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Autor: Benedicto XVI | Fuente: Vatican.va XL Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
Primer mensaje del Papa Benedicto XVI que habla sobre los medios: red de comunicación, comunión y cooperación (2006)
XL Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA XL JORNADA MUNDIAL DE
LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación
Queridos
hermanos y hermanas:
1. Al cumplirse el cuadragésimo aniversario de la
clausura del Concilio Vaticano II, me alegra recordar su Decreto
sobre los Medios de Comunicación Social, Inter Mirifica, que señaló
especialmente el poder de los medios para ejercer una influencia
en toda la sociedad humana. La necesidad de herramientas que
ayuden al bien de la humanidad me ha impulsado a
reflexionar, en mi primer mensaje para la Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales, sobre la idea de los medios como
una red que facilita la comunicación, la comunión y la
cooperación.
San Pablo, en su carta a los Efesios, describe vívidamente
nuestra vocación humana como la de “participantes de la naturaleza
divina” (Dei verbum, 2): por Cristo tenemos acceso al Padre
en el Espíritu; ya no somos extranjeros y extraños, sino
ciudadanos con los santos y los miembros de la familia
de Dios, transformándonos en un templo santo, una morada para
Dios (cf. Ef 2, 18-22). Este sublime retrato de una
vida de comunión pone en movimiento todos los aspectos de
nuestra vida como cristianos. La invitación a acoger con autenticidad
la autocomunicación de Dios en Cristo significa en realidad una
llamada a reconocer su fuerza dinámica dentro de nosotros, que
desde ahí desea propagarse a los demás y extenderse a
todo el mundo, para que su amor sea realmente la
medida prevalente en el mundo (cf. Homilía para la Jornada
Mundial de la Juventud, Colonia, 21 de agosto 2005).
2. Los
avances tecnológicos en los medios han conquistado en cierta medida
tiempo y espacio, haciendo la comunicación entre las personas tanto
instantánea como directa, aun cuando están separadas por enormes distancias.
Este desarrollo presenta un potencial enorme para servir al bien
común y “constituye un patrimonio a salvaguardar y promover” (El
Rápido Desarrollo, 10). Sin embargo, como todos sabemos, nuestro mundo
está lejos de ser perfecto. Diariamente se nos recuerda que
la inmediatez de la comunicación no necesariamente se traduce en
la construcción de la cooperación y la comunión en la
sociedad.
Iluminar las conciencias de los individuos y ayudar a formar
su pensamiento nunca es una tarea neutral. La comunicación auténtica
demanda valor y decisión radicales. Requiere la determinación de aquellos
que trabajan en los medios para no debilitarse bajo el
peso de tanta información ni para conformarse con verdades parciales
o provisionales. Por el contrario, requiere tanto la búsqueda como
la transmisión de lo que es el sentido y el
fundamento último de la existencia humana, personal y social (cf.
Fides et Ratio, 5). De esta forma, los medios pueden
contribuir constructivamente a la propagación de todo lo que es
bueno y verdadero.
3. El llamado a los medios de comunicación
de hoy a ser responsables, a ser protagonistas de la
verdad y promotores de la paz que ella conlleva, supone
numerosos desafíos. Aunque los diversos instrumentos de comunicación social facilitan
el intercambio de información, ideas y entendimiento mutuo entre grupos,
también están teñidos de ambigüedad. Paralelamente a que facilitan “una
gran mesa redonda” para el diálogo, algunas tendencias dentro de
los medios engendran una forma de monocultura que oscurece el
genio creador, reduce la sutileza del pensamiento complejo y desestima
la especificidad de prácticas culturales y la particularidad de la
creencia religiosa. Estas son distorsiones que ocurren cuando la industria
de los medios se reduce al servicio de sí misma
o funciona solamente guiada por el lucro, perdiendo el sentido
de responsabilidad hacia el bien común.
Así pues, deben fomentarse siempre
el reporte preciso de los eventos, la explicación completa de
los hechos de interés público y la presentación justa de
diversos puntos de vista. La necesidad de sostener y apoyar
la vida matrimonial y familiar es de particular importancia, precisamente
porque se relaciona con el fundamento de cada cultura y
sociedad (cf. Apostolicam Actuositatem, 11). En colaboración con los padres, las
industrias de la comunicación social y el entretenimiento pueden ayudar
en la difícil pero altamente satisfactoria vocación de educar a
la niñez, con la presentación de modelos edificantes de vida
y amor humanos (cf. Inter Mirifica, 11). Es muy descorazonador
y destructivo para todos nosotros cuando lo opuesto ocurre. ¿No
lloran nuestros corazones, muy especialmente, cuando los jóvenes son sujetos
de expresiones degradantes o falsas de amor que ridiculizan la
dignidad otorgada por Dios de cada persona humana y socavan
los intereses de la familia?
4. Para motivar tanto una presencia
constructiva como una percepción positiva de los medios en la
sociedad, deseo reiterar la importancia de los tres pasos identificados
por mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, necesarios
para el servicio que deben prestar al bien común: formación,
participación y diálogo (cf. El Rápido Desarrollo, 11).
La formación en
el uso responsable y crítico de los medios ayuda a
las personas a utilizarlos de manera inteligente y apropiada. El
profundo impacto que los medios electrónicos en particular ejercen al
generar un nuevo vocabulario e imágenes, que introducen tan fácilmente
en la sociedad, no habría de ser sobrevalorado. Precisamente porque
los medios contemporáneos configuran la cultura popular, ellos mismos deben
sobreponerse a toda tentación de manipular, especialmente a los jóvenes,
y por el contrario deben impulsarse en el deseo de
formar y servir. De este modo, ellos protegen en vez
de erosionar el tejido de la sociedad civil, tan valioso
para la persona humana.
La participación en los medios surge de
su naturaleza: son un bien destinado a toda persona. Como
servicio público, la comunicación social requiere de un espíritu de
cooperación y co-responsabilidad con escrupulosa atención en el uso de
los recursos públicos y en el desempeño de los cargos
públicos (cf. Ética en las Comunicaciones Sociales, 20), incluyendo el
recurso a marcos normativos y a otras medidas o estructuras
diseñadas para lograr este objetivo.
Finalmente, los medios de comunicación deben
aprovechar y ejercer las grandes oportunidades que les brindan la
promoción del diálogo, el intercambio de conocimientos, la expresión de
solidaridad y los vínculos de paz. De esta manera ellos
se transforman en recursos incisivos y apreciados para la construcción
de la civilización del amor que toda persona anhela.
Estoy seguro
de que unos serios esfuerzos para promover estos tres pasos,
ayudarán a los medios a desarrollarse sólidamente como una red
de comunicación, comunión y cooperación, ayudando a los hombres, mujeres
y niños, a prestar más atención a la dignidad de
la persona humana, a ser más responsables y abiertos a
los otros, especialmente a los miembros más necesitados y débiles
de la sociedad (cf. Redemptor Hominis, 15; Ética en las
Comunicaciones Sociales, 4).
Para concluir, retomo las alentadoras palabras de San
Pablo: Cristo es nuestra paz. En él somos uno (cf.
Ef 2, 14). ¡Rompamos juntos los muros divisorios de la
hostilidad y construyamos la comunión de amor según los designios
que el Creador nos dio a conocer por medio de
su Hijo! Desde el Vaticano, 24 de enero 2006, Fiesta de
San Francisco de Sales.
BENEDICTUS PP. XVI
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