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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org La Encíclica «Deus Caritas Est» y «Los cuatro amores» de C. S. Lewis
Entrevista con Andrea Monda autora de Invito alla lettera di C.S. Lewis e Il Mondo di Narnia en los que profundiza en la obra del escritor C. S. Lewis.
La Encíclica «Deus Caritas Est» y «Los cuatro amores» de C. S. Lewis
Periodista y escritor, Andrea Monda sostiene que en la primera
Encíclica de Benedicto XVI («Deus caritas est», sobre el amor
cristiano) es posible encontrar afinidades con «Los cuatro amores», del
célebre escritor C. S. Lewis.
«Edizioni San Paolo» se ha
encargado de publicar dos volúmenes de Monda sobre el autor
irlandés: «Invito alla lettera di C.S. Lewis» (2000) y, junto
a Paolo Gulisano, «Il Mondo di Narnia» (2005).
Clive Staples
Lewis nació en Belfast, Irlanda el 29 de noviembre de
1898. Se formó en Oxford, donde fue tutor y miembro
del consejo de gobierno en el Magdalen College de 1925
a 1954, año en que fue nombrado profesor de Literatura
Medieval y Renacentista en Cambridge. Era muy destacado y ejerció
una influencia muy profunda entre sus alumnos. Murió en Oxford
el 22 de noviembre de 1963.
Ateo durante muchos años,
describió su conversión al cristianismo en Cautivado por la alegría.
Dotado de una inteligencia excepcionalmente brillante y lógica, llegó a
ser uno de los escritores más influyentes de nuestro tiempo.
Entre sus obras –cuyas traducciones son conocidas por millones de
personas en todo el mundo— las hay de ficción, se
cuenta la conocida serie de libros infantiles Las crónicas de
Narnia --obra alegórica y fantástica sobre la eterna lucha del
bien y el mal bajo--, Cartas del diablo a su
sobrino–también muy popular--, El problema del dolor o Los cuatro
amores.
De las afinidades de ésta última obra con la
primera encíclica de Benedicto XVI habló Monda con Zenit. --¿Cuáles
son las relaciones entre el Pontífice Benedicto XVI y el
escritor irlandés?
--Andrea Monda: Es sabido que el entonces cardenal
Joseph Ratzinger leyó y apreció varias obras del escritor C.
S. Lewis (que hoy vuelve a ser famoso en todo
el mundo por la película basada en su best-seller Las
Crónicas de Narnia) y cada tanto vuelven a aflorar huellas
de aquella experiencia también en los textos del Papa Benedicto
XVI, incluso en la Encíclica «Deus Caritas Est» . --¿En
qué pasajes en particular?
--Andrea Monda: Ante todo en la
elección de poner en el centro de su reflexión el
amor, esencia de la doctrina cristiana y, en especial, al
haber dedicado la primera parte de la Encíclica a la
comparación y distinción entre eros y agapé (con una breve
alusión a philia). Es muy probable que el Sumo Pontífice
se haya acordado del espléndido ensayo de Lewis Los cuatro
amores, de 1960, en el que el escritor analiza cuatro
formas de amor: el afecto, la amistad (philia) y precisamente
el eros y la caridad (agapé).
Pero no es sólo
en la estructura donde se percibe una armonía, sino también
en los contenidos: la aguda inteligencia de Lewis va al
núcleo de la fe cristiana con la misma capacidad de
penetración que el pontífice alemán, y la misma habilidad para
iluminar, explicar y brindar a la atención del lector. --¿Puede
ofrecer algún ejemplo?
--Andrea Monda: Escribe por ejemplo Lewis, hablando
de la caridad, que «...el amor-dádiva natural va siempre dirigido
a objetos que el enamorado considera en cierto modo intrínsecamente
dignos de amor... Pero el divino amor-dádiva en el hombre
le permite también amar lo que no es naturalmente digno
de amor: los leprosos, los criminales, los enemigos, los retrasados
mentales, a los amargados, a los orgullosos y a los
despreciativos».
Y más adelante, sigue afirmando: «Nosotros queremos ser amados
por nuestra inteligencia, belleza, generosidad, honradez, eficacia. Al advertir, en
cambio, que alguien nos está ofreciendo amor supremo –la caridad--
esto nos produce un impacto terrible... En un caso similar
recibir es más duro y tal vez más meritorio que
dar... Todos los que tienen buenos padres, esposas, maridos o
hijos pueden estar seguros de que a veces –y quizá
siempre, respecto a algún rasgo o hábito en concreto— están
recibiendo caridad, que no son amados porque son amables, sino
porque el Amor en sí mismo está en quienes los
aman».
Es muy probable que el Santo Padre se haya
acordado de esa página de Lewis cuando, en el punto
17 de la Encíclica escribió que «Él nos ha amado
primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder
también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento
que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama
y nos hace ver y experimentar su amor, y de
este “antes” de Dios puede nacer también en nosotros el
amor como respuesta»; y en el punto siguiente, prosigue afirmando
que «de este modo se ve que es posible el
amor al prójimo en el sentido enunciado por la Biblia,
por Jesús. Consiste justamente en que, en Dios y con
Dios, amo también a la persona que no me agrada
o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo
a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que
se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar
el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona
no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde
la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Más
allá de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo
interior de un gesto de amor, de atención, que no
le hago llegar solamente a través de las organizaciones encargadas
de ello, y aceptándolo tal vez por exigencias políticas. Al
verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro
mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada
de amor que él necesita». --Amor, literatura y espiritualidad... ¿Cómo
logran convivir?
--Andrea Monda: Es verdad que el Espíritu sopla
donde quiere: un filólogo-escritor de fantasías, laico y anglicano (por
más que estuviera próximo al catolicismo), y un teólogo católico
alemán, hoy Pastor Universal de la Iglesia católica, se encuentran,
se vuelven a hallar unidos en el pensamiento y en
la palabra, unidos por el Espíritu del Amor.
Viene a
la mente que tenía razón el escritor inglés Gilbert Keith
Chesterton (1874-1936), leído y querido por Lewis y por Ratzinger,
cuando escribió que la Iglesia es el lugar en el
que todas las verdades se dan cita.
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