La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Fernando Pascual, LC | Fuente: GAMA - Virtudes y valores Año nuevo, vida vieja
¿A dónde quiero llegar en este año que empieza? ¿Qué deberes he heredado del pasado? ¿Qué expectativas me rodean y orientan mis respuestas para el futuro?
Para algunos el inicio de un nuevo año,
de un nuevo número que caracterice el final de todas
las fechas y documentos, puede significar que todo empieza, que
se hizo “borrón y cuenta nueva”.
En realidad, no existe tal
borrón. Iniciamos el nuevo año con las deudas pendientes, con
la gripe crónica, con los problemas familiares, con la psicología
que nos oprime... Una serie de parámetros permanecen ahí, impertérritos,
y nos recuerdan, con nuestro nombre y apellido inmutables, que
algo (o mucho) continúa, que recogemos el pasado y con
él iniciamos la navegación incierta, y normalmente llena de esperanzas,
del año nuevo.
En momentos especiales como estos, conviene no tirarlo
todo por la ventana. Pero tampoco es oportuno sentirnos atrapados
por el pasado, condicionados por lo que ha ocurrido. Mucha
literatura psicológica nos ha ido “condicionando” hasta el punto de
creer que muchos de nuestros actos, incluso aquellos que creíamos
más libres, más creativos, no serían sino consecuencia de la
acción que el “inconsciente” sigue ejerciendo sobre nosotros, como un
dueño y señor misterioso y tremendo de nuestro destino, por
más que no nos demos cuenta de su poderío.
Esta tentación
del determinismo psicológico es mucho más vieja de lo que
creemos. Basta con leer algunas tragedias griegas, escritas hace más
de 2400 años, para comprender que también otros pueblos y
culturas han creído en fuerzas ciegas que guían fatalmente los
destinos humanos. El caso paradigmático de Edipo, destinado a matar
a su padre para casarse con su madre, podría hacernos
pensar que incluso quien desea huir de las cadenas de
la “predestinación”, no puede sino caer en ellas. No es
extraño que el padre del psicoanálisis, Freud, haya usado nombres
de personajes griegos, como el del mismo Edipo o el
de Electra, para ilustrar sus doctrinas psicoanalíticas.
Frente a los que
creen tener un folio en blanco cada año, y a
los que creen que ya está todo escrito y fijado
en nuestra psicología (o en el horóscopo, que viene a
ser lo mismo), hemos de contraponer una visión más serena
y equilibrada del ser humano, una visión que deje su
lugar a la historia sin negarle su puesto a la
fantasía y creatividad.
El pasado, sí, nos condiciona, pero no nos
esclaviza. Como decía Viktor Frankl, un agudo crítico de Freud,
los determinismos y condicionamientos no sólo no eliminan la libertad,
sino que son como la gravedad que nos permite caminar
(libremente) por la vida. Una visión realista debe hacernos comprender
que hay que asumir con responsabilidad lo que somos y
tenemos, las carencias y las cualidades, los fracasos y los
éxitos anteriores, los cariños y los rencores, para, desde ahí,
sin cerrar los ojos, preguntarnos con sencillez: ¿a dónde quiero
llegar en este año que empieza? ¿Qué deberes he heredado
del pasado? ¿Qué expectativas me rodean y orientan mis respuestas
para el futuro?
Un año nuevo inicia en pañales. Lo cogemos
con el temor de quien toma entre sus manos a
un recién nacido. Pero lo cogemos desde las canas, las
arrugas y las cicatrices que nos han dejado los muchos
o pocos años que hemos transcurrido en este planeta. Quizá
cuando empiece el próximo año nuevo, y volvamos los ojos
a lo que fue el anterior, podamos respirar, con orgullo,
al ver que algo ha mejorado, que el amor ha
crecido, que la justicia ha sido más completa, que los
rencores han empezado a ceder el paso a la generosidad
del perdón. Quizá, Dios no lo quiera, tengamos que ocultar
el rostro ante un año perdido por cobardías y perezas
que ahogaron nuestros mejores propósitos.
Cuando el calendario tiene números bajos
en el mes de enero (el mes primero, el mes
más tierno), podemos trazar planes atrevidos, hacer propuestas de superación
y de conquista. Lo haremos desde lo que somos y
tenemos, para ir más lejos: para crecer en la virtud
y las riquezas del espíritu, para hacer un poco más
felices a quienes viven a nuestro lado.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR