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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org Cristianismo y progreso
Análisis del texto: La Victoria de la Razón: Cómo el Cristianismo llevó a la Libertad, al Capitalismo y al Éxito de Occidente del sociólogo Rodney Stark.
Cristianismo y progreso
Ha dejado una huella inconfundible en el desarrollo de Occidente
La idea de que el éxito de Occidente ha dependido
de haber superado las barreras religiosas para progresar es un
«completo absurdo», afirma el autor de un nuevo libro.
Rodney
Stark defiende esta tesis en «The Victory of Reason: How
Christianity Led to Freedom, Capitalism, and Western Success» (Random House)
(La Victoria de la Razón: Cómo el Cristianismo llevó a
la Libertad, al Capitalismo y al Éxito de Occidente).
Stark,
profesor de sociología en la Universidad Baylor, sostiene que, en
contraste con otras creencias que acentúan el misterio y la
intuición, la teología cristiana privilegia la razón. Este factor --no
la geografía, ni un sistema agrícola más productivo, ni la
reforma protestante-- está detrás del ascenso de Occidente, sostiene.
El
autor observa que está visión está contraste con la postura
de muchos intelectuales occidentales del siglo XX. Éstos han mantenido
que Occidente se puso por delante de otras culturas precisamente
por su capacidad de superar las barreras religiosas para progresar.
El crédito que dan a la religión se limitaba a
reconocer la aportación del protestantismo, como si los quince siglos
anteriores de cristianismo tuvieran poca importancia, dice Stark.
En un
capítulo sobre la unión entre razón y teología en el
cristianismo, Stark presenta por qué discrepa con estos intelectuales. El
ascenso de Occidente, mantiene, se ha basado en cuatro victorias
primarias de la razón:
-- La fe en progreso dentro
de la teología cristiana;
-- La transmisión de esta fe
en progreso a las innovaciones técnicas y organizativas, muchas de
ellas fomentadas por los monasterios;
-- La razón ha informado
la teoría y práctica políticas, permitiendo la libertad personal;
--
La razón se aplicó al comercio, dando como resultado el
desarrollo del capitalismo. Un don de Dios Desde los primeros
siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia enseñaron que
la razón era un don de Dios y el medio
para aumentar la comprensión de la Escritura y la revelación.
Las religiones orientales, por el contrario, carecieron de la figura
de un Dios consciente y todo poderoso, que pudiera ser
objeto de reflexión teológica.
El judaísmo y el Islam tenían
el concepto de un Dios suficiente para sostener la teología.
Pero dentro de estas religiones la tendencia fue hacia una
postura construccionista que concebía la escritura como algo que entender
y aplicar, no como la base para una investigación posterior.
El cristianismo considera a Dios un ser racional y el
universo como creado por Él. De esta forma, a la
comprensión humana le aguarda una estructura racional. Y para plantear
el desafío estaban los teólogos de la Iglesia católica, que
durante siglos se implicaron en un cuidadoso razonamiento que llevó
al desarrollo de la doctrina cristiana. Pensadores de primer orden
como Agustín y Tomás de Aquino, explica Stark, celebraban el
uso de la razón como un medio para lograr penetrar
en las intenciones divinas.
Así, cuando tuvo lugar la revolución
científica en el siglo XVI, no fue una irrupción repentina
del pensamiento secular. Más bien, surgió de siglos de progreso
sistemático de loa pensadores escolásticos medievales, y se sostuvo por
una invención cristiana del siglo XII, las universidades. Progreso medieval
Stark dedica un capítulo a derribar la idea de los
«Tiempos Oscuros». Mucho antes de que tuvieran lugar el renacimiento
y la ilustración, la ciencia y la tecnología europeas habían
superado con mucho al resto del mundo. La idea de
que la época medieval fue un periodo de estancamiento «es
una caricatura creada por los intelectuales del siglo XVIII, antirreligiosos
y amargamente anticatólicos», escribe Stark.
Fue en estos siglos cuando
se desarrollaron la energía del agua y el viento de
forma extensa, permitiendo avances enormes en la manufactura de bienes.
Y los notables avances de la tecnología agrícola aumentaron los
campos de cultivo que permitieron alimentar las ciudades.
Lejos de
oponerse a tales avances técnicos, el cristianismo les dio la
bienvenida y los promovió. Por el contrario, tanto el Imperio
otomano como China se opusieron a la construcción de relojes
mecánicos, por ejemplo. Tampoco la actividad económica tuvo que esperar
al protestantismo para prosperar, afirma Stark. Las órdenes monásticas crearon
una suerte de proto-capitalismo.
Estimulados por los aumentos de productividad
debidos a los avances tecnológicos, los monasterios desviaron la tendencia
a una economía de subsistencia hacia un sistema de especialización
y comercio. A su vez, esto facilitó el aumento de
la economía de moneda, como opuesta al trueque, y la
creación del crédito y el préstamo de dinero.
Los monasterios
también desarrollaron la ética del trabajo y el aprecio por
el valor del esfuerzo económico - mucho antes de la
llegada del protestantismo.
Además, los teólogos cristianos (es decir, católicos)
redefinieron ideas relacionadas con la carga de intereses y los
precios justos de los bienes -elementos esenciales para el desarrollo
del capitalismo. Stark también dedica amplio espacio a subrayar el
desarrollo del capitalismo en las ciudades estado italianas, que estimularon
economías prósperas siglos antes la reforma. Libertad e igualdad Aunque
las condiciones para el desarrollo del capitalismo han existido en
algunos países, en ocasiones faltaba el elemento esencial de la
libertad, impidiendo así el progreso económico. La libertad, sostiene Stark,
es una victoria de la razón y fue apoyada por
los teólogos cristianos que durante mucho tiempo teorizaron sobre la
naturaleza de la igualdad y los derechos individuales. De hecho,
el trabajo de los teóricos políticos seculares de tiempos posteriores,
como John Locke, suelen basarse en ideas desarrollados por eruditos
de la Iglesia.
El cristiano en general enseña el valor
del individuo y pone de relieve la importancia de la
responsabilidad personal en las decisiones morales. Unido a esto está
el concento de voluntad libre. Esto era un cambio radical
con respecto al pasado, algo evidente, por ejemplo, en la
literatura. Stara sugiere comparar las tragedias griegas, donde los personajes
son cautivos del destino, con Shakespeare, donde los protagonistas son
claramente responsables de sus acciones.
Stark sostiene además que el
nacimiento de la democracia en Europa occidental debe sus orígenes,
no a la filosofía griega recuperada, sino a los ideales
cristianos. El mundo clásico proporcionó ejemplos de democracia, pero éstos
no se arraigaban en asumir la igual de todos los
ciudadanos. Los ideales enseñados en el Nuevo Testamento, sin embargo,
pusieron la base para afirmar la igualdad fundamental de todas
las personas.
Los derechos de propiedad, otra condición previa vital
para el capitalismo, también deben sus orígenes al cristianismo. Tanto
la Biblia como los teólogos más importantes defienden la propiedad
privada. Tomás de Aquino sostenía que el poseer propiedades es
inherente a la naturaleza humana.
La enseñanza cristiana también contribuyó
mucho al concepto de separación entre la iglesia y el
estado, y a la limitación de los poderes del soberano
sobre los ciudadanos. Estos dos factores permitieron a Occidente evitar
un punto muerto del sistema político que condujera al uso
arbitrario e ilimitado de la autoridad política, que obstaculiza el
desarrollo de una economía moderna. Razón y fe Stark no
reclama originalidad alguna por sus ideas. Precisa que historiadores eminentes
como Henri Pirenne y Fernand Braudel establecieron hace mucho que
los hechos históricos contradicen la noción de que la ética
protestante del trabajo fue la fuerza que estuvo detrás del
capitalismo.
Luego, en 1925, el conocido filósofo y matemático Alfred
North Whitehead declaró que la ciencia surgió en Europa debido
a la fe en la posibilidad de la ciencia, a
su vez derivada de la teología medieval. Con todo, estas
verdades se han visto oscurecidas por los mitos populares, afirma
Stark.
Al concluir, Stark se pregunta si el cristianismo es
irrelevante para la modernidad, ahora que la ciencia y el
capitalismo se han establecido tan firmemente. Pero, se apresura a
cuestionar, ¿si el cristianismo fuera irrelevante cómo podemos explicar su
rápida expansión en muchos países?
Stark observa que en África
están creciendo las denominaciones cristianas y, en muchas partes del
mundo, las iglesias protestantes están convirtiendo a gran número de
personas, o quizá de forma más precisa, cristianizando a muchos
que previamente no habían practicado su religión. El cristianismo también
está creciendo en China, a pesar de la oposición del
gobierno.
«Para muchos no europeos, hacerse cristiano es intrínseco a
ser moderno», afirma Stark. Razón y fe, al parecer, no
están destinadas a oponerse.
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