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Autor: P. Llucià Pou | Fuente: Catholic.net Sentido de la Misa del domingo
¿Qué pasa en la Misa, que sea tan importante? Catequesis y explicación acerca de la Misa.
Sentido de la Misa del domingo
La gente va menos a
Misa que hace unos años. ¿Por qué? "Creo que depende
mucho de la experiencia y tradición familiar y social de
la que participa cada persona", dice una mujer que comenzó
a ir con sus padres a Misa y que después,
al profundizar en la fe, vio que "empezaba a tener
otro sentido, un sentido de compromiso, me sentí más implicada...
descubrí el valor de la Eucaristía como un encuentro con
Cristo..."
En nuestra sociedad, cuando ya no hay quien controle
quien va a Misa y quien no, la asistencia a
Misa: ¿depende de la costumbre del entorno familiar, o de
estas motivaciones de fe? Lo cierto es que, al no
ir a Misa las familias, los hijos pierden la oportunidad
de participar en estas motivaciones de fe. Y, cuando se
asiste a Misa -en acontecimientos sociales o fiestas principales- al
no saber "qué pasa ahí" se convierte en algo que
se ve desde fuera, no se ahonda en su sentido
profundo de memorial de Jesús resucitado, la fiesta de
los cristianos, y entonces la gente se viste de fiesta
sin saber celebrar la fiesta, así como no puede saborear
un plato exquisito quien tiene el gusto estragado, al no
poder gustar del misterio cristiano no puede desearlo y amarlo.
Por eso, no puede participar en la Misa plenamente quien
no sabe realmente que por la fe tenemos una relación
viva y personal, maravillosa, con Jesús. Qué lástima, ver a
tantos y tantos que escuchan palabras y cantos, prueban emociones
estéticas en la música o en la belleza de alguna
de las celebraciones, pero se quedan en unos signos externos,
no viven la esencia de la Misa y de la
comunión...
a) Hemos de conocer lo esencial de la vida.
Muchas
veces vamos por la vida buscando la felicidad, y no
la encontramos... más tarde, nos damos cuenta de que estaba
allí al lado, en las cosas pequeñas de cada día,
en las cosas obvias (que son las que olvidamos más
facilmente, y así nos va...) como el sentido religioso, su
sentido trascendente (olvidamos las cosas que no tienen sentido de
beneficio práctico con la excusa de que "no sirven para
nada", cuando son las que más sirven). Cuentan de una
araña que se dejó caer por uno de sus hilos
desde un árbol, para echar los soportes alrededor de un
árbol y tejer su telaraña, esa malla que va engrandeciéndose
con sucesivas vueltas, hasta completar su obra. Entonces, paseándose por
su territorio, orgullosa de su realización, mira el hilo de
arriba y dice: "éste es feo, vamos a cortarlo", olvidando
que era el hilo por donde empezó todo, el que
sustentaba todo. Al cortarlo, la araña desmemoriada cayó enredada en
su red, prisionera de su obra. Así nosotros, encerrados en
la obra de nuestra inteligencia o en el cuidado de
tantas cosas... podemos olvidar la esencial, cuando cortamos el hilo
de soporte. ¡No prescindamos de Dios! Es el soporte de
todo lo invisible que son los valores de amor y
respeto a los demás, en definitiva de felicidad. Esta dimensión
invisible de la vida.
b) La necesidad de dar culto a
Dios está en lo más profundo de nuestro interior
Cuando
no le damos salida religiosa, se proyecta en formas de
supersticiones varias, idolatrías de todo tipo, sectas variopintas pero peligrosas
algunas de ellas, o una apatía brutal por la que
no se ve sentido a nada...). Estamos en una época
de "complejidad", en la que hay avances técnicos de todo
tipo (nuclear, genético, informática...) y en medio del estado de
bienestar, muchos de nuestros compañeros de viaje están prisioneros de
la angustia ante el futuro, tienen miedos, incluso miedo a
vivir. ¿Por qué tanta inseguridad? Porque todo el bienestar
no da respuesta al sentido de la vida, se pierden
en un "todo es relativo" que impide volar hacia arriba,
mirar el cielo, en su horizonte no hay Dios; el
gran ausente (todo ello causa el sentimiento de "insoportable ligereza
del ser", en medio del pensamiento moderno, con un sentido
de frustración y un deseo de búsqueda de Dios, de
ahí las profecías del siglo XXI como "místico" porque es
la única forma de recuperar el norte).
¿Cómo recuperar a
Dios, en esta "lucha por la religión" del mundo de
hoy? Cultos e ignorantes, enfermos y sanos, pobres y ricos...
para hallar a Dios hay que tratarle, darle culto (pero
no externo, sino que implique la conciencia, un trato de
corazón a corazón, fruto del amor y no de la
costumbre, creando un "espacio interior" en nuestra conciencia, solos ante
el espejo de la cual encontramos el sentido de la
vida, la seguridad que nos falta).
La religión pertenece a las
cosas importantes de la vida. Cuentan de un barquero que
llevaba gente de un lado a otro de un gran
río, y un día subió un sabiondo que empezó a
increparle diciéndole: "¿conoces las matemáticas?" -"no", contestó el barquero. -"Has
perdido una cuarta parte de tu vida. ¿Y la astronomía?"
-"¿Esto se come o que?", contestó el pobre. "-Has perdido
dos cuartas partes de tu vida". -"¿Y la astrología?" -"Tampoco",
dijo el barquero. "-¡Desgraciado, has perdido tres cuartas partes de
tu vida!". En aquel momento la barca se hundió, y
viéndolo que se lo llevaba la corriente, le dijo el
barquero: -"¡Eh, sabio!, ¿sabes nadar?" -"¡No!", contestó desesperado. -"Pues has
perdido las cuatro cuartas partes de tu vida, ¡toda tu
vida!" Pues para quien va por un río, lo importante
no es saber tantas cosas sino saber nadar. Así las
cosas esenciales de la vida, muchas veces olvidadas, son saber
quién soy, de donde vengo y a donde voy, y
descubrir el sentido religioso y -como dice el viejo refrán-
al final de la vida el que se salva sabe
y el que no no sabe nada. Los peces se
ahogan sin agua y los hombres se asfixian sin aire,
así nuestra alma sufre asfixia si no tiene saciada esta
sed de Dios, pues el corazón del hombre está inquieto
y sin paz hasta que reposa en Él.
Siendo la
religión una experiencia personal -de la que no podemos prescindir,
es una necesidad-, también es social, constituye una de las
tradiciones no sólo culturales sino también basilares de la misma
familia (la familia que reza unida permanece unida, reza el
refrán), y ante una crisis familiar (por no resistir ante
las dificultades, muchas familias quedan deshechas, por no ver el
cielo, por dejarse desanimar por los problemas) es especialmente importante
recordar el sentido divino del contemplar el cielo. La Biblia,
al relatarnos el Génesis, nos dice que Dios creó el
mundo (sentido del trabajo) y luego descansó (con una mirada
llena de gozosa complacencia). La celebración de este día del
Señor ayuda a tener la mirada contemplativa, luz sobre todas
las cosas (si nuestra mirada está sin esta luz, todo
nuestro ser anda entre tinieblas). Jesús nos hace ver que
ese día "se hizo para el hombre", no es un
peso el descanso dominical, sino que perfecciona la persona, lo
necesitamos, es recordar la necesidad de humanizar el descanso, de
hacer fiesta, de libertad.
Parte esencial de este "hacer fiesta"
es el culto a Dios que desde los primeros hombres
se ha dado al creador (ofreciéndole sacrificios, para mostrar la
dependencia de creaturas, como reconociendo agradecimiento por los favores recibidos
o pidiendo perdón). Como vemos en el relato de Caín
y Abel (y nos cuentan los historiadores de los primeros
pueblos) a veces quemaban parte de la cosecha, o algún
animal, y con esto dedicaban a Dios una cosa, la
hacían "sagrada". Pero Dios dijo que no deseaba tanto estos
sacrificios como algo externo sino venido de un corazón que
ama y pide perdón (que tiene misericordia). De ahí surgen
las ceremonias, y el "domingo" significa "el día del Señor"
porque es por excelencia el día de esta relación con
Dios en la que el hombre dedica un tiempo explícito
a cantar esta adoración.
c) Redescubrir el domingo es
algo vital
Una educación que para muchos viene desde la infancia:
"para mí, ir a Misa es una cosa tan natural
como el respirar o el querer. Desde pequeños nos acostumbramos,
y la Misa del domingo formaba parte de nuestra vida.
Unos días íbamos más a gusto y otros no, pero
no lo dejábamos". Mucho más teniendo en cuenta que la
"motivación sociológica" cuenta mucho, y se encontrarán los hijos en
una sociedad en la que hay unas modas -verdaderas dictaduras
culturales- en la que ir a Misa "no está bien
visto", y el adolescente queda coaccionado por el "qué dirán",
"no van los jóvenes".
Las motivaciones han de ser profundas,
para no actuar por lo que hacen muchos sino conforme
a la conciencia. Es cierto que en los años de
adolescencia puede haber una ruptura (una decisión personal del hijo
de dejar de ir a Misa), pero lo que se
ha sembrado vivificará más tarde, como muchas veces pasa con
la vuelta a la responsabilidad al ser padres: "vinieron los
hijos... y todo fue cambiando. Siempre fui una persona inquieta,
y me iba preguntando: ¿me escuchará el Señor?" y quizá
cuando los hijos se preparan para hacer la primera comunión
-en la edad que formulan a los padres las grandes
preguntas- sienten la llamada a volver, "a través de la
catequesis de padres pude expresar los sentimientos que tenía guardados
durante algunos años..." y hay esta vuelta a los sacramentos,
con la seguridad que esto conlleva: "he pasado momentos difíciles
en mi vida, pero entre mi fe cristiana y la
Misa del domingo he encontrado la fuerza para seguir adelante.
Ahora entiendo mucho mejor el Evangelio...".
Y otro: "fue cuando
mi hijo comenzó a frecuentar la catequesis cuando volví a
ir a la parroquia. Hice la catequesis con los otros
padres y a través de todo esto me incorporé nuevamente
en la Iglesia". En otros casos, esta vuelta es cuando
los padres -las madres, más- tienen ya colocados los hijos
y tienen menos obligaciones. Estos testimonios pueden recordarnos esos momentos
que bien conocemos, cuando más que una obligación el trato
con Dios se convierte en una necesidad, pues ya no
podemos más, estamos "ahogados" y queremos "hacer algo".
Pero todo
ello se pierde si no hay una experiencia previa de
ir a Misa, si no hay un "antes", pues entonces
ya no se trata de "volver" sino de "descubrir". En
cualquier caso, lo que está claro es que, a las
puertas del tercer milenio, la celebración del domingo cristiano, por
los significados que evoca y las dimensiones que implica en
relación con los fundamentos mismos de la fe, continúa siendo
un elemento característico de la identidad cristiana.
Veamos las pegas: "La
Misa es aburrida", "no me dice nada", "siempre se hace
lo mismo", "no voy porque no siento la necesidad, y
para hacer una cosa que no siento mejor no hacerla..."
son algunas de las que hemos oído y que dirigen
nuestra mirada hacia el "¿qué pasa en la Misa, que
sea tan importante?" Preguntemos al chico que el día de
Sant Jordi lleva la rosa a la chica que ama,
si encuentra aburrido este gesto repetido año tras año; o
a los que se aman si se cansan de ver
las mismas caras.
En la Misa disfrutamos saboreando una y
otra vez antiguas palabras con las que han rezado tantas
generaciones de cristianos, y pronunciadas por primera vez por Jesús.
No hay rutina si hay amor. Nuestra vida es como
una canción, que tiene letra y música. La letra consiste
en todo lo que hacemos, nuestras acciones, y la música
es la voz del corazón, el amor que ponemos en
todo. De manera que la vida es aburrida o entusiasmante,
dependiendo del amor que ponemos. ¿Aburrido?: te falta amor.
¿Procuras
entusiasmarte haciendo las cosas porque te da la gana (aunque
en algún momento no tengas ganas? Entonces lo quieres de
verdad, hay amor. La Misa es sumergirse en una corriente
de vida y de amor. Si hay aburrimiento puede que
no hayamos conseguido aún una conexión con Él: sólo el
sentimiento de la persona viva del Señor asegura una participación
madura, a prueba de los diversos talantes de los celebrantes,
de los cambios en los gustos musicales, del adormecimiento o
de la euforia del ambiente. "Ven conmigo", nos dice Jesús.
Es fácil de entender y aceptar, y con los años
nos vamos dando cuenta del contenido profundo y totalizante de
esta invitación. Jesús poco a poco va radicalizando su propuesta,
y nos pide más. Lo descubrimos como un maestro bueno,
justo y merecedor de toda nuestra confianza, y nos pide
un paso más: renunciar a nosotros mismos, como Él, darnos
a los demás.
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