Autor: Benedicto XVI | Fuente: Vatican.va Redes sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la Evangelización
Mensaje de Benedicto XVI para la 47 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
Redes sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la Evangelización
Queridos hermanos y hermanas: Ante la proximidad de la Jornada Mundial
de las Comunicaciones Sociales de 2013, deseo proponeros algunas reflexiones
acerca de una realidad cada vez más importante, y que
tiene que ver con el modo en el que las
personas se comunican hoy entre sí. Quisiera detenerme a considerar
el desarrollo de las redes sociales digitales, que están contribuyendo
a que surja una nueva «ágora», una plaza pública y
abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones,
y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad.
Estos
espacios, cuando se valorizan bien y de manera equilibrada, favorecen
formas de diálogo y de debate que, llevadas a cabo
con respeto, salvaguarda de la intimidad, responsabilidad e interés por
la verdad, pueden reforzar los lazos de unidad entre las
personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana.
El intercambio de información puede convertirse en verdadera comunicación, los
contactos pueden transformarse en amistad, las conexiones pueden facilitar la
comunión. Si las redes sociales están llamadas a actualizar esta
gran potencialidad, las personas que participan en ellas deben esforzarse
por ser auténticas, porque en estos espacios no se comparten
tan solo ideas e informaciones, sino que, en última instancia,
son ellas mismas el objeto de la comunicación.
El desarrollo de
las redes sociales requiere un compromiso: las personas se sienten
implicadas cuando han de construir relaciones y encontrar amistades, cuando
buscan respuestas a sus preguntas, o se divierten, pero también
cuando se sienten estimuladas intelectualmente y comparten competencias y conocimientos.
Las redes se convierten así, cada vez más, en parte
del tejido de la sociedad, en cuanto que unen a
las personas en virtud de estas necesidades fundamentales. Las redes
sociales se alimentan, por tanto, de aspiraciones radicadas en el
corazón del hombre. La cultura de las redes sociales y los
cambios en las formas y los estilos de la comunicación
suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad
y de valores. A menudo, como sucede también con otros
medios de comunicación social, el significado y la eficacia de
las diferentes formas de expresión parecen determinados más por su
popularidad que por su importancia y validez intrínsecas. La popularidad,
a su vez, depende a menudo más de la fama
o de estrategias persuasivas que de la lógica de la
argumentación. A veces, la voz discreta de la razón se
ve sofocada por el ruido de tanta información y no
consigue despertar la atención, que se reserva en cambio a
quienes se expresan de manera más persuasiva. Los medios de
comunicación social necesitan, por tanto, del compromiso de todos aquellos
que son conscientes del valor del diálogo, del debate razonado,
de la argumentación lógica; de personas que tratan de cultivar
formas de discurso y de expresión que apelan a las
más nobles aspiraciones de quien está implicado en el proceso
comunicativo. El diálogo y el debate pueden florecer y crecer
asimismo cuando se conversa y se toma en serio a
quienes sostienen ideas distintas de las nuestras.
«Teniendo en cuenta
la diversidad cultural, es preciso lograr que las personas no
sólo acepten la existencia de la cultura del otro, sino
que aspiren también a enriquecerse con ella y a ofrecerle
lo que se tiene de bueno, de verdadero y de
bello» (Discurso para el Encuentro con el mundo de la
cultura, Belém, Lisboa, 12 mayo 2010).
Las redes sociales deben afrontar
el desafío de ser verdaderamente inclusivas: de este modo, se
beneficiarán de la plena participación de los creyentes que desean
compartir el Mensaje de Jesús y los valores de la
dignidad humana que promueven sus enseñanzas. En efecto, los creyentes
advierten de modo cada vez más claro que si la
Buena Noticia no se da a conocer también en el
ambiente digital podría quedar fuera del ámbito de la experiencia
de muchas personas para las que este espacio existencial es
importante. El ambiente digital no es un mundo paralelo o
puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana
de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales
son el fruto de la interacción humana pero, a su
vez, dan nueva forma a las dinámicas de la comunicación
que crea relaciones; por tanto, una comprensión atenta de este
ambiente es el prerrequisito para una presencia significativa dentro del
mismo.
La capacidad de utilizar los nuevos lenguajes es necesaria no
tanto para estar al paso con los tiempos, sino precisamente
para permitir que la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas
de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones
de todos. En el ambiente digital, la palabra escrita se
encuentra con frecuencia acompañada de imágenes y sonidos. Una comunicación
eficaz, como las parábolas de Jesús, ha de estimular la
imaginación y la sensibilidad afectiva de aquéllos a quienes queremos
invitar a un encuentro con el misterio del amor de
Dios. Por lo demás, sabemos que la tradición cristiana ha
sido siempre rica en signos y símbolos: pienso, por ejemplo,
en la cruz, los iconos, el belén, las imágenes de
la Virgen María, los vitrales y las pinturas de las
iglesias. Una parte sustancial del patrimonio artístico de la humanidad
ha sido realizada por artistas y músicos que han intentado
expresar las verdades de la fe.
En las redes sociales se
pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten
la fuente profunda de su esperanza y de su alegría:
la fe en el Dios rico de misericordia y de
amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en
la expresión explícita de la fe, sino también en el
testimonio, es decir, «en el modo de comunicar preferencias, opciones
y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso
cuando no se hable explícitamente de él». (Mensaje para la
Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2011). Una forma especialmente
significativa de dar testimonio es la voluntad de donarse a
los demás mediante la disponibilidad para responder pacientemente y con
respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino
de búsqueda de la verdad y del sentido de la
existencia humana. La presencia en las redes sociales del diálogo
sobre la fe y el creer confirma la relevancia de
la religión en el debate público y social.
Para quienes han
acogido con corazón abierto el don de la fe, la
respuesta radical a las preguntas del hombre sobre el amor,
la verdad y el significado de la vida -que están
presentes en las redes sociales- se encuentra en la persona
de Jesucristo. Es natural que quien tiene fe desee compartirla,
con respeto y sensibilidad, con las personas que encuentra en
el ambiente digital. Pero en definitiva los buenos frutos que
el compartir el Evangelio puede dar, se deben más a
la capacidad de la Palabra de Dios de tocar los
corazones, que a cualquier esfuerzo nuestro. La confianza en el
poder de la acción de Dios debe ser superior a
la seguridad que depositemos en el uso de los medios
humanos. También en el ambiente digital, en el que con
facilidad se alzan voces con tonos demasiado fuertes y conflictivos,
y donde a veces se corre el riesgo de que
prevalezca el sensacionalismo, estamos llamados a un atento discernimiento. Y
recordemos, a este respecto, que Elías reconoció la voz de
Dios no en el viento fuerte e impetuoso, ni en
el terremoto o en el fuego, sino en el «susurro
de una brisa suave» (1R 19,11-12). Confiemos en que los
deseos fundamentales del hombre de amar y ser amado, de
encontrar significado y verdad –que Dios mismo ha colocado en
el corazón del ser humano- hagan que los hombres y
mujeres de nuestro tiempo estén siempre abiertos a lo que
el beato cardenal Newman llamaba la «luz amable» de la
fe.
Las redes sociales, además de instrumento de evangelización, pueden ser
un factor de desarrollo humano. Por ejemplo, en algunos contextos
geográficos y culturales en los que los cristianos se sienten
aislados, las redes sociales permiten fortalecer el sentido de su
efectiva unidad con la comunidad universal de los creyentes.
Las
redes ofrecen la posibilidad de compartir fácilmente los recursos espirituales
y litúrgicos, y hacen que las personas puedan rezar con
un renovado sentido de cercanía con quienes profesan su misma
fe. La implicación auténtica e interactiva con las cuestiones y
las dudas de quienes están lejos de la fe nos
debe hacer sentir la necesidad de alimentar con la oración
y la reflexión nuestra fe en la presencia de Dios,
y también nuestra caridad activa: «Aunque hablara las lenguas de
los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad,
soy como bronce que suena o címbalo que retiñe» (1
Co 13,1).
Existen redes sociales que, en el ambiente digital, ofrecen
al hombre de hoy ocasiones para orar, meditar y compartir
la Palabra de Dios. Pero estas redes pueden asimismo abrir
las puertas a otras dimensiones de la fe. De hecho,
muchas personas están descubriendo, precisamente gracias a un contacto que
comenzó en la red, la importancia del encuentro directo, de
la experiencia de comunidad o también de peregrinación, elementos que
son importantes en el camino de fe. Tratando de hacer
presente el Evangelio en el ambiente digital, podemos invitar a
las personas a vivir encuentros de oración o celebraciones litúrgicas
en lugares concretos como iglesias o capillas. Debe de haber
coherencia y unidad en la expresión de nuestra fe y
en nuestro testimonio del Evangelio dentro de la realidad en
la que estamos llamados a vivir, tanto si se trata
de la realidad física como de la digital. Ante los
demás, estamos llamados a dar a conocer el amor de
Dios, hasta los más remotos confines de la tierra.
Rezo para
que el Espíritu de Dios os acompañe y os ilumine
siempre, y al mismo tiempo os bendigo de corazón para
que podáis ser verdaderamente mensajeros y testigos del Evangelio. «Id
por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a
toda la creación» (Mc 16,15).
Vaticano, 24 de enero de 2013,
fiesta de san Francisco de Sales BENEDICTUS PP. XVI
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