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Autor: Corazones.org | Fuente: Corazones.org Novena a la Virgen de Guadalupe
Oraciones de cada día.
Novena a la Virgen de Guadalupe
Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal
de la Cruz, se dice el siguiente:
Acto de Contrición
"Señor mío,
Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por
ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas
las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo
enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto
hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra
bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis
gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión
de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.
"
Hágase la petición: …
Récese cuatro Salves en memoria de las
cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada
día.
Primer Día (4 de diciembre)
"¡Oh Santísima Señora de Guadalupe! Esa
corona con que ciñes tus sagradas sienes publica que eres
Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como
Madre y como Esposa del Altísimo tienes absoluto poder y
justísimo derecho sobre todas las criaturas. Siendo esto así, yo también
soy tuyo; también pertenezco a ti por mil títulos; pero
no me contento con ser tuyo por tan alta jurisdicción
que tienes sobre todos; quiero ser tuyo por otro título
más, esto es, por elección de mi voluntad. Ved que, aquí
postrado delante del trono de tu Majestad, te elijo por
mi Reina y mi Señora, y con este motivo quiero
doblar el señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero
depender de ti y quiero que los designios que tiene
de mí la Providencia divina, pasen por tus manos. Dispón
de mí como te agrade; los sucesos y lances de
mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Confío
en tu benignidad, que todos se enderezarán al bien
de mi alma y honra y gloria de aquel Señor
que tanto complace al mundo. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave
María y un Gloria.
Segundo Día (5 de diciembre)
¡Oh Santísima Virgen
de Guadalupe! ¡Qué bien se conoce que eres Abogada nuestra
en el tribunal de Dios, pues esas hermosísimas manos que
jamás dejan de beneficiarnos las juntas ante el pecho en
ademán de quien suplica y ruega, dándonos con esto a
ver que desde el trono de gloria como Reina de
los Ángeles y hombres haces también oficio de abogada, rogando
y procurando a favor nuestro. ¿Con qué afectos de reconocimiento y
gratitud podré pagar tanta fineza? Siendo que no hay en
todo mi corazón suficiente caudal para pagarlo. A ti recurro para
que me enriquezcas con los dones preciosos de una caridad
ardiente y fervorosa, de una humildad profunda y de una
obediencia pronta al Señor. Esfuerza tus súplicas, multiplica tus ruegos, y
no ceses de pedir al Todopoderoso me haga suyo y
me conceda ir a darte las gracias por el feliz
éxito de tu intermediación en la gloria. Amén.
Un Padrenuestro, un
Ave María y un Gloria.
Tercer Día (6 de diciembre)
¡Oh Santísima
Virgen María de Guadalupe! ¡Qué puedo creer al verte cercada
de los rayos del sol, sino que estás íntimamente unida
al Sol de la Divinidad, que no hay en tu
casa ninguna cosa que no sea luz, que no sea
gracia y que no sea santidad! ¡Qué puedo creer sino que
estás anegada en el piélago de las divinas perfecciones y
atributos, y que Dios te tiene siempre en su Corazón!
Sea para bien, Señora, tan alta felicidad. Yo, entre tanto, arrebatado
del gozo que ello me causa, me presento delante del
trono de tu soberanía, suplicándote te dignes enviar uno de
tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con su luz
mi entendimiento; enciende con su luz mi voluntad; haz que
acabe yo de persuadirme de que vivo engañado todo el
tiempo que no empleo en amarte ti y en
amar a mi Dios: haz que acabe de persuadirme que
me engaño miserablemente cuando amo alguna cosa que no sea
mi Dios y cuando no te amo a Ti por
Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Cuarto Día
(7 de diciembre)
¡Oh Santísima María de Guadalupe! Si un ángel
del cielo tiene por honra tan grande suya estar a
tus pies y que en prueba de su gozo abre
los brazos y extiende las alas para formar con ellas
repisa a tu Majestad, ¿qué deberé yo hacer para manifestar
mi veneración a tu persona, no ya la cabeza, ni
los brazos, sino mi corazón y mi alma para santificándola
con tus divinas plantas se haga trono digno de tu
soberanía? Dígnate, Señora, de admitir este obsequio; no lo desprecies por
indigno a tu soberanía, pues el mérito que le falta
por mi miseria y pobreza lo recompenso con la buena
voluntad y deseo Entra a registrar mi corazón y verás que
no lo mueven otras alas sino las del deseo de
ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo
divinísimo. Forma trono de mi corazón, y ya no se
envilecerá dándole entrada a la culpa y haciéndose esclavo del
demonio. Haz que no vivan en él sino Jesús y
María. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Quinto Día
(8 de diciembre)
¿Qué correspondía a quien es un cielo por
su hermosura, sino uno lleno de estrellas? ¿Con qué podía
adornarse una belleza toda celestial, sino con los brillos de
unas virtudes tan lúcidas y tan resplandecientes como las tuyas? Bendita
mil veces la mano de aquel Dios que supo unir
en ti hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y
gala tan brillante y rica con humildad tan apacible. Yo
quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera que
mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi
corazón no se dejara arrastrar en otro afecto que no
sea el amor tuyo. No podré lograr este deseo si esos
resplandecientes astros con que estás adornada no infunden una ardiente
y fervorosa caridad, para que ame de todo corazón y
con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de
mi Dios a Ti, como objeto digno de que lo
amemos todos. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Sexto
Día (9 de diciembre)
¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué
bien dice a tu soberanía ese tapete que la luna
forma a tus sagradas plantas! Hollaste con invicta planta las
vanidades del mundo, y quedando superior a todo lo creado
jamás padeciste el menguante de la más ligera imperfección: antes
de tu primer instante estuviste llena de gracia. Miserable de mí,
Señora, que no sabiéndome mantener en los propósitos que hago,
no tengo estabilidad en la virtud y sólo soy constante
en mis viciosas costumbres. Duélete de mí, Madre amorosa y tierna;
ya que soy como la luna en mi inconstancia, sea
como la luna que está a tus pies, esto es,
firme siempre en tu devoción y amor, para no padecer
los menguantes de la culpa. Haz que esté yo siempre
a tus plantas por el amor y la devoción, y
ya no temeré los menguantes del pecado sino que procuraré
darme de lleno a mis obligaciones, detestando de corazón todo
lo que es ofensa de mi Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un
Ave María y un Gloria.
Séptimo Día (10 de diciembre)
¡Oh Santísima
Virgen María de Guadalupe! Nada, nada veo en perfecciones de
que te dotó el Señor a tu alma inocentísima. Ese
lienzo grosero y despreciable; ese pobre pero feliz ayate en
que se ve estampada tu singular belleza, dan claro a
conocer la profundísima humildad que le sirvió de cabeza y
fundamento a tu asombrosa santidad. No te desdeñaste de tomar la
pobre tilma de Juan Diego, para que en ella estampase
tu rostro, que es encanto de los ángeles, maravilla de
los hombres y admiración de todo el universo. Pues, ¿cómo
no he de esperar yo de tu benignidad, que la
miseria y pobreza de mi alma no sean embarazo para
que estampes en ella tu imagen graciosísima? Yo te ofrezco las
telas de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus manos y
no lo dejes jamás, pues mi deseo es que no
se emplee en otra cosa que en amarte y amar
a Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Octavo
Día (11 de diciembre)
¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué misteriosa
y qué acertada estuvo la mano del Artífice Supremo, bordando
tu vestido con esa orla de oro finísimo que le
sirve de guarnición! Aludió sin duda a aquel finísimo oro
de la caridad y del amor de Dios con que
fueron enriquecidas tus acciones. Y ¿quién duda, Señora, que esa
tu encendida caridad y amor de Dios estuvo siempre acompañada
del amor al prójimo y que no, por verte triunfante
en la patria celestial, te has olvidado de nosotros? Abre
el seno de tus piedades a quien es tan miserable;
dale la mano a quien caído te invoca para levantarse;
tráete la gloria de haber encontrado en mí una misericordia
proporcionada, más que todas, a tu compasión y misericordia. Amén.
Un
Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
Noveno Día (12 de
diciembre)
¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¿Qué cosa habrá imposible para
ti, cuando multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la
grosería del ayate le sirven de embarazo para formar tan
primoroso tu retrato, ni la voracidad del tiempo en más
de cuatro siglos ha sido capaz de destrozarle ni borrarle? ¡Qué
motivo tan fuerte es este para alentar mi confianza y
suplicarte que abriendo el seno de tus piedades, acordándote del
amplio poder que te dio la Divina Omnipotencia del
Señor, para favorecer a los mortales, te dignes estampar en
mi alma la imagen del Altísimo que han borrado mis
culpas! No embarco a tu piedad la grosería de mis perversas
costumbres, dígnate sólo mirarme, y ya con esto alentaré mis
esperanzas; porque yo no puedo creer que si me miras
no se conmuevan tus entrañas sobre el miserable de mí.
Mi única esperanza, después de Jesús, eres tú, Sagrada Virgen
María. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
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