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Amigos internautas americanos me bombardean contínuamente, lamentando los continuos ataques al catolicismo, la proliferación de sectas, y sus destructores efectos.
¡Levantaos! ¡Vamos!
Amigos internautas americanos me bombardean contínuamente, lamentando los continuos
ataques al catolicismo, la proliferación de sectas, y sus destructores
efectos. Costumbres y creencias ancestrales van desapareciendo. Están obsesionados con
la extensión que están adquiriendo las sectas y LA
NUEVA ERA, un movimiento que con sus teorías sobre el
relativismo moral y de todo tipo, termina inculcando a las
personas la idea de que nada es bueno o malo.
Todo vale si produce placer, poder o dinero.
Ante
un escrito en el que suponía que la antorcha del
buen sentido y de la moral había pasado
a América, me responden desde allí que: “ Norteamérica está
aún más podrida moralmente que Europa”.
Desgraciadamente, ni
la mayor parte de los americanos ni de
los europeos nos hemos enterados de nuestra podredumbre. Los bárbaros,
como en tiempo de los romanos, aparecen ante
las sociedades decrépitas. Y los tenemos a las puertas, y
siempre vencen.
¿Qué la vida y la moral
están un poco o un mucho degradadas? Cierto,
pero ¿De qué nos vale lamentarnos? Ya San Pablo se
lamentaba de “esta generación mala y perversa” en
su carta a los efesios. La Iglesia ha pasado por
otras épocas mucho peores, y siempre se ha
levantado y vuelto a empezar. Basta leer a San Pablo,
al AT o los primeros tiempos de las
persecuciones de la Iglesia. No eran mejores aquellas épocas en
que los reyes, cuando ganaban una batalla o
entraban en una población, daban al antema, pasando a cuchillo,
a todo bicho viviente; o aquel otro, en
que cada familia –eran miles- tenia sus terafines y dioses
particulares; o si el rey cambiada de religión
tenía, bajo pena de muerte, que cambiarla todo su
pueblo.
Contra la Iglesia Católica, contra las sanas costumbres
se utilizan armas sinuosas: leyes usadas de formas
torticeras, fuertes grupos de presión, gobiernos y jueces entre los
que se han infiltrado personas con intereses ocultos,
medios de presión mediatizados como la TV, radio, prensa, etc.
Y mucho odio, demasiado odio, en gran parte
provocado por aquellos que incapaces de comprender la
superioridad y la belleza del cristianismo, intentan envilecer lo que
no pueden entender, generalmente debido a una oposición
frontal entre sus vidas y la doctrina de Cristo.
Es
de notar como cada vez que se ataca a una
de esas organizaciones destructivas, inmediatamente emprenden acciones legales
muy peligrosas para los atacantes. Además la prensa
y TV adictas unen sus acciones furibundas contra los osados.
Entre otras cosas esas sectas o grupos están
muy organizadas a nivel nacional y mundial, disponen de departamentos
legales y lobbys con enormes poderes y dinero.
El enemigo común, casi siempre es la Iglesia Católica,
última trinchera, última valla, que se enfrenta resueltamente y
en todos los casos a la degeneración de
la moral y las costumbres en curso. Y esto, a
pesar de sus propios defectos humanos.
En esta
contienda cada uno tiene que ocupar un puesto en el
frente o en la retaguardia. Alguien tiene que
llevar municiones, ropa y alimentos al frente. No hay alternativas.
Cristo dijo algo así como : los que
no están conmigo están contra mi. Así que no hay
posibilidad de esconderse; además San Juan escribió en
el Apocalipsis la bromita aquella sobre “vomitar a los tibios”.
Y ¡Somos tantos! ¿Qué hacer? Pues. lo de
siempre.
1º Oración. Los judíos saben bien que la victoria
la da siempre Dios a los que le
aman; tanto si son muchos y fuertes como si son
pocos y débiles.. Nuestras acciones, por muchos que
seamos, no valen nada si no estamos injertados en la
vid de Cristo. Y ninguna “oración”, ninguna arma,
incluida la bomba atómica, es más potente que la misa
y la comunión diaria, tesoros demasiado olvidados que
urge recuperar. ¿Cómo cayó el comunismo?
2º Sacrificios. ¿ No
se sacrificó y murió Cristo por salvarnos? Las revoluciones no
se hacen nunca sin sangre y sin dolores.
Pero, ¿Qué sacrificios? El primero, cumplir bien nuestras
obligaciones diarias, recordando que exigir nuestros derechos forma parte de
nuestras obligaciones. Si no damos ejemplo con nuestra
vida nadie nos respetará. Los sacrificios voluntarios y
pequeños tienen un enorme valor, cuando se hacen por amor
a Dios.
3º Acción o apostolado. Empezando por nuestros familiares,
amigos y compañeros, sirviéndoles como a hermanos. Los
que podamos hemos de intervenir en la vida
social de acuerdo con nuestras aptitudes: sindicatos, política, asociaciones diversas,
escritos cortos a los periódicos, partidos políticos,...Dejemos de
actuar como “pardillos”, las personas que no trabajan
agrupadas no existen en democracia. Es demasiado cierto que una
oveja sóla es una oveja perdida. Se impone
integrarnos en algún grupo para la lucha. Los grupos de
internautas se están mostrando muy eficaces. No nos
engañemos; el silencio, la pasividad, en las circunstancias
actuales, constituyen una forma como otra cualquiera de complicidad.
Recordemos
que cualquier “chichinavo” se cree con derecho a ofender impunemente
a la Iglesia y con cualquier motivo; con
el agravante de saber por adelantado que los católicos no
responderemos. Nos han perdido el respeto por nuestra
pasividad y ¿cobardía?. En gran parte se debe
a la falta de formación religiosa; y esas ignorancias son
la base de las manipulaciones a que estamos
sometidos. En muchas ocasiones no sabemos que hacer, no sabemos
que contestar, ante sectarios que si saben cuatro
pseudoverdades con las que dejar calladitos y en ridículo a
los que no leen la Biblia ni el
Catecismo. No se puede ganar una guerra, ni meter goles,
ni triunfar en ninguna empresa, tampoco en la
Iglesia, sin preparación y entrenamiento
“Es necesario padecer mucho para
entrar en el Reino de los cielos” dicen los Evangelios.
¡Nó! No es cómoda la religión católica, ni
sirve para personas débiles o enfermizas . Sin embargo, en
la guerra, al atacar, vibra la orden del
oficial a los soldados : ¡Levantaos! ¡Adelante! También
en la Oración de Getsemaní, siguen resonando las palabras de
Cristo ante el peligro: ¡ Levantaos! ¡Vamos!. Y
aun escuchamos la incitación del Papa: ¡ No tengáis miedo!
¿Cómo vamos a tener miedo si tenemos la
victoria asegurada? Pues Cristo nos dice :“Yo estaré con
vosotros hasta el final de los tiempos” Se perderá
alguna batalla, pero al final se ganará la guerra,
como ha ganado todas las guerras nuestra Iglesia en
los últimos dos mil años.
¡Cuánto vociferan los enemigos! ¡Cuánto
agrandan lo defectos y cuanto silencian las virtudes!
Pero, fuera del templo, en los medios de comunicación, en
la calle ¡Que pocas veces hablan los obispos!
¡Qué pocas veces hablan los religiosos! y ¡Que pocas veces
hablamos los laicos! Y sin embargo, esta Iglesia
durará: ”hasta el final de los siglos”. Lo malo podría
llegar cuando, tras pasar a la otra vida,
nos pregunten ¿Y tu que hiciste?
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