicas y devocionales locales así como el contexto social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente una colaboración ecuménica.

En muchos países, las estructuras ecuménicas existen y permiten este género de colaboración. Esperamos que la necesidad de adaptar la «Oración» a la realidad local pueda animar la creación de esas mismas estructuras allí donde éstas no existen todavía.


Utilizar los textos de la Oración por la unidad de los cristianos

  • Para las Iglesias y las Comunidades cristianas que celebran juntas la «Oración» durante una sola ceremonia, este folleto propone un modelo de Celebración ecuménica de la Palabra de Dios.

  • Las Iglesias y las Comunidades cristianas pueden igualmente servirse para sus celebraciones de las oraciones y de otros textos de la Celebración ecuménica de la Palabra de Dios, de los textos propuestos por el Octavario y de las oraciones presentes en el apéndice de este folleto.

  • Las Iglesias y Comunidades cristianas que celebran la «Oración por la unidad de los cristianos» cada día de la semana, pueden encontrar sugerencias en los textos propuestos para el Octavario.

  • Las personas que desean realizar estudios bíblicos sobre el tema del año 2008, pueden servir de apoyo igualmente los textos y las reflexiones bíblicas propuestas para el Octavario. Los comentarios de cada día pueden concluir con una oración de intercesión.

  • Para las personas que desean orar en privado, los textos de este folleto pueden animar sus oraciones y su llamada a la comunión con todos aquellos que oran en todo el mundo por una mayor unidad visible de la Iglesia de Cristo.


    Texto bíblico

    (1 Tes 5,12a.13b-18)

    Os pedimos, hermanos... que la paz reine entre vosotros. Os recomendamos también, hermanos, que corrijáis a los indisciplinados, animéis a los tímidos y sostengáis a los débiles, teniendo paciencia con todos. Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos. Estad siempre alegres. No ceséis de orar. Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos.

    (BTI, Biblia Traducción Interconfesional)



    Introducción

    La “Semana de oración para la unidad de los cristianos 2008” señala el centenario del comienzo del “Octavario por la unidad de la Iglesia”. Este cambio de terminología indica que la oración por la unidad de los cristianos evolucionó a lo largo de los años. A este respecto, se nos propone un breve panorama de su historia en la primera parte de esta introducción.

    En la segunda parte se presentan el texto bíblico y el tema elegido para la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2008. Proponemos a continuación una breve reflexión sobre “el ecumenismo espiritual” que permita situar bien la oración para la unidad de los cristianos.

    La introducción se concluye con una breve descripción de la estructura de los ocho días del octavario por la unidad de este año.


    Un aniversario importante

    Hace cien años, el Padre Paul Wattson, sacerdote episcopal (anglicano) y cofundador de la Sociedad del Atonement de Graymoor (Garrisson, en el Estado de Nueva York), inauguraba un Octavario de oración por la unidad de los cristianos que se celebró por primera vez del 18 al 25 de enero de 1908. En 1968, exactamente sesenta años más tarde, las Iglesias y las parroquias del mundo entero recibían por primera vez los textos para la Semana de oración para la unidad de los cristianos, preparados conjuntamente por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos (Iglesia católica).

    En la actualidad, la colaboración entre las Iglesias, las parroquias y las comunidades anglicanas, católicas, ortodoxas, y protestantes en la preparación y la celebración de la Semana de oración por la unidad es una práctica ya familiar, lo que es prueba tangible de la eficacia de la oración por la unidad. Se justifica que podemos hablar de la historia de la Semana de oración por la unidad de los cristianos como la de un éxito. Es para nosotros fuente de gran alegría y profunda gratitud.


    Los antecedentes de la Semana de oración

    Si estos dos aniversarios nos permiten describir la historia de la Semana de oración, es evidente que la oración por la unidad no es una invención del siglo pasado. Él mismo Jesús elevó esta oración al Padre: “Que todos sean uno”. Desde entonces, los cristianos no han dejado de orar de varias maneras para que la unidad se realice. A pesar de sus divisiones, los cristianos de todas las tradiciones han rezado juntos con la oración de Cristo por la unidad de todos sus discípulos. La antigua liturgia diaria de las Iglesias ortodoxas, por ejemplo, invita los fieles a orar por la paz y la unidad de todos.

    Otras propuestas habían precedido a la Semana de oración por la unidad de los cristianos a mediados del siglo XIX. La importancia y la necesidad de la oración -y en particular de la oración por la unidad de los cristianos divididos- son puestas de relieve por un gran número de movimientos y grupos eclesiales de distintas confesiones (por ejemplo el Movimiento de Oxford, la Alianza evangélica y distintas iniciativas femeninas por la oración). En su Carta encíclica dirigida en 1902 a todas las Iglesias locales ortodoxas, el Patriarca ecuménico Joaquín III destacaba que la unidad de todos los cristianos era un “tema de oración y súplica incesantes”.


    Paul Wattson y Paul Couturier

    Cuando el Padre Paul Wattson concibió y llevó a la práctica el octavario de oración -que se considera como el principio de la Semana de oración por la unidad de los cristianos tal como la celebramos hoy-, para él la unidad significaba en realidad el retorno de las distintas Iglesias al seno de la Iglesia católica romana. Eso influyó en la elección de las fechas para el octavario: éste comenzaría el 18 de enero que en aquella época en el calendario católico romano era la fecha de la “Fiesta de la Cátedra de Pedro” y se concluiría el 25 de enero, Fiesta de la conversión de Pablo. Después de la entrada de la Sociedad del Atonement en la Iglesia Católica en 1909, el Papa Pío X dio su bendición oficial al octavario por la unidad.

    A mediados de los años treinta, el Abad Paúl Couturier de Lyón (Francia) dio un nuevo impulso al octavario por la unidad de la Iglesia. En esta época, la celebración del octavario había comenzado a extenderse en toda la Iglesia católica y en un pequeño número de comunidades anglicanas favorables a la reunión con el obispo de Roma. No obstante, por razones teológicas este enfoque era rechazado por un gran número de cristianos que no pertenecían a la Iglesia católica. El Abad Couturier mantuvo las fechas del 18 al 25 de enero pero modificó la terminología: el objetivo de la “Semana universal de oración por la unidad de los cristianos” que promovía era la unidad de la Iglesia “tal como Cristo la quiere”.


    Fe y Constitución

    Otra corriente de iniciativas de oración por la unidad de los cristianos está en el origen de la Semana de oración. En 1915, se publicó un Manual de oración para la unidad de los cristianos por la “Comisión de la Iglesia episcopal protestante en los Estados Unidos de la Conferencia mundial sobre fe y constitución”. En la breve introducción a esta obra, los autores destacaban su esperanza que cada una de las distintas comunidades rece por la unidad, no que recen necesariamente en un mismo lugar. Así mismo no se esperaba que “las Iglesias con fuerte tradición litúrgica tal como la Iglesia Católica y la Santa Iglesia oriental ortodoxa” utilizaran este material sino que lo pusieran en sus extensos recursos y en su rica herencia de oraciones por la unidad de los cristianos.

    A partir de 1921, el Comité permanente para la Conferencia mundial sobre Fe y Constitución publica el material para el Octavario de oración por la unidad de los cristianos y sugerirá que se tenga durante los ocho días que preceden a Pentecostés. En 1941 la Comisión Fe y Constitución desplaza estas fechas al mes de enero, de manera que coinciden con la iniciativa católica y estas dos corrientes resultantes del COE y la Iglesia católica invitan a los cristianos a orar en el mismo período. A partir de 1958, la preparación del material propuesto por Fe y Constitución se hizo en gran parte en coordinación con la de los textos elaborados por el Centro ecuménico Unidad Cristiana (católico) de Lyón, y a partir de 1960 Fe y Constitución y la Iglesia Católica comenzaron a reflexionar juntas y de manera profunda sobre la elaboración de estos textos aunque discretamente, ya que la Iglesia Católica no fomentaba aún de manera oficial las actividades ecuménicas.


    Hacia una celebración común de la Semana de oración

    Es el 25 de enero de 1959, día de la conclusión del octavario de oración por la unidad, cuando el Papa Juan XXIII convoca el Concilio Vaticano II que deberá hacer entrar de manera decisiva a la Iglesia Católica en el movimiento ecuménico. El Concilio permitía también la colaboración oficial entre el Secretariado de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos del Vaticano. A raíz de la consulta mixta organizada por estos dos organismos en 1966 sobre la Semana de oración por la unidad de los cristianos, se creó un grupo mixto de preparación de los textos para la Semana de oración. En 1968, el primer “producto” del grupo estaba listo para emplearse. Desde 1973 cada año hay un diferente grupo ecuménico, resultante de una región del mundo, que es invitado a preparar un primer proyecto de textos para la Semana de oración que el grupo preparatorio mixto internacional se encarga de revisar. Este “viaje” en torno al globo destaca hasta cierto punto el carácter verdaderamente ecuménico de la semana de oración. Esta larga historia de la preparación y la celebración común de la Semana de oración por la unidad de los cristianos condujo en 2004 a la coedición del material por Fe y Constitución y el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.


    El texto bíblico y el tema elegido para 2008

    El pasaje bíblico elegido para la celebración del centenario de la Semana de oración para la unidad de los cristianos se extrae de la primera carta a los Tesalonicenses. El texto “no ceséis de orar” (1 Tes 5,17) destaca el papel esencial de la oración en la vida de la comunidad de los creyentes, ya que da a sus miembros el profundizar en su relación con Cristo y con los otros. Este paso forma parte de una serie de “imperativos”, de las declaraciones por las cuales Pablo anima a la comunidad a vivir de la unidad que Dios nos da en Cristo, a ser en la práctica lo que está en el principio: el único cuerpo de Cristo, visiblemente unido en este lugar.

    La Carta a los Tesalonicenses, que data del año 50 ó 51 después de Jesucristo y es considerada por la mayoría de los exegetas como la más antigua carta de Pablo, nos revela el vínculo muy fuerte que une a este último con la comunidad cristiana de Tesalónica. Mientras acaba exactamente de sufrir persecuciones en la ciudad de Filipos –Pablo y sus compañeros Silas y Timoteo fueron conducidos allí por la muchedumbre y puestos en prisión por orden de los magistrados de la ciudad (Hch 17,1-9)-, establece la Iglesia en Tesalónica en algunas semanas con un trabajo intenso antes de que nuevos ataques lo conduzcan de Berea a Atenas (17,10-15). Pablo alimentaba grandes esperanzas para la Iglesia de Tesalónica: la fe, la esperanza y la caridad que no dejaba de crecer en esta ciudad, la manera en que había acogido la Palabra a pesar de los sufrimientos, y la alegría que expresaba en el Espíritu Santo, todo contribuía a suscitar su admiración y sus alabanzas (1 Tes 1,2-10). No obstante estaba preocupado. Su salida precipitada no le había dejado tiempo para consolidar la obra que había emprendido y rumores inquietantes le habían llegado. Algunos retos procedían del exterior, en particular, de la persecución de la comunidad y de sus miembros (1 Tes 2,14). Otros eran de naturaleza interna: algunos miembros de la comunidad seguían teniendo comportamientos más caracterizados por la cultura ambiente que por su nueva vida en Cristo (4,1-8); otros criticaban a los responsables que ejercían la autoridad y por consiguiente del mismo Pablo (cf 2,3-7,10); otros aún desesperaban de la suerte reservada a los que morirían antes de la vuelta del Cristo. ¿Se les negaría entrar en el Reino de Dios? ¿Para ellos y quizá para otros, la promesa de la salvación sería inútil y vacía de sentido (cf 4,13)?

    Temiendo haber trabajado en vano y “sin esperar más” (3,1), Pablo en la incapacidad de darse la vuelta él mismo hacia Tesalónica, decide enviar a Timoteo e informarle del testimonio de la fe y amor profundos manifestados por esta comunidad así como de su fidelidad a Pablo. En 1 Tesalonicenses leemos la respuesta de Pablo a esta buena noticia, y también a los retos que debe afrontar la Iglesia naciente. En primer lugar, escribe para agradecer a la comunidad su fortaleza ante la prueba de la persecución. Pero a pesar de su alegría y su alivio cuando Timoteo le informa, comprende que la semilla de la desunión ya está en la Iglesia; por esta razón responde a las diversas cuestiones planteadas por la comunidad sobre el comportamiento personal (4,9-12), sobre los dirigentes (5,12-13a) y sobre la esperanza en la vida eterna en Cristo (4,14-5,11).

    Uno de los objetivos principales de Pablo era edificar esta comunidad en la unidad. Incluso ni la muerte puede cortar los vínculos que crean su unidad, como único cuerpo de Cristo. Jesús murió y resucitó por todos nosotros; por eso cuando venga el Señor, los que se durmieron aún están vivos, todos “viviremos entonces unidos él” (5,10). Eso conduce a Pablo a pronunciar los imperativos que figuran en 1 Tesalonicenses 5,13-18 y forman una lista de exhortaciones, de la que una se eligió como base de la Semana de oración de este año. Este pasaje comienza por la exhortación que Pablo dirige a los miembros de la comunidad: “que la paz reine entre vosotros” (5, 13b), una paz que no significa simplemente la ausencia de conflicto sino una armonía en la cual los dones de todos los miembros de la comunidad contribuyen a su prosperidad y a su crecimiento.

    Es interesante tener en cuenta que Pablo no da ninguna enseñanza teológica abstracta ni hace alusión a las emociones o a los sentimientos. Como en el pasaje famoso sobre el amor en 1 Corintios 13, invita más bien a la acción, a comportamientos concretos a través de los cuales los miembros de la comunidad revelan su compromiso y la responsabilidad que tienen los unos hacia otros en el único cuerpo del Cristo. El amor debe llevarse a la práctica y ser visible.

    Establece una lista de estos imperativos, de las “cosas que contribuyen a la paz”: garantizar la participación de todos y valorar a los que tienen poco; sostener a los débiles; ser pacientes con todos; no devolver mal por mal sino buscar siempre el bien, entre nosotros y con respecto a todos; estar siempre alegres; orar sin cesar; dar gracias en toda circunstancia (5,14-18). Este pasaje se concluye con la afirmación de que al actuar así, la comunidad vive según “la voluntad de Dios en [su] referencia a Cristo Jesús” (5,18b).

    La llamada “no ceséis de orar” (5,17) forma parte de esta lista de imperativos. Eso nos recuerda que la vida en una comunidad cristiana sólo es posible a través de una vida de oración. Más aún, Pablo pone de manifiesto que la oración es parte integrante de la vida de los cristianos precisamente cuando pretenden manifestar la unidad que se les ha dado en Cristo -una unidad que no se limita a puntos doctrinales y a declaraciones oficiales sino que se expresa en “todo lo que contribuye a la paz”- por acciones concretas que atestiguan su unidad en Cristo y entre ellos y que la hacen aumentar.


    La oración de Cristo y la unidad cristiana

    A través del bautismo nos comprometemos a seguir a Cristo y a realizar su voluntad. Esta voluntad para sus discípulos, Jesús la expresa en su oración por la unidad para que otros crean que es el enviado de Dios. Algunas Iglesias consideran que la oración asociada a la oración de Jesús por la unidad es una expresión del “ecumenismo espiritual”. Esta oración es especialmente intensa durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, pero no debe limitarse a esta celebración y debe penetrar en nuestra vida diaria. Tenemos conciencia que la unidad no puede realizarse solo a través de nuestros esfuerzos, sino que es obra del Espíritu Santo. Como seres humanos no podemos hacerla o realizarla. No podemos sino recibirla como un don del Espíritu cuando nosotros mismos estamos dispuestos a acogerla.

    El ecumenismo espiritual implica un intercambio de dones espirituales, aunque lo que falta en una tradición se completa por lo que está presente en otras. Eso nos ofrece la posibilidad de ir más allá de nuestras etiquetas confesionales para ir hacia el que es la fuente de todo bien. Lo que es sorprendente en la oración es que su eficacia se comprueba en primer lugar en nosotros mismos. Ella modela nuestro espíritu y nuestro corazón cuando pretendemos traducirla en la vida práctica, lo que es la verdadera prueba de su autenticidad. El ecumenismo espiritual nos conduce a la purificación de la memoria, animándonos a hacer frente a los graves acontecimientos del pasado que dieron lugar a interpretaciones divergentes de naturaleza y origen. Podemos superar estas dificultades que nos han mantenido en la división. Dicho de otra forma, el objetivo del ecumenismo espiritual es la unidad de los cristianos que nos hace participar en la misión para la gloria de Dios.

    Si los creyentes quieren de verdad seguir los pasos de Jesús, deben trabajar y rogar por la unidad de los cristianos. No obstante, las Iglesias tienen visiones diferentes de la unidad visible por la cual rogamos. Para algunos, el objetivo es llegar a una plena unidad visible en la cual las Iglesias se reunirían en una única comunidad de fe, oración y sacramentos, de testimonio, donde las decisiones se tomarían conjuntamente y la vida sería estructurada según un mismo modelo. Otros contemplan una diversidad reconciliada en la cual las Iglesias actuales trabajarían juntas para ofrecer al mundo un testimonio coherente. Para otros aún, la unidad reside más bien en los vínculos invisibles que la unen a Cristo y entre nosotros, y depende también mucho de la manera personal de vivir su fe en el mundo.

    La oración por la unidad de los cristianos es por consiguiente una oración extremadamente estimulante. Es una oración que implica cambios en nuestra identidad personal así como en nuestra identidad confesional. En definitiva, eso significa que renunciemos a nuestra visión de la unidad para pretender comprender mejor lo que Dios quiere para su pueblo. No obstante, eso no quiere decir que abandonemos nuestra unicidad ya que la unidad se expresa naturalmente en la diversidad. La unidad en la diversidad es la imagen del misterio de la comunión de amor que es la naturaleza misma de Dios.


    El octavario

    Las meditaciones propuestas para el octavario de oración de este año parten del principio que la oración para la unidad de los cristianos, el ecumenismo espiritual, es la base de todos los demás aspectos de la búsqueda de la unidad entre los cristianos. Ofrecen una reflexión profunda sobre el tema de la oración por la unidad, cada una llamando la atención sobre un aspecto o una preocupación de esta oración y estableciendo un vínculo con una de las exhortaciones que Pablo dirige a la comunidad cristiana de Tesalónica. La primera meditación presenta la unidad como un don y una llamada hecha a la Iglesia y reflexionar sobre lo que significa “no ceséis de orar” para la unidad. El segundo día nos invita tener confianza en Dios y darle las gracias cuando trabajamos por la unidad, ya que tenemos conciencia que es el Espíritu Santo el que dirige nuestros pasos por el camino de la unidad. La necesidad de una conversión permanente del corazón, como fieles y como Iglesias, es el centro de la reflexión del tercer día. El cuarto día titulado “orad sin cesar por la justicia” anima los cristianos a una oración siempre centrada en Cristo que nos incita a trabajar juntos para responder a la injusticia y a las necesidades de una humanidad que sufre.

    En la vida cristiana la paciencia y la perseverancia van juntas. En nuestra búsqueda de la unidad querida por Cristo para sus discípulos, deberíamos estar atentos a los distintos ritmos y tiempos de nuestros hermanos y hermanas, tal como nos invita el quinto día. La meditación del sexto día anima a rezar para que se nos conceda la gracia de ser conscientemente instrumentos de la obra de la reconciliación de Dios. Al igual que aprendimos a trabajar juntos aportando una ayuda a los que están en el desamparo, nosotros podríamos aprender a progresar juntos en la oración y apreciar las distintas maneras según las cuales los cristianos se dirigen a Dios. Es lo que sugiere el séptimo día. Al apoyarse en el camino recorrido hacia la unidad, guiados por el Espíritu Santo, la meditación final de este octavario nos llama, así como a nuestras Iglesias, a comprometernos de nuevo a rezar y buscar con todas nuestras fuerzas la unidad y la paz que Dios quiere para nosotros.


    Preparación de los textos para el Octavario 2008

    El proyecto de textos ha sido preparado por el director del Instituto ecuménico e interreligioso de Graymoor (Nueva York, Estado de Nueva York, EE.UU.), el Padre James Loughran, SA, en colaboración con el Dr. Ann Riggs, Directora general (cf Susan Dennis, en lo sucesivo) de la Comisión Fe y Constitución del Consejo nacional de las Iglesias cristianas de EE.UU. (NCCCUSA), el Dr. Keelan Downton, investigador, el Reverendo James Mass, Director del Secretariado para los asuntos ecuménicos e interreligiosos de la Conferencia de los obispos católicos de los Estados Unidos (USCCB) y la Sra. Susan Dennis, Presidenta y Directora general del Centro interconfesional de Nueva York (EE.UU.).

    Este proyecto es un buen ejemplo de las relaciones de colaboración que mantienen el Instituto ecuménico e interreligioso de Graymoor, el NCCCUSA y el Centro interconfesional en sus esfuerzos para promover cada año en los Estados Unidos la Semana de oración por la unidad de los cristianos. A través de su trabajo de redacción, los participantes han querido poner de relieve la importancia de la celebración del centenario del Octavario para la unidad de la Iglesia que por primera vez se celebró a Graymoor (Garrison, NY) del 18 al 25 de enero de 1908. Quisieron también celebrar la historia de estos cien años de oración con una llamada a dar un nuevo impulso a la Semana de oración por la unidad de los cristianos, de ahí el tema elegido: no ceséis de orar.

    Estos textos han sido adaptados y aprobados definitivamente en la reunión del grupo preparatorio internacional nombrado por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos. Este grupo internacional que se reunió en Graymoor en septiembre de 2006 agradece sinceramente a los Hermanos y a las Hermanas franciscanos de la Reconciliación (Society of the Atonement) su calurosa hospitalidad así como a todos los que participaron en la preparación de este proyecto inicial.



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    Materiales para la SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS y para el resto del año 2008

    Preparados conjuntamente por el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias.

    Traducción preparada por la Comisión para las relaciones interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española


    Celebración ecuménica

    Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el Octavario

    Material suplementario: Oraciones e himnos

    Situación ecuménica en EE.UU

    Semana de oración por la unidad de los cristianos. Temas (1968-2008)

    Algunas fechas importantes en la historia del Octavario por la unidad de los cristianos



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