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Autor: Monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia | Fuente: Zenit.org Cuando el sentimiento anula la razón
Publicamos el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con el título: "Cuando el sentimiento anula la razón".
Cuando el sentimiento anula la razón
PALENCIA, sábado, 22 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- * *
*
A los pocos días de la
muerte de Rayan, el niño fallecido por el trágico error
de una enfermera en el Hospital Gregorio Marañón, Borja Montoro
publicaba en el diario La Razón una viñeta gráfica, de
esas que cuestionan nuestros presupuestos y ponen al descubierto nuestras
hipocresías. El texto era el siguiente: "Si en lugar de
haber muerto esta semana a causa de un dramático error,
hubiese muerto hace un par de meses como consecuencia de
un aborto, hoy nadie hablaría de esta pobre criatura".
Ciertamente, ha sido llamativo comprobar cómo la opinión
pública nacional llegó a estar conmocionada por aquel suceso fortuito,
al mismo tiempo que continuaba sin mayores resistencias la tramitación
política de una legislación que considera el acceso libre al
aborto como un "derecho".
Me permito también
aducir como ejemplo otro suceso más lejano: En octubre de
1991 una niña de doce años, llamada Irene Villa, sufría
junto a su madre un cruel y despiadado atentado de
ETA, en el que perdió las dos piernas y tres
dedos de una mano. El telediario del mediodía ofreció unas
impactantes imágenes en las que Irene se intentaba levantar del
suelo sin ser consciente todavía de que le faltaban las
piernas. Aquellas imágenes conmocionaron la opinión pública, hasta el punto
de que a las pocas horas, en lugares de notable
connivencia con el terrorismo, se organizaron por primera vez, manifestaciones
espontáneas contra la banda armada.
El influjo
de aquellas imágenes había resultado más convincente que todos los
discursos de condena de la actividad terrorista o, incluso, que
los argumentos en favor de la dignidad de la vida
humana... ¿Es que acaso, en los anteriores atentados terroristas, no
se había derramado sangre o no se habían generado viudas
y huérfanos? ¿Tendremos que reconocer, tal vez, que los argumentos
racionales son incapaces de iluminar y cuestionar nuestras conciencias? ¿Tan
inmaduros podemos llegar a ser, como para dejarnos dominar por
nuestra emotividad -"ojos que no ven, corazón que no siente"-?
De la misma manera que el impacto
de unas imágenes y su efecto emotivo pueden llevar a
la opinión pública a posicionarse en defensa de unos valores
éticos, también puede ocurrir -y de hecho ocurre- exactamente lo
contrario. Nuestra cultura actual, calificada por muchos como de "pensamiento
débil", es fácilmente manipulable. ¡Es lo que ocurre cuando el
sentimiento anula la razón!
Ciertamente, la cultura
de hoy se caracteriza por una notable sobreexplotación del sentimentalismo,
en detrimento del uso recto de la razón. Es más,
no son pocas las personas que confunden los sentimientos generosos
o altruistas con la pura emotividad, como si el hecho
de conmoverse o emocionarse fuese sinónimo de tener una alta
sensibilidad moral.
Es verdad que solemos calificar
nuestra cultura como "racionalista". Sin embargo, no queremos decir con
ello que nuestra cultura utilice en exceso la razón... ¡ni
mucho menos! El racionalismo de nuestros días considera verdadero sólo
aquello que es experimentable y palpable, rechazando la apertura a
la fe. En realidad, para que los términos no llamen
a la confusión, quizás debiéramos designar a la cultura actual
como "materialista" o "tecnologicista", en lugar de racionalista.
La Iglesia compagina su discurso
de fe, con el recurso continuo al discernimiento racional. Como
reiteradamente está remarcando en su pontificado Benedicto XVI, una de
las grandes tareas de la Iglesia es reclamar la razón.
Más aún, algunos han designado la pastoral de Benedicto XVI
como una "pastoral de la inteligencia". En su última encíclica,
"Caritas in Veritate", el Papa hace afirmaciones como las siguientes:
"Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo", "La
verdad libera a la caridad de la estrechez de una
emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así
como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y
universal" (nº 3).
Ciertamente, a pesar de
lo dicho hasta aquí, queda en pie la expresión de
Pascal: "El corazón tiene razones que la razón desconoce". Pero
en nuestros días es necesario remarcar que no debemos confundir
la emotividad con el afecto. El verdadero amor ha de
ser afectuoso, pero no siempre emotivo. Y es que... ¡hay
emociones que no construyen, y emociones que afianzan la afectividad
en el amor! Solamente la razón será capaz de discernir
entre ambas.
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