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Comunicadores católicos | sección
La Iglesia y los Medios de Comunicación Social | categoría
Consejo para las Comunicaciones Sociales | tema
Autor: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: Catholic.net
De cómo la Iglesia llegó a considerar las redes sociales como un ambiente y no más como instrumentos
El H. Jorge Enrique Mújica, LC nos ofrece el itinerario de la Iglesia en materia de comunicación social
 
De cómo la Iglesia llegó a considerar las redes sociales como un ambiente y no más como instrumentos
De cómo la Iglesia llegó a considerar las redes sociales como un ambiente y no más como instrumentos
El autor es licenciado en filosofía, editor del semanario Análisis y Actualidad y consultor en ética de las comunicaciones en Catholic.net

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El 28 de junio de 2012 pasó a la historia no sólo porque fue la primera vez que un Papa (Benedicto XVI) usó un iPad y mandó un mensaje corto vía Twitter («tuit») sino también porque fue la primera ocasión –en la no muy longeva historia de internet– en que un Papa ponía personalmente on line un portal web: news.va.

En los últimos años el sucederse de iniciativas institucionales y oficiales en ámbito digital por parte de la Iglesia católica ha sido una constante. Los canales y/o perfiles del Vaticano en YouTube, Facebook, Twitter y Flickr son vistos hoy como algo «natural». Son también cada vez más los dicasterios de la curia romana que disponen de portales independientes; la mayoría de los medios de comunicación vinculados a la Santa Sede tienen webs propias con una variada presencia en redes sociales.

¿Ha sido siempre así la relación Iglesia-medios de comunicación? Si se echa una mirada al pasado podemos distinguir cinco momentos que reflejan cinco modos diversos de relación.

Primer momento: de confrontación

Con el inicio de la masificación de la prensa a inicios del siglo XVIII , la Iglesia, especialmente por medio de sus pastores, asumió el desagradable oficio de señalar los abusos.

Ya por entonces al papel amonestador, comprensible y justificable en el contexto sociocultural de la época, se añadió un rol autodefensivo ante el acoso creciente de que era objeto la misma Iglesia como institución. En la encíclica Christianae reipublicae salus, del 25 de noviembre de 1766, el Papa Clemente XII denunciaba la «peste» de libros contrarios a la fe mientras que otro Papa, Pío VI, llegó incluso a referirse a la libertad de prensa que defendían algunos ilustrados como «derecho monstruoso». Análogas actitudes quedan reflejadas en al menos dos textos de Pío VII: la alocución Diu satis, del 15 de mayo de 1800, y la Carta Apostólica Post tam diuturnas, del 28 de mayo de 1814.

Años más tarde, en una encíclica (Mirari vos, del 15 de agosto de 1832) y en una carta (Inter gravissimas, del 8 de junio de 1845), el Papa Gregorio XVI imputa a la libertad de prensa un cada vez mayor indiferentismo de las personas hacia la fe.

Pío IX, en su famosa encíclica del 8 de diciembre de 1864, Quanta Cura, mejor conocida como Syllabus, reafirma el estilo de denuncia especialmente contra el pensamiento modernista cuyas manifestaciones en prensa consideraba alentadores para la difusión de libros sin control y un periodismo causa de ruina moral y espiritual de las almas.

Segundo momento: hacia una positiva apreciación

Con León XIII (1878-1903) se inicia una etapa que supone un enfoque distinto; una apreciación de los aspectos positivos. La denuncia es sustituida por el aprovechamiento de la misma prensa e incluso se da una valoración diferente al concepto de «libertad de expresión».

Es en la encíclica Etsi nos, del 15 de diciembre de 1882, donde León XIII aborda precisamente ese punto: ¿por qué los cristianos no ponen en prácticas esas libertades de prensa y expresión para la causa noble de la fe? Años más tarde, en 1888, el mismo Pontífice volvería al tema de la «libertad» en la encíclica Libertas praestantissimum donde toca las libertades de culto, conciencia, enseñanza y prensa. Sobre ésta última, se hace una reflexión sobre la irrenunciable relación entre libertad de expresión y verdad.

Para las primeras dos décadas de 1900 hay un contexto social que orienta las preocupaciones pastorales de la Iglesia hacia otros temas más acuciantes: el marxismo, la Primera Guerra Mundial y el creciente influjo del cine. Para este momento, además, ya hay una notable y activa participación de católicos en prensa y el ejercicio del periodismo es tomado ahora como un servicio de pacificación .

Tercer momento: cuando los Papas comenzaron a usar personalmente los medios de comunicación

Con Pío XI (1922-1939) se inicia una tercera gran etapa cuya mejor estampa del recuerdo es el mensaje transmitido por Radio Vaticana al mundo, el primero en la historia del Papado. Fue él quien esbozó la primera aproximación sistemática al campo de la massmediologia con la «Carta Encíclica Vigilanti Cura».

Se trata de un documento sobre la importancia, poder, popularidad e impacto del cine, además de ofrecer líneas morales sobre la misma producción cinematográfica. A él se debe también la declaración de san Francisco de Sales como patrón de los periodistas católicos.

Ante el creciente impacto del cine, Pío XII dio continuidad al tema con la «Exhortación Apostólica a los representantes del mundo cinematográfico, La película ideal ». La Exhortación ofrece una aproximación a este campo subrayando la importancia del arte cinematográfico, qué se entiende como una «película ideal» y cómo ésta puede llegar a ser un instrumento eficaz de elevación, educación y mejoramiento para las personas; profundiza en el objeto del cine –su contenido–, en relación al auditorio y en la presentación del mal.

Algunos años más tarde el mismo Pío XII volvería al tema pero no se quedaría sólo en él: la carta encíclica Miranda Prorsus, del 8 de septiembre de 1957, extendería las consideraciones a la radio y la televisión. Las reflexiones de la encíclica respectan a puntos muy específicos de la libertad de difusión y los errores que de una mal entendida práctica se derivan. Los enuncia y después baja a aplicaciones en las tres realidades estudiadas: el cine, la radio y la televisión. Un año más tarde, el 21 de agosto de 1958, Pío XII declaraba a santa Clara de Asís patrona celestial de la televisión.

Juan XXIII confirmó los documentos de Pío XII con la Carta Apostólica-Motu proprio Boni Pastoris, del 22 de febrero de 1959. Finalmente, es del 4 de diciembre de 1963 el Decreto Conciliar Inter Mirifica, sobre los medios de comunicación social, firmado por Pablo VI.

Con apenas dos capítulos, Inter Mirifica es el primer documento nacido en el seno de uno de los actos más solemnes de la Iglesia como lo son los Concilios, evidenciando así el protagonismo y la actitud que frente a los medios de comunicación se asume en adelante. Hay tres números de especial relevancia en el Decreto: en el 18 quedan establecidas las Jornadas Mundiales para las Comunicaciones Sociales (JMCS, en adelante), en el 19 se formula la petición de extender «los deberes y competencias» de la entonces Pontificia Comisión para Cinematografía, la Radio y la Televisión , y en el 23 se manda la publicación de una Instrucción Pastoral .

Cuarta etapa: el nacimiento y desarrollo de un dicasterio vaticano para las comunicaciones

Pablo VI inició la redacción anual de los mensajes para las Jornadas Mundiales para las Comunicaciones Sociales explícitamente pedidas por el Concilio Vaticano II en la Inter Mirifica. Durante el pontificado de Pablo VI se publicaron doce.

Juan Pablo II tomó la estafeta y firmó veintisiete. Benedicto XVI, hasta 2012, lleva ya siete (con el de 2013 serán ocho). Ha acompañado esta visión eminentemente positiva de los medios de comunicación social el desarrollo ulterior de lo que hoy se conoce como Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

La historia del actual Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales hunde sus raíces en la década de los años «40´s», cuando Pío XII instituyó la «Pontificia Comisión de Consulta y Revisión Eclesiástica de películas sobre religión y moral». Era el 30 de enero de 1948. Nueve meses más tarde, el 17 de septiembre, el mismo Papa aprobaba el Estatuto de esa anterior oficina de la Santa Sede pero ahora bajo el nombre de «Pontificia Comisión para la Cinematografía Didáctica y Religiosa». El 31 de diciembre de 1954 cambiaría otra vez la denominación y, como el título mismo lo dice, el radio de acción y estudio: «Pontificia Comisión para la Cinematografía, la Radio y la Televisión». Sin esperar al final del Concilio Vaticano II, Pablo VI transformó la precedente Comisión Pontificia en «Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales». El quinto cambio lo daría, finalmente, Juan Pablo II, quien le conferiría el rango y denominación actual como Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, vigente desde el 1 de marzo de 1989.

En cuanto órgano al servicio de la misión del Papa, no son pocos los argumentos que este dicasterio en particular ha tocado en el ámbito de la comunicación, de una manera más prolífica durante el pontificado de Juan Pablo II. En 1989, «Pornografía y violencia en los medios de comunicación: una respuesta pastoral» (7 de mayo) y «Criterios de colaboración ecuménica e interreligiosa en el campo de las comunicaciones» (4 de octubre); en 1992, la «Instrucción Pastoral Aetatis Novae, sobre las comunicaciones sociales, en el XX aniversario de la Communio et Progressio» (22 de febrero); en 1997, «Ética en la publicidad» (22 de febrero); en 2000, «Ética en las comunicaciones sociales» (2 de junio); en 2002 «Ética en internet» y «La Iglesia en Internet», ambas del 28 de febrero. El último documento, «La Iglesia en internet», tiene sus precedentes inmediatos en los mensajes de Juan Pablo II para las JMCS de 1989 («La religión en los medios de comunicación»), 1990 («La nueva cultura informática»), 2001 («Proclamar desde los terrados: el Evangelio en la era de la comunicación global»), y 2002 («Internet, un nuevo foro para la proclamación del Evangelio»), por lo que bien se pueden considerar sus fuentes inspiradoras y ulterior desarrollo más acabado.

Quinta etapa: de la teoría a la praxis

Aunque es la etapa más breve por cuanto a años se refiere, es en la que el crecimiento e impacto mediático ha tenido su auge tanto en el mundo como en la Iglesia. Si Pío XI fue el Papa iniciador del uso activo de los medios con el radio mensaje emitido el 12 de febrero de 1931 (Qui arcano Dei) por Radio Vaticana, los Pontífices sucesivos, especialmente Juan Pablo II y Benedicto XVI, han sido también los primeros en usar otras tecnologías de vanguardia.

Es de 1983 la fundación del Centro Televisivo Vaticano auspiciada también por Juan Pablo II. Casi dos décadas después, el 22 de noviembre de 2001, un Papa enviaba un correo electrónico por vez primera en la historia de la humanidad. El documento enviado fue el texto de la «Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesiae in Oceania» y los destinatarios eran las iglesias locales de aquel continente. Fue también el Papa Wojtyla quien dio el «nihil obstat», su «sí», a la propuesta de sor Judith Zoebelein para lanzar, el 25 de diciembre de 1995, la primera web católica oficial del mundo, Vatican.va (antes, incluso, que la web del Estado italiano, cuando la world wide web apenas comenzaba a mundializarse). Juan Pablo II fue también el primer Papa que habló de internet en un documento oficial de la Iglesia: lo hizo en el Mensaje para la XXXVI JMCS de 2002, «Internet, un nuevo foro para la proclamación del Evangelio».

Durante el Pontificado de Benedicto XVI la migración a las redes sociales ha sido una constante: el 5 de junio de 2008 la Santa Sede abrió un canal institucional en YouTube (http://www.youtube.com/vaticanes; en realidad son cinco canales en cinco diferentes idiomas: inglés, italiano, francés, alemán y español) para ofrecer la cobertura informativa más reciente sobre las actividades del Papa y de la Santa Sede en breves cápsulas de video.

El 12 de abril de 2010 la oficina de comunicación del Vaticano anunció el lanzamiento del blog oficial del Vatican Infomation Service (http://www.vis.va/; una bitácora en varios idiomas alojada en el sistema Blogger, empresa de Google, Inc., el portal del blogs gratuitos más grande del mundo). Un año más tarde, el 19 de abril de 2011, nace la versión digital del periódico del país más pequeño del mundo y uno de los más antiguos: L´Osservatore Romano (http://www.osservatoreromano.va/; actualmente en siete idiomas).

Unos meses más tarde, en la víspera del 29 de junio de 2011, era el mismo Benedicto XVI quien ponía on line la así llamada «CNN del Vaticano»: el portal news.va que concentra en un solo lugar las informaciones de todos los medios informativos vinculados a la Santa Sede (desde la Radio Vaticana, pasando por el VIS, L´Osservatore Romano o la agencia FIDES, hasta el canal de videos de YouTube, perfiles en Flickr, fans page en Facebook o diversas cuentas oficiales en Twitter).

El episodio más reciente (12 de diciembre de 2012) en este migrar a las plataformas digitales lo ha constituido el también histórico lanzamiento del perfil personal del Papa Benedicto XVI en la red de microblogs Twitter.

Hacía un sexto momento en la relación de la Iglesia con la comunicación

En el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2013 el Papa interpela a usar internet ya no como «medio» sino como «ambiente» de evangelización. Este cambio de perspectiva supone una redimensión en la visión cristiana de la comunicación.

¿Y qué es verdaderamente internet? Esa es la pregunta de fondo de «Tubes: A Journey to the Center of the Internet», una obra del periodista Andrew Blum, donde se destaca la «materialidad» de la web.

El autor contesta el habitual dualismo que se suele poner al hablar de internet como «virtual-inmaterial» y del mundo «fuera de la web» como «real-material». El modo como se despertó el interés de Blum por conocer qué es internet no pudo ser menos simpático: una ardilla mordió su cable de conexión y a partir de ello se percató de la realidad física de la web: «Internet es lo que físicamente nos conecta a todos», dice en una conferencia TED que puede verse en este enlace http://www.ted.com/talks/andrew_blum_what_is_the_internet_really.html.

Fue William Gibson quien popularizó el término «ciberespacio» en su novela de ficción titulada «Neuromante» (1984). El concepto aludía a una realidad simulada donde los hombres podrían llevar «otra vida». Cuando internet comenzó a mundializarse pronto se acogió el término «ciberespacio», quedando asociada, en la mente de muchos, la idea de internet como un mundo paralelo al real. El nacimiento y desarrollo de las redes sociales no han hecho sino consolidar esa idea.

La reflexión de la Iglesia católica ha apuntado a considerar internet como un instrumento, como un medio de comunicación y, en cierto modo también, se ha decantado más en la línea de Gibson.

El Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2013, sin embargo, apunta a una nueva dirección que es precisamente la novedad más relevante del mensaje: internet es un ambiente de experiencia real; Internet es un lugar, «una plaza pública»: «El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual –escribe el Papa–, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales son el fruto de la interacción humana pero, a su vez, dan nueva forma a las dinámicas de la comunicación que crea relaciones; por tanto, una nueva comprensión atenta de este ambiente es el prerrequisito para una presencia significativa dentro del mismo».

Esta nueva visión de internet entendido como lo que es hoy, una gran «red social», un ambiente de socialización, ha estado precedida de reflexiones particulares en ámbito católico. Antonio Spadaro, S.J., director de La Civiltá Cattolica, ha dedicado no pocos de sus artículos a subrayar ese aspecto que el Papa ahora pone en primer plano. Mons. Claudio Maria Celli, presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, ya había tratado también este cambio de visión en un artículo publicado en L´Osservatore Romano el 20 de septiembre de 2012: el mundo de la comunicación, decía, «no será más sólo un instrumento, sino que se convierte en un verdadero y propio ambiente de vida» («La questione di Dio nel continente digitale», p. 6).

Ya en el Mensaje para la Jornada Mundial de las Juventud 2013, publicado el 18 de octubre de 2012, el mismo Benedicto XVI adelantaba lo que de modo más explícito toca en el Mensaje al que nos hemos referido más arriba: hablando de los dos campos donde los jóvenes deben vivir con especial atención su compromiso misionero menciona en primer lugar a internet. Precedentemente, aun no siendo un texto magisterial, los Lineamenta y el Instrumentum Laboris para el Sínodo sobre la Nueva Evangelización de 2012 hablaron también de «lugares».

Ciertamente la concepción de internet como «lugar-ambiente» ha estado en germen en el magisterio pontificio desde la época del Papa Wojtyla. Juan Pablo II fue el primero en aludir a los medios de comunicación en general como «areópagos» modernos (lo hizo en el número 37 de la carta encíclica Redemptoris Missio, de 1991). Y, ¿qué era el areópago sino precisamente un lugar?

Con el Mensaje del Papa para la 47ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se da una respuesta a una pregunta de fondo: ¿qué es verdaderamente internet? Es verdad que el Mensaje en sí mismo trata también otros dos temas sumamente interesantes (el pensamiento en red que, como dice Spadaro, no sólo ayuda a expresar las propias ideas sino a pensar juntos, y la interacción con las preguntas de los hombres que implican involucrarnos en ellas) pero, en suma, la novedad la supone el cambio de visión sobre internet mismo.

Podría decirse que, en definitiva, internet es nuestro mundo personal compartido por medio de cables y aparatos que posibilitan y extienden nuestro único ambiente de vida: vida que es suma de lugares y tiempos de cada usuario. Internet también somos nosotros.

El itinerario seguido a lo largo de todos estos siglos evidencia que la Iglesia se ha tomado la comunicación en serio: y es que a la base está precisamente el mandato de comunicar una buena noticia que no sólo es informativa sino performativa.
 

 
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