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Personajes de la Pasión

Autor: P. Antonio Rivero, L.C.
En la Pasión de Cristo nos vemos reflejados un poco todos los hombres de ayer, de hoy y de siempre. La Pasión la vive Cristo por nosotros, a causa de nosotros y en lugar de nosotros
Indice:
• Introducción general
1.- Judas, el traicionero
2.- Pedro ¿roca?
3.- Anás
4.- Caifás
5.- Pilato
6.- Herodes
7.- Barrabás
8.- Los soldados de Pilato
9.- Camino al Calvario
10.- Personajes de la Pasión: Conclusión

Personajes de la Pasión
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 2: Pedro ¿roca?

¿Qué pasó a esta Roca? En un momento de flaqueza, Pedro resquebrajó su Roca.


I. MÁS QUE AMOR A PEDRO LE FALTÓ VALENTÍA

Quiso dar vida por Cristo, pero a la hora de la hora fue cobarde, tuvo miedo, prefirió salvar su pellejo.

Pedro en el laboratorio de su corazón tenía dos sentimientos mezclados: amor y miedo.

Porque amaba a Cristo, no huyó después de que Jesús fue atado y apresado. Y porque estaba atenazado por el miedo siguió a Jesús de lejos.

Porque tenía miedo, negó a Jesús tres veces, cobardemente. Pero porque amaba a Jesús, salió fuera y lloró amargadamente su pecado de traición al Maestro.

¡Qué distinto a Judas!

Esa mirada tierna y misericordiosa de Jesús: “Y Jesús lo miró”, se le clavó en lo profundo del corazón de Pedro; pero no era una mirada de reproche sino de compasión. Una mirada que pareció decirle: Simón, yo he rogado por ti. Fue una mirada alentadora, misericordiosa. Una mirada que le decía: “Pedro, ¿a dónde vas? No te separes de mí. Sígueme.

Le miró con la misma ternura que cuando le llamó a seguirle. Vaya que conocía Pedro esa hermosa y cautivadora mirada de Jesús. Con esa mirada, Pedro comprendió la gravedad de su pecado.

No creamos que la caída de Pedro fue leve. No. Pedro cayó en un pecado gravísimo.

Conocía a Jesús.

Era el primer Papa, por tanto, el jefe del grupo.

Fue distinguido por Jesús como uno de los tres discípulos predilectos.

Mintió con juramento, maldijo.

Cayó muy hondo.

Pero lo hermoso de Pedro es que se arrepintió, si abrió al amor de Jesús, a ese sol espléndido de Jesús y volvió la claridad a su alma.


II. REFLEXIONEMOS

¿Por qué Pedro cayó de esa manera? ¿Por qué fue tan cobarde? ¿Por qué negó a Jesús tres veces?

Principalmente, confió mucho en sí mismo. Es lo que llamamos pecado de presunción: “yo no te abandonaré jamás... aunque todos, yo no... estoy dispuesto de ir contigo a la muerte”. Se hacía el valiente, el vanidoso, el presuntuoso, muy pagado de sí mismo, creidillo.

En segundo lugar, se durmió en la oración. Es decir, aflojó en la oración. Cuando uno afloja en la oración, automáticamente pierde fuerza y peso espiritual. Y sin fuerzas, cualquier viento o contrariedad me derrumba.

En tercer lugar, porque se metió en la boca del lobo, en el atrio, donde estaban aprovechando la leña del árbol caído. ¡Qué imprudente!

¡Presunción, desidia, imprudencia!


III. ¿CÓMO SALIÓ DE TODO ESTO?

  • La mirada de Cristo.
  • El canto del gallo.
  • El amor de su corazón.

    La mirada de Cristo le hizo reflexionar donde estaba caído.

    El canto del gallo le lanzó fuera del peligro.

    El amor de su corazón le hizo llorar amargadamente, con un corazón arrepentido. ¡Le había fallado al Maestro, al Amigo, al Señor, al Buen Pastor!

    La Roca de Pedro, comenzó a tener grietas. ¿Por qué nos extrañamos a lo largo de la historia de la Iglesia? Los instrumentos que Jesús escoge son débiles. Desde el punto de vista exclusivamente humano, hubiera tenido Jesús razones para excluir a Pedro, para excluirnos a nosotros. Pero Jesús mira el corazón contrito, humillado, humilde, arrepentido... y Él nos da su perdón y su gracia.

    Señor, danos el don de contrición para llorar nuestras faltas y pecados. Danos dolor de amor por haberte ofendido. Y ayúdanos a levantarnos, a acercarnos a ti, a pedirte perdón y a volver a comenzar. Amén.


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