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Autor: Manuel García Morente | Fuente: Catholic.net El Caballero Cristiano
El arquetipo de la Hispanidad es modelo del hombre que antepone los principios y preceptos de la religión católica y todo un universo de valores a los valores de la modernidad: éxito, placer, usura, dinero.
El Caballero Cristiano
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Pero todas estas figuras, tomadas del tesoro
artístico de España, tienen un grave inconveniente: su excesiva determinación,
su adscripción marcada a un momento, a un lugar o
a una esfera de la realidad vital. Y esta determinación
excesiva les impide desempeñar con plenitud de valor la función
de símbolos de la hispanidad integral. Podrán, sin duda, plasmar
con acusado relieve, en trazos inolvidables, una o dos o
tres cualidades de la índole hispánica; pero no es fácil
que tengan la universalidad que para nuestro intento se requiere.
Nuestro intento, efectivamente, no es sólo de evocación concreta, sino
también de sugestión amplia; es, a un tiempo mismo, sentimental,
intuitivo e intelectual, discursivo. Los símbolos procedentes de esferas demasiadamente
acusadas y de concreciones demasiadamente limitadas, correrían el riesgo de
reducir con exceso el área de su vigencia y aplicación.
Más que una figura, lo que necesitamos, pues, para simbolizar
la hispanidad, es un tipo, un tipo ideal; es decir,
el diseño de un hombre que, siendo en sí mismo
individual y concreto, no lo sea, sin embargo, en su
relación con nosotros; un hombre que, viviendo en nuestra mente
con todos los caracteres de la realidad viva, no sea,
sin embargo, ni éste, ni aquél, ni de este tiempo,
ni de este lugar, ni de tal hechura, ni de
cual condición social o profesional; un hombre, en suma, que
represente, como en la condensación de un foco, las más
íntimas aspiraciones del alma española, el sistema típicamente español de
las preferencias absolutas, el diseño ideal e individual de lo
que en el fondo de su alma todo español quisiera
ser. Los antiguos griegos, para representar plástica e intuitivamente el
estilo de su nación, forjaron el término bien expresivo de
kalós kai agathos ; el hombre bello y bueno. La
síntesis de esas dos virtudes, material y corpórea la una,
moral y cordial la otra, simbolizan perfectamente el ideal humano,
que, más o menos claro, se cernía ante la mirada
de todos los griegos clásicos. Del mismo modo, el ideal
humano, que los romanos clásicos aspiraban a realizar, puede también
condensarse o simbolizarse en los dos términos famosos del otium
cum dignitate , que dibujan inequívocamente la gravedad honorable del
patricio, alejado de todo negocio ( nego otium ) y
exclusivamente dedicado a la administración de sus bienes, de la
república y de la honra personal y familiar. Y para
no citar sino un solo ejemplo de naciones modernas, recordad
la significación de infinitas resonancias que tiene para los ingleses
la palabra gentleman , donde se concreta y a la
vez se condensa toda una ética, una estética, una sociología
y, en suma, la manera misma de ser típica del
pueblo inglés.
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