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| 1 diciembre. Mujer de fe ante el proyecto de Dios: Anunciación |
Introducción
Vamos, hermanos, a los pies de la Santísima Virgen de
Guadalupe, a iniciar el dozavario de preparación a su fiesta
del día 12 de este mes, y siempre la Basílica
intenta aprovechar esta ocasión para brindarnos alguna enseñanza, alguna motivación
sobre lo que debe representar para nosotros, en nuestro cotidiano
vivir, nuestra Madre Santísima.
María ejemplo nuestro
Este año nos fijaremos en
algo que quizá no tomamos muy en cuenta: en Ella
como Santa, que es lo mismo que decir en Ella
como ejemplo. O sea: fijémonos que la palabra "santo" nos
suena como algo diferente, lejano y superior a nosotros mismos...
¡Los santos son superiores! ¡Los santos están muy por encima
de nuestra humana miseria! ¡Los santos son muy virtuosos..! ¡Yo
no soy santo. No puedo, porque soy pecador..! Pero esto
es erróneo, esto no es así: Todos los bautizados somos
santos. Podremos ser pésimos santos, oprobio de santos, pero no
podemos no serlo, porque "santo" significa "marcado", "señalado", y todos
llevamos el sello de Jesucristo, porque "hemos sido bautizados, hechos
santos, rehabilitados por la acción del Señor, Jesús el Salvador,
y mediante el Espíritu de nuestro Dios" (1 Cor. 6,
11).
María es "santísima", así la llamamos con todo derecho y
con todo amor; por lo tanto, debiéramos ver en Ella
al ejemplo máximo de nuestra condición de cristianos. Ahora bien,
todo "santo" lo más elemental que debe tener para poder
ser nuestro ejemplo es que sea imitable, que sea como
nosotros. No podemos imitar a quien sea incompatible, diferente, ajeno,
sino a quien es como nosotros, uno de nosotros, de
manera, si de veras nuestra Madre es "Santísima", es lo
mismo que decir que es imitabilísima, lo cual -por lo
demás- es lo típico de toda madre, que sus hijos
puedan aprender de ella. En estos once días antes de
su fiesta, trataremos un poco de ver en qué y
por qué podemos y debemos decir que es nuestro modelo,
que es nuestro ejemplo.
Y la verdad es que Ella tuvo
dificultades como las nuestras. Es más: mucho peores que las
nuestras. Problemas, angustias, frustraciones como las nuestras... y su mérito
estuvo en que las enfrentó y resolvió en forma diferente
a como suele ser la nuestra, porque fue heróicamente entregada
a Dios. Desde luego que la principal ayuda que puede
ofrecernos, -y con la que más nos consuela saber que
contaremos siempre- es su intercesión ante su Hijo, pero en
lo que más debiéramos fijarnos es en su ejemplo, que
nos está diciendo: "Yo que tuve tus problemas, yo que
viví lo que tú vives, yo que conocí por experiencia
propia tu situación, te pido que seas imitador mío, como
yo lo soy de Dios, como yo lo soy de
mi Hijo" (Cfr. 1 Cor. 4, 16; Fil. 3, 17;
Ef. 5, 1). Hoy no contamos con tiempo para extendernos
sobre esto; simplemente introduzcámoslo y pensemos quién fue María bajo
el punto de vista en que quizá menos la consideramos,
pero en el que más nos atañe y nos importa,
es decir: en Ella en cuanto humana, en cuanto alguien
como todos nosotros.
Un matrimonio ejemplar
Fue alguien que nació como todos
nacemos, con la sola diferencia de no tener pecado original,
cosa que no es ninguna ventaja, sino por el contrario:
una carga más pesada todavía que las nuestras, por ser
inmaculada en medio de pecadores. Crece como todas las muchachas
de su pueblo y de su tiempo, y -aparentemente- tiene
el mismo destino y anhelo de cualquier muchacha de entonces:
casarse, tener muchos hijos, esperar con todo el ímpetu de
su corazón poder ser instrumento de Dios para bien de
sus hermanos y, sobre todo, para que llegase el Mesías
a la tierra. Todo, hasta donde podemos ver, es normal
para Ella, hasta que Dios, que la había preparado desde
su concepción, de improviso interviene pidiéndole un cambio drástico y
total en todo su plan de vida: Ella ya está
casada. La ceremonia judía del matrimonio tenía varias etapas, la
final era llevar a la esposa a la casa del
esposo para iniciar la convivencia, pero el compromiso quedaba hecho
antes. María y José, aunque aún no convivieran, eran ya
legalmente esposos, y debemos suponerlos dos chicos sanos y normales,
aunque nada comunes y corrientes, pues María era la mujer
más femenina, más perfecta en su feminidad que ha pisado
la tierra, ya que al no tener pecado todas sus
cualidades de mujer estaban completas e intactas. Jamás ha habido
otra mujer tan acabadamente femenina, tan acabadamente mujer como ella,
salvo quizá Eva en un principio, antes de su pecado.
De José, sin que sepanos gran cosa, lo sabemos todo,
porque nos basta saber que Ella lo amó y, sobre
todo, porque tenemos su obra: la educación de Jesús, y
no ha habido jamás varón más acabadamente hombre que Jesús,
por lo que debemos suponer en José el dechado de
cualidades que lo hicieron el novio más amante y el
esposo más perfecto de la tierra, por lo que no
podemos dejar de pensar en esos dos jóvenes, María y
José, como la pareja más bella, más ideal, de la
historia.
¿Cómo puede ser esto?
Viven, los dos, en un pueblo
pequeño, perdido allá en Galilea y todo parece que su
vida será la de una normalísima felicidad conyugal, cuando, de
repente, Dios interviene en forma tan maravillosa cuanto desquiciantemente costosa,
pidiéndole a María nada menos que acepte ser madre de
un hijo que no será de José, sino directamente suyo,
de Dios. Esto, siendo sublime, siendo excelso, siendo divino, es
martirizantemente dramático para una mujer totalmente enamorada de su esposo.
No le cabe pensar que sea pecado, puesto que lo
pide Dios, pero sí que implicará renunciar a cuanto Ella
más ama, a todo su plan de vida. Además, por
ser totalmente clara su inteligencia libre de pecado, advierte que
ese hijo va a ser Dios: "El Espíritu te cubrirá
con su sombra... quien va a nacer de tí será
llamado Hijo de Dios" (Luc. 1, 35). Ella, siendo judía,
capta de inmediato que, de aceptar, la relación de Dios
y de la Humanidad, de la que Ella es parte,
cambiará radicalmente y para siempre. Para el judió Dios era
"el Altísimo" (Cfr. Deut. 32, 8, et passim), "el Señor
de los Ejércitos" (1 Rey. 25, 2, et passim), alguien
tan grande que ni siquiera se podía pronunciar su nombre...
Que ese Dios, pues, le pida hacerse su hijo, su
hijo biológico, que Ella deba gestar a Dios, amamantar a
Dios, cambiarle los pañales a Dios no puede ser más
bello, pero, al mismo tiempo, no podía ser más contrario
a lo que Ella siempre había aceptado y amado como
su religión.
Contesta, pues, no de inmediato con un sí,
sino con un prudente reparo: "¿Cómo puede ser esto?" (Luc.
1, 34). Cuando el ángel le reafirma que es voluntad
de Dios, Ella nos da un conmovedor ejemplo de como
deberíamos siempre contestar a toda solicitud divina. Su respuesta es:
Si Dios quiere eso, yo nada más tengo que decir.
"Soy la esclava del Señor. Hágase en mí lo que
tú dices". (Luc. 1, 38). Ella bien hubiera tenido todo
el derecho de objetar: "¡No! ¡Yo no puedo aceptar eso!
¡No me parece justo! ¡Va contra el amor a mi
esposo! ¡Va contra la tradición de mi pueblo! ¡Va contra
toda la educación que he recibido de mis padres; contra
toda la forma como se me ha enseñado que Dios
quiere ser honrado y venerado!" Sin embargo, emitió un sí,
un sí prudente, pues primero preguntó y aclaró, pero un
sí pleno e incondicional.
Renuncia a lo que más se ama
Nuestro
Padre de la Patria, Juan Diego, a través de quien
Dios unió a los peores enemigos para que fuesen nuestros
padres, también tuvo que renunciar a cuanto amaba para poder
bautizarse, para poder marcarse con ese sello que lo hizo
santo, como santos somos todos nosotros. Muy antes de que
María le entregase sus tan consoladoras palabras, él -hombre de
profundísima fe- entendió, y correspondió a la gracia de aceptar,
que Dios le pedía renunciar a lo que más amaba,
a la religión de sus padres, que se bautizara, que
cambiara todos sus valores aceptando lo que a otros les
parecía injusto e inaceptable.... ¡Y lo aceptó! Años después, cuando
María le asigna el espinoso encargo de que no él,
sino el Obispo español, construya en templo para en él
ella pudiera entregarnos "a su Hijo que es su amor,
su mirada compasiva, su auxilio, su salvación" (Nican Mopohua v.
28), (un encargo del todo fuera de su capacidad pesonal),
él también responde poniendo todo su esfuerzo, enfrentando rechazos y
dificultades, y, a la postre, él y Ella lo consiguen,
y crean así nuestra Patria.
A veces en nuestra vida pueden
ocurrir cosas semejantes, incluso muy similares a las que vivió
María. Por ejemplo, una chica es violada con lujo de
brutalidad y de injusticia, y queda embarazada... Tiene todas las
razones para detestar eso, pero Dios le pide aceptar y
amar al hijo inocente que va a nacer de ella,
porque a ese niño, no planeado, no deseado como en
cierta forma fue Jesús, Dios lo llamá -como a todos
los niños del mundo- a ser salvador del mundo, e
implora a esa madre que acepte brindárselo...
Conclusión
Pidámosles pues, a El
Señor, a nuestra Madre María de Guadalupe y a nuestro
Padre en la fe Juan Diego que sepamos aquilatar, agradecer
e imitar sus ejemplos, y hacer de nuestra vida un
ejemplo para todos los demás. Como nación vamos a empezar
una etapa nueva, que deseamos todos sea mejor pero que
bien puede resultar peor si no cooperamos... Y una cosa
en la que nadie podemos pretextar incapacidad de cooperar es
en eso: en orar, en pedir al Padre de los
Cielos, por intercesión de nuestra Madre Santísima, que "venga a
nosotros su Reino." (Mt. 6,10; Luc. 11, 2).
Dozavario a
Nuestra Señora de Guadalupe
1 de diciembre Mujer de fe ante
el proyecto de Dios: Anunciación
2 de diciembre Mujer de
fe y prudencia que se traduce en caridad en la
visita a Isabel
3 de diciembre Mujer de fe
y caridad en la huida a Egipto
4 de
diciembre Mujer de fe que se traduce en caridad en
Las Bodas de Caná
5 de diciembre Mujer de
fe ante el ministerio incomprendido de su Hijo
6 de
diciembre Mujer de fe, esperanza y caridad en el
Calvario
7 de diciembre Mujer de fe y
esperanza ante el sepulcro vacío
8 de diciembre Mujer
de fe y esperanza en la oración expectante de Pentecostés
9
de diciembre Fiesta de San Juan Diego
10 de diciembre Madre de fe y esperanza en
el Tepeyac otorga su plena confiaza a un indígena
11
de diciembre Madre de profunda caridad ante la Evangelización
fundante de México
12 de diciembre SOLEMNIDAD DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE
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