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| Problemas, dificultades y propuestas de la Comunicación Institucional de la Iglesia |
1.- Puntos de partida:
1.1.- Algunas aclaraciones previas.
Agradezco sinceramente la invitación
de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la Asociación
de Periodistas de Información Religiosa su invitación a participar en
estas Jornadas sobre Medios de Comunicación e Iglesia.
Quisiera, en primer
lugar, antes de desarrollar esta intervención, aclarar una cosa muy
sencilla: se trata de una aportación a título meramente personal,
en nada oficial ni representativa de ninguna institución, cuyo único
justificable valor en el contexto de la reflexión de estas
jornadas es el de la limitada pero tal vez suficiente
experiencia más como espectador de la comunicación institucional de la
Iglesia que como actor de la misma. Creo no equivocarme
si considero que unas jornadas de reflexión como estas, de
carácter universitario, no tienen ni pueden tener carácter de oficialidad.
Ninguno de nosotros puede representar, obviamente, ni a los medios
de comunicación social en general, ni a la Iglesia en
su totalidad. Afortunadamente, pues sería una desmesurada pretensión por ambos
lados.
En segundo lugar -y sin querer parecer crítico ni insidioso,
sino muy al contrario, para desdramatizar el tema que nos
ocupa-, me parece insuficientemente objetivo y realista el título de
esta intervención. Si hay problemas y dificultades entre los Medios
de Comunicación y la Iglesia, y si tanto los medios
como la Iglesia están llamados a proponer soluciones a los
mismos, sería injusto no reconocer en el punto de partida
que existen también puntos de encuentro, y de encuentro fructífero
y satisfactorio entre ambos. Y que, existiendo lazos de unión,
experiencias gratificantes, y momentos y lugares de encuentro como estas
jornadas y tantas otras oportunidades, sería tan absurdo como inútil
no partir de ellos a la hora de buscar soluciones.
Entre estos logros y caminos ya abiertos de confluencia yo
señalaría los siguientes:
* La creciente profesionalización
de las oficinas de información de las diócesis, las congregaciones
religiosas, las asociaciones apostólicas y los movimientos eclesiales, en el
contexto de una también creciente valoración eclesial de la importancia
en general de la cultura mediática, conformadora de la nueva
sociedad de la información, y de los medios de comunicación
en particular.
* La creciente superación de
caricaturizaciones pseudo-políticas e ideológicas de los líderes de opinión religiosa
y de los profesionales de información religiosa.
* El crecimiento y fortalecimiento de medios de comunicación eclesiales
y de una cada vez mayor participación de profesionales de
la comunicación (vinculados a los más diversos ámbitos de la
información y de la opinión periodísticas) en la vida de
la Iglesia. Se trata de dos signos positivos no entendidos
en clave de "penetración", sino en clave de "encuentro y
diálogo" por el que el mundo de los medios puede
tener un acceso más directo, vital y verdadero con la
experiencia eclesial, y viceversa, la Iglesia se acerca más a
través de los "medios católicos" y de los "católicos en
los medios" al mundo de la comunicación social.
* La creciente relación de ayuda mutua, superando
las limitadoras reservas de la competitividad, de los informadores religiosos
entre ellos mismos, y su sincera búsqueda de diálogo con
las instituciones religiosas.
Desde el reconocimiento de estos pasos, ciertamente
todos ellos inconclusos, propongo las siguientes consideraciones que espero puedan
aportar alguna luz más a las expuestas hasta ahora tanto
en relación con la justa situación de la realidad que
nos ocupa, como en relación a sus vías de convergencia
y resolución. Se trata de meras puntualizaciones que en ninguno
de los apartados pretenden ser ni todas ni las únicas
posibles y necesarias. Son las siguientes:
*
Algunas puntualizaciones sobre la información religiosa, objeto principal de la
relación entre medios de comunicación social e Iglesia al abordarse
desde la perspectiva de la comunicación institucional de la Iglesia.
* Algunas puntualizaciones sobre el diagnóstico
y la etiología del fenómeno, no menos creciente, de la
"desinformación religiosa". * Algunas puntualizaciones sobre la
reflexión eclesial en estos temas y sobre los cometidos de
la comunicación institucional de la Iglesia, a la luz del
magisterio eclesial sobre la comunicación social.
2.- Algunas puntualizaciones sobre la
información religiosa.
Quisiera con estas puntualizaciones situar técnica, ética y legalmente
el debate que nos ocupa. Puntualizaciones que tal vez convenga
no darlas por supuesto, sino reconocerlos explícitamente, e incluso, reiterativamente.
Tratan de algunas características de la información religiosa, de las
que estoy completamente seguro de que si en su descripción
estuviésemos todos de acuerdo, habríamos solucionado ya más de la
mitad de sus dificultades:
2.1.- Una información al servicio de la
sociedad.
El primero de todos es que la información religiosa no
responde ni al interés de la Iglesia en ser conocida,
en su ser permanente y en su quehacer cotidiano, a
través de los medios de comunicación social; ni al interés
de los medios en ofrecer este tipo de información. En
lo que se refiere a la información, tanto los medios
de comunicación social como los organismos de comunicación institucional de
la Iglesia están al servicio de la sociedad en su
conjunto. Esto es, del derecho de los miembros de esta
sociedad a estar bien informados. Partir de este servicio común
sitúa, creo yo, las cosas desde unas exigencias éticas de
humildad y de colaboración que no se proponen a nivel
parenético, sino deontológico y jurídico.
La filosofía común de todos los
códigos deontológicos de la profesión periodística defiende que la profesionalidad
-y esta incluye tanto a los profesionales de los medios
como a los de los gabinetes de comunicación- esta basada
en esta primacía del servicio a los públicos, que tiene
derecho a una información veraz y objetiva sobre todas y
cada una de las realidades humanas y sociales que les
interesa, incluida la realidad eclesial y todas aquellas realidades que
hagan referencia a las constantes humanas y culturales de búsqueda
de sentido, de religación y de expresión religiosa.
Este "derecho a
la información religiosa" está sustentado sobre dos pilares: el derecho
a la libertad de expresión y de información, amparado por
el artículo 20 de la Constitución Española; y el derecho
a la libertad religiosa, también reconocido en le artículo 16
de nuestra Constitución, y en el vigente concordato entre el
Estado Español y la Santa Sede [1] . Por otro
lado, la misma libertad religiosa y sus repercusiones en el
ámbito de la deontología periodística, esta también reconocida por la
mayoría de los códigos deontológicos [2] .
Se trata de un
derecho que se traduce, en el ejercicio práctico de la
información periodística, a algunos mínimos exigibles como son el derecho
a la precisión informativa, a la matización y a la
contextualización. Es de todos bien conocido que la falsificación de
muchos hechos informados y la inverosimilitud de muchas valoraciones publicadas
no parten de la absoluta invención o falsedad, sino de
la distorsión producida porque los datos publicados no son precisos,
la línea argumental desconoce o prescinde de los matices, y
en general la información está presentada fuera de su contexto,
de su naturaleza, de su realidad. La más inmediata y
concreta prevención para garantizar estos derechos está en la preparación
y formación de los comunicadores, que parte de dos supuestos:
el del valor de la información religiosa, y el de
su carácter de especialización.
2.2.- Una información especializada.
La información religiosa -otra
cosa son los diversos usos loables y legítimos de la
comunicación para la propagación de ideas, la formación, la instrucción
o la educación religiosas- ha de ser considerada una información
especializada a la par de las demás especializaciones informativas como
son la información política, económica, cultural, social, deportiva o sanitaria,
o de cualesquiera otra más amplia tipología de la información
especializada [3] . Esta caracterización, a mi modo de ver,
a de ser considerada con carácter definitorio en relación a
las obligaciones y derechos de la información, pero con carácter
más relativo en relación a las limitaciones del objeto y
de la forma de la misma. Quiero decir con esto
que el que este bien claro que los públicos tienen
derecho a la información religiosa del mismo modo que a
cualquier otro tipo de información, y que los profesionales encargados
de la misma han de tener la misma preparación especializada
que la que tienen los responsables de otras materias informativas,
esto no quiere decir, por un lado, que el cintillo
"religión" de los periódicos o la "programación religiosa" de las
radios y las televisiones sean el único cauce de expresión
formal de dichas informaciones. Y por otro lado, tampoco quiere
esto decir que se trate de una información hermética, como
veremos más adelante.
2.3.- Una Información demandada
¿Quién determina si una información
es no es de interés público? En las aulas universitarias
de la carrera de periodismo no tarda mucho en suscitarse
esta pregunta. Y la mayoría de los profesores vienen a
reconocer que, además de algunos presupuestos objetivos insalvables, a la
postre es el informador el que, en conciencia, decide la
respuesta. Y para darla, a sabiendas de que se juega
en ella el principal y elemental discernimiento ético de la
manipulación informativa, que es el de la selección, el recurso
definitivo es esencialmente subjetivo: ¿me interesa a mi?. El criterio
no es desafortunado, siempre y cuando la conciencia del informador
este libre de prejuicios. Tanto los informadores de las agencias
de noticias y de los medios de publicación y de
difusión para los públicos, como los responsables de las oficinas
de información institucional y de las agencias de información institucionales
se juegan aquí el primero y decisivo eslabón de una
información religiosa veraz y objetiva. Huelga decir que mayor aún
es la responsabilidad de los artífices de la tematización y
orientación de los empresarios de la comunicación o de las
instituciones afectadas.
Aunque es cierto, como dice Juan Pablo II, que
"la religión está hoy día presente en la corriente de
informaciones de los medios de comunicación social" [4] , parece
a primera vista sospechoso que, no tanto la cantidad, como
la calidad de la información religiosa, no corresponde suficientemente a
la demanda real que los públicos tienen de la misma.
El mismo Santo Padre propone que "para analizar este
fenómeno, sería necesario interrogar a los lectores de los periódicos,
a los telespectadores y a los oyentes de las estaciones
de radio, por que no se trata de una presencia
impuesta por los medios, sino de una demanda específica por
parte del público a la que los responsables de la
comunicación de masas responden concediendo más espacio a la información
y al comentario de temas religiosos. En el mundo entero,
existen millones de personas que recurren a la religión a
fin de conocer el sentido de su vida, millones de
personas para las cuales la relación religiosa con Dios, Creador
y Padre, es la más feliz de las realidades de
la existencia humana. Los profesionales de la comunicación lo saben
bien, por lo que deben tomar nota de este hecho
y analizar sus implicaciones" [5] .
2.4.- Una información compleja.
Religión e
información no son antagónicos. Desde el punto de vista de
la información, parece evidente que tanto la historia como la
fenomenología de la comunicación social son inseparables de la secular
comunicación religiosa, sin igual coincidente en la característica de una
intencional novedad del mensaje y universalidad de su recepción. La
comunicación cristiana, a más, constituye la primera y principal comunicación
globalizadora de la historia. Pero no por ello la información
religiosa en general, y la eclesial en particular, son simples
y fáciles [6] . La naturaleza misma del hecho religioso,
y la peculiaridad de su lenguaje, la hacen informativamente compleja.
Al menos respecto a lo parámetros de la actual configuración
de la información periodística con sus características comunes y con
las propias de cada medio de comunicación.
No voy a ahondar
en los pormenores de esta complejidad, que abarca tanto ámbitos
subjetivos del informador como objetivos del hecho religioso, pero si
quiero apuntar algo que aquí resulta de gran interés: cuales
son los específicos requisitos que esta complejidad comporta para el
informador religioso -tanto el que está tras el mostrador de
la comunicación institucional como el que está delante, en la
puerta abierta para los medios-, a saber: respeto, compresión, y
sensibilidad respecto a lo religioso. Sin respeto a la vivencia
religiosa, la noticia religiosa se convierte en mera percha informativa
para desplegar el archiconocido abanico de los tópicos, las fobias
y los prejuicios; sin la compresión, la noticia religiosa caerá
siempre en las redes de la superficialidad y la distorsión;
sin la sensibilidad, la noticia religiosa se quedará siempre fuera
de su verdadero ámbito de realidad, la más honda dimensión
de la búsqueda y del encuentro humanos. En cambio, respeto,
comprensión y sensibilidad le darán a la noticia religiosa siempre
profundidad, objetividad, e incluso atracción.
La petición que el Papa hace
en este sentido a los periodistas tiene el tono humano
y el talante pastoral de una profecía: "He aquí mi
petición: Conceded a la religión todo el espacio que estiméis
deseable en la comunicación de masas. Abre las puertas...; tú
garantizarás la paz (cfr. Is. 16, 2a, 3a). Esto es
lo que pido en favor de la religión. Veréis, queridos
amigos, que estos temas religiosos os apasionarán en la medida
en que sean presentados con profundidad espiritual y con competencia
profesional. Abierta al mensaje religioso, la comunicación ganará en calidad
y en interés" [7] .
2.5.- Información abierta.
Otra característica de la
información religiosa es el carácter capilar y multidisciplinar de la
misma. La temática religiosa es, informativamente hablando, inter-vinculante. No podía
ser otra forma, si reconocemos que la mirada que la
Iglesia tiene de si misma no es autoreferente, sino misionera.
La Iglesia se reconoce a si misma pero no en
si misma, sino en quien la envía y en el
mundo al que es enviada. Expresiones típicas de todos conocidas
de Juan Pablo II, como que "el camino de la
Iglesia es el hombre", o que "el centro de la
Iglesia esta en su frontera con el mundo" son tan
sólo una muestra de esta perspectiva. Bastaría con estar atento
al magisterio de la Iglesia para darse cuenta de que
ni la economía ni la globalización, ni la educación ni
la comunicación social, ni la sociología ni la psicología, ni
la política ni el arte, ni la demografía ni el
resto de las ciencias, ni ningún tipo de expresión cultural,
es ajena a la mirada de la Iglesia, que con
su magisterio, con la teología de las cosas temporales, y
con la praxis pastoral, le da aliento, orientación, y en
definitiva humanización evangelizadora. Si el informador es un profesional de
la cultura atípico, tal vez el valuarte de la única
profesión que requiere humanistas, es decir, expertos en todo, o
al menos conocedores en todo, el informador religioso encuentra en
su campo de especialización una auténtica escuela de formación permanente,
pues, como dice Juan Pablo II, "el informador religioso ha
debido adquirir una serie de conocimientos que lo han llevado
a interesarse por todos los aspectos de la realidad humana
y social de nuestro tiempo: desde la dimensión religiosa, obviamente,
a la política, a la economía, a los grandes temas
de hoy, como la paz, el desarme, el desarrollo, los
problemas de la familia, de la juventud, de la cultura,
etc." [8]
2.6.- Información humana.
"A la gente le interesa la gente"
nos repetía continuamente a los miembros de la redacción el
director del semanario en el que yo escribía cuando estudiaba
periodismo. Además de ser una expresión sintética del principio básico
del nuevo periodismo como todos ustedes bien conocen, sitúa nuestra
descripción de la información religiosa en el quicio de su
centralidad. Si la más alta y segura apoyatura de la
capacidad de atracción de la comunicación informativa está en la
trama humana de las noticias, en el caso de la
información religiosa la trama humana coincide además con su más
natural y universal lenguaje. Si el mejor vínculo entre emisor,
receptor y mensaje es la trama humana de los tres
elementos comunicativos, la información religiosa más perfecta se da cuando
el emisor pone en juego su capacidad de inquietud y
de asombro humano ante la trama humana de la que
informa, de modo que suscita en el receptor una inquietud
y asombro semejantes que hacen referencia a su también personal
trama humana.
Si dejamos a un lado el tratamiento, ciertamente apasionante,
sobre la trama humana del informador y del informado, y
nos detenemos un instante en la trama humana de la
noticia, la afirmación esta servida: la información religiosa es sobresaliente
en cuanto a historias humanas. La razón es doble. En
virtud de su objeto, que por definición del hecho religioso
en sí, antes de ser la institución religiosa o su
relación con otras instituciones o hechos, es la experiencia humana
y comunitaria concreta y transformante que se opera. Y en
virtud del mismo lenguaje religioso y comunicativo. Siempre se ha
transmitido lo religioso a través del relato, y de los
diversos géneros literarios -y también periodísticos- del mismo. Como dice
el más famoso de los reporteros free lance del mundo,
Jhon Berger, "conocemos los milagros gracias a los relatos" [9]
.
¿Nos hemos dado cuenta de que fuera de esta sala,
y tal vez también dentro de esta sala, nos esperan
centenares de historias que ya querrían para sí los buscadores
de exclusivas, y que ni se las imaginan porque desconocen
este campo específico de la información que es la vida
de la fe y de la Iglesia? La respuesta la
habéis dado ya muchos de vosotros, como hizo José Manuel
Vidal en las pasadas navidades con ese monográfico sobre cien
santos del 2002 [10] . La respuesta, desde su peculiar
atalaya en estos lindes, la da magistralmente Juan Pablo II
cuando nos habla del "scoop" de los "santos ocultos": "El
periodismo contemporáneo con frecuencia rebusca entre los pecadores ocultos en
la sociedad, para que sus crímenes queden patentes y así
curar la sociedad. Claro es que este servicio puede ser
saludable. Pero también quiero esperar que el periodismo católico contemporáneo
sobre todo ponga en evidencia a los santos ocultos, a
esos hombres y mujeres humildes que enseñan a los jóvenes,
cuidan a los enfermos, aconsejan a las personas acongojadas, esos
siervos ocultos de Dios que viven de verdad el Evangelio.
Alaban a Jesucristo con sus vidas; el conocer más su
trabajo escondido, humilde y heroico ayudaría a otros a alabar
a Jesucristo. En un mundo tantas veces dividido por guerras
y odios, y maleado con tanta frecuencia por pecados y
egoísmos, la abnegación y servicio de otros en nombre de
Jesús, merecen ciertamente ser noticia" [11] .
3.- Algunas puntualizaciones sobre
la "desinformación religiosa".
3.1.- Descripción de la desinformación religiosa.
Como en todos
los campos de la información, también la información religiosa tiene
su antónimo, la desinformación religiosa. Conviene recordar aquí que la
antonimia entre información y desinformación no es sólo lingüística, sino
conceptual: independientemente de que la desinformación sea fruto de la
negligencia informativa (sub-información) o de una intencionada confusión de la
opinión pública (intoxicación informativa), los efectos de la desinformación no
son la limitación ni la carencia de información, sino la
información contraria, es decir, el embuste, la falsedad, la mentira.
Pero
si cada tipo de desinformación tiene su aquel, la desinformación
religiosa no podía ser menos. El Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales la describe magistralmente en el documento "Ética en
las Comunicaciones Sociales": "Entre las tentaciones de los medios de
comunicación social están el ignorar o marginar las ideas y
las experiencias religiosas; tratar a la religión con superficialidad, quizá
hasta con desprecio, como un objeto de curiosidad que no
merece una atención seria, promover modas religiosas con menoscabo de
la fe tradicional; tratar a los grupos religiosos legítimos
con hostilidad; valorar la religión y la experiencia religiosa según
criterios mundanos de lo que debe ser; preferir las concepciones
religiosas que corresponde a los gustos seculares a las que
no corresponde; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de
los confines del racionalismo y del escepticismo. Los actuales
medios de comunicación social reflejan la situación post-moderna del espíritu
humano encerrado dentro de los límites de su propia inmanencia,
sin ninguna referencia a lo trascendente (Cf.: Encíclica Fides et
ratio, 81)" [12] .
La descripción de Juan Pablo II tampoco
es manca: "A veces la óptica de la Iglesia es
ignorada y desfigurada. Enseñanzas y actividades, en lugar de ser
sometidas a la criba de una serena matización, subyacen a
análisis perjudiciales, en los cuales la interpretación subjetiva sacrifica o
anula la información objetiva. Entonces la herida está hecha, incluso
antes que a la Iglesia, a la verdad" [13] .
Sea cual sea la "cocina" de la desinformación religiosa [14]
, podemos hablar, para mayor ahondamiento, de tres reduccionismos típicos
de la misma [15] :
* Reduccionismo
temático: cuando prima como información religiosa lo que tiene implicaciones
inmediatas en la cotidianidad política, o lo que sirve de
escándalo para la sección de sucesos; y se priva a
los públicos de la variedad y riqueza de la vida
de las comunidades cristianas, cuyo interés público, tratándose de aspectos
humanos y sociales de la información, es demandada hoy más
que nunca.
* Reduccionismo subjetivista: cuando la
religión de la que se informa se presenta como la
vivencia intimista de algunos personajes extravagantes o algunos grupos anacrónicos,
claro esta, siempre que aporten "morbo" y "escándalo", o como
cuando se implora el más absoluto silencio en los medios
de comunicación y en los foros de debate público la
realidad religiosa porque para que se extinga antes, lo mejor
es ignorarla -esta expresión es habitual en muchos columnistas fijos
de la prensa diaria-. Porque en un estado laico -entendido
como laicista- y en una sociedad liberada de "ataduras religiosas",
los "sentimientos religiosos" deben quedar en el reducido ámbito del
mutismo y del interiorismo sicológico.
* Reduccionismo
dialéctico: cuando la vida de la Iglesia desdibujada por un
prejuicio laicista, tiene que estar llena de intrigas, conflictos y
claro está, antagonismo de derechas e izquierdas. Se suele aplicar
la teoría del conflicto, según la cual lo más
importante de toda organización social es su progresiva capacidad de
renovación y de adaptación desde la lucha dialéctica interna de
sus grupos. Si ya para cualquier institución resulta reductiva esta
teoría, deudora de la visión marxista de los procesos históricos,
más lo es para la Iglesia, en cuanto pueblo que
desde hace dos mil años se entiende a sí mismo
como misterio de comunión.
3.2.- Etiología de la desinformación religiosa.
No
es nada fácil afrontar el estudio de las causas de
la desinformación religiosa, pero me atrevería a adelantar aquellas que
me parecen más a flor de piel, más inmediatas, con
la certeza de que ni estas son todas, ni están
al mismo nivel, ni su jerarquización por orden de importancia
me resulta posible:
3.2.1.- Carencia formativa.
Ya sea carencia de formación profesional
periodística de algunos mediadores institucionales, ya sea la carencia de
formación religiosa mínima (de la teología, de la vida de
la Iglesia, de su organización, de su vitalidad, de su
repercusión cultural y social, etc.), el desconocimiento de lo religioso
en la clase periodística es apabullante. Relacionada con el "desinterés"
mediático de la segunda causa mencionada, el área de información
religiosa es como la asignatura "maría" de las redacciones de
muchos medios, que envían a las ruedas de prensa cada
vez a un becario distinto, y que no filtran errores
descomunales que serían imposibles de mantenerse en otras áreas de
la información de esos mismos medios. A veces es el
más irrespetuoso e insensible para estos temas el elegido por
las redacciones. Sería interesante saber cual es la proporción de
envíos para cubrir una información eclesial que no vaya acompañada
del conocido consejo profesional "dales caña", de tan alto nivel
deontológico en pro de la objetividad informativa.
3.2.2.- Desinterés ideologizado /
Interés ideológico.
En relación con la distinción que algunos han hecho
de desinformación religiosa errática o sistemática, pero sin necesidad de
llegar a una siempre aventurada clasificación de los medios en
virtud de estos temas, si que parece objetivamente indiscutible hablar
de dos causas concurrentes: el desinterés ideologizado, y el interés
ideológico. Parece que algunas informaciones periodísticas de temática religiosa muestran
incluso literariamente tal desinterés, desafección, cuando no repulsa no a
una noticia particular, sino a la temática religiosa en general,
que no es difícil descubrir que el único interés que
se puede percibir en ese tipo de informaciones está en
la ideologización de fondo que por otro lado se detecta
a simple vista por la reiteración de clichés y de
tópicos anticlericales [16] .
Cabe, con todo, distinguir entre un tipo
de desinformación religiosa más intelectual, de la prensa culta, y
otro tipo más sensacionalista, de la prensa más amarillista. En
la primera el anticlericalismo que rezuma es pura herencia decimonónica;
en la segunda, es más bien un anticlericalismo ambiental, de
chiste fácil e incultura manifiesta. En el primer caso prima
el interés ideológico de aprovechar cualquier percha informativa para descalificar
no ya sólo a la Iglesia, sino a los creyentes
[17] ; y en el segundo caso priva el desinterés,
pero que ideologizada también la mirada respecto a lo religioso,
se torna en interés cuando hay algún caso fantástico, anormal,
frívolo, trasgresor, o escandaloso, que sirva de motivo para la
mofa y el escarnio, que son los géneros periodísticos habituales
de este tipo de prensa [18] . Claro esta que
si la segunda causa mencionada esta en relación directa con
los profesionales, la primera lo está aún más con los
editores y los empresarios de la comunicación.
Estos dos tipos corresponden,
a mi modo de ver, a dos calves culturales de
la opinión publicada, que son dos tipos diferentes de "anticlericalismo",
o "neoanticlericalismo", que son diferenciados tanto en su origen sociológico-ambiental,
como en su resonancia en firmas periodísticas concretas, como en
su carácter organizado o desorganizado:
ANTICLERICALISMO
DESINFORMACIÓN AMARILLISTA O ERRÁTICA
DESINFORMACIÓN IDEOLÓGICA O
SISTEMÁTICA
AMBIENTAL (Contexto socio-cultural general y del ambiente periodístico)
Desinterés eclesial / Interés
por lo morboso y por lo para-religioso.
Interés y preocupación laicista
por la influencia religiosa en la sociedad.
PERSONAL (de los profesionales de
la comunicación, especialmente líderes de opinión, columnistas, etc.)
Fobias e inhibiciones
propias de la cultura débil post-moderna. Expresión más antisistema.
Influencia literatura
anticlerical decimonónica y planteamiento laicista modernista. Neo-jacobinismo de los 80
ya en crisis.
ORGANIZADO (líneas editoriales, empresarios de la comunicación, compromisos de
los medios, etc.)
Más que organizada, condicionada por la cultura ambiente
y por los grupos mediáticos.
Organizada como "causa noble" por grupos
mediáticos y de poder cultural, por partidos políticos y grupos
sociales.
En este sentido el debate sobre si hay o no
hay una campaña orquestada contra la Iglesia a través de
los medios de comunicación social es un debate mal planteado,
si se propone únicamente en términos coyunturales. No es fácil
decir si en este o en otro momento concreto existe
una determinada campaña a corto plazo, pero si que estamos
ante la más elemental evidencia de que grupos políticos, culturales
y mediáticos están en continua campaña orquestada anti-eclesial, que se
traduciría en la anteriormente mencionada "desinformación religiosa sistemática", porque forma
parte de sus principales objetivos editoriales. Si atendemos a lo
que dijo en un reportaje televisivo sobre los veinticinco primeros
años del actual estado democrático, el que fuera director de
uno de los periódicos más importantes de este país, que
"España había pasado de ser rural, pobre y católica, a
ser urbana, rica y agnóstica, y que si las tres
primeras cosas eran sinónimas lo mismo lo eran las otras
tres", y que desde algunos medios de comunicación como el
que él había dirigido se había promovido este "cambio", la
campaña está más que reconocida por sus mismos responsables.
El interés
de un amplio sector del abanico de representación política por
relegar al máximo la influencia social de la Iglesia, considerada
una merma para la modernización ideológica del país, y el
interés del otro amplio sector, empeñado en sustraer esa influencia
de una institución incontrolada desde el poder y que debería
dedicarse exclusivamente al culto y la espiritualidad, queriendo acaparar el
liderazgo ideológico de los católicos, constituyen dos importantísimos y poderosísimos
intereses confluentes, que reproducen el secular y universal intento de
someter la libertad de la Iglesia. Cualquier estudiante de bachillerato
sabe que se trata de una constante histórica.
3.2.3.- Incomunicación Iglesia
/ MCS.
La sensación de desconexión entre los más atentos de
entre los receptores de la comunicación pocos interesados en estos
temas, y la sensación de frustración [19] entre los más
interesados, especialmente los creyentes y participantes activos en la vida
de la Iglesia, es muestra inconfundible de cierta incomunicación mutua.
Esta tercera causa, inseparable de las dos anteriores, es la
más difícil de analizar, pero a la vez es la
más fácil de remediar. El desencuentro se resuelve en el
encuentro, y el desentendimiento en el diálogo. Por parte de
los medios, otros en esta sala están en mejor condición
y conocimiento de causa para entender como afrontar este diálogo.
Por parte de la Iglesia, yo me atrevo aquí solamente
a apuntar algunos cauces.
4.- Algunas puntualizaciones sobre los cometidos de
la comunicación institucional de la Iglesia.
La Conferencia Episcopal Española, en
el Plan Pastoral para el cuatrienio 2002-2005, expresaba con concisión
cuales han de ser estos cometidos: "Estamos dando pasos en
esta línea, pero nos queda todavía buen camino por recorrer.
La realidad de la comunicación, que cada vez tiene más
peso e impacto, reclama una pastoral integral en las comunicaciones
sociales, realizada de manera más coordinada y en diferentes ámbitos.
Esta pastoral ha de incluir la comunicación institucional de la
Conferencia Episcopal Española y las Diócesis, la formación de los
profesionales y de los usuarios y un mejor aprovechamiento de
los recursos o medios propios. Asimismo hay que procurar que
los intelectuales católicos y los laicos en general utilicen los
Medios para hacer oír su voz y los criterios de
la Iglesia en el debate social, en la interpretación de
los acontecimientos y en la orientación de la conducta" [20]
. Veamos algunas de estas y de otras indicaciones tomadas
del Magisterio de la Iglesia:
4.1.- Denuncia profética ante la desinformación
religiosa:
La verdad sin caridad es una forma de intolerancia, la
caridad sin verdad es una forma de paternalismo. Por eso
no como merma del mismo, sino en pro del diálogo
entre Iglesia y Medios de Comunicación, hay que empezar por
recodar, por parte de la Iglesia, sus deberes inexcusables para
con la verdad, que realizados desde la caridad, propician el
encuentro en tanto en cuanto se ponen las cartas sobre
la mesa y se busca la luz sobre las cosas:
4.1.1.-
Deber de vigilancia de los Pastores.
No sólo y no tanto
en virtud de la defensa de la Iglesia, sino en
virtud de la defensa de la verdad [21] , tanto
los pastores como los laicos deberíamos recurrir frecuentemente a la
aclaración puntual e inmediata, a la petición de rectificación, para
que la información impere sobre la desinformación. En el caso
de los pastores, especialmente de los obispos, sucesores de los
apóstoles, en virtud de su caridad pastoral, para que el
pueblo cristiano no este confundido o escandalizado ante informaciones erróneas
o incompletas [22] . Claro está que este deber no
significa una preocupación excesiva por la imagen de la Iglesia,
ni menos por la propia imagen de sus miembros dentro
y fuera de la Iglesia, pues como no ocurre con
otro tipo de instituciones, la imagen pública no constituye el
principal objetivo ni del posicionamiento ni de la actividad de
la Iglesia, más preocupada por la mirada de Dios sobre
su fidelidad que por la mirada de los hombres y
del mundo, y por su comprensión. En el orden de
las prioridades, además, a los pastores y la Iglesia en
su conjunto les pasa un poco lo que a Teresa
de Calcuta cuando la preguntaban porque no se defendía de
quienes la injuriaban, y ella respondía: "mientras haya algún moribundo
por atender, no puedo perder el tiempo en esas cosas".
4.1.2.-
Deber de los laicos de denuncia de la manipulación.
Corresponde a
los laicos, en primer lugar, entrar en el debate de
la opinión pública para clarificar los pormenores de la información
religiosa. Se trata de un deber que esta unido al
resto de las obligaciones de verdadera participación democrática e iniciativa
social respecto al mundo de los medios. La carta magna
del magisterio de la Iglesia sobre la vocación de los
laicos, la exhortación apostólica Christifideles Laici lo expresa claramente: "En
el uso y recepción de los instrumentos de comunicación urge
tanto una labor educativa del sentido crítico animado por la
pasión por la verdad, como una labor de defensa de
la libertad, del respeto a la dignidad personal, de la
elevación de la auténtica cultura de los pueblos, mediante el
rechazo firme y valiente de toda forma de monopolización y
manipulación" [23] .
4.1.3.- Denuncia de la desinformación, respeto al informador.
Pastores
y laicos están llamados, en todo caso, a una denuncia
en, desde, por y para la caridad. La ironía, el
escarnio, y la mofa con la que también a veces
el católico se defiende ante y por los medios de
comunicación es la mejor manera de arruinar de base sus
posibles buenos argumentos. No lo digo yo. Las palabras de
Juan Pablo II a este respecto son también claras y
contundentes: "El diálogo (entre Iglesia y MCS) debe ser respetuoso
y comprensivo, y siempre hay que distinguir entre el error
y la persona que yerra" [24] .
4.2.- Los desafíos del
diálogo.
Como dice la instrucción pastoral Aetatis Novae, del Consejo Pontificio
para las Comunicaciones Sociales, "la Iglesia, que trata de dialogar
con el mundo moderno, desea poder entablar un diálogo honesto
y respetuoso con los responsables de los medios de comunicación.
Este diálogo implica que la Iglesia se esfuerce en comprender
los medios de comunicación -sus objetivos, sus estructuras internas y
sus modalidades- y que sostenga y anime a los que
trabajan en ellos" [25] .
4.2.1.- El desafío de la profesionalidad.
Analizar
la información, convertir hechos noticiables en oferta informativa bien documentada
y explicada para los medios, administrar la información en virtud
de criterios objetivos periodísticos, y no sólo pastorales, y optimizar
la información integral, es decir, la sinergia entre publicidad institucional,
creatividad mediática, pastoral de los medios e información institucional, al
servicio de un lenguaje y de una imagen coherente de
la unidad en la pluralidad de la Iglesia, son objetivos
decisivos en el desafío de la profesionalidad en todos y
cada uno de los servicios de comunicación de las instituciones
católicas.
4.2.2.- El desafío de los medios propios.
Superada la dicotomía entre
"católicos en los medios y medios católicos", y con el
objetivo no tanto de intervenir como de servir a la
cultura de los medios de comunicación y agrandar su pluralidad,
la Iglesia necesita también, además de profesionales católicos en todos
los ámbitos de la información que acerquen el mundo de
los medios a la Iglesia y viceversa, medios católicos de
presencia tanto en prensa, radio, televisión, y en Internet, que
sean altavoz de la Opinión Pública de comunión eclesial (unidad
en la pluralidad), aula permanente para una lectura creyente de
la realidad, y escuela de profesionales católicos [26] .
4.2.3.- El
desafío de los contenidos: superar la información hermética.
La información religiosa
no es la información eclesiástica, sino la información de la
vida de la comunidad eclesial, en toda su variedad. La
tentación de los responsables de la comunicación institucional de la
Iglesia de seleccionar la información en virtud del interés de
las curias y de los eclesiásticos es frecuente y peligroso.
Alex Rosal lo explico muy bien en el Primer Encuentro
Diocesano de Comunicadores Sociales de Madrid: "Basamos nuestro mensaje en
las palabras; no en la vida, y sin embargo, la
gente quiere aprender de las personas; de la «carne»; no
de las palabras o de bonitas teorías moralizantes" [27] .
Para ello, como antes recordábamos al hablar de las características
de la información religiosa, el relato y el testimonio, en
forma de reportaje, entrevista o crónica, es el género propio
de la información religiosa.
4.2.4.- Conjugar dinamismo de la comunión y
complejidad institucional con inmediatez informativa.
Mucho desafío es este, tal vez
la gallina de huevos de oro de la parte del
diálogo entre Iglesia e información religiosa por parte de la
primera. Se trata de un prudente y a la vez
valiente equilibrio: la Iglesia no puede renunciar a sus propios
instrumentos de comunión, en pro de una información institucional unívoca.
Paradójicamente, siendo malentendida por gran parte de la opinión pública
como poco democrática internamente, no hay institución social donde la
libertad y la pluralidad internas hagan prácticamente imposible hablar de
una portavocía de la Iglesia en una nación en su
conjunto. Sin embargo, salvado este aspecto de su identidad, en
virtud de la comunión eclesial deberíamos buscar cauces nuevos para
que el dinamismo de la unidad, que no es uniformidad,
no esté reñido con la inmediatez informativa.
Las palabras, una vez
más, de Juan Pablo II de llamamiento a la prontitud
y a la confianza en los medios es precisa y
matizada: "La experiencia diaria enseña que la Iglesia es un
tema atractivo para muchos periodistas. Es oportuno no subestimar este
dato. Por consiguiente, sería conveniente no rechazar en principio sus
propuestas, sino mostrarse siempre dispuestos a dar respuesta a todo
el que os pida razón de vuestra esperanza (1 P
3, 15). Sin embargo, esto no excluye el deber de
una razonable reserva, impuesta tanto por las exigencias del respeto
recíproco como por la necesidad de una reflexión serena sobre
el problema que se ha de examinar. Por eso, es
preciso valorar atentamente, caso por caso, si es oportuno ponerse
ante las cámaras de televisión y los micrófonos"[28].
5.- Conclusión: favorecer
el diálogo entre la cultura de los medios y la
cultura de la Iglesia.
Y en fin, cómo último y sintetizador
desafío de la Iglesia en pro de su acercamiento y
búsqueda de la comunicación con el mundo de los medios
en general y de la información religiosa en particular, parece
claro que es necesario favorecer el diálogo entre la cultura
de los medios y la cultura de la Iglesia, tal
y como también el Papa nos propone: "A veces las
relaciones entre la Iglesia y los medios pueden deteriorarse por
malentendidos mutuos que engendran temor y desconfianza. Es cierto que
la cultura de la Iglesia y la cultura de los
medios es diferente; de hecho en ciertos puntos existe un
fuerte contraste. Pero no existe razón para que las diferencias
hagan imposible la amistad y el diálogo. En muchas amistades
profundas son precisamente las diferencias las que alientan la creatividad
y establecen lazos. La cultura del memorial de la Iglesia
puede salvar a la cultura de la fugacidad de la
noticia que nos trae la comunicación moderna, del olvido que
corroe la esperanza; los medios, en cambio, pueden ayudar a
la Iglesia a proclamar el Evangelio en toda su perdurable
actualidad, en la realidad de cada día de la vida
de las personas" [29].
*Notas
[1] "Los Acuerdos entre España y la
Santa Sede, firmados el 3 de enero de 1979 en
la Ciudad del Vaticano, apenas transcurrido un mes desde el
referéndum del 6 de diciembre de 1978, en virtud del
cual quedaba reconocida y aceptada por el pueblo la nueva
Constitución Española, son el instrumento jurídico por el que se
regula y hace efectiva la libertad de la Iglesia en
España en el marco general de un régimen de libertades.
Su carácter de derecho internacional público ha de ser entendido
en el sentido en el que lo hace la misma
Constitución en su Artículo 96, 1, donde se establece que
Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en
España, formarán parte del ordenamiento interno.": CARDENAL ROUCO VARELA, Conferencia
pronunciada en el Club Siglo XXI, el 15 de marzo
de 2001.
[2] "La libertad religiosa es un derecho humano fundamental,
que debe ser respetado y tratado con la misma objetividad
e imparcialidad que cualquier otro asunto de interés público. Esta
idea está reflejada en todos los códigos deontológicos de los
medios de comunicación social en los que se habla de
la responsabilidad de los informadores por relación a las instituciones
sociales básicas, cuales son la familia, la Iglesia y el
Estado. Algunos códigos censuran también la falta de respeto a
las convicciones o creencias religiosas. También la ridiculización de los
cultos y sus ministros. En la filosofía de los códigos,
que en la mayoría de los casos es la de
las Naciones Unidas, la dimensión religiosa del hombre es reconocida
como uno de los derechos humanos fundamentales. Pero hay países
en los que no se respeta la libertad religiosa": NICETO
BLÁZQUEZ, La nueva ética en los medios de comunicación, obra
citada, p. 553.
[3] Metodológicamente es conveniente distinguir entre información religiosa
en general y periodismo religioso propiamente dicho. El informador sobre
noticias religiosas debe actuar con la competencia y responsabilidad exigibles
a cualquier otro informador": Ibid.
[4] JUAN PABLO II, «Mas espacio
e interés para la información religiosa», Ecclesia (Madrid, 1989), p.
334. Original en francés: Insegnamenti di Guiovanni Paolo II (Libreria
Editrice Vaticana: Roma 1989), pp. 163-168. (Mensaje con motivo de
la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hecho público
el 24 de Enero de 1989).
[5] Ibid.
[6] "El historiador norteamericano
J. Sommerville ha escrito recientemente que las noticias y la
religión son, probablemente, antagónicos: -Las noticias sólo se preocupan del
cambio, mientas la religión centra su atención en cuestiones eternas
(...) La religión ocupa un papel importante en la vida
de gran parte de la población, pero las noticias no
pueden darnos la esencia del asunto, cualquiera que sea la
orientación del informador (...) El periodista Malcon Muggeridge, que al
final de su vida se convirtió al catolicismo, reconoció en
cierta ocasión con tristeza: A menudo he pensado que si
hubiera sido periodista en Tierra Santa en tiempos de Jesucristo,
me hubiese dedicado a averiguar lo que ocurría en la
corte de Herodes, habría intentado que Salomé me concediera la
exclusiva de sus memorias, hubiera descubierto lo que estaba tramando
Pilatos, y me habría perdido por completo el acontecimiento más
importante de todos los tiempos": GABRIEL GALDÓN LÓPEZ, Desinformación. Método,
aspectos y soluciones, (Pamplona: Eunsa), 1999, pp. 38-39.
[7] JUAN PABLO
II, «Mas espacio e interés para la información religiosa», Ecclesia
(Madrid, 1989), p. 334. Original en francés: Insegnamenti di Guiovanni
Paolo II (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1989), pp. 163-168. (Mensaje
con motivo de la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales, hecho público el 24 de Enero de 1989). Bastaría
simplemente fijarse en la profusión y en la calidad de
información suscitada por este pontificado internacionalmente para darse cuenta de
ello. El mismo Juan Pablo II dice que una prueba
del interés de la información religiosa es "el eco que
han tenido y tienen en los periódicos los debates teológicos,
las iniciativas pastorales de las Iglesias locales y su compromiso
en el ámbito de la justicia social y derechos humanos,
los acontecimientos de la Santa Sede, las peregrinaciones apostólicas de
los pontífices": JUAN PABLO II, «La Evangelización también es comunicación»,
Ecclesia (Madrid 1984), pp. 166-167, 171. Original en italiano: Insegnamenti
di Guiovanni Paolo II, VII-1 (Roma: Libreria Editrice Vaticana, 1984),
pp. 172-180. (Audiencia a periodistas de diversas naciones en Roma,
el 27 de enero de 1984).
[8] Ibid.
[9] "Pero, ¿por qué
es necesario relatar historias como ésta? ¿Por qué relatamos historias?
(...) A veces parece que el relato tenga una voluntad
propia, la voluntad de ser repetido, de encontrar un oído,
un compañero. Como los camellos cruzan el desierto, así los
relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al
oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es
el silencio o la meditación, sino el olvido (...) En
qué consiste el acto de narrar? Me parece que es
una permanente acción en la retaguardia contra la permanente victoria
de la vulgaridad y de la estupidez. Los relatos son
una declaración permanente de quien vive en un mundo sordo.
Y esto no cambia. Siempre ha sido así. Pero hay
otra cosa que no cambia, y es el hecho de
que, de vez en cuando, ocurren milagros. Y nosotros conocemos
los milagros gracias a los relatos": Entrevista a Jhon Berger,
del periodista polaco RYSZARD KAPUSCINSKI. Los cínicos no sirven para
este oficio. Sobre el buen periodismo (Barcelona: Anagrama, 2002), pp.
100-101.
[10] Magazine de El Mundo (nº 118, del 30 de
diciembre de 2001).
[11] JUAN PABLO II, «Alabar a Jesucristo en
todo lo que decimos y escribimos», Edición semanal en castellano
de: L´Osservatore Romano (Roma 1985), p. 202. Original en inglés:
Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, VIII-1 (Libreria Editrice Vaticana: Roma
1985), pp. 685-687. (Discurso a los miembros de la Unión
Católica de la Prensa -UCIP-, del 21 de marzo de
1985).
[12] CONSEJO PONTIFICIO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, "Ética en las
Comunicaciones Sociales", Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma
2000), pp. 299-303. Original en Italiano en: Etica nelle Comunicazione
Sociale (Libreria Editrice Vaticana: Cittá del Vaticano: 2000), 45 pp.
(Documento del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales publicado con
motivo del Jubileo de los periodistas del 4 de junio
de 2000, en el marco del Año Santo Jubilar).
[13] JUAN
PABLO II, «Comunicar a Jesús, camino, verdad y vida», Ecclesia
(Madrid 1997), p. 390-391. Original en inglés: PCSC - History
and Pertinente Documents (CD-ROM by Pontifical Council for Social Comunications:
Roma 1999). - (Mensaje de la XXXI Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales, hecho público el 24 de enero de
1997).
[14] Esta es una posible descripción de la misma: "Primero
se reduce el mensaje al mínimo. Después, se piensa el
modo de mentar los móviles torcidos y de recordar el
pasado descalificador. Se da voz a los que piensan lo
contrario. Se recogen todos los detalles peregrinos, absurdos o antipáticos.
Y se cogen las fotos más grotescas": JUAN LUIS LORDA,
"La desinformación religiosa", Ecclesia (Madrid: 2000), pp. 138-140.
[15] Cf.: MANUEL
MARÍA BRU, "Desinformación religiosa y Conferencia Episcopal", Ciudad Nueva (nº
353), Madrid, abril 1999, pp. 24-25.
[16] "El anticlericalismo es la
otra cara errónea del error clericalista. Ambos se necesitan. Todo
error necesita del error simétrico de su antagonista para justificarse.
Pero lo que hay que oponer al error no es
otro de naturaleza opuesta sino la verdad. El anticlericalismo en
España tiene el sueño ligero y el más leve ruido
basta para despertarlo de su secular sopor (...) La Iglesia,
así, en general, sin matices, es culpable. Al fin y
al cabo, para los azotadores de sotanas, la Iglesia lleva
ya veinte siglos de culpabilidad. Lo más gracioso del anticlericalismo
es que se pretende hijo de la ilustración cuando es
vástago de la ausencia de ilustración y de falta de
información (...) el anticlericalismo nunca deja que un hecho le
destroce un bonito argumento. Por eso se acoge a la
desinformación como la más nutricio suelo materno. Lo mejor es
la generalización. El matiz queda para los tibios y coleccionistas.
Que el pueblo llano no entiende de sutilezas y matices
(...) Cuando se trata de la Iglesia, el bien es
atribuido a la parte y el mal al todo. Es
la forma de entender la justicia del viejo, añejo, rancio
y arcaico anticlericalismo. Lo de neo no deja de ser
sino piadoso recurso retórico, pues la patología es vieja": IGNACIO
SÁNCHEZ CÁMARA, "Neoanticlericalismo", ABC (Madrid: 28-08-2001), p. 13.
[17] "Es una
cruzada en toda regla basada en una creencia: lo religioso
y, sobre todo, lo católico es, por su propia naturaleza,
contrario al progreso de la humanidad: es decir, al crecimiento
de la ciencia y al despliegue de la libertad": JUAN
LUIS LORDA, "La desinformación religiosa", artículo citado.
[18] "Carente de proyecto
intelectual, realiza una desinformación religiosa basada en la frivolidad, el
sensacionalismo y la transgresión. El objetivo es ridiculizar lo religioso,
el método, buscar la noticia aislada que de juego a
lo morboso y escandaloso, y recurrir a los tópicos anticlericales
históricos. Pero, más allá de su rechazo visceral a la
Iglesia institucional y a su magisterio sobre temas morales, no
tiene pretensiones ideológicas, por lo que trata con benignidad las
acciones sociales de la Iglesia, o los personajes entrevistados": Ibid.
[19]
"Parece que la parte reservada a ésta tiende a disminuir
en los grandes órganos de información (prensa, radio, televisión), y
sucede frecuentemente, por desgracia, que es mal tratada, examinada bajo
un ángulo muy secundario o deformador. Este estado, de hecho
provoca en una amplia porción de la opinión pública del
país, formada en su mayor parte por católicos, y en
particular entre los cristianos convencidos, una cierta frustración y una
sed legítima de ser mejor informados sobre lo que llevan
en el corazón; por ejemplo, sobre la forma en que
cumple la Iglesia su misión multiforme": JUAN PABLO II, «Verdad
en la exposición de los hechos, y en el testimonio
de la fe», p. 620-621. Original en francés: Insegnamenti di
Guiovanni Paolo II, VI-1 (Libreria Editrice Vaticano: Roma 1983), pp.
1047-1052. (Discurso a los directivos, redactores y amigos del diario
católico «La Croix», en el centenario de esta publicación católica
francesa, el 23 de abril de 1983), en Ecclesia (Madrid
1983).
[20] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, "Una Iglesia esperanzada" Ecclesia (Madrid: 2002),
nº 44, p. 202 ("¡Remar mar adentro!": Plan Pastoral de
la CEE del cuatrienio 2002-2005).
[21] Cf.: JUAN PABLO II, «Comunicar
a Jesús, camino, verdad y vida», mensaje citado.
[22] "Toda noticia
inexacta, tendenciosa, injusta, contraria a la verdad o sometida a
la manipulación de las ideologías, crea malestar en la comunidad,
pone en peligro la paz, mina la comunión y desorienta;
es, por decirlo así, antievangelizadora. De ahí, la necesidad de
que los Pastores vigilen los mecanismos de la información, particularmente
de la información religiosa, y cuando sea necesario denuncien proféticamente
los casos de injusticia, de falta de objetividad o de
carencia de honradez profesional en la transmisión de las noticias.
La información ha de contribuir siempre a crear lazo de
unión, concordia y entendimiento en la Iglesia y en el
mundo": JUAN PABLO II, «La información, fuente de comunicación y
comunión», en Insegnamenti di Guiovanni Paolo II, X-1 (Libreria Editrice
Vaticana: Roma 1987), pp. 1446-1448 (Discurso pronunciado en castellano a
los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo General de
la Pontificia Comisión para América Latina, el 28 de abril
de 1987).
[23] JUAN PABLO II, «Christifideles Laici» (nº 5a, 23i,
44efg), Ecclesia (Madrid 1989), pp. 189, 198, 214. Texto oficial
original en latín: Acta Apostolicae Sedis, LXXXI (nº 4, Roma:
1989), pp. 400-401, 432, 478-481. (Exhortación apostólica postsinodal sobre la
vocación y misión de los laicos en la Iglesia y
en el mundo).
[24] JUAN PABLO II, «La tarea de iluminar
y formar las mentes a la luz del Evangelio y
del auténtico y perenne Magisterio de la Iglesia», Edición semanal
en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1982), p. 300. Texto
original en italiano: Insegnamenti di Giovanni Paolo II (Roma: Libreria
Editrice Vaticana, 1982), Tomo V-1, pp. 1113-1116. (Discurso dirigido a
los redactores y colaboradores de "La Civiltà Cattolica", del 5
de abril de 1982).
[25] PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES,
Aetatis Novae (Libreria Editrice Vaticana: Roma 1992), pp. 1-36. Texto
oficial original en latín: Enchiridion Vaticanum (Edicione Dehoniana Bolognia: Bolognia
1991-1993), tomo XIII, pp. 492-543. (Instrucción Pastoral del Pontificio Consejo
para las Comunicaciones Sociales en el vigésimo aniversario de «Communio
et progressio», del 22 de febrero de 1992).
[26] "Hoy más
que nunca se advierte la importancia de la acción formativa
de la prensa católica, orientada a iluminar las conciencias, a
disipar falsas interpretaciones, insinuaciones y manipulaciones, dentro del respeto por
las opiniones ajenas y mediante el diálogo confiado, sostenido por
el convencimiento de que todo hombre, redimido y amado por
el Señor, está llamado a la verdad. La prensa deberá,
en efecto, preocuparse siempre por formar al lector, haciendo madurar
en él esa sana mentalidad que discierne los hechos según
principios superiores, y que en un sentido o en otro
los convierte en fermento de revisión, de conversión, de testimonio
laborioso. La prensa católica está llamada a provocar en el
lector ese procedimiento de juicio que lo introduce en la
verdad liberadora y salvadora, entrando así en la esfera religiosa
de un elevado magisterio": JUAN PABLO II, «Predicar el misterio
íntegro de Cristo», Edición semanal en castellano de: L´Osservatore Romano
(Roma 1981), nº 5, pp. 90, 96. Texto original en
italiano: Insegnamenti di Giovanni Paolo II (Roma: Libreria Editrice Vaticana,
1982), Tomo V-1, pp. 27-28. (Extracto del discurso dirigido a
los obispos de Emilia Romana en su visita «ad limina
apostolorum», el 4 de enero de 1982).
[27] ALEX ROSAL, "Las
diez tentaciones del periodista católico", en MANUEL MARÍA BRU, Periodistas
de primera, cristianos de verdad. Laicos en la comunicación social.
Madrid: Ciudad Nueva, 2002, p. 67.
[28] JUAN PABLO II, «Una
sociedad laica, donde reine el silencio sobre Dios, necesita la
voz de la Iglesia», Edición española de: L´Osservatore Romano (Roma
1999), nº 5, p. 675. (Extracto del discurso dirigido al
primer grupo de obispos de Alemania, en su visita "Ad
Limina", del 15 de noviembre de 1999).
[29] JUAN PABLO II,
«Los mass-media presencia amiga para quien busca al Padre», Edición
semanal en castellano de: L´Osservatore Romano (Roma 1999), p. 94. |
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