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Las maravillas de gracia que vamos a contar sobre el
indio Juan Diego (1474-1548) y sobre las apariciones de la
Virgen en el Tepeyac (1531) nos son conocidas por los
siguientes documentos principales:
El Nican Mopohua, texto náhuatl, la lengua
azteca, escrito hacia 1545 por Antonio Valeriano (1516-1605), ilustre indio
tepaneca, alumno y después profesor y rector del Colegio de
Santa Cruz de Tlatelolco, Gobernador de México durante treinta y
cinco años; publicado en 1649 por Luis Lasso de la
Vega, capellán de Guadalupe; y traducido al español por Primo
Feliciano Velázquez en 1925. Este documento precioso es probablemente el
primer texto literario náhuatl, pues antes de la conquista los
aztecas tenían sólo unos signos gráficos, como dibujos, en los
que conseguían fijar ciertos recuerdos históricos, el calendario, la contabilidad,
etc.
El Testamento de Juana Martín, del 11 de marzo
de 1559, vecina de Juan Diego. El original, en náhuatl,
se halla en la Catedral de Puebla.
El Inin Huey Tlamahuizoltin,
texto náhualt, compuesto hacia 1580, quizá por el P. Juan
González, intérprete del Obispo Zumárraga; traducido por Mario Rojas. Es
muy breve, y coincide en los sustancial con el Nican
Mopohua.
El Nican Motecpana, texto náhuatl, escrito hacia 1600 por Fernando
de Alba Ixtlilxóchitl (1570-1649), bisnieto del último emperador chichimeca, alumno
muy notable del Colegio de Santa Cruz, que fue gobernador
de Texcoco, escritor y heredero de los papeles y documentos
de Valeriano, entre los cuales recibió el Relato de las
Apariciones de la Virgen de Guadalupe. En este precioso texto
se nos refiere algunos datos importantes de la vida santa
de Juan Diego, así como ciertos milagros obrados por la
Virgen en su nuevo templo. El Testamento de Juan Diego,
manuscrito del XVI, conservado en el convento franciscano de Cuautitlán,
y recogido después por don Lorenzo Boturini.
Varios Anales, en náhuatl,
del siglo XVI, como los correspondientes a Tlaxcala, Chimalpain, Cuetlaxcoapan,
México y sus alrededores, hacen referencia a los sucesos guadalupanos.
Las
Informaciones de 1666, hechas a instancias de Roma, en las
que depusieron 20 testigos, 8 de ellos indios ancianos. Entre
los testigos se contó a Don Diego Cano Moctezuma, de
61 años, nieto del emperador, Alcalde ordinario de la ciudad
de México.
En el XVII, hay varias Historias de las Apariciones
de Guadalupe, publicadas por el bachiller Don Miguel Sánchez (1648),
el bachiller Don Luis de Becerra Tanco (1675), el P.
Francisco de Florencia S.J. (1688) y el Pbro. Don Carlos
de Sigüenza y Góngora (1688).
El indio Cuauhtlatóhuac
En 1474, en
la villa de Cuautitlán, señorío de origen chichimeca, próximo a
la ciudad de México, nació el indio Cuauhtlatóhuac (el que
habla como águila), el futuro Juan Diego. En ese año,
más o menos, fue cuando el poder azteca de México
dominó el territorio de los cuautitecas. Cuando tenía 13 años
(1487) se produjo la solemnísima inauguración del gran teocali o
templo mayor de Tenochtitlán, reinando Ahuitzol, en la que se
sacrificaron unos 80.000 cautivos. En los años siguientes, las guerras
de vasallaje del insaciable poder mexicano envolvieron también al señorío
aliado de Cuautitlán, y es posible que Cuauhtlatóhuac tuviera que
dejar sus labores campesinas para participar en las campañas bélicas.
Cuando
tenía éste 29 años (1503), asciende al trono de Tenochtitlán
otro joven de su edad, Moctezuma Xocoyotzin, y también en
Cuautitlán comenzó a reinar Aztatzontzin. Estos cambios políticos, que implicaron
redistribuciones de dominios, despojos y migraciones obligadas, afectaron también a
los cuautitecas.
El cristiano Juan Diego
En el año 1524 o
poco después, que fue cuando llegaron los doce apóstoles franciscanos,
se bautizó Juan Diego, a los 50 años, con su
mujer Malintzin, que recibió el nombre de María Lucía. En
el Testamento de Juana Martín, de 1559, se lee: «He
vivido en esta ciudad de Cuautitlán y su barrio de
San José Milla, en donde se crió el mancebo don
Juan Diego y se fue a casar después a Santa
Cruz el Alto, cerca de San Pedro, con la joven
doña Malintzin, la que pronto murió, quedándose solo Juan Diego».
Y alude a continuación al milagro del Tepeyac, donde en
1531 se le apareció la Virgen.
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