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Autor: Vatican.va | Fuente: Vatican.va Los orígenes de "L´Osservatore Romano"
Breve introducción a la historia del Semanario Romano.
Los orígenes de "L´Osservatore Romano"
El primer número de L´Osservatore Romano salió en la Urbe
el 1 de julio de 1861, pocos meses después de
la proclamación del Reino de Italia (17 de marzo de
1861). La finalidad de la publicación era claramente apologética, para
defender el Estado Pontificio, y sus objetivos eran polémico-propagandísticos. El
diario tomó el nombre de una hoja privada anterior (5
de septiembre de 1849 - 2 de septiembre de 1852),
dirigida por el abad Francesco Battelli y financiada por un
grupo católico legitimista francés.
El nacimiento de L´Osservatore Romano está
estrechamente vinculado con la derrota bélica sufrida por las tropas
Pontificias en Castelfidardo (8 de septiembre de 1860). Después de
ese acontecimiento, mientras el poder temporal del Pontífice quedaba muy
reducido en su extensión territorial y en toda Europa no
parecía existir una potencia dispuesta a defenderlo, gran número de
intelectuales católicos comenzaron a llegar a Roma con el firme
deseo de ponerse al servicio de Pío IX.
Por ello, las
autoridades Pontificias, decididas a reconstituir el status quo ante, comenzaron
a pensar en una publicación diaria de índole privada, que
saliera en defensa del Estado Pontificio y de los principios
que promovía.
Ya desde el 20 de julio de 1860, el
Ministro sustituto de Interior, Marcantonio Pacelli, quería que al boletín
oficial Il Giornale di Roma se le añadiera una publicación
polémica y aguerrida de índole oficiosa que llevara el nombre
de L´Amico della Verità. La elaboración del proyecto requirió tiempo
y es probable que llegara a oídos del marqués Augusto
Baviera, conocido publicista, conciudadano de Pío IX, que ese mismo
verano (el 19 de agosto) había solicitado licencia para publicar
un periódico bisemanal -más de cultura que de política-, que
debería tomar el antiguo nombre de L´Osservatore dirigido por Battelli.
En
los primeros meses de 1861, vino a pedir ayuda al
Gobierno pontificio un famoso polemista de Forlì, Nicola Zanchini. A
éste y a otro exiliado, el activo periodista Giuseppe Bastia,
que había llegado de Bolonia, les fue concedida la dirección
del periódico proyectado por Pacelli. El 22 de junio de
1861, el Ministerio Pontificio de Interior, a cuya competencia estaba
la Prensa, recibió un manuscrito firmado por los suplicantes Zanchini
y Bastia, que solicitaban el permiso de publicación. Dos días
después, la propuesta se estaba ya discutiendo en Consejo de
Ministros.
Finalmente, el día 26, en la audiencia pontificia, Pío
IX concedía su asentimiento al "Reglamento" de L´Osservatore. He aquí
algunos de sus artículos:
Art. 1: El diario concedido a
los señores abogados Nicola Zanchini y Giuseppe Bastia tendrá como
título -L´Osservatore Romano- y será publicado con números progresivos, con
los que se puedan formar volúmenes. Su publicación tendrá lugar
los días y horas establecidos en el correspondiente Manifiesto de
asociación, en el que se especificarán también el formato del
papel, la calidad de los tipos, el precio y las
demás condiciones de dicha asociación.
Art. 2: El fin que
ha de buscar dicho diario es: 1
- Desenmascarar y refutar las calumnias que se lanzan contra
Roma y contra el Pontificado Romano. 2
- Dar a conocer los acontecimientos más destacados que sucedan
en Roma y fuera de ella. 3
- Recordar los principios inmutables de la Religión católica y
los de la justicia y del derecho, como bases inconmovibles
de toda vida social ordenada. 4 -
Instruir en los deberes para con la patria.
5 - Suscitar y promover la veneración al Augusto
Soberano y Pontífice. 6 - Recoger e
ilustrar todo lo que en las artes, las letras y
las ciencias valga la pena señalar al público, y especialmente
las invenciones y aplicaciones relativas, que se realicen en los
Estados Pontificios.
El primer número del diario se presentaba así al
lector: en la cabecera aparecía el lema: "L´Osservatore
Romano - diario político-moral", precio de un número 5 baj.
Luego se explicaban los "pactos de la asociación" para quien
quisiera suscribirse.
Un poco más abajo se hallaban el "Aviso" a
los posibles asociados y el artículo de fondo, que llevaba
por título "L´Osservatore Romano a sus lectores", y que era
una dura arenga contra la política de Cavour, que acababa
de fallecer.
Los primeros números se componían de cuatro páginas, en
las que se trataban todos los asuntos polémicos que caracterizarían
la "línea editorial" durante mucho tiempo.
Al final de 1861, eliminado
el subtítulo "diario político-moral", aparecieron bajo la cabecera los lemas
unicuique suum y non praevalebunt, presentes hasta la fecha.
Al comienzo,
L´Osservatore no tuvo ni siquiera una sede: los primeros
redactores -como Bayard de Volo, Anton Maria Bonetti, Ugo Flandoli,
don Nazareno Ignazi, Costantino Pucci, Paolo Pultrini, Telesforo Sarti- se
reunían en la tipografía de los Salviucci, en la plaza
de los Santos Apóstoles, n. 56, donde se imprimía el
diario. Sólo desde 1862 la redacción tuvo su sede en
el palacio Petri, en la plaza de los Crociferi, donde
poco después se establecería la tipografía propia. El primer número
se imprimió allí el 31 de marzo, fecha en que
a la cabecera se le añadieron las palabras Giornale quotidiano.
El
30 de junio de 1865 los dos abogados Zanchini y
Bastia cedieron la propiedad, aunque el cambio entró en vigor
sólo al inicio del año siguiente, al marqués de Baviera.
éste, en los primeros meses de dirección, contó con la
colaboración del boloñés Giovan Battista Casoni que, en 1890, se
convertiría en director único. El diario se presentó inmediatamente con
un programa de vanguardia y con un espíritu de independencia
y se enzarzó en ásperas polémicas con otras publicaciones italianas
y extranjeras, defendiendo a la Iglesia y los principios del
derecho humano.
En su primer decenio de vida L´Osservatore Romano dedicó
mucho espacio a los asuntos de política internacional, incluida la
"Cuestión romana". Casi nunca se discutían problemas puramente políticos; más
bien, se destacaban la justicia o injusticia de actos públicos
y sus consecuencias para la religión católica y para la
moral de la sociedad. También los temas de índole religiosa,
eclesiástica y económico-social, encontraban espacio en la primera página. De
esta forma, pronto el diario se caracterizó como "espejo leal
y bastante completo no sólo de las opiniones y de
los deseos de la mayoría de los católicos romanos, sino
también de las opiniones y deseos -al menos en sus
formas exteriores y públicas- del mismo Gobierno del Papa".
Con la
Brecha de "Porta Pia" (20 de septiembre de 1870), L´Osservatore
Romano dejó de ser órgano "semioficial" del Estado Pontificio y
se convirtió en un diario de oposición dentro del reciente
y ampliado Reino de Italia. Después de cerca de un
mes de suspensión, el diario reanudó su publicación el 17
de octubre. En esa ocasión ofreció en primera página una
declaración de obediencia al Papa y de total adhesión a
sus directrices, reafirmando que permanecería fiel "al inmutable principio de
religión y de moral del que se reconoce único depositario
y defensor, el Vicario de Jesucristo en la tierra". En
el clima particularmente ardiente de esos años, el diario fue
secuestrado varias veces, pero nada impidió a los redactores reanudar
su combate de fe y de ideas. Más aún, pronto
L´Osservatore Romano comenzó a sustituir al Giornale di Roma, el
órgano oficial del Estado Pontificio, en la comunicación de noticias
oficiales relativas a la Iglesia. Eso aconteció de forma más
evidente bajo el pontificado de León XIII, que adquirió la
propiedad del diario y, desde 1885, lo convirtió en el
órgano de información de la Santa Sede.
Fiel a sus orígenes,
en estos 146 años de vida, L´Osservatore Romano ha continuado
su tarea al servicio de la Verdad. Con pasión y
sin temor a ser voz que canta fuera del coro,
ha documentado la historia de pueblos y naciones. Y sobre
todo ha proseguido su servicio privilegiado para la difusión del
Magisterio del Sucesor de Pedro.
Con ocasión del centenario de fundación
del diario, Juan XXIII escribió:
Los cien años transcurridos no sólo
han hecho a este periódico testigo, sino también artífice de
historia: pues, estrechamente unido, por la misma cercanía del
lugar, a la Sede Apostólica y siguiendo diligentemente su magisterio,
ha aportado continuamente, al promover el Reino de Cristo en
la tierra, lo que tienen en gran estima los fieles
católicos y todas las personas honradas: ha afirmado la
verdad, defendido la justicia, promovido la causa de la verdadera
libertad, tutelado la honradez y el honor de la condición
y dignidad humanas. En los tiempos tranquilos y en los
agitados, entre los acontecimientos cambiantes, siempre ha mantenido la misma
constancia, la misma moderación y equidad, el mismo sentimiento de
piedad hacia el género humano, alimentado por la caridad cristiana,
pues no fundaba su modo de pensar y actuar en
las pasiones de los míseros mortales, sino en la verdad
y la justicia divinas. De ese modo, se convertía en
ejemplo excelso de toda publicación análoga, dado que despreciar la
religión, desviarse de la verdad con falsas interpretaciones, burlarse de
la virtud, exaltar los vicios y los delitos es suma
vergüenza, que resulta aún más nefasta cuando en nombre de
la libertad se actúa la licencia desenfrenada y se prepara
así la ruina de la sociedad humana.
Y, treinta años después,
con ocasión de la introducción de las nuevas tecnologías informáticas
en la elaboración del diario, Juan Pablo II dirigió al
Director Responsable la siguiente carta: "Today, 1 July 1991, in
conjunction with the 130th anniversary of its establishment, "L´Osservatore Romano"
opens a new chapter in its history as it begins
utilizing the technology of photocomposition. This new phase promises even
greater fruit in the service which this journal authoratively gives,
following the steps of the papal Magisterium, to ecclesial communion
and modern social communications.
Hoy, 1° de julio de 1991, en
coincidencia con el 130° aniversario de fundación, "L´Osservatore Romano" abre
un nuevo capítulo de su historia, comenzando la utilización de
la tecnología de la fotocomposición. La nueva fase permite esperar
frutos aún mejores en el servicio que este periódico presta
autorizadamente, siguiendo al Magisterio pontificio, a la comunión eclesial y
a la comunicación social moderna.
Gustoso invoco
la asistencia divina para redactores y técnicos, colaboradores y lectores,
llamados, con dones diversos, a hacer presente en el mundo,
mediante las nuevas técnicas editoriales, la Palabra de Dios y
la enseñanza de la Iglesia. Es un servicio a la
humanidad entera, deseosa de hallar "canales de esperanza" de los
que se puedan sacar confianza y valentía evangélicas.
Al desear que la fatiga diaria, inspirada por la fe
y confortada por el amor, amplíe los espacios de la
comprensión y de la solidaridad entre los hombres y los
pueblos, reflejando constantemente la "luz de las gentes", Cristo, que
resplandece en el rostro de la Iglesia universal y de
las Iglesias locales, a todos imparto de corazón con estima
y afecto mi bendición. .
Los Papas de L´Osservatore Romano
Pío IX
(1846-1878) León XIII (1878-1903) Pío X (1903-1914) Benedicto XV (1914-1922) Pío XI (1922-1939) Pío XII
(1939-1958) Juan XXIII (1958-1963) Pablo VI (1963-1978) Juan Pablo I (1978-1978) Juan Pablo II
(1978-2005) Benedicto XVI
Los Directores
Nicola Zanchini y Giuseppe Bastia (1861-1866) Augusto Baviera (1866-1884) Cesare
Crispolti (1884-1890) Giovan Battista Casoni (1890-1900) Giuseppe Angelini (1900-1919) Giuseppe Dalla Torre di
Sanguinetto (1920-1960) Raimondo Manzini (1960-1978) Valerio Volpini (1978-1984) Mario Agnes (1984-2007) Giovanni Maria Vian
Las
Ediciones
Semanario en lengua francesa (1949) Semanario en lengua italiana (1950) Semanario en
lengua inglesa (1968) Semanario en lengua española (1969) Semanario en lengua portuguesa
(1970) Semanario en lengua alemana (1971) Periódico mensual en lengua polaca (1980) Edición
en lengua española
Esta edición, que nació el 5 de enero
de 1969, como escribió el Papa Juan Pablo II con
ocasión del número 1.000 del semanario, sirve de "vínculo de
comunicación eclesial entre tantos agentes de pastoral y fieles cristianos
que en España y en América Latina viven y testimonian,
con sus cotidianos afanes misioneros, el mensaje de Jesucristo". El
área principal de difusión del semanario abarca, además de España,
los diecinueve países americanos de habla castellana. Es significativo, al
respecto, el hecho de que al primer responsable de esta
edición, don Cipriano Calderón, nombrado obispo a fines de 1988,
se le encomendó el encargo de vicepresidente de la Pontificia
Comisión para América Latina.
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