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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net Transfiguración de Jesús
Fiesta, nuestro Señor Mostró su gloria a tres de sus apóstoles en el monte Tabor, 6 de agosto
Transfiguración de Jesús
Se celebra un momento muy especial de la vida de
Jesús: cuando mostró su gloria a tres de sus apóstoles.
Nos dejó un ejemplo sensible de la gloria que nos
espera en el cielo.
Un poco de historia
Jesús se transfiguró en
el monte Tabor, que se se encuentra en la Baja
Galilea, a 588 metros sobre el nivel del mar.
Este
acontecimiento tuvo lugar, aproximadamente, un año antes de la Pasión
de Cristo. Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro, Santiago y Juan. A ellos
les dio este regalo, este don.
Ésta tuvo lugar mientras
Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se
hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor
que casi no se puede describir con palabras: su rostro
brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como
la luz.
Pedro quería hacer tres tiendas para quedarse ahí. No
le hacía falta nada, pues estaba plenamente feliz, gozando un
anticipo del cielo. Estaba en presencia de Dios, viéndolo como
era y él hubiera querido quedarse ahí para siempre.
Los
personajes que hablaban con Jesús eran Moisés y Elías. Moisés
fue el que recibió la Ley de Dios en el
Sinaí para el pueblo de Israel. Representa a la Ley.
Elías, por su parte, es el padre de los profetas.
Moisés y Elías son, por tanto, los representantes de la
ley y de los profetas, respectivamente, que vienen a dar
testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo
que dicen la ley y los profetas.
Ellos hablaban de
la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de
Jesús es hablar de su amor, es hablar de la
salvación de todos los hombres. Precisamente, Jesús transfigurado significa
amor y salvación.
Seis días antes del día de la Transfiguración,
Transfiguración de Jesús
Jesús les había hablado acerca de su Pasión, Muerte y
Resurrección, pero ellos no habían entendido a qué se refería.
Les había dicho, también, que algunos de los apóstoles verían
la gloria de Dios antes de morir.
Pedro, Santiago y Juan
experimentaron lo que es el Cielo. Después de ellos, Dios
ha escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia
antes de morir: Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresita
del Niño Jesús y San Pablo, entre otros.
Todos ellos gozaron de gracias especiales que Dios quiso darles
y su testimonio nos sirve para proporcionarnos una pequeña idea
de lo maravilloso que es el Cielo.
Santa Teresita explicaba
que es sentirse “como un pajarillo que contempla la luz
del Sol, sin que su luz lo lastime.”
¿Qué nos enseña
este acontecimiento?
Nos enseña a seguir adelante aquí en la tierra
aunque tengamos que sufrir, con la esperanza de que
Él nos espera con su gloria en el Cielo y
que vale la pena cualquier sufrimiento por alcanzarlo.
A entender
que el sufrimiento, cuando se ofrece a Dios, se convierte
en sacrificio y así, éste tiene el poder de salvar
a las almas. Jesús sufrió y así se desprendió de
su vida para salvarnos a todos los hombres. A valorar la
oración, ya que Jesús constantemente oraba con el Padre.
A entender
que el Cielo es algo que hay que ganar con
los detalles de la vida de todos los días.
A
vivir el mandamiento que Él nos dejó: “Amaos los unos
a los otros como Yo os he amado”.
Habrá un juicio
final que se basará en el amor, es decir, en
cuánto hayamos amado o dejado de amar a los demás.
Dios
da su gracia a través de la oración y los
sacramentos. Su gracia puede suplir todas nuestras debilidades.
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