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Autor: Juan Carlos Ossandón Valdéz | Fuente: Panorama Católico Internacional La persecución de la Iglesia en China
Incontables martirios de sacerdotes y obispos pertenecientes a la Iglesia clandestina, fiel al santo Padre
La persecución de la Iglesia en China
CHINA
Este país merece una investigación muy acuciosa porque es el
más desconocido. Ya hemos insistido en que ignoramos más de
lo que sabemos en materia de persecución y martirio de
nuestros hermanos lo que es particularmente cierto de China.
En 1900
se produjo lo que suele denominarse la "revuelta de los
bóxers", contraria a la presencia de occidente. Cinco obispos, 30
religiosos europeos, 100 religiosos chinos y unos 30.000 fieles perecieron
en esos años, aunque algunos elevan la cifra a cien
mil. También los protestantes sufrieron muchas víctimas. Su carácter de
mártir no puede ponerse en duda ya que a casi
todos se les ofreció perdonarles la vida si renunciaban a
la fe extranjera. La reacción occidental castigó a China con
una matanza tal vez peor que la realizada por los
bóxers.
Con la segunda guerra mundial ingresa en China el comunismo
asesino de cristianos. Había más de 3.000.000 de fieles al
inicio del conflicto. A diciembre de 1941 ya habían sido
asesinados dos obispos, 55 sacerdotes, 17 religiosos y 9 monjas.
En 1949 Mao proclama la República Popular China, donde "el
Cielo también tiene que ser chino"… lo que nos muestra
el sentido que tendrá la persecución, una de las más
crueles y astutas de que haya memoria.
Puede decirse que el
país se convirtió en un gran campo de trabajos forzados…
se ha podido contabilizar más de un millar de ellos,
algunos de grandes proporciones, dedicados a reeducar al pueblo. Se
calcula que su población, promediaba unos 10 millones de prisioneros,
con un índice de mortalidad del 5% anual. Es decir,
cada año morían unas doscientas mil personas en ellos. Lo
más curioso es que cuando se cumplía la condena, como
a menudo no se les autorizaba a abandonar el campo,
muchos prisioneros seguían allí por tiempo indefinido.
Al iniciarse la era
comunista, la Iglesia estaba dirigida por 20 arzobispos y 83
obispos. Había 17 seminarios mayores con unos 4.000 alumnos, tres
universidades y más de 4.000 escuelas. Mao comenzó expropiando todas
las tierras, medida que fue aprobada por personalidades protestantes, en
Shangai.
Recuerdo que un misionero jesuita chileno, expulsado de China, nos
explicaba, a los alumnos de los colegios católicos de Santiago,
la astucia de la persecución. En el pequeño pueblo donde
misionaba, había un católico de edad avanzada muy respetado. Al
ingresar los comunistas y observar el ascendiente del anciano, lo
acusaron de corrupción… acusación que, por supuesto, nadie creyó. Cuál
no sería la sorpresa del sacerdote y de todos al
ver a la esposa e hija del anciano testificar en
su contra. Posteriormente la hija le explicó: los comunistas nos
prometieron salvar la vida de mi padre si testificábamos en
su contra… tan solo les interesaba hacerlo salir del pueblo,
nos aseguraron. Por desgracia, ellas creyeron en la palabra de
los hijos de Satanás. Así se comprende que en ese
país hayan logrado formar una iglesia nacional, independiente de Roma,
con obispos y todo.
A nosotros nos resulta incomprensible el clima
que estas persecuciones producen. Recuerdo que el profesor Héctor Herrera
me contaba que Juan Gómez Millas, ex ministro de educación
en Chile, que visitó China en varias ocasiones, tuvo que
asistir a numerosas cenas de gala. En más de una
ocasión le tocó sentarse junto a un obispo de la
iglesia patriótica. Cuenta que los obispos que le tocó conocer
parecían autómatas… no importaba qué se les preguntase sobre su
iglesia, su respuesta era siempre más o menos del siguiente
tenor: "el gobierno ya conoce el problema y va a
tomar la medida más conveniente para el pueblo". En más
de una ocasión vio deslizarse lágrimas por las mejillas del
obispo. Los que vivimos en Chile el clima creado por
el tirano Allende, y eso que fue sólo el prólogo,
algo entendemos a estos pobres obispos.
Pero la creación de la
iglesia patriótica no la lograron fácilmente. En 1952 ya habían
expulsado a 12 obispos extranjeros y a 30.000 misioneros… mientras
23 obispos nativos estaban encarcelados. Incontables cristianos laicos fueron apresados
e ignoramos su suerte aunque la sospechamos. En 1957 lograron
formar la Asociación Patriótica de Católicos Chinos que llegó a
contar con 42 obispos ordenados sin autorización de Roma. Los
que no ingresaron en la asociación fueron arrestados. Los obispos
fieles a Roma respondieron ordenando nuevos obispos, secretamente, en prisión,
a fin de que pudieran seguir la lucha que dura
hasta hoy.
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