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Bicentenario de la Independencia | tema
Autor: Rodrigo Guerra López | Fuente: CEM
Los sentimientos de la Nación y la Hipótesis cristiana
Ni en la época de Morelos ni en la actual este tipo de reflexiones prospectivas pretenden agotar toda la riqueza del ethos nacional y ni toda la riqueza del sueño social que se alberga en los corazones de las personas que integran el pueblo real.
 
INTRODUCCIÓN



No es fácil celebrar el Bicentenario de la Independencia de México. Los acontecimientos sucedidos entre 1810 y 1821 son complejos y aún ofrecen materia para la disputa erudita de los historiadores. Las luces y las sombras en los protagonistas, en las acciones y en las consecuencias abundan. La Independencia de México, como todo proceso histórico, requiere de una hermenéutica cuidadosa en el que la valoración si bien exige un referente antropológico elemental, también necesita de una adecuada contextualización que permita comprender situación es de hecho, es decir, sucesos sumamente contingentes.



El papel que el ethos cristiano ha tenido en toda la historia de la nación mexicana, y en particular, en la Independencia no es desconocido para nadie. A continuación intentaremos mostrar que la historia requiere de una comprensión (ontológica) que permita revelar su significado. Esto es particularmente relevante para la interpretación de la Independencia de México no sólo en tanto que hecho del pasado sino principalmente para asumir con responsabilidad los retos que nos plantea el presente y el futuro de nuestra nación.



1. El ser es lo que ha sido

La historia antes que un recuento más o menos certero de hechos es una realidad que se construye con múltiples decisiones y omisiones a través del tiempo. La historia como recuento tiene de este modo un fundamento ontológico anterior, cuyo difícil acceso no significa imposibilidad cognitiva absoluta sino principalmente exigencia de una metodología adecuada para comprender lo que fue desde lo que es y en perspectiva de lo que puede ser



En efecto, la consistencia ontológica del pasado histórico es peculiar. Está construido de eventos contingentes que sucedieron en un cierto momento presente. Sin embargo, estos eventos al ingresar a l espacio de lo que fue adquieren una necesidad, una inmodificabilidad, que nos muestra de un modo peculiar que todo lo que hacemos en el fondo adquiere su significado en el reino de lo necesario y absoluto.



En efecto, si bien lo que fue ya no es, no puede identificarse sin más con la nada. Lo que fue posee una cierta quididad que delimita precisamente al pasado en general respecto de los otros éxtasis temporales (presente, futuro). Todavía de una manera más particular, podríamos decir que un evento que se dio en el pasado precisamente es identificable en su naturaleza y en su momento temporal gracias a que existen un conjunto de características que lo delimitan y que lo exhiben como una realidad en cierto sentido novedosa, inédita, única hayan existido muchas – aunque similares- en otros lugares y tiempos.



De este modo, la reflexión sobre la naturaleza del pasado nos permite advertir que aquello que irrumpe inesperadamente en el tiempo, aquello inderivable, fruto, por ejemplo, de la libertad humana, es verdadero Ereignis, es decir, "acontecimiento".



"Acontecimiento" no significa solamente aquello arrojado inexplicablemente en la realidad sino aquello que siendo una sorpresa posee una dimensión significativa que apunta más allá de su propia facticidad. Toco acontecimiento es signo de algo que lo rebasa.



El pasado histórico es fruto de la libertad, es contingente en su origen pero necesario en su consistencia esencial (por ser inmodificable) De hecho, el pasado se encuentra incoado en el presente y como proyectado hacia el futuro, es decir, con ese modo de potencialidad que permite que lo que hoy es en acto esté precedido por lo que fue. Esto no significa que todo lo que es en el presente sea reducible a su pasado. Lo que queremos decir es que de manera relativa pero real el presente es el lugar dónde el pasado sigue existiendo como pasado y el futuro se encuentra como preanunciado, no en su totalidad pero sí en su virtualidad .De este modo, lo que es en acto permite que lo que posee un estado no -actual sea realmente de algún modo.



Estas consideraciones, de repente, pueden parecer extrañas. La ontología del pasado del presente y del futuro fácilmente puede parecer una cuestión teorética lejana del tema que nos ocupa y más de las preocupaciones del momento en que vivimos

Sin embargo, justo lo que hemos dicho nos puede impulsar a mirar con una renovada luz que todo lo que es recoge lo que ha sido y se encuentra tensionado por lo que puede llegar a ser; que nuestro pasado realmente edifica nuestro presente y prepara nuestro futuro; que no es un mero slogan el afirmar que nuestro pasado es relevante para comprender nuestro momento actual y para preparar un estado de cosas futuro.

La conciencia histórica reclama una conciencia ontológica porque el tiempo no es el horizonte del ser sino el ser el que circunscribe y delimita todo lo que acaece en el tiempo, en especial, todo lo que las personas y los pueblos construimos en nuestro tiempo. Aunque pueda parecer una verdad ya sabida es importante insistir: el ser no es estático sino que posee una estructura que recoge y proyecta continuamente, que contiene el pasado y que contiene parcialmente también al futuro. El ser-en-el tiempo es por esto, ser con vocación de ser, demanda constitutiva de sentido tanto pasado como futuro. Esto que tiene validez en cualquier ente queda como elevado cuando se refiere a la persona humana y/o a su realidad comunitaria. La vida de los pueblos a lo largo del tiempo porta significados que en el fondo delimitan su origen y su destino. Estos significados nacen, maduran y se transforman gradualmente. Estos significados nos permiten descubrir que la historia no es el mero tiempo sino el tiempo en cuanto atraviesa la subjetividad humana y de los pueblos.



La historia, de este modo, es una realidad propiamente humana: es el "plus" que lo humano añade al tiempo haciendo de éste una nueva realidad "sui géneris", con género propio.



2. La nación y su significado

Con estas premisas podemos decir ahora que recuperar el significado que porta el caminar de un pueblo es en buena medida en lo que consiste interpretar a una nación. En efecto, el pueblo puede ser considerado desde el punto de vista de su organización política. De este modo hablamos entonces de la "civitas", de la comunidad política, de lo que hoy denominamos "Estado "1 El pueblo, así mismo, puede ser interpretado desde el punto de vista del legado que recibe. En este caso hablamos de la Patria, es decir, de aquello que nos heredan nuestros "padres" y todos los que nos preceden. Pero cuando hablamos de "nación" el énfasis está puesto en la dimensión dinámica de la cultura de un pueblo. La nación es el pueblo, su lebenswelt, su idiosincrasia, sus tradiciones, sus creencias, sus costumbres, sus lenguaje, su historia, no sólo en cuanto recibidos como legado sino en cuanto referidos a un destino que se intuye y que se realiza gradualmente.



La nación es como la personalidad de un pueblo. Posee una componente antropológica y por eso es susceptible de ser reconocida como una realidad propiamente "humana". Sólo los seres humanos poseemos "nación". Así mismo, la nación posee una dimensión pluriforme que expresa la diversidad de cada comunidad humana. Esta diversidad está construida por la libertad y por los factores sincrónicos y diacrónicos que contextualizan a un pueblo determinado.



1 El "Estado" no es la única configuración posible de comunidad política. Por ello, no toda comunidad política es "Estado".



Así, el factor identitario de un pueblo no es algo puramente estable o puramente variable sino que en la identidad colectiva confluyen elementos de muy diverso orden y naturaleza. En esta multiplicidad de factores, sin embargo, existe uno que es el más esencial y es la humanidad de cada persona que posee una estructura elemental común. Esta estructura permitirá eventualmente descubrir un conjunto de significados, un conjunto de evidencias que fungen como criterios de juicio al momento de interpretar la propia vida y el mundo a través del tiempo.

Esto último es importante: u n pueblo, cuando se descubre como nación, vivencia desde dentro de sí el triple éxtasis temporal de pasado -presente -futuro, pero no en abstracto, como quien hace metafísica, sino con toda su concreción humana, cómo descubriéndolo por dentro, desde el núcleo que constituye su propio "yo". De esta manera, el pueblo en cuanto nación, es un ente cultural que se transforma continuamente de manera autopoiética: lo que se ha sido se reasume a cada instante y se proyecta hacia el futuro. Cada paso nuevo de inmediato se incorpora en el "ser" de la nación afinando su avance hacia su destino o entorpeciéndolo. Dicho de otro modo, existe una peculiar teleología de la nación que no es en modo alguno una tensión determinista pero sí un horizonte de realización modificable que moviliza conciencias, expectativas y realizaciones personales y colectivas con una sutil pero importante eficiencia.

El significado de una nación se advierte, entonces, así: mirando su origen, su desarrollo autopoiético, su estado presente y su proyección teleológica no -determinista.



3. Los sentimientos de la nación

Cuando José María Morelos y Pavón se suma al movimiento iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla se sumerge en un conjunto de campañas militares que lo absorben profundamente. No es este el momento para hablar de estos numerosos y complejos avatares que Morelos va enfrentando poco a poco. Sin embargo, vale la pena recordar que su inmersión en la acción, en un esfuerzo cuyo destino no está asegurado, es muy grande. La lucha fue cruenta. Los momentos de soledad y vacilación aparecieron en la conciencia de Morelos. Los triunfos eventualmente también arribaron. Pero de repente, luego de tres campañas militares, luego de la toma de Acapulco el 6 de abril de 1813, surge la necesidad de un momento distinto: publica el periódico El Correo Americano del Sur en el que después de muchos meses de lucha armada afronta el reto de la lucha de las ideas. Es en esos mismos días en los que emerge una reflexión, brevísima si se quiere, pero potente en su intención y en su perspectiva. Esa reflexión será expuesta el día 14 de septiembre de 1813 en el marco del Congreso de Chilpancingo al que Morelos había convocado en el mes de mayo. Esta reflexión se intitula Sentimientos de la Nación.



Morelos piensa que un pueblo no se expresa sólo en sus luchas bélicas, en sus leyes o en sus periódicos. Sino que también lo hace desde el corazón, es decir, desde la conciencia más profunda que es signo de identidad y de vocación. Los Sentimientos de la Nación son una meditación sobre las posibles rutas de futuro que surgen de una mirada atenta a los acontecimientos de aquel presente que hoy es nuestro pasado.



Las categorías con las que Morelos se expresa son las propias de su época y de su contexto personal y social. Sin embargo, a través de ellas, podemos advertir justamente un esfuerzo por pensar a la nación mexicana con el fin de descubrir su posible sendero hacia el futuro.



En cada una de las afirmaciones que componen los Sentimientos de la Nación podemos descubrir su raigambre en la historia nacional y el significado que se desea convertir en propuesta de acción para el futuro. Dicho de otro modo, los Sentimientos de la Nación son una interpretación de la nación, de sus significados esenciales, de su destino moral. Miremos cinco de estas declaraciones, a modo de cáliz:



1º Que la América es libre é independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno ó Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.



4º Que el dogma sea sostenido por la Jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit pater meus celestis cradicabitur. Mat. Cap. XV.



5º. Que la soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que solo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y éstos á los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad.

15º. Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y sólo distinguirá á un americano de otro, él vicio y la virtud.



19º. Que en la misma se establezca por ley Constitucional la celebración del doce de Diciembre en todos los pueblos, dedicado á la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando á todos los pueblos, la devoción mensual.



En estas cinco afirmaciones Morelos expresa la nueva comprensión sobre la soberanía nacional que procede el pueblo la necesaria igualdad natural de los seres humanos, distinguiéndose unos de otros sólo por su calidad moral, y el profundo reconocimiento de la religiosidad del pueblo mexicano que no está llamado a cerrar su horizonte a ciertos aspectos de vida privada sino que trascendiendo el ámbito de lo íntimo hace que la religión alcance una significación social e identitaria para el nuevo paso que la nación estaba a punto de dar.



Los Sentimientos de la Nación representaron la van guardia intelectual independentista de América ya que logran expresar de una manera breve y clara valores que ni José de San Martín libertador de Argentina, Chile y Perú ni Simón Bolívar lograron asumir enteramente. Piénsese a modo de ejemplo en la prohibición de la esclavitud que aún era vista como políticamente incorrecta en muchos espacios y ambientes. Estos valores "liberales" conviven sin problema con el reconocimiento de la religión católica y el significado social de la Virgen de Guadalupe en el proceso de emancipación.



Los Sentimientos de la Nación logran hacer una verdadera "Aufhebung" de las ideas de Hidalgo, de Rayón, de las Cortes de Cádiz y del propio Morelos. Morelos deseaba que estas tesis guiaran las discusiones del Congreso y eventual mente se tradujeran de alguna manera dentro del corpus constitucional. Esta síntesis, en cierto modo, logra anticipar los valores fundamentales que sostienen los derechos sociales que eventualmente serán reconocidos por primera vez en la historia del Derecho constitucional en la Carta Magna promulgada en 1917. Son, desde nuestro punto de vista, el culmen reflexivo del movimiento insurgente.



Revisando los Sentimientos de la Nación no es difícil caer en la cuenta que Morelos no es un liberal más. Morelos parece conjuntar en su persona y en sus escritos una peculiar síntesis barroca que integra aspectos esenciales del humanismo político liberal de la época con el ethos católico y guadalupano que él mismo reconoce como una dimensión constitutiva del pueblo mexicano.



En una palabra, Morelos a través de este breve texto nos ofrece un esfuerzo de interpretación sobre el significado de la nación y sobre su vocación. Esta interpretación es particularmente valiosa porque no censura ni los ideales libertarios ni la experiencia religiosa. Esta interpretación aún no ha caído dentro de los márgenes de la racionalidad ilustrada secularista que considera que la dimensión religiosa de la vida debe privatizarse o desaparecer. El laicismo militante que posteriormente caracterizará a una parte muy importante del liberalismo mexicano, no emerge en Morelos. Existe un peculiar equilibrio en el "siervo de la nación", que lo hace particularmente actual para nuestro momento presente.

4. Sentimientos de la Nación también hoy

¿Ha existido alguna continuación en términos de motivación y contenido de los Sentimientos de la Nación de Morelos? ¿Existe una posteridad intelectual de las intuiciones antes mencionadas?



Muchos afirmarán que los Sentimientos de la Nación se continúan en el liberalismo mexicano posterior. Sin embargo, si bien es cierto que de manera fragmentaria esto podría ser verdad, cuando se les considera como una unidad, es decir, como una pretensión unitaria hacia el futuro, no es posible sostener cabalmente que el liberal ismo mexicano de finales del siglo XIX y del siglo XX sea la expresión de esta herencia.



Muy por el contrario, es la nueva síntesis de pensamiento social cristiano la que eventualmente podría ser considerada una suerte de continuación histórica y especulativa del legado de Morelos.



¿A qué me refiero? Principalmente a que Morelos manifiesta en los Sentimientos de la Nación un conjunto de ideas que corresponden más al tipo de reflexión que caracteriza a la Doctrina social cristiana que a la teoría social y del Estado correspondiente a aquella época. Esto no nos debería de extrañar si no fuera frecuente olvidar que José María Morelos era un sacerdote formado en una hybris intelectual precursora de la mencionada Doctrina.



Cuando leemos textos como Aparecida o la Carta de los obispos mexicanos Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos no podemos sino mencionar que ahí están expuestos y desarrollados los actuales sentimientos de la gran nación latinoamericana y del propio México.



Inmediatamente alguien podría pensar que esto es un exceso debido a que América Latina y México son actualmente entes compuestos por sociedades plurales que distan mucho de la "imagen" que ofrecen estos documentos magisteriales. A esto convendría responder que tanto América Latina como México ya eran sociedades plurales en la época de Morelos. Pero lo que es más punzante aún, que los nuevos sentimientos de la nación expresados en este tipo de reflexión no pierden su valor por no ser los únicos.



Ni en la época de Morelos ni en la actual este tipo de reflexiones prospectivas pretenden agotar toda la riqueza del ethos nacional y ni toda la riqueza del sueño social que se alberga en los corazones de las personas que integran el pueblo real. Son, por el contrario, una manifestación, modesta si se quiere, del esfuerzo reflexivo que consiste el pensar a la nación a la luz de una perspectiva trascendente



5. Sentimientos varios, sentimientos encontrados

Me atrevo a señalar siete sentimientos que fácilmente brotan cuando uno recoge no sólo el texto de Morelos sino el pensamiento social cristiano posterior desarrollado tanto en México como en América Latina. Señalar "sentimientos" de este cuño nos parece relevante para mostrar que el legado de Morelos, como un río caudaloso, asumió varias trayectorias, pero cuya corriente principal, cuyo mainstream, se puede reconocer en la Doctrina social cristiana contemporánea:

La verdad del hombre revelada en Cristo muestra que todo ser humano – varón y mujer- es persona, posee dignidad y merece respeto.



La soberanía cultural de la nación tiene prioridad sobre la soberanía política del Estado. La dignidad de la familia tiene prioridad sobre toda soberanía posible.



La primacía del trabajo sobre el capital reconstruye el significado humano de la actividad productiva.



El destino universal de los bienes es una dimensión constitutiva de la propiedad privada.



La opción preferencial por los pobres es un gesto de solidaridad, es decir, de corresponsabilidad para con todos.



María de Guadalupe no es un hecho del pasado sino un acontecimiento presente que ofrece en su persona y en su maternidad el espacio adecuado para el rencuentro, la reconciliación y el diálogo no-violento. Ella funge como el elemento central –aunque no único –del "pacto fundacional" (sic!) que dio origen a la nación mexicana.



Todo ser humano tiene derecho a la libertad de conciencia y en particular a la libertad religiosa con el único límite del respeto al derecho de terceros.



Estos siete sentimientos son diversos en su naturaleza y generan – al mirar la realidad sentimientos encontrados. La tensión existente al interior de la frágil condición humana permite anhelar lo ideal y enfrentarse a la propia realidad siempre limitada.



Por esto me parece que el cristianismo siempre e s necesario. Sólo en el seno del ethos cristiano se puede interpretar con esperanza el anhelo y el hecho de la Independencia nacional de un modo adecuado.



Fuera de este ethos todo contraste entre esperanza y realidad resulta chocante e invita al desánimo y al hastío.



El cristianismo desde esta perspectiva funge como factor de realismo. Todo esfuerzo de emancipación personal o social se torna prometeico cuando se realiza contando sólo con las propias fuerzas. Lo único que puede ayudar a mirar la realidad en su positividad natural es un horizonte mayor como el que marca la nueva humanidad que. históricamente afirmó por vez primera el ethos cristiano.



Al reconsiderar los Sentimientos de la Nación esto es fundamental: interpretar el modo como un pueblo es nación y avanza hacia su destino, fácilmente se frustra si miramos nuestros vacíos, nuestros errores y nuestras limitaciones prioritariamente. El único modo de ofrecer una mirada diversa es comprender que la ontología del pasado, del presente y del futuro, demanda una realidad significativa que trascienda realmente este triple éxtasis. Dicho de un modo menos teórico: para que nuestra nación pueda autocomprenderse adecuadamente requerimos de mirar en la estructura interna de la realidad, la presencia misteriosa pero igualmente real de Aquel que nos sostiene y nos invita a continuar luchando por un mundo más justo y más humano.


Escrito por Rodrigo Guerra López
rodrigo.guerra@cisav.org
Domingo, 06 de Diciembre de 2009 21:06



* Doctor en Filosofía por la Academia Internacional de Filosofía en el Principado de Liechtenstein; Director del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV); Página web: www.cisav.org
 

 
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