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La Santa Faz del Señor

Autor: Antonio Rubio Hortelano
Una reliquia de los tiempos de Cristo que ahora con las técnicas modernas revela todos sus secretos, y que coincide con el lienzo que se conserva en Turín
Indice:
• Introducción general
1.- El comienzo
2.- La huida al Mar Muerto
3.- La leyenda de Abgar
4.- Raíces históricas de una tradición
5.- Testimonios de la presencia del sudario en Edessa
6.- El Mandylion Acheiropoiete
7.- Influencia artística del Mandylon
8.- De Edessa a Constantinopla
9.- Testimonios de su presencia en Constantinopla
10.- De Constantinopla a Atenas
11.- De Atenas a Turín pasando por Francia
12.- El velo de la Verónica
13.- Estudios durante el siglo XX (antes de 1978)
14.- Estudios durante el siglo XX (después de 1978)
15.- Abecedario de conclusiones

La Santa Faz del Señor
Autor: Antonio Rubio Hortelano

Capítulo 12: El velo de la Verónica

Históricamente, el origen de la devoción a la Sta.Faz –que no es otra cosa que el culto tributado al rostro de Cristo en sus misterios de dolor –se remonta al memorable día del Viernes Santo, cuando cargado con la Cruz, Nuestro Señor ascendía a la cima del Gólgota. “Seguíales –refiere Lucas- gran muchedumbre de pueblo y de mujeres, las cuales se deshacían en llanto y se lamentaban”.

La Verónica es un personaje que no aparece en el Evangelio. Se le relaciona en la Edad Media con la hemorroisa, curada por Jesús de los flujos de sangre y se le denomina Bereniké. La leyenda la hace residir en Panéas (Cesarea de Filipos) donde ella, más tarde, como testimonio de agradecimiento, erigiría un grupo escultórico en bronce con una mujer arrodillada a los pies de Cristo.(Leyenda que consta en el apócrifo Actos de Pilato.) La leyenda se desarrolla con el tiempo y la Verónica junto al paralítico, el ciego de nacimiento y el leproso - todos curados por Jesús- se habría presentado ante Pilatos para testimoniar a favor de Jesucristo.

La leyenda del velo de la Verónica se remonta al siglo XII. No deja de ser curioso que el mismo nombre de Verónica signifique “Verdadera imagen”. En principio sería un velo que Jesús empleó en el huerto de los olivos para enjugarse el rostro bañado de sangre y sudor. Luego se identificará con el velo que llevaba la Verónica y que se lo entregará a María, que se lo queda y lo da a su Hijo cuando este se lo pide para secarse el rostro. Posteriormente la leyenda dirá que la misma Verónica, al ver pasar a Jesús camino del Calvario, se acercó a él pasando entre los soldados y le enjugó el rostro con su velo, en el que quedó su Santa Faz impresa.

Como vemos la leyenda de la Verónica muestra grandes analogías con el Mandylion de Abgar. Ya en el siglo XI Bernado de Soracte habla del lienzo de la Verónica como una reliquia en la que Nuestro Señor, al enjugarse del polvo y del sudor, dejó impreso su rostro. Su éxito en la Edad Media hizo que pasara a la posteridad como la VI estación del Vía Crucis, en el siglo XIII, y que S.Buenaventura escribiera sobre el Rostro de Cristo. En el siglo XII Maillo testimonia que ante la Santa Faz que se conservaba dentro de un marco de plata en Roma, ardían día y noche diez lámparas. En 1193 a instancias del Papa Celestino III fue venerada por el rey Felipe Augusto de Francia a su paso por Roma.

En el siglo XV se hace famosa la Santa Faz de Alicante copia de la venerada en el Vaticano que a su vez- como hemos visto- es probablemente una copia inspirada en el original Mandylion que se conservaba entonces en Constantinopla. También adquiriría fama la llamada Santa Faz de Osa de la Vega.

La tradición de La Verónica inspiró toda una espiritualidad, sobre todo en Francia, de la que su máximo representante fue León Papin Dupont. Este caballero nacido en la isla de la Martinica se encendió en la devoción hacia el Rostro de Cristo tratando con la tornera del monasterio carmelita de Tours, Sor María de S.Pedro, gran devota de la Sta.Faz y que al parecer tuvo revelaciones privadas al respecto. Dupont, viudo a los 46 años, y habiendo perdido también a su única hija, consagró su vida a la oración y a las obras de misericordia.

Tres años después de la muerte de su amiga carmelita, Dupont se consagró al apostolado de la Santa Faz. Erigió un oratorio en su casa donde se veneraba una reproducción de la Santa Faz de Roma. Lo que empezó como una empresa privada, gracias al entusiasmo y a la vida cristiana práctica de su promotor, se convirtió en centro de espiritualidad y de reforma de vidas. Multitud de personas visitaban y escribían a la casa de Dupont y él las atendía bajo el cuadro de la Santa Faz hablándoles del amor de Dios y de la necesidad de reparación.

Dupont falleció en marzo de 1876 y la devoción a la Santa Faz la continuaron otros. Meses después el oratorio particular de Dupont fue elevado al rango de capilla pública. En 1884 se erige en Tours la Cofradía de la Santa Faz. Esta ciudad, con el monasterio de carmelitas en que se santificó Sor María de San Pedro, y la casa de M.Dupont se convirtió a finales del siglo XIX en la “ciudad santa” del Rostro, afrentado y dolorido del Salvador.

Veintidós años después de la muerte de Dupont se iniciaría una nueva era en la devoción a la Santa Faz, fundada sobre el estudio científico de la Sindone y la investigación histórica sobre su origen y recorrido.


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