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Autor: Gustavo de Prado | Fuente: Arvo.net Casablanca Comunicación Buenas noches y buena suerte
Clooney plantea preguntas: ¿la televisión debe entretener o formar opinión? ¿El periodista debe informar o implicarse en los hechos? ¿De cuántos modos manipula la publicidad? ¿Quedará algún idealista, alguien que siga haciendo lo que debe hacer por enci
Buenas noches y buena suerte
Dirección: George Clooney.
Intérpretes: David Strathairn, Patricia Clarkson, George Clooney, Frank
Langella, Jeff Daniels.
Duración: 93 m.
Género: Drama.
Valoración: Mayores de 10 años.
Para su segundo largometraje como director, George Clooney ha escogido
una película en la que debía afrontar una serie de
riesgos de los que no siempre ha salido bien parado.
Advirtamos antes que el resultado es francamente bueno y, el
hecho de que sea una de las favoritas al Oscar,
es señal de ello. Sin duda, a Clooney le habría
gustado hacer una película mejor porque lo que tenía en
la cabeza no es lo que ha quedado plasmado en
la pantalla. Al menos podemos adivinar eso: le bullía una
gran idea que ha logrado transmitir sólo parcialmente.
Por poner un
ejemplo que sería muy de su gusto, parece que hubiese
estado jugando una partida de póquer entre lo que le
habría gustado contar, el modo de montarlo, la sujección a
un metraje normal y el tratar de sugerir sin ser
explícito. Y en una partida de póquer no pueden ganar
todos. Pero ahí queda, pese a todo, una muestra de
sus posibilidades futuras: cuando deje de jugar al póquer y
ponga las cartas en una mesa de negociaciones.
Sería un error
pensar que se trata de una película sobre McCarthy. O
al menos pensar que se trata sólo de eso. Comienza
con la caza de brujas del senador y con un
presentador de la CBS, Edward R. Munroe que, con más
miedo que valor, decide hacerle frente en la pantalla.
Buenas noches,
y buena suerte es una película que comienza así de
pequeña, con escaso presupuesto y rodada en seis semanas. Pero
su trama crece repentinamente y va más allá de los
presupuestos iniciales. En realidad va más allá de la sala
del cine pues el espectador se sorprenderá planteándose, tiempo después,
algunas preguntas, ideas, matices o volverá sobre alguno de los
personajes. Logra elevarse a un plano superior con referentes universales
porque, más allá del mccarthysmo, Clooney habla de la libertad
de prensa (de la que tanto se habla), de la
responsabilidad de los periodistas (de la que ellos nunca hablan),
de los peligros de la democracia, del buen o mal
uso de la televisión. No todo es tan sencillo como
en una primera impresión se pueda tener. Porque mientras está
visible McCarthy, como un fantasma que aterroriza a una nación,
pasa desapercibido lo que después va a estallar: resulta que
el senador no era perfecto, pero tampoco lo eran la
CBS con sus intereses económicos y reglamentos caprichosos, ni lo
eran los productores, ni los publicistas y ni siquierea el
héroe con algún que otro prejuicio. Y es que la
televisión vive de heroísmo mientras le da dinero.
Clooney
plantea preguntas: ¿la televisión debe entretener o formar opinión? ¿El
periodista debe informar o implicarse en los hechos? ¿De cuántos
modos manipula la publicidad? Y, sobre todo, ¿quedará algún idealista,
alguien que siga haciendo lo que debe hacer por encima
de intereses económico-político-sociales? (*)
Una película con un guión muy clásico,
una estupenda fotografía en blanco y negro y una
dirección ejemplar tanto desde el punto de vista formal como
en el del contenido. Los personajes han perdido definición pues
se ha puesto el acento en las ideas (ésa dichosa
partida de póquer). Es es único fallo de Clooney. Ésta
es una de esas películas en las que no habría
importado media hora más para perfilar caracteres. Quizá en la
próxima ocasión veamos algo todavía más grande.
G. de P. _______________________________________________________________
(*) Esta
película no debiera verse como de simple evasión o entretenimiento,
sino, como base para pensar en esas cuestiones que se
plantean, al margen de que los personajes utilizados sean por
un lado McCarthy, por otro los comunistas y en medio
Edward R. Munroe. Lo que está en juego es precisamente
el Estado de Derecho, cosa que a todos nos importa,
muy especialmente en estos tiempos que corren (NdE).
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