La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Emmo. y Excmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid | Fuente: Archimadrid.es La Televisión católica: una necesidad pastoral urgente
Mensaje del Emmo. y Excmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid con motivo del I Congreso Mundial de Televisiones Católicas, organizado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y por el Arzobispado de Madrid.
La Televisión católica: una necesidad pastoral urgente
Madrid, 7 de octubre de 2006 LA TELEVISIÓN CATÓLICA Una necesidad pastoral
urgente
Mis queridos hermanos y amigos:
Nadie duda hoy después de medio siglo de experiencias de
la Televisión y con la Televisión como el medio de
comunicación social más característico de nuestro tiempo, que se trata
de un instrumento de colosal influencia en la configuración de
las costumbres y valores de todo orden –económicos, políticos y
culturales– que rigen la sociedad actual, y a la que
no se escapa tampoco la determinación de los principios y
criterios personales más íntimos en las vidas de las personas,
más aún, de sus convicciones morales y religiosas, e, incluso,
de su fe.
Si la
Iglesia entró de lleno en el campo de los modernos
medios de comunicación social desde los primeros albores de la
prensa escrita –¿cuántos
no recordarán todavía las campañas de “la buena prensa” organizadas
en la primera mitad del siglo pasado?–, convencida de que
en ese mundo nuevo, pública y globalmente intercomunicado, se ventilaban
en grande y decisiva medida las posibilidades de la acogida
de la fe y de la evangelización del hombre contemporáneo,
¿cómo no iba a entrar incluso con mayor interés e
intensidad en ese espacio nuevo de la comunicación de masas,
extraordinariamente atractivo y fascinante, que se sirve no sólo de
la transmisión del sonido, sino también de la imagen? Todas
las investigaciones sociológica, y los datos estadísticos que arrojan, nos
revelan que el seguimiento de la Televisión ocupa en la
vida familiar y en el de las personas individuales un
largo espacio de su jornada diaria. La sugestión que ejerce
sobre los niños y los jóvenes, en una etapa extraordinariamente
delicada en la formación de su personalidad humana y cristiana,
es bien conocida de los que son responsables directos de
su educación integral: en la familia, en primer lugar, y,
luego, en la escuela, y, por supuesto, en las comunidades
parroquiales u otras realidades eclesiales a las que pertenecen.
La Iglesia se halla, por su
parte, inmersa en un momento histórico de su vida, en
el que la toma de conciencia de lo que constituye
lo más esencial de su misión –el anuncio de Jesucristo,
la Evangelización– ha centrado sus mejores y más ricas energías.
La llamada de Juan Pablo II a una Nueva Evangelización
y el impulso luminoso y vigoroso de Benedicto XVI, en
su primer año de Pontificado, para ofrecer al mundo la
luz de la fe en el encuentro con la razón
son los signos más relevantes de esa conciencia histórica, tan
clarividente y tan dinámica apostólicamente. Una razón tan orgullosa hoy
de sus éxitos científicos, tecnológicos y económicos, pero que posterga
y olvida –cuando no desprecia– la búsqueda de la verdad
en toda su hondura y plenitud, es decir, la verdad
que ilumina el camino de la salvación para el hombre
en el tiempo y en la eternidad.
La pregunta por el presente y el futuro
pastoral de la Iglesia se presenta inesquivable: ¿es viable ese
urgente y apremiante objetivo de la Evangelización en el contexto
social y cultural de nuestro tiempo sin los modernos medios
de comunicación social con su capacidad de llegar a la
masa de la población? ¿Más específicamente, sin la televisión? Evidentemente,
no. Nuestro III Sínodo Diocesano de Madrid, asimilando y aplicando
la doctrina del Concilio Vaticano II y el magisterio pontificio
ulterior, enseñaba en el significativo apartado dedicado a “la participación
de todo el Pueblo de Dios en la vida y
en la misión de la Iglesia”: que es preciso “sostener
y promover los medios de comunicación en los que se
reconoce una visión de la vida concorde o lo más
abierta posible al Evangelio y a las orientaciones de la
Iglesia”, y que, además, se debe de “impulsar la
formación de profesionales de la comunicación que sean testigos de
la fe, y apoyar a los que ya lo son”,
tratando de “formarlos en el uso de las nuevas tecnologías
para difundir los contenidos evangélicos” (Const. 208).
El ámbito y las modalidades de lo dispuesto
sinodalmente para la acción pastoral diocesana y el compromiso de
los católicos respecto a su presencia en la televisión han
quedado claras: necesitamos urgentemente profesionales católicos de la comunicación en
el medio televisivo, sea cual sea su titularidad civil –estatal
o de iniciativa social– o eclesial, pero necesitamos, simultáneamente, medios
televisivos propios de la Iglesia bajo la forma de titularidad
jurídico-canónica que proceda. En una palabra: ¡necesitamos la televisión católica!
Colocado actualmente el poderoso instrumento de comunicación e influencia
social, que significa la televisión, en el centro mismo del
torbellino actual de los intereses del “poder” –del poder económico,
cultural, ideológico y político–, no le queda a la Iglesia
otro espacio íntegro y suficiente de libertad para el ejercicio
de su misión evangelizadora en el pluriforme y tantas veces
perturbador mundo de las televisiones actuales que no sea el
de un espacio televisivo propio: el que proporciona la Televisión
Católica.
Esta semana, en sus
primeros días, Madrid acogerá el I Congreso Mundial de Televisiones
Católicas, organizado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
y por el Arzobispado de Madrid: ¡una excelente ocasión y
un foro de diálogo y de cooperación pastoral sobresaliente para
que los católicos españoles, y, singularmente, los madrileños, comprendan y
apoyen firme y generosamente el proyecto, cada vez más cuajado
técnica y eclesialmente, de nuestra Televisión diocesana, TMT, asociado al
gran proyecto común de la Iglesia en España, Popular Televisión!
Proyecto que se destaca, dentro del panorama de las ofertas
televisivas existentes, por sus programas informativos y formativos, de entretenimiento
y diversión, en los que la positiva y clara propuesta
de la visión de la vida inspirada y configurada por
el Evangelio de Jesucristo, testimoniado y vivido en la Comunión
de la Iglesia, constituye su criterio determinante.
A la Virgen de La Almudena encomendamos los
frutos de este Congreso. ¡Que podamos avanzar en ese gran
proyecto de evangelización que es la Televisión Católica en España!
Y que la Archidiócesis de Madrid avance en el empeño
de hacer realidad, a través de los Medios de Comunicación,
el que fue el gran objetivo de su III Sínodo
Diocesano: trasmitir la fe a los madrileños, especialmente a los
más jóvenes.
Con todo afecto
y mi bendición,
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Dudas, consejos y asesorías sobre el uso ético de los medios de comunicación a la luz de la doctrina de la Iglesia y su aprovechamiento para el progreso de la sociedad
Ver todos los consultores