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Autor: Edward Pentin, traducido del inglés por Nieves San Martín | Fuente: Zenit.org Ennio Morricone: La fe siempre está presente en mi música
El compositor habla sobre la espiritualidad de su trabajo
Ennio Morricone: La fe siempre está presente en mi música
ROMA, domingo, 13 septiembre 2009 (ZENIT.org).- Puede que usted no
reconozca su nombre pero seguramente ha escuchado su música. El
maestro Ennio Morricone es ampliamente considerado uno de los mejores
compositores de partituras de películas de Hollywood.
Más conocido por
las memorables y melancólicas bandas sonoras de los "spaghetti westerns"
de los años sesenta, como "El bueno, el feo y
el malo", "Por un puñado de dólares", y "Hasta que
llegó su hora", para muchos católicos quizá es más apreciado
por su conmovedora partitura de "La Misión", un filme de
1986 sobre los jesuitas misioneros en la Sudamérica del siglo
XVIII. Pero su aportación a la industria del cine se extiende
más allá de su más famosas obras, habiendo escrito la
partitura de unos 450 filmes y trabajado con los principales
directores de Hollywood, desde Sergio Leone a Bernardo Bertolucci, Brian
De Palma o Roman Polanski.
Y con 80 años sigue en
plena ebullición. El legendario compositor acaba de terminar la banda
sonora de "Baaria" de Giuseppe Tornatore, una película italiana que
abrió el Festival de Cine de Venecia de este año,
mientras que Quentin Tarantino le invitó a escribir la partitura
de su último filme "Bastardos sin gloria" (dificultades de calendario
impidieron a Morricone escribirla, pero permitió a Tarantino usar en
su lugar pasajes de su obra previa en el filme).
El renombrado compositor italiano también sigue obteniendo premios prestigiosos: a
principios de este año, Nicolas Sarkozy, presidente francés, le nombró
Caballero de la Orden de la Legión de Honor, el
más alto galardón del país. Esto se suma a una
larga lista de otros reconocimientos mayores, incluyendo el Premio Honorífico
de la Academia, cinco nominaciones al Oscar, cinco Baftas y
un Grammy.
A pesar de eso, el maestro Morricone, que nació
en Roma, prefiere mantenerse fuera de las cámaras y raramente
concede entrevistas. Por lo tanto, fue una sorpresa cuando amablemente
accedió a hacer una excepción para invitar a ZENIT a
su apartamento en el centro de Roma para hablar principalmente
sobre su fe y su música.
En su casa destaca un
impoluto gran piano negro al lado de la ventana de
un gran cuarto de estar decorado con gusto, artísticamente revestido
de murales, cuadros clásicos y paneles de caoba. Pero Morricone,
casado, con cuatro hijos ya mayores, es un hombre humilde
sin aires, y responde a las preguntas al modo típicamente
romano: directamente y al grano. Inspiración
Empiezo preguntándole si su música,
que muchos consideran muy espiritual, está inspirada por su fe.
Aunque se describe como un "hombre de fe", adopta un
punto de vista muy profesional sobre su trabajo. "Pienso en la
música que tengo que escribir, la música es un arte
abstracto --explica--. Pero, por supuesto, cuando tengo que escribir una
pieza religiosa, ciertamente mi fe contribuye a ello".
Añade que tiene
interiormente una "espiritualidad que siempre permanece en mi composición",
pero no es algo que desea hacer presente, sencillamente la
siente.
"Como creyente, esta fe probablemente está siempre allí, pero corresponde
a los otros darse cuenta de ella, los musicólogos y
quienes analizan no sólo las piezas de música sino que
también tienen una comprensión de mi naturaleza, y de lo
sagrado y lo místico", explica.
Ahora bien, reconoce que cree que
Dios le ayuda a "escribir una buena composición, pero esa
es otra historia".
Da una similar respuesta profesional y honesta cuando
se le pregunta si tiene algún remordimiento al escribir música
para filmes gratuitamente violentos.
"Se me pide ponerme al servicio al
filme --dice--. Si el filme es violento, entonces compongo música
para un filme violento. Si un filme es sobre amor,
trabajo para un filme de amor. Quizás puede haber filmes
violentos en los que hay sacralidad o elementos místicos, pero
no busco voluntariamente estos filmes. Trato de conseguir un equilibrio
con la espiritualidad del filme, pero el director no siempre
piensa de la misma manera".
Ennio Morricone inició su carrera musical
en 1946 tras recibir un diploma de trompeta. Al año
siguiente, era ya compositor de música de teatro, así como
músico en una banda de jazz para mantener a su
familia. Pero su carrera en la música cinematográfica, que empezó
en 1961, se inició un par de años después cuando
comenzó a trabajar con su viejo amigo de escuela, Sergio
Leone y su serie de "spaghetti westerns".
Quizá es más
famoso por este género, a pesar de que dice que
estas películas constituyen sólo el ocho por ciento de su
repertorio, y que rechazó un centenar de otras películas similares.
"Todos me pedían hacer westerns --reconoce--, pero intenté no hacerlos
porque prefiero la variedad".
Un milagro técnico Hablando de la "La Misión",
dice que lo grande de la partitura de este filme
era su "efecto técnico y espiritual". Con ello, se refiere
al modo en que logró combinar tres temas musicales de
la película. La presencia de violines y el oboe del
padre Gabriel representa "la experiencia del Renacimiento del progreso de
la música instrumental". El filme luego se mueve hacia otras
formas de música que surgieron de la reforma de la
Iglesia del Concilio de Trento, y acaba con la música
de los nativos indígenas.
El resultado fue un tema "contemporáneo" en
el que los tres elementos --los instrumentos que surgieron del
Renacimiento, la música reformada posconciliar, y las melodías étnicas-- se
combinan armoniosamente al final del filme.
"El primero y el segundo
tema van juntos, el primero y el tercero pueden ir
juntos, y el segundo y el tercero van juntos --explica
Morricone--. Esto era mi milagro técnico y creo que fue
una gran bendición".
El compositor italiano asegura que no tiene
una fórmula para una partitura cinematográfica de éxito.
"Si lo supiera,
habría escrito más música como ésta", dice añadiendo que la
calidad de la música depende de si está feliz o
triste.
"Cuando era menos feliz, siempre me salvé con profesionalidad y
técnica", reconoce. No menciona ninguna pieza o película favorita. "Me gustan
todas porque todas me han dado algún tipo de tormento
y sufrimiento cuando trabajaba en ellas, pero no debo y
no quiero hacer distinciones", dice.
Pasamos al tema de otro sutil
músico: el Papa Benedicto XVI. Morricone dice que tiene
"muy buena opinión" del Santo Padre. "Me parece que es
un Papa de mente sabia, un hombre de gran cultura
y también gran fuerza", afirma. Es especialmente elogioso con los esfuerzos
de Benedicto XVI de reformar la liturgia, un asunto que
Morricone siente con gran fuerza.
"Hoy la Iglesia ha cometido un
gran error, retrasando el reloj 500 años con las guitarras
y las canciones populares --argumenta--. No me gusta nada. El
canto gregoriano es una tradición vital e importante de la
Iglesia y desperdiciarlo por mezclas de palabras religiosas y profanas
de chicos, canciones occidentales es extremadamente grave, extremadamente grave".
Afirma que
es volver atrás las manecillas del reloj porque lo mismo
sucedió antes del Concilio de Trento cuando los cantores mezclaban
lo profano con la música sagrada. "El Papa hace bien
en corregirlo --observa--. Debería corregirlo con mucha más firmeza. Algunas
iglesias han tenido en cuenta sus correcciones, pero otras no".
El
maestro Morricone parece en forma y considerablemente más joven de
su edad, lo que le permite seguir dando conciertos alrededor
del mundo. De hecho, está más solicitado que nunca: el
próximo mes interpretará sus bandas sonoras en al Anfiteatro de
Hollywood Los Angeles.
A pesar de toda esta fama y distinciones,
este famoso compositor no ha perdido nada de su humildad
y realismo romano. Es quizás esto, más que sus conmovedoras
y únicas composiciones, lo que le hace de él uno
de los grandes de Hollywood.
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