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Autor: P. Juan Pablo Esquivel | Fuente: Catholic.net Bautismo del Señor
11 de enero de 2009.Fiesta, con la cual se cierra el tiempo litúrgico de Navidad
Bautismo del Señor
El domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía,
dedicado a celebrar el bautismo de Cristo, señala la culminación
de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del
Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo
durante el año, llamado también tiempo ordinario.
Cuando Cristo
se metió en la cola para esperar su turno de
ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer.
Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo.
El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado
por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo
hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el
n.536:
Hay una diferencia importante entre los dos bautismos:
El de
Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón
de los pecados.
El de JESÚS: con Espíritu Santo, renovación
interior que nos hace "partícipes de la naturaleza divina”
"No soy
digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia..."
trabajo reservado al más inútil de los esclavos... Juan destaca
la infinita distancia entre él y Jesús...
¿Porqué entonces Jesús se
hace bautizar por Juan? [es una escena tan impresionante, que
podría resultar incomprensible, y hasta escandalosa]...
Pero admitámoslo, y descubramos nuevamente
él "modo" que Dios emplea para salvarnos: hoy se pone
en la fila de los pecadores, y aunque no lo
necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia... Se
ha hecho semejante a nosotros en todo, y por eso
no se avergüenza de colocarse en la fila de aquellos
que se preparaban para la llegada del Reino de Dios...
así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre
sí todos nuestros pecados, y subió a la Cruz como
si fuese un delincuente...
+ Pero el bautismo que recibió Jesús
fue muy "especial": ciertos hechos nos indican que con Él
comienza un nuevo bautismo:
El cielo abierto (ya nunca más
cerrado por los pecados, como hasta este momento) Es decir,
comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los
hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá:
viene con Cristo y el Espíritu Santo. Llega todo, porque
Dios mismo viene, y Él será para nosotros y nos
dará todo. Estamos frente al comienzo de una nueva humanidad,
divinizada. En la proposición que San Marcos hace en su
Ev. el Padre no "presenta" a su Hijo (“Éste es
mi Hijo amado”), sino que se dirige a Él (“Tú
eres mi Hijo...”): Cristo nos representa a todos, que desde
ese momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre...
Cuando somos bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente, verdaderamente:
somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra dignidad, nuestra
gloria, y nuestro compromiso pasa por VIVIR NUESTRO BAUTISMO...
"Éste es
mi Hijo" (Evang.)... "Éste es el servidor sufriente" (Iª lect.)... Sigamos
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