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Autor: . | Fuente: Zenit.org La Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL)
La RIIAL: una «mesa común». Un modo de uso de la informática como medio de comunicación, basado en un espíritu de colaboración y de comunión eclesial
La Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL)
La RIIAL es una realidad promovida y animada por el
Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y el Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM). Se trata de un espacio cooperativo y de
comunión; es un modo de uso de la informática como
medio de comunicación, basado en un espíritu de colaboración y
de comunión eclesial. Consiste simplemente en que las entidades de
la Iglesia (conferencias episcopales, obispados, seminarios, nunciaturas, parroquias, institutos de
estudio, congregaciones religiosas, agencias católicas de noticias) que lo deseen,
desarrollen su proceso de informatización de manera compatible, armoniosa y
en colaboración con otras realidades similares, creando servicios comunes que
abaratan costos y facilitan el trabajo. Puede compararse con una
«mesa común» en la que cada uno participa según su
identidad eclesial, y ofrece sus hallazgos de forma gratuita para
los demás miembros, beneficiándose a su vez con los de
los otros. Esto genera una conciencia de Red.
La RIIAL
nació hace más de veinte años como una intuición acertada
para un Continente que es pobre pero tiene un gran
dinamismo y profunda fe. Inició sus primeros pasos cuando todavía
el uso de la informática para la comunicación era privilegio
de especialistas, e Internet no existía como realidad social. En
cierto modo la RIIAL empezó como humilde y pequeño «laboratorio
de experiencias» en el cual unas pocas Diócesis, Conferencias Episcopales
y otras realidades eclesiales experimentaron el uso de la computadora
como medio de comunicación. Esto contribuyó también a armonizar un
proceso espontáneo de informatización eclesial que se aceleró enormemente y
que sin esta ayuda, hubiera resultado caótico. La RIIAL acertó
a encontrar formas prácticas para que las Iglesias de América
Latina estuvieran mejor preparadas para este cambio vertiginoso que hoy
vemos mucho más desarrollado. Hoy la RIIAL está presente en
casi todas las Conferencias Episcopales de América Latina, y ha
pretendido siempre dar respuesta a los problemas de tipo práctico
que plantea la acción pastoral de la Iglesia. Por citar
tan sólo alguno a modo de ejemplo:
Un concepto central
en el trabajo de la RIIAL es la «capilaridad», es
decir, que la Red se esfuerza en ampliar el número
de usuarios para ofrecer a todos, especialmente a los más
pobres, la participación en la riqueza del mensaje evangélico y
de la cultura católica. Esto significa un esfuerzo sistemático por
llegar lo más lejos posible, alcanzando a las comunidades remotas
y necesitadas y lograr la «integración digital». Pero también es
un esfuerzo para llegar lejos en términos de mentalidad: personas
que ya no acuden a la Iglesia, o que no
han oído nunca hablar de Cristo. La ventaja de la
informática, medio muy flexible y poliédrico, es que permite alcanzar
a un amplio arco de destinatarios, sea con la tecnología
adecuada a lugares pobres, sea con los lenguajes multimediáticos que
comprenden los jóvenes de hoy. Desde el correo electrónico al
disket, del CD-Rom al Portal lleno de servicios, el chat
y el foro; hay mil formas de llegar a usuarios
distintos y diversamente dotados. La RIIAL no se reduce a
Internet sino que usa todos los medios a su alcance.
Características de la RIIAL como Red
Pudiera ser inspirador considerar
algunas de las características de esta Red, pionera por sus
características, que intento condensar en unos cuantos puntos:
1. La
RIIAL se teje a través de la ecuación «necesidad-servicio», es
decir, buscando realizar aquello que realmente hace falta, especialmente para
los más desprovistos. La RIIAL ha creado programas informáticos, formación
de agentes, archivos de documentos, agencias de noticias, servers gratuitos,
selección tecnológica de acuerdo a las verdaderas necesidades de cada
lugar, etc. Si desean ver nuestra página web descubrirán el
Centro Nuestra Señora de Guadalupe, que realiza una excelente tarea
en todo el Continente; verán Zenit, verán un Observatorio sobre
Internet, el espacio web gratuito llamado Trimilenio, y un largo
etcétera.
2. Cada miembro de la red conserva su identidad
y carismas. Participa en la red según su identidad eclesial,
y esa participación no le reduce ni le limita, más
bien le hace crecer y desarrollarse. En la mesa común
de la red, el «traje de fiesta» que se pide,
es que sepa estar con los demás, generosamente, aportando lo
suyo al conjunto y sin excluir a nadie. Hay una
«presidencia del Ágape», que corresponde al Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales.
3. Una metodología de realización a través de
experiencias piloto antes de la aplicación general de las iniciativas.
Así se verifica y perfecciona la operatividad en pequeño, y
se amplía según la adhesión a los proyectos.
4. Los
recursos son escasos y fluyen del convencimiento de las entidades.
No se ha construido con enormes cantidades de dinero iniciales.
5. Prioridad de la formación de agentes. Sin formación no
se hubiera logrado ir tejiendo las redes locales y regionales
que han sido fruto de ese esfuerzo, siempre continuo en
la RIIAL.
6. Una profunda espiritualidad. En una red católica
existen unas raíces muy hondas en la experiencia de fe
compartida, en la pertenencia a la Iglesia en su maravillosa
diversidad. El amor a Nuestra Señora de Guadalupe está en
el corazón de todos.
Tejer redes
A pesar de las
facilidades de la tecnología, las redes no se tejen solas.
Son necesarias personas que dediquen su tiempo y esfuerzos a
abrir espacios comunes de colaboración con otros individuos y entidades,
de modo que los esfuerzos de cada uno se articulen
entre sí, configurando áreas más amplias de comunión y de
participación, incluso de una forma interdisciplinar que atraviese las fronteras
de la propia área de acción.
Si contemplamos en su
conjunto las personas que pueblan el planeta Tierra, veremos que
cada ser humano es centro. Cada persona, con su dignidad
intrínseca, es centro de una serie de relaciones con otras
personas. Lo mismo sucede con los nodos de las redes
de comunicación en las que participamos. Cada nodo puede ser
considerado «centro» en su área de acción. Al mismo tiempo,
de acuerdo con los recientes análisis de redes popularizados por
Laszlo Varabais y otros autores, las redes están constituidas por
nodos que pueden ser importantes por distintas razones, todos de
algún modo aportando al conjunto de la red:
- Centralidad por
número de conexiones: Un nodo será en cierto modo «centro»
si está conectado con todos los demás nodos de la
red, de modo que se convierte en un «hub» o
lugar necesario de paso para la comunicación del resto. De
todos modos, aunque se suele pensar que cuantos más vínculos
tenga un nodo, es mejor para él, no siempre sucede
así. Depende a dónde le conduzcan y cómo sean esas
conexiones.
- Centralidad por la intermediación. Un nodo puede no
estar conectado con todos los demás, pero puede tener una
situación de particular valor por ejercer de «puente» entre lugares
inconexos de la red. El riesgo es que si un
nodo de este tipo queda desactivado, toda la red se
parte en dos.
- Centralidad por cercanía. Un nodo puede
no tener excesivo número de conexiones, pero si las que
tiene son de gran cercanía y velocidad, su valor crece
en relación con la red por la eficacia de su
flujo comunicativo.
Yo añado uno señalado por Alfredo Rubio de
Castarlenas, médico, sacerdote y poeta:
- Centralidad por unidad. Rubio
señalaba, mucho antes de la popularización de las redes, que
cuando dos o más personas o instituciones -nodos- convergen en
su voluntad, sintonizan, son amigos, en otras palabras «son uno»,
constituyen un centro más denso, más luminoso, y ejercen una
gran fuerza de atracción a su alrededor. Esta forma de
aunar voluntades conduce a la red a actuar, casi sin
proponérselo, como «agencia de sentido» en medio de un panorama
que de otro modo podría ser caótico.
En el campo
de la radio y la televisión hay aquí muchas personas
y entidades que han trabajado desde hace años para tejer
estos vínculos: entidades regionales como el CELAM, como la CEEM,
el FABC en Asia, las grandes entidades regionales africanas. También
las asociaciones de laicos como el hoy Signis, OCLACC, TELCAT
en América Latina, y tantas otras.
Recogiendo esfuerzos anteriores, y
poniendo un nuevo impulso ahora, este Congreso puede ser el
inicio de un nuevo tejido de redes, un espacio donde
los nodos que hasta ahora han estado dispersos, tomen forma
y hagan de «caja de resonancia» del mensaje de Cristo
y a los valores del Evangelio. Así contribuirá a que
la Sociedad de la Información no sea mera sociedad de
datos, sino se convierta en Sociedad del Conocimiento, ese conocimiento
que sustenta una vida más humana, solidaria y cristiana.
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