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Autor: Papa Juan Pablo II | Fuente: Vatican.va Mensaje al Dr. Emilio Rossi, Presidente de la Unión Católica de la Prensa Italiana
Mensaje del Papa Juan Pablo II al Dr. Emilio Rossi, Presidente de la Unión Católica de la Prensa Italiana con el tema Muchachos y medios de comunicación social. 18 de abril de 2002.
Mensaje al Dr. Emilio Rossi, Presidente de la Unión Católica de la Prensa Italiana
MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II AL DOCTOR EMILIO ROSSI, PRESIDENTE
DE LA UNIÓN CATÓLICA DE LA PRENSA ITALIANA
Al
doctor EMILIO ROSSI Presidente de la Unión católica de la prensa italiana
1.
Al término de la iniciativa "Muchachos y medios de comunicación
social: cien encuentros", promovida por la Unión católica de
la prensa italiana, de la que usted es presidente, me
complace saludarles cordialmente a usted y a los participantes, a
la vez que les expreso mi más vivo aprecio por
la actividad que la asociación está desarrollando.
Los numerosos encuentros sobre
el argumento "Muchachos y medios de comunicación social", realizados con
diversas fórmulas en muchas ciudades italianas, han ayudado a agentes
y usuarios de las comunicaciones sociales a percibir que se
halla muy difundida y ejerce cada vez mayor influjo la
presencia de los medios de comunicación social en la sociedad.
Es una presencia que plantea nuevos problemas e interpela a
las familias, a los educadores, a los agentes y a
cuantos se preocupan especialmente por el futuro de las nuevas
generaciones.
2. Es innegable que la rápida difusión de los medios
de comunicación social ha ofrecido a los muchachos posibilidades más
amplias de aprendizaje y de conocimiento. Es justo reconocer y
valorar estos elementos positivos, aunque vayan apareciendo algunos aspectos problemáticos,
que es oportuno constatar.
Con frecuencia la televisión es para los
muchachos el principal punto de referencia, con valores y funciones
inadecuados, que ejercen una influencia negativa en su desarrollo, sobre
todo cuando su uso prolongado llega casi a sustituir la
presencia de los padres. Aunque todos parecen estar de acuerdo
en sostener la eliminación de cualquier forma de explotación de
los menores por parte de los medios de comunicación social,
es preciso reconocer que son pocos los programas destinados a
ellos y que respondan a sus exigencias. Por tanto, es
urgente realizar programas que, respetando las dinámicas pedagógicas y los
valores éticos, tengan en cuenta la sensibilidad y las exigencias
educativas de los muchachos.
3. Asimismo hay que tener en cuenta
que los menores también siguen, solos o junto con sus
padres, la programación habitual. Ciertamente, para señalar los diversos tipos
de programas son útiles las medidas adoptadas, pero estas no
pueden constituir de ningún modo una coartada para delegar en
las familias toda la responsabilidad. En efecto, no basta prohibir
para tutelar al menor; más bien, es necesario proponer productos,
sobre todo televisivos, que no necesiten prohibiciones, elevando al mismo
tiempo su calidad. Hacen falta programas que promuevan el crecimiento
de la persona, el sentido del bien y la capacidad
de afrontar correctamente, sin traumas ni distorsiones, incluso los aspectos
más difíciles de la existencia. Sobre todo, es urgente indicar,
a través de los medios de comunicación social, valores y
modelos que muestren las verdades fundamentales sobre el ser humano
y sobre los grandes interrogantes que se plantea. Entre ellas,
de modo especial, hay que mencionar las verdades religiosas, que
pueden proporcionar respuestas adecuadas a las preguntas más profundas que
acompañan el crecimiento y el desarrollo de la persona.
4. Al
inicio de mi pontificado, en el marco del Año internacional
del niño, dije que las posibilidades y los medios de
que disponen los adultos para este propósito son enormes. Los
adultos pueden estimular la capacidad de escucha del niño o
bien adormecerlo y -Dios no lo quiera- intoxicarlo irremediablemente (cf.
Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de
1979: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de
mayo de 1979, p. 12). Es una responsabilidad gravísima, a
la que se pueden aplicar las palabras más severas que
pronunció Cristo, precisamente para evitar dar escándalo a los niños
y a los débiles (cf. Mt 18, 6).
Por tanto, prestar
atención a los muchachos en el campo de los medios
de comunicación social es uno de los principales paradigmas de
civilización y progreso; es una tarea exaltante a la que
todos deben contribuir según su función y su competencia. Es
una tarea que forma parte de la pedagogía social, a
través de la cual pueden educarse las nuevas generaciones, ayudándoles
a expresar plenamente el bien depositado en su corazón, sin
contaminarlo ni esterilizarlo jamás.
Desde este punto de vista, son extraordinarias
las potencialidades de los nuevos medios de comunicación social, como
Internet y las tecnologías multimediales, cada vez más difundidas e
interactivas, que exigen ulteriores competencias y toma de responsabilidad por
parte de los organismos encargados de las garantías sociales. Con
su aparición, nos encontramos ante un "umbral decisivo", como recordé
en el Mensaje para la XXXVI Jornada mundial de las
comunicaciones sociales, que celebraremos el próximo 12 de mayo, y
que estará dedicada precisamente al tema "Internet: un nuevo
foro para la proclamación del Evangelio". Se trata de un
umbral que hay que "cruzar valientemente", con discernimiento y al
mismo tiempo con audacia, para garantizar a las generaciones futuras
un ambiente libre de toda instrumentalización y de todo abuso.
5.
Por último, quisiera aprovechar esta ocasión para dirigir un llamamiento
a los que tienen responsabilidades, de diverso tipo, en este
ámbito. A los gobernantes y a las instituciones encargadas de
la tutela de los menores les pido que trabajen para
que el respeto de los derechos de los menores se
considere como criterio primario e imprescindible en la valoración de
la actividad de los medios de comunicación social. Invito a
los padres a ejercer una atenta vigilancia educativa, tanto en
casa como, de manera asociada, en la sociedad. A los
agentes de la comunicación y, en particular, a los editores
y productores, les pido que inviertan en proyectos adecuados para
los menores, teniendo presentes las exigencias de los muchachos.
A la
vez que doy gracias a los queridos representantes de la
Unión católica de la prensa italiana por lo que ya
hacen, los animo a continuar, implicando cada vez a más
personas, en la promoción de una nueva y más rica
época social y cultural, capaz de entablar una relación constructiva
y respetuosa entre los medios de comunicación social y los
muchachos. Que la predilección de Jesús por los niños (cf.
Mc 10, 13-16), que los señalaba como modelo para acoger
su reino (cf. Mt 18, 3-4), sea para cada uno
estímulo y ejemplo a fin de favorecer una comunicación a
la medida del hombre y atenta al bien común, especialmente
al bien de los niños.
La Virgen María acompañe con solicitud
materna a cuantos se comprometen en un sector de tanta
importancia para la formación de la juventud. Asegurando mi oración
por cada uno de ellos, a todos imparto con afecto
mi bendición.
Vaticano, 18 de abril de 2002
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