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Autor: . | Fuente: Zenit.org Videojuegos, el marketing de la violencia
Los estudios muestran su preocupación por los videojuegos. Nuevas evidencias sobre el impacto y la influencia de los medios en niños y jóvenes.
Videojuegos, el marketing de la violencia
ROMA, viernes, 1 junio 2007 (ZENIT.org).- Un par de publicaciones
en Estados Unidos han profundizado en el largo debate sobre
la violencia en los medios de comunicación y los niños.
En
abril, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos publicaba
el último de una serie de informes sobre el tema.
Titulado «Marketing Violent Entertainment to Children», proporciona una visión de
la exposición de los niños y adolescentes, a través de
la música, las películas y los videojuegos, a contenido que
normalmente se reserva a la audiencia adulta.
Se han hecho avances,
observa el informe, con mayores límites a los anuncios de
películas y videojuegos. No obstante, la Comisión observa que, en
cuanto a los anuncios de videojuegos calificados como M, todavía
llegan a gran número de niños y adolescentes. La M
(maduro) califica los juegos como apropiados para una audiencia de
mayores de 17 años.
El informe citaba la preocupación de los
críticos que sostienen que los niños tienen un acceso muy
fácil a los juegos M. Por ejemplo, una encuesta del
2005 del National Institute on Media and the Family descubrió
que el 70% de los niños de primaria y secundaria
jugaban con estos juegos.
La segunda publicación es un libro, aparecido
a principios de año, titulado: «Violent Video Game Effects on
Children and Adolescent» (Efectos de los Videojuegos Violentos en Niños
y Adolescentes) (Oxford University Press, USA). El libro es el
resultado de un esfuerzo conjunto de tres psicólogos: Craig A.
Anderson, Douglas A. Gentile y Katherine E. Buckley.
El libro comienza
observando la dificultad de establecer, desde el punto de vista
científico, una relación de causalidad directa entre la exposición a
los videojuegos violentos y el comportamiento violento. Durante años los
investigadores han llevado a cabo numerosos estudios sobre la cuestión
más general de la violencia en los medios. La conclusión
aplastante de lo que hoy en día es un sustancial
cuerpo de evidencias es que la exposición a la violencia
a través de los medios aumenta el comportamiento agresivo.
Sin embargo,
la investigación en el campo de los videojuegos es más
limitada. Para remediar este déficit de evidencias, la mayor parte
del libro presenta los resultados de tres nuevos estudios sobre
videojuegos.
Para empezar los autores observan que los niños y adolescentes
pasan cada vez más tiempo jugando a los videojuegos. Las
últimas encuestas muestran que los niños en edad escolar dedican
cerca de siete horas a la semana a jugar a
los videojuegos. En general, los chicos pasan más tiempo jugando
a los videojuegos, como mostraba una encuesta de estudiantes en
el 2004, con 5 horas a la semana para las
chicas y 13 para los chicos.
No es sólo el hecho
de que los niños y adolescentes pasen gran cantidad de
tiempo jugando a los videojuegos, sino que también lo hacen
con poca supervisión paterna. Cerca del 50% de los estudiantes
de un estudio dijeron que sus padres nunca comprobaban la
calificación de los videojuegos antes de darles su consentimiento para
comprarlos o alquilarlos. Nuevas evidencias En el primero de los tres estudios
que forman el núcleo del libro, los autores explican que
supervisaron a 161 niños de entre 69 y 12 años,
y a 354 universitarios. A cada uno se le asignó
al azar un juego violento o no. Después, los participantes
jugaron a otro juego en el que se les pedía
que impusieran niveles de castigo a otra persona.
Los resultados demostraron
que quienes habían jugado a videojuegos violentos castigaron de forma
más severas que aquellos que habían jugado con no violentos.
Además, la investigación reveló que la naturaleza interactiva de los
videojuegos da como resultado una relación más fuerte con el
comportamiento violento, si se compara con otros medios no interactivos
como la televisión o las películas.
Un resultado que sorprendió a
los investigadores fue el hecho de que no hubiera diferencias
entre los niños y los universitarios. Esto contrasta con el
punto de vista sostenido por muchos de que los niños
son más vulnerables a la violencia en los medios, e
indica que los universitarios se ven afectados de igual forma.
Como
nota positiva, basada en la información de los entrevistados, se
constató que lo que ocurre en el hogar influye en
el comportamiento. Los niños cuyos padres ponen más límites al
uso de los medios eran menos agresivos.
El segundo estudio consistía
en una encuesta a 189 estudiantes de instituto. Los resultados
mostraron una relación cierta entre los que juegan a un
mayor número de videojuegos violentos y poseen personalidades más hostiles.
La
encuesta tuvo en cuenta factores que podrían influir en los
resultados, como la cantidad de tiempo dedicada a los videojuegos,
las normales diferencias existentes de actitud entre chicos y chicas.
Incluso a pesar de tomar en consideración estos y otros
factores los investigadores concluyeron que los videojuegos violentos estaban relacionados
con el comportamiento agresivo.
El estudio también descubrió que cuanto más
tiempo pasaban los estudiantes jugando a los videojuegos y viendo
la televisión peores eran sus resultados académicos.
El estudio final examinaba
430 chicos de tercero, cuarto y quinto grados, en dos
momentos durante el año escolar. También se preguntó a los
compañeros y profesores de cada estudiante, para obtener más información
sobre el nivel de agresividad del grupo estudiado. Más agresivo, menos
sociable Al examinar el grupo durante un periodo de tiempo, hubo
de media un paréntesis de 5 meses entre los análisis,
los investigadores concluyeron que los niños que jugaron a más
videojuegos violentos a principios del curso, cambiaron después y llegaron
a ver el mundo como un lugar más hostil. También
se hicieron más agresivos y menos inclinados a la socialización
con sus compañeros.
Los resultados no mostraron diferencias aparentes entre chicos
y chicas. De hecho, los investigadores concluyeron que nadie es
inmune realmente a los efectos de la violencia en los
medios.
Como en el primer estudio, el factor de los controles
puestos por los padres tenía una influencia importante en los
niños. Si en el hogar había controles tanto para el
tiempo dedicado a jugar a los videojuegos como para su
contenido, los niños sufrían en menor grado los efectos negativos.
Al
hacer una evaluación general de la relación entre la violencia
en los medios y sus efectos en los niños y
adolescentes, los autores concluyen que el impacto de los medios
está lejos de ser trivial. Según esto, y considerando que
casi todos los niños juegan a los videojuegos, si la
sociedad redujera la exposición de este grupo a la violencia
a través de los juegos, tendría un impacto social significativamente
positivo.
A pesar de las evidencias que demuestran los efectos dañinos
de la violencia en los medios, los autores admiten que,
hasta ahora, los intentos de poner restricciones legales al acceso
de los niños a los videojuegos violentos han tenido poco
éxito.
Una postura alternativa es aumentar los esfuerzos en la educación
pública, de forma que los padres sean más conscientes de
los riesgos que corren sus hijos jugando a los videojuegos.
Los autores también recomendaban que los padres discutan con sus
hijos la cuestión de la violencia, apuntando que no es
apropiado el comportamiento agresivo para resolver los problemas personales.
También podría
ayudar que se mejore el sistema de calificación de los
juegos y que se pongan advertencias más explícitas en los
juegos mismos, apuntaban los autores. Además, también ayudaría la actuación
de de la comunidad para presionar a los vendedores para
que no vendieran juegos violentos.
El 20 de mayo, la Iglesia
celebraba la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El mensaje
de Benedicto XVI para el evento se titulaba: «Los niños
y los medios de comunicación social: un reto para la
educación». El problema de la violencia en los medios fue
una de las cuestiones tratadas por el Papa.
«Toda tendencia a
producir programas — incluso películas de animación y video juegos—
que exaltan la violencia y reflejan comportamientos antisociales o que,
en nombre del entretenimiento, trivializan la sexualidad humana, es perversión;
y mucho más cuando se trata de programas dirigidos a
niños y adolescentes», declaraba el Pontífice (No. 3).
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