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| Aetatis Novae, sobre las comunicaciones sociales |
Aetatis Novae
Sobre
las comunicaciones sociales en el vigésimo aniversario de Communio et
Progressio
Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
22 de febrero
de 1992
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Índice General
INTRODUCCIÓN. UNA REVOLUCIÓN
EN LAS COMUNICACIONES
I. CONTEXTO DE LAS COMUNICACIONES
SOCIALES
A. Contexto cultural y social
B. Contexto político y económico
II.
TAREA DE LAS COMUNICACIONES
A. Los medios
de comunicación social al servicio de las personas y de
las culturas
B. Los medios de comunicación
al servicio del diálogo con el mundo actual
C. Los medios de comunicación al servicio de la
comunidad humana y del progreso social
D.
Los medios de comunicación al servicio de la comunión eclesial
E. Los medios de comunicación al servicio
de una nueva evangelización
III. RETOS ACTUALES
A. Necesidad de una evaluación crítica
B. Solidaridad y desarrollo integra
C.
Políticas y estructuras
D. Defensa del derecho
a la información y a las comunicaciones
IV.
PRIORIDADES PASTORALES Y MEDIOS DE RESPUESTA
A.
Defensa de las culturas humanas
B. Desarrollo
y promoción de los medios de comunicación de la Iglesia
C. Formación de los comunicadores cristianos
D. Pastoral de los profesionales de las comunicaciones
V. NECESIDAD DE UNA PLANIFICACIÓN PASTORAL
A. Responsabilidades de los obispos
B. Necesidad de un plan pastoral sobre medios de comunicación
social
CONCLUSIÓN
ANEXO. ELEMENTOS DE UN
PLAN PASTORAL DE COMUNICACIONES
Directrices para la
elaboración de planes pastorales de medios de comunicación social en
una diócesis, Conferencia episcopal o Sínodo patriarcal
Modo de elaboración de un plan pastoral de comunicaciones
Fase de investigación
Fase de
programación
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Aetatis
Novae
Sobre las comunicaciones sociales en
el vigésimo aniversario de Communio et Progressio
Pontificio Consejo para
las Comunicaciones Sociales
22 de febrero de 1992
INTRODUCCIÓN
UNA REVOLUCIÓN EN LAS COMUNICACIONES
1. Con la llegada
de una nueva era, las comunicaciones conocen una expansión considerable
que influye profundamente en las culturas de todo el mundo.
Las revoluciones tecnológicas representan sólo un aspecto de este fenómeno.
No hay lugar en el que no se haga sentir
el impacto de los medios de comunicación sobre las actitudes
religiosas y morales, los sistemas políticos y sociales, la educación.
Nadie ignora, por ejemplo, el papel de las comunicaciones, que
las fronteras geográficas y políticas no han podido detener, en
los cambios que se han verificado a lo largo de
los años 1989 y 1990, y cuyo alcance histórico ha
subrayado el Papa(1).
«El primer areópago del tiempo moderno es
el mundo de la comunicación, que está unificando a la
humanidad y transformándola -como suele decirse- en una "aldea global".
Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que
para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de
orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales(2).
Más de un cuarto de siglo después de la promulgación
del Decreto del Concilio Vaticano II sobre las comunicaciones sociales,
Inter mirifica , y dos décadas después de la Instrucción
pastoral Communio et progressio , el Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales desea reflexionar sobre las consecuencias pastorales de esta
nueva situación. Lo hace con el espíritu de la conclusión
de Communio et progressio : «El Pueblo de Dios, que
camina a través del tiempo construyendo la historia, como protagonista
a la vez que destinatario de la comunicación, fijos en
el mañana los ojos confiados y atentos, vislumbra lo que
a manos llenas le promete la era espacial recién nacida(3).
Estimando que los principios y las ideas de estos documentos
conciliares y postconciliares poseen un valor duradero, queremos aplicarlos al
contexto nuevo. No pretendemos pronunciar palabras definitivas sobre una situación
compleja, cambiante y en perpetua evolución, sino solamente procurar un
instrumento de trabajo y estimular a los que deben afrontar
las consecuencias pastorales de estas nuevas realidades.
2. A lo
largo de los años que han sucedido a la aparición
de Inter mirifica y de Communio et Progressio se nos
ha habituado a expresiones tales como «sociedad de información», «cultura
de los medios de comunicación» y «generación de los medios
de comunicación». Este tipo de expresión debe ser notado: subraya
que lo que saben y piensan los hombres y mujeres
de nuestro tiempo está condicionado, en parte, por los medios
de comunicación; la experiencia humana como tal ha llegado a
ser una experiencia de los medios de comunicación.
Las últimas
décadas han sido asimismo el escenario de novedades espectaculares en
materia de tecnologías de comunicación. Esto ha implicado tanto una
rápida evolución de antiguas tecnologías como la aparición de nuevas
tecnologías de telecomunicación y comunicación social, entre las que figuran
los satélites, la televisión por cable, las fibras ópticas, los
videocassettes, los discos compactos, la concepción de imágenes por ordenador
y otras técnicas digitales e informáticas. La utilización de los
nuevos medios de comunicación ha dado origen a lo que
se ha podido llamar «nuevos lenguajes» y ha suscitado posibilidades
ulteriores para la misión de la Iglesia así como nuevos
problemas pastorales.
3. En este contexto animamos a los pastores
y al pueblo de Dios a que profundicen el sentido
de todo lo que se refiere a las comunicaciones y
a los medios de comunicación y a traducirlo en proyectos
concretos y realizables.
«Cuando los Padres del Concilio estaban dirigiendo
su mirada hacia el futuro e intentaban discernir el contexto
en el que la Iglesia estaría llamada a llevar a
cabo su misión, pudieron ver claramente que el progreso y
la tecnología ya estaban "transformando la faz de la tierra",
e incluso que ya se estaba llegando a la conquista
del espacio. Reconocieron, especialmente, que los desarrollos en la tecnología
de las comunicaciones con toda probabilidad iban a provocar reacciones
en cadena de consecuencias imprevisibles(4).
«Lejos de insinuar que la
Iglesia tendría que quedarse al margen o intentar aislarse de
la riada de esos acontecimientos, los Padres del Concilio vieron
que la Iglesia tenía que estar dentro del mismo progreso
humano, compartiendo las experiencias de la humanidad e intentando entenderlas
e interpretarlas a la luz de la fe. Era a
los fieles de Dios a quienes correspondía hacer un uso
creativo de los descubrimientos y nuevas tecnologías en beneficio de
la humanidad y en cumplimiento del designio de Dios sobre
el mundo»... para «una utilización sabia de las potencialidades de
esta "era informática", con el fin de servir a la
vocación humana y trascendente de cada ser humano, y así
glorificar al Padre de quien viene todo bien(5).
Debemos expresar
nuestro reconocimiento hacia todos aquellos que han permitido la constitución
de una red de comunicaciones creativa en la Iglesia. A
pesar de las dificultades -debidas a los recursos limitados, a
los obstáculos interpuestos a veces a la Iglesia en su
acceso a los medios de comunicación, a la remodelación constante
de la cultura, de los valores y las actitudes que
provoca la omnipresencia de los medios de comunicación- se ha
hecho ya mucho y se continúa haciendo. Los obispos, los
clérigos, los religiosos y los laicos que se consagran a
este apostolado capital merecen la gratitud de todos.
También tenemos
que expresar nuestra satisfacción en lo que respecta a todos
los esfuerzos positivos de colaboración ecuménica en el ámbito de
los medios de comunicación, en el que están implicados los
católicos y sus hermanos y hermanas de otras Iglesias y
comunidades eclesiales, así como de cooperación interreligiosa con hermanos y
hermanas de otras grandes religiones. No sólo ello es deseable
sino que "empeña a los cristianos a unirse más profundamente
en su acción comunicativa y a concertarse más directamente con
las otras religiones de la humanidad, respecto a su presencia
común en el seno de las comunicaciones"(6).
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I
CONTEXTO DE LAS COMUNICACIONES
SOCIALES
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A. Contexto cultural y social
4. El cambio que hoy
se ha producido en las comunicaciones supone, más que una
simple revolución técnica, la completa transformación de aquello a través
de lo cual la humanidad capta el mundo que le
rodea y que la percepción verifica y expresa. El constante
ofrecimiento de imágenes e ideas así como su rápida transmisión,
realizada de un continente a otro, tienen consecuencias, positivas y
negativas al mismo tiempo, sobre el desarrollo psicológico, moral y
social de las personas, la estructura y el funcionamiento de
las sociedades, el intercambio de una cultura con otra, la
percepción y la transmisión de los valores, las ideas del
mundo, las ideologías y las convicciones religiosas. La revolución de
las comunicaciones afecta incluso a la percepción que se puede
tener de la Iglesia y contribuye a formar sus propias
estructuras y funcionamiento.
Todo esto tiene importantes consecuencias pastorales. En
efecto, se puede recurrir a los medios de comunicación tanto
para proclamar el Evangelio como para alejarlo del corazón del
hombre. El entramado cada vez más estrecho de los medios
de comunicación con la vida cotidiana influye en la comprensión
que pueda tenerse del sentido de la vida.
Los medios
de comunicación tienen la capacidad de pesar no sólo sobre
los modos de pensar, sino también sobre los contenidos del
pensamiento. Para muchas personas la realidad corresponde a lo que
los medios de comunicación definen como tal; lo que los
medios de comunicación no reconocen explícitamente parece insignificante. El silencio
puede, así, hallarse impuesto de hecho a los individuos o
a los grupos ignorados por los medios de comunicación; la
voz del Evangelio puede, también, ella, encontrarse reducida al silencio
sin ser apagada totalmente. Por ello es importante que los
cristianos sean capaces de suministrar una información que «cree las
noticias», dando la palabra a los que están privados de
ella.
El poder que tienen los medios de comunicación de
fortalecer o de destruir las referencias tradicionales en materia de
religión, de cultura y de familia subraya bien la pertinente
actualidad de las palabras del Concilio: «Para el recto empleo
de estos medios es totalmente necesario que todos los que
los usan conozcan y lleven a la práctica fielmente en
este campo las normas del orden moral(7).
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B. Contexto político y
económico
5. Las estructuras económicas de las naciones dependen de los
sistemas de comunicaciones contemporáneas. Generalmente se considera necesario para el
desarrollo económico y político que el Estado invierta en una
infraestructura eficaz de comunicaciones. El aumento de costo de esta
inversión ha constituido, por otra parte, un factor de capital
importancia que ha llevado a los gobiernos de numerosos países
a adoptar políticas que miran a aumentar la concurrencia. Especialmente
por esta razón en muchos casos los sistemas públicos de
telecomunicaciones y de difusión han sido sometidos a políticas de
falta de normativa y de privatización.
Del mismo modo que
el mal uso del servicio público puede llevar a la
manipulación ideológica y política, así, la comercialización no reglamentada y
la privatización de la difusión tiene profundas consecuencias. En la
práctica, y frecuentemente de forma oficial, la responsabilidad pública del
uso de las ondas está infravalorada. Se tiende a evaluar
su éxito en función del beneficio y no del servicio.
Los motivos de beneficio y los intereses de los anunciantes
ejercen una influencia anormal sobre el contenido de los medios
de comunicación: se prefiere la popularidad a la calidad y
uno se alinea en el mínimo común denominador. Los anunciantes,
traspasando su legítimo papel, que consiste en identificar las verdaderas
necesidades y responder a ellas, empujados por motivos mercantiles, se
esfuerzan por crear necesidades y modelos artificiales de consumo.
Las
presiones comerciales se ejercen igualmente más allá de las fronteras
nacionales con perjuicio para ciertos pueblos y su cultura. Ante
el aumento de la competencia y la necesidad de encontrar
nuevos mercados, las empresas de comunicaciones revisten un carácter cada
vez más «multinacional»; la carencia de recursos locales de producción
provoca al mismo tiempo que algunos países dependan cada vez
más de naciones extranjeras. Así es como la producción de
ciertos medios de comunicación populares, característicos de una cultura, se
difunden en otra, frecuentemente con detrimento de formas artísticas y
de medios de comunicación que se encuentran en ellas y
de los valores que contienen.
La solución de los problemas
nacidos de esta comercialización y de esta privatización no reglamentadas
no siempre reside en un control del Estado sobre los
medios de comunicación, sino en una reglamentación más importante, conforme
a las normas del servicio público, así como en una
responsabilidad pública mayor. Hay que destacar, a este respecto, que
si los causes jurídicos y políticos en los que funcionan
los medios de comunicación de ciertos países están actualmente en
franca mejora, hay otros lugares en los que la intervención
gubernamental es un instrumento de opresión y de exclusión.
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II
TAREA
DE LAS COMUNICACIONES
6. Communio et progressio se basa en
una presentación de las comunicaciones como una vía hacia la
comunión. El texto declara que la comunicación, «más que la
sola manifestación de ideas o expresión de sentimientos», es «una
entrega de sí mismo por amor(8). La comunicación en este
sentido, es el reflejo de la comunión eclesial y puede
contribuir a ella.
La comunicación de la verdad puede tener
realmente una potencia redentora que brota de la persona de
Cristo. Él es el Verbo de Dios hecho carne y
la imagen del Dios invisible. En Él y por Él
la vida de Dios se comunica a la humanidad por
la acción del Espíritu. «Porque lo invisible de Dios, desde
la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia
a través de sus obras: su poder eterno y su
divinidad(9). Se puede también citar el versículo siguiente: «Y la
Palabra se hizo carne y puso su morad entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre
como Hijo único, lleno de gracia y de verdad(10).
Dios
se comunica definitivamente en el Verbo hecho carne. La palabra
se hace liberadora y redentora para toda la humanidad en
la predicación y en la acción de Jesús. Este acto
de amor por el que Dios se revela, asociado a
la respuesta de fe de la humanidad, engendra un diálogo
profundo.
La historia humana y el conjunto de relaciones entre
los hombres se desarrollan en el marco de esta comunicación
de Dios en Cristo. La historia misma está destinada a
convertirse en un tipo de palabra de Dios y la
vocación del hombre consiste en contribuir a ella, de forma
creadora, viviendo esta comunicación constante e ilimitada del amor reconciliador
de Dios. Estamos llamados a traducir esto en palabras de
esperanza y en actos de amor, es decir, mediante nuestro
modo de vida. En consecuencia, la comunicación debe situarse en
el corazón de la comunidad eclesial.
Cristo es a la
vez el contenido y la fuente de lo que la
Iglesia comunica cuando proclama el Evangelio. La Iglesia no es
otra cosa que el «cuerpo místico de Cristo y plenitud
misteriosa de Cristo glorificado, "Él llena todas las cosas"(11). Por
tanto, nos movemos en la Iglesia, por la palabra y
los sacramentos, hacia la esperanza de unidad definitiva donde «Dios
será todo en todos(12).
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A. Los medios de comunicación social al
servicio de las personas y de las culturas
7. Paralelamente
a todo el bien que hacen y que son capaces
de hacer, los medios de comunicación «pueden ser a la
vez eficaces instrumentos de unidad y comprensión mutua y transmisores
de una visión deformada de la vida, de la familia,
de la religión y de la moralidad -según una interpretación
que no respeta la auténtica dignidad ni el destino de
la persona humana(13). Es necesario que los medios de comunicación
respeten y participen en el desarrollo integral de la persona
que comprende «la dimensión cultural, trascendente y religiosa del hombre
y de la sociedad(14).
La fuente de determinados problemas individuales
y sociales reside también en el progresivo uso de los
medios de comunicación en sustitución de las relaciones interpersonales y
en la considerable dedicación prestada a los personajes de ficción
que presentan esos medios. Los medios de comunicación no pueden
reemplazar el contacto personal inmediato ni tampoco las relaciones entre
los miembros de una familia o entre amigos. Sin embargo,
sí que pueden contribuir a la solución de esta dificultad
-mediante grupos de discusión, debates sobre las películas o las
emisiones- estimulando la comunicación interpersonal, en vez de reemplazarla.
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B. Los
medios de comunicación al servicio del diálogo con el mundo
actual
8. El Concilio Vaticano II ha subrayado que «el
Pueblo de Dios... procura discernir en los acontecimientos, exigencias y
deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los
signos verdaderos de la presencia o de los planes de
Dios(15). Quienes proclaman la Palabra de Dios tienen el deber
de tomar en consideración e intentar comprender las «palabras» de
los diferentes pueblos y culturas, no sólo para dejarse instruir
por ellos, sino también para ayudarles a reconocer y aceptar
esa Palabra de Dios(16). Por tanto, la Iglesia debe mantener
una presencia activa y atenta hacia el mundo, con el
fin de nutrir a la comunidad y de ayudar a
quienes buscan soluciones aceptables a los problemas personales y sociales.
Además de ello, si la Iglesia ha de comunicar su
mensaje, adaptándolo a cada época y también a las particulares
culturas de las diferentes naciones y pueblos, hoy en día
debe hacerlo de forma especial con la cultura de los
nuevos medios de comunicación(17). He ahí una condición fundamental si
se quiere dar una respuesta a una de las preocupaciones
esenciales del Concilio Vaticano II: «que todos los hombres, que
hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales, técnicos
y culturales, consigan también la unidad completa en Cristo(18). Juzgando
el importante papel que pueden desempeñar los medios de comunicación
en sus esfuerzos por favorecer esta unidad, la Iglesia los
mira como logrados "por providente designio de Dios" para el
desarrollo de las comunicaciones y la comunión entre los hombres
mientras dura su peregrinación sobre la tierra(19).
La Iglesia, que
trata de dialogar con el mundo moderno, desea poder entablar
un diálogo honesto y respetuoso con los responsables de los
medios de comunicación. Este diálogo implica que la Iglesia se
esfuerce en comprender los medios de comunicación -sus objetivos, sus
estructuras internas y sus modalidades- y que sostenga y anime
a los que trabajan en ellos. Basándose en esta comprensión
y este apoyo, se pueden hacer propuestas significativas con vistas
a la eliminación de los obstáculos que se oponen al
progreso humano y a la proclamación del Evangelio.
Un diálogo
de este tipo necesita que la Iglesia se preocupe activamente
de los medios de comunicación profanos, y especialmente de la
elaboración de la política que les concierne. Los cristianos tienen
el deber de hacer oír su voz en el seno
de todos los medios de comunicación. Su tarea no se
limita a la transmisión de noticias eclesiásticas. Por otro lado,
este diálogo requiere que la Iglesia sostenga a los profesionales
de los medios de comunicación, que elabore una antropología y
una verdadera teología de la comunicación, a fin de que
la misma teología se haga más comunicativa, más eficaz para
revelar los valores evangélicos y aplicarlos a las realidades contemporáneas
de la condición humana; además, es necesario que los responsables
de la Iglesia y los agentes pastorales respondan con buena
voluntad y prudencia a las demandas de los medios de
comunicación, tratando de establecer con ellos relaciones de confianza y
de respeto mutuo, fundadas sobre valores comunes con los que
no comparten nuestra fe.
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C. Los medios de comunicación al servicio
de la comunidad humana y del progreso social
9. Las
comunicaciones que se hacen en la Iglesia y por la
Iglesia consisten esencialmente en el anuncio de la Buena Nueva
de Jesucristo. Es la proclamación del Evangelio como palabra profética
y liberadora dirigida a los hombres y a las mujeres
de nuestro tiempo; es el testimonio dado de la verdad
divina y el destino trascendente de la persona humana, frente
a una secularización radical; es ponerse de parte de la
justicia, en solidaridad con todos los creyentes, al servicio de
la comunión de los pueblos, las naciones y las culturas,
frente a los conflictos y las divisiones.
Este sentido que
la Iglesia da a las comunicaciones ilumina de forma excepcional
los medios de comunicación y el papel que éstos han
de jugar, de acuerdo con el plan providencial de Dios,
en la promoción del desarrollo de las personas y de
las sociedades humanas.
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D. Los medios de comunicación al servicio de
la comunión eclesial
10. A todo lo que se acaba
de decir, conviene añadir la llamada importante del derecho al
diálogo y a la información en el seno de la
Iglesia, tal como lo afirma Communio et progressio (20), así
como la necesidad de proseguir en la búsqueda de medios
eficaces que favorezcan y protejan este derecho, especialmente mediante una
utilización responsable de los medios de comunicación. Pensamos, entre otras
cosas, en las afirmaciones del Código de Derecho Canónico según
las cuales los fieles, salvando siempre la debida obediencia, «tienen
la facultad de manifestar a los Pastores de la Iglesia
sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos(21) y, en
función de su conocimiento, competencia y prestigio, estos fieles tienen
también «el derecho, y a veces incluso el deber», de
expresar a sus pastores su opinión sobre las cuestiones que
conciernen al bien de la Iglesia(22).
Existe ahí un medio
para mantener y reforzar la credibilidad y la eficacia de
la Iglesia. Más importante todavía, esto podría ser una forma
concreta de llevar a la práctica el carácter de «comunión»
de la Iglesia, que se fundamenta en la comunión íntima
de la Trinidad, de la que la Iglesia es reflejo.
Entre los miembros de esta comunidad que constituye la Iglesia,
existe una igualdad básica de dignidad y de misión, proveniente
del bautismo y que está en la base de la
estructura jerárquica y de la diversidad de tareas y de
funciones. Esta igualdad se expresará en la participación honrada y
respetuosa de la información y de las opiniones.
En caso
de desacuerdo, es importante saber que «no es ejerciendo una
presión sobre la opinión pública como se contribuye a la
clarificación de los problemas doctrinales y se sirve a la
verdad(23). Efectivamente, «las opiniones de los fieles no pueden pura
y simplemente identificarse con el "sensus fidei"(24).
¿Por qué insiste
la Iglesia en el derecho de todos a tener una
información correcta, en su propio derecho a proclamar la auténtica
verdad del Evangelio y en la responsabilidad que tienen sus
pastores de comunicar la verdad y de formar a los
fieles para que hagan lo mismo? Porque la comunicación, en
la Iglesia, se entiende a partir de la comunicación que
hace de sí mismo el Verbo de Dios.
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E. Los medios
de comunicación al servicio de una nueva evangelización
11. Además
de los medios tradicionales en vigor, como el testimonio de
vida, la catequesis, el contacto personal, la piedad popular, la
liturgia y otras celebraciones similares, la utilización de los medios
de comunicación se ha hecho esencial para la evangelización y
la catequesis. Ciertamente «la Iglesia se sentiría culpable ante Dios
si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana
perfecciona cada vez más(25). Los medios de comunicación social pueden
y deben ser los instrumentos al servicio del programa de
reevangelización y de nueva evangelización de la Iglesia en el
mundo contemporáneo. Con vistas a la nueva evangelización, habrá que
dar una particular atención al impacto audiovisual, central en las
comunicaciones, según el adagio «ver, juzgar, actuar».
Y, sin embargo,
es muy importante, para la actitud que la Iglesia debe
adoptar respecto a los medios de comunicación social y la
cultura que ellos contribuyen a elaborar, tener siempre presente en
el espíritu que «no basta usarlos para difundir el mensaje
cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene
integrar el mensaje mismo en esta "nueva cultura" creada por
la comunicación moderna... con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos
sicológicos(26). La evangelización actual debería encontrar recursos en la presencia
activa y abierta de la Iglesia en el seno del
mundo de las comunicaciones.
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III
RETOS ACTUALES
A. Necesidad
de una evaluación crítica
12. Si la Iglesia adopta una
actitud positiva y abierta hacia los medios de comunicación, tratando
de penetrar en la nueva cultura creada por las comunicaciones
modernas con el fin de evangelizar, es necesario que proponga
también una evaluación crítica de los medios de comunicación y
de su impacto sobre la cultura.
Como se ha dicho
en tantas ocasiones, la tecnología de las comunicaciones constituye una
maravillosa expresión del genio humano, del que los medios de
comunicación aprovechan considerablemente a la sociedad. Sin embargo, como también
se ha subrayado, la aplicación de la tecnología de las
comunicaciones no se ha hecho bien del todo y todos
sabemos que su utilización adecuada necesita valores sanos y elecciones
prudentes por parte de las personas, del sector privado, de
los gobiernos y del conjunto de la sociedad. La Iglesia
no pretende dictar estas decisiones y estas elecciones, sino que
trata de proporcionar una verdadera ayuda, indicando los criterios éticos
y morales aplicables a este campo, criterios que se encontrarán
en los valores a la vez humanos y cristianos.
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B. Solidaridad
y desarrollo integral
13. En la situación actual, ocurre que
los medios de comunicación exacerban los obstáculos individuales y sociales
que impiden la solidaridad y el desarrollo integral de la
persona humana. Estos obstáculos son especialmente el secularismo, el consumismo,
el materialismo, la deshumanización y la ausencia de interés por
la suerte de los pobres y los marginados(27).
En esta
situación, la Iglesia, que reconoce en los instrumentos de comunicación
social «actualmente el camino privilegiado para la creación y para
la transmisión de la cultura(28), considera un deber proponer una
formación a los profesionales de las comunicaciones sociales y al
público para que miren los medios de comunicación social como
un «sentido crítico animado por la pasión por verdad»; juzga
también que es deber suyo realizar una «labor de defensa
de la libertad, del respeto de la dignidad personal, de
la elevación de la auténtica cultura de los pueblos, mediante
el rechazo firme y valiente de toda forma de monopolio
y manipulación(29).
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C. Políticas y estructuras
14. Es evidente que determinados
problemas son el fruto de determinadas políticas y estructuras de
los medios de comunicación: citemos, sólo a título de ejemplo,
el hecho de que ciertos grupos o clases ven cómo
se les impide el acceso a los medios de comunicación,
la reducción sistemática del derecho fundamental a la información en
ciertos lugares, la extensión de la autoridad que determinados grupos
económicos, sociales y políticos ejercen sobre los medios de comunicación.
Todo ello es contrario a los objetivos fundamentales y a
la misma naturaleza de los medios de comunicación, cuyo papel
social específico y necesario es contribuir a garantizar el derecho
del hombre a la información, promover la justicia en la
búsqueda del bien común y ayudar a las personas, gr