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Autor: Emilio Palafox Marqués | Fuente: Yoinfluyo.com Baja credibilidad de The New York Times
Emilio Palafox Marqués (Yoinfluyo.com) nos ofrece una reflexión sobre fe y razón derivada de una serie de publicaciones del New York Times
Baja credibilidad de The New York Times
miércoles, 04 de marzo de 2009
Creación y evolución.
Un encuentro con el Papa Benedicto XVI en Castelgandolfo. Autores
varios. Editorial Claret, Barcelona 2008, 210 páginas. Libro publicado en
2007 en alemán, aparece en 2008 en español, con las
intervenciones de 40 intelectuales, biólogos y teólogos del “Círculo de
alumnos de Ratzinger” que, en septiembre de 2006, se dieron
cita en Castelgandolfo con Benedicto XVI para dialogar sobre “Creación
y evolución”. Participaron como relatores el Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo
de Viena; Robert Spaemann, uno de los más destacados
filósofos alemanes de las últimas décadas; el profesor austriaco Peter
Schuster; Paul Elbrich, profesor de Filosofía de la Naturaleza en
Munich, entre otros.
Sin ningún fundamento conocido, The New York Times
sostenía a este propósito la incompatibilidad entre darwinismo y catolicismo,
y sentenciaba: “después de esta reunión no se publicará ningún
documento”. Los documentos se han publicado, el libro está a
la venta en todo el mundo y sigue abierto un
sincero diálogo entre la ciencia y la fe. Está en
baja la credibilidad del NYT.
Para el lector interesado trascribo ahora
mi propia publicación de septiembre 2006.
El lector se queda perplejo
ante el artículo “Darwinismo y catolicismo: Incompatibles. Encabeza Benedicto XVI
seminario sobre evolución”, publicado en The New York Times y
difundido por la prensa de habla hispana el domingo 3
de septiembre de 2006. Pocos lo habrán leído completo… pero
si alguien lo hizo, tal vez reconozca “no entendí nada”,
como me confiaba un notable profesional. Parecería que el objeto
del artículo fuera confundirnos ante el encuentro clarificador que se
daba en esos momentos en Castelgandolfo entre el Papa Benedicto
XVI y unos notables teólogos y científicos sobre el tema
“Creación y evolución”.
El diario estadounidense hizo una mezcla confusa de
ciencia, religión y política, y el así llamado “diseño inteligente”,
según su costumbre de enfrentar opiniones controvertidas y concluir en
la sospecha de que “algo anda mal”. El artículo anunciaba
que “después de esta reunión no se publicará ningún documento
ni tampoco se dará ninguna conferencia de prensa”, dando la
impresión de un oscuro e insalvable enfrentamiento entre ciencia y
religión.
Los lectores del NYT deberían tranquilizarse al saber que las
intervenciones del encuentro se van a publicar; que la ciencia
y la fe católica se armonizan y complementan, nunca se
contraponen. Ya lo afirmó agudamente Juan Pablo II, para quien
el supuesto conflicto creación-evolución se desvanece a la luz sincera
del estudio:
“No surgen obstáculos a partir de una fe rectamente
comprendida en la creación, o de una enseñanza correctamente entendida
del evolucionismo: la evolución, en efecto, presupone la creación; la
creación, en el contexto de la evolución, se plantea como
un acontecimiento que se extiende en el tiempo –como una
creación continua–, en la cual Dios se hace visible como
‘Creador del Cielo y la Tierra’ a los ojos del
creyente” (Conferencia, 26-IV-85). Es decir, nada evolucionaría si no hubo
creación. “La creación es evolvente” (Xavier Zubiri).
El título del NYT
es significativo: “Darwinismo y catolicismo: Incompatibles”... Si por “darwinismo” entendemos
una ideología materialista sobre la evolución de la vida y
el origen del hombre, que excluye a Dios y la
trascendencia humana, ciertamente es incompatible con la fe católica. Pero
si el darwinismo es una explicación científica de la evolución
biológica –muy difundida, pero no la única–, que en nada
excluya la trascendencia del hombre, dotado de alma espiritual, no
hay entonces incompatibilidad alguna entre el darwinismo y la fe
católica. Ciencia y fe se armonizan. Las ideologías materialistas, en
cambio –de cualquier época y signo: nazismo, marxismo, darwinismo social,
laicismo…–, siempre se han opuesto a la fe.
“Ratzinger Schuelerkreis” –el
círculo de alumnos de Ratzinger– es el grupo de ex
alumnos del actual Papa que una vez al año se
reúnen con su antiguo profesor de teología para reflexionar sobre
un tema previsto. Este año se dieron cita en Castelgandolfo
con Benedicto XVI 40 intelectuales, biólogos y teólogos para dialogar
sobre “Creación y evolución”. Participaron como relatores el Cardenal Christoph
Schönborn, Arzobispo de Viena; Robert Spaemann, uno de los
más destacados filósofos alemanes de las últimas décadas; el profesor
austriaco Peter Schuster; Paul Elbrich, profesor de Filosofía de la
Naturaleza en Munich, entre otros.
Peter Schuster, director del Instituto de
Química Teórica de la Universidad de Viena y presidente electo
de la Academia Austriaca de las Ciencias, ha comentado: “He
tenido la impresión que, con ocasión de la publicación de
las intervenciones, en noviembre, el Papa escribirá una introducción”. Schuster,
que no es católico, señaló que “el Papa posee una
mente muy aguda, que capta inmediatamente las cuestiones centrales”.
Según
Schuster, el encuentro, con todo y las “naturales divergencias de
opinión (…), ha sido una discusión muy amigable”. Y añade:
“Creo que sin duda ha habido un progreso en el
diálogo”.
“También pienso –dice el profesor austriaco– que muchas veces se
toman los argumentos científicos y se los transfiere al campo
de las ciencias sociales, como por ejemplo en el caso
de los regímenes comunista y nazi con el darwinismo social;
aquí estamos frente a una ideología. ¡Pero ciertamente ésta no
es ciencia!”.
Explicó en la mima entrevista –que sí las hubo–,
que durante el encuentro “hemos concordado en el hecho que
la biología evolutiva es una ciencia en desarrollo, y, como
las otras teorías, presenta aspectos que aún no han sido
explicados, y habrá necesidad de nuevos desarrollos y nuevas respuestas”.
Como
Papa, Benedicto XVI ya había hablado de este tema. ¿Recuerda
el lector la Misa de Inauguración de su Pontificado, el
24 de abril de 2005? ¡Inolvidable! En ella afirmó con
claridad: “No somos el producto casual, sin sentido, de la
evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un
pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada
uno es amado, cada uno es necesario”. Como se ha
hecho notar, Benedicto XVI sigue en sus intervenciones la pedagogía
de negar primero algo falso, para afirmar y clarificar después
la verdad.
Creación-evolución: El hombre es el fruto final –pensado y
querido por el Creador– de un largo y complejo proceso
natural que se llama evolución biológica. Pero el hombre no
es sólo un animal evolucionado. “Refiriéndonos al hombre podríamos decir
que nos encontramos ante una diferencia de orden ontológico”, afirma
Juan Pablo II (Discurso, 22-X-1996). Es decir, la diferencia entre
animal y hombre es esencial, no sólo gradual. Unidos biológicamente,
una diferencia esencial separa al animal del hombre, cuyo fascinante
misterio el autor de esta columna viene formulando así: En
el origen del hombre se dan, a la vez, una
continuidad física y una discontinuidad metafísica. Al respecto, el neurofisiólogo
John C. Eccles habla de “evolución del cerebro, creación de
la conciencia”.
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