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Señor, que miras de tu excelsa cumbre el
tiempo todo en un presente eterno, tu imagen mira en
mí, que al ciego infierno la inclina su terrena pesadumbre.
Oh suma luz, ya la encendida lumbre de
mi gozoso abril florido y tierno muere, y ya temo
ver en el invierno más verde la raíz de mi
costumbre. Mírala, sacro santo Rey divino, con ojos
de piedad, que al dulce encuentro del rayo celestial verás
volvella a verte, como en vidrio cristalino la
imagen mira el que se espeja dentro, y está en
su vista dél su mirar della. |