Autor: Fernando Pascual | Fuente: yoinfluyo.com Más vale prevenir la "drogadicción televisiva"
El P. Fernando Pascual responde a la interrogante ¿Puedo enseñar, a un niño o a un adulto, qué hacer con la televisión?
Más vale prevenir la "drogadicción televisiva"
Puedo enseñarle a un niño cómo funciona la televisión. Puedo
enseñar a un adulto cómo está hecha la televisión. Puedo
enseñar a un universitario cómo construir una televisión. ¿Puedo enseñar,
a un niño o a un adulto, qué hacer con
la televisión?
Desde luego, la televisión puede servir para ejercicio de
pesas, pero no fue pensada para eso... Otro puede
sentir la tentación de tirarla por la ventana, para ver
lo que le ocurre a la gente que pasea por
la calle. Esperamos que eso se les pase por la
cabeza a pocos... Otro puede hacer pruebas sobre la resistencia
de la pantalla a un balonazo más o menos fuerte.
Las
posibilidades de uso de ese misterioso aparato son enormes, y,
por lo mismo, también nacen ciertos riesgos.
Si nos asusta el
que un hijo pueda tirar la televisión por la ventana,
nos puede dejar más tranquilos el ver que ha comprendido
su utilidad, y que se siente todas las tardes y
parte de la noche delante de la pantalla, sereno, sonriente,
ante lo que otros han programado para él.
Sin embargo, también
nos debería preocupar lo que nuestro hijo pueda ver allí,
día tras día, hora tras hora.
Imaginemos algunos posibles programas (no
estoy pensando en ninguno en particular). En unos dibujos animados,
unos muñecos simpáticos, cogen a otro muñeco. Juegan con él,
y en un determinado momento lo hacen pedazos y lo
tiran.
En una película, el protagonista, un joven fuerte y generoso,
decide un día matar a puñaladas a un enemigo, del
modo más sangriento que el guionista haya podido imaginar.
En otra
serie televisiva, un “culebrón”, una chica aburrida, le dice a
su amiga: “quiero tener un hijo”. La otra le pregunta:
“¿con quién?” y la primera responde: “con el primero que
encuentre”. Y en un festival de canciones, el artista repite,
una y otra vez, obsesivamente, “¡quiero matarte, quiero matarte, quiero
matarte!”, mientras las y los fans gritan enloquecidos de entusiasmo...
Si
estamos atentos a que el niño no tire el televisor
por la ventana, por el daño que pueda causar a
otros, deberíamos también estar atentos a lo que pueda ver
el niño, a lo que las imágenes y palabras que
pasan ante sus ojos y oídos puedan estar produciendo en
su corazón.
A veces escuchamos con indiferencia las estadísticas que aparecen
de vez en cuando en la prensa: en cada año
de televisión se transmiten tantos miles de asesinatos, tantos miles
de infidelidades matrimoniales, tantos millones de groserías, tantos miles de
imprecisiones e, incluso, de datos completamente falsos, etcétera.
¿Qué puede quedar
en el corazón de un niño que es bombardeado por
todos estos estímulos?
La respuesta está en los padres y en
los maestros. Si saben dar criterios y normas sobre cuánto
tiempo se puede usar la televisión y sobre qué programas
se pueden ver, evitarán la “drogadicción televisiva” de sus hijos,
y les ayudarán a escoger bien los programas, a juzgar
las imprecisiones, a corregir errores, a retener lo bueno y
rechazar lo malo.
Lo mismo se puede aplicar a quienes ya
desde muy pequeños se inician a los juegos electrónicos, no
siempre hechos para promover la justicia y el bien...
Este trabajo
puede parecer difícil, pero no es imposible. Hay que pensar
en modos para controlar lo que el niño ve y
para que el tiempo que pasa ante la pantalla a
colores no sea exagerado. Esto se puede lograr de muchas
maneras.
La primera, estableciendo un horario de uso, de forma que
más allá de los tiempos previstos por los padres la
televisión se convierta en un aparato “intocable”.
La segunda, viendo con
los hijos algunos programas para que puedan aprender a juzgar
lo que allí se transmite. Obviamente, lo que se vea
se adaptará a la edad del niño. En este punto,
conviene ser muy realistas: el niño pequeño capta mucho más
de lo que imaginamos. Si ve a una pareja en
pleno acto sexual, presentado como un momento puramente placentero, y
no como parte de un proyecto de amor y de
vida, puede llegar a concebir la sexualidad como algo para
“usar y tirar”.
Si ve a un esposo o esposa que
cambia de amante como se cambia uno de vestido, puede
hacerse la idea de que la variabilidad de opciones es
la cosa más normal del mundo.
Si ve que dos adolescentes
roban coches y se divierten como locos a base de
chocarlos contra las cabinas telefónicas de una ciudad, puede creer
que en la vida toda diversión es posible y que
no se producen traumas después de haber hecho travesuras monumentales...
Desde luego, hay
veces en las que uno piensa: “mejor renunciar a la
televisión en familia...” Como lo que pueda ocurrir detrás de
esa pantalla es superimprevisible, uno tiene la tentación de no
dedicar un minuto más a ver si hoy van a
poner algo bueno.
Una opción así, radical, evita muchos males, pero
conviene pensar si no hay otras maneras de aprovechar lo
poco bueno (a veces puede ser mucho) que aparezca en
la pequeña pantalla. Puede ayudar, por ejemplo, el grabar programas
útiles para pasarlos luego a los hijos.
El reto está allí, como en
todo descubrimiento humano. Cuando hace muchos siglos las distintas culturas
descubrieron las medicinas, muchos se dieron cuenta de que con
ellas se podría curar o se podría matar.
Un buen uso
de los medicamentos ha salvado millones de vidas. También la
televisión, usada con criterio y medida, puede ser un valioso
instrumento de formación. Toca a cada familia aprender a usarla.
Aunque
lleve tiempo: es mejor enseñar a ver la televisión ahora
que no lamentar los problemas mañana, cuando a veces sólo
quedan las alternativas de recurrir a un psicólogo o de
visitar al hijo en un correccional...
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DIOS le bendiga por ocuparse de temas tan necesarios hoy en día, me parece un articulo bastante coherente y congruente con la realidad, flexible y aplicable.Me gustarían mas temas que giraran sobre este tema pues a veces es dificil ponerlos en practica,ya que el T.V., la internet, el sbox, etc, etc. absorben a nuestros hijos
agradezco mucho su publicacion pues tengo un
consultorio dental para ninios y lo imprimire en
grande para que los papas lo lean mientras su hijo
esta en consulta gracias! muy buen enfoque . Dios
los bendiga
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