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Autor: Cristina Cendoya de Danel | Fuente: Catholic.net El rito de la Santa Misa
Explicación detallada de las partes de la Misa.
El rito de la Santa Misa
Cuando se asiste a Misa, lo primero que se hace
es, la Reunión, que significa IGLESIA - ECLESIA - del
griego = Asamblea Reunida. Todos se reúnen. Antiguamente, la preparación
para la reunión de todos los que se congregaban para
una celebración, se hacía con una procesión solemne.
Explicación detallada de
la Misa
Entrada del sacerdote: Entra el sacerdote quién hace unos
gestos que pasan desapercibidos; tales como, una genuflexión y un
beso ante el altar. Estos gestos tienen un sentido muy
importante y relevante. La Misa se celebra en un altar
= alto, presidido por un crucifijo que es imprescindible,
ya que ahí se va a llevar a cabo el
sacrificio incruento de la Cruz, por lo tanto, es un
recordatorio para el sacerdote y los fieles, de lo que
ahí va a suceder. La inclinación del sacerdote es el
primer acto de adoración y reverencia. El beso al altar
significa el beso a la Iglesia.
Rito introductorio: La misa comienza
con la señal de la cruz, símbolo del cristiano que
indica nuestra fe en la Trinidad, la cual debe de
ir acompañada internamente de la deliberada y consciente confesión de
nuestra fe. Después, el sacerdote abre los brazos en señal
de saludo, con uno saluda a Dios y con otro
al pueblo. Las frases que pronuncia significan la unión entre
el sacerdote y el pueblo: “El Señor .... Y con
tu espíritu”.
Actos penitenciales: El sacerdote junta las manos en señal
de humildad, se hace el primer silencio de la Misa,
silencio de reflexión ante la invitación del sacerdote a arrepentirnos.
Estos actos concluyen después de haber manifestado una actitud de
humildad, un reconocimiento de nuestra condición de pecadores y de
haber pedido misericordia con la absolución del sacerdote, pero, no
para pecados graves. Sigue el Gloria, canto de alabanza todos
los domingos excepto los de la Cuaresma y Adviento. Además
de los días señalados como fiestas.
Oración colecta: Petición a Dios.
Antes de rezarla se hace el segundo silencio, silencio de
petición comunitaria. Oración principal de la Misa y dirigida al
Padre, donde se pide un bien espiritual, se acomoda a
los tiempos litúrgicos y finaliza con una invocación a la
Santísima Trinidad. Con esto, termina el rito introductorio.
La primera parte
esencial de la Misa:
La Liturgia de la Palabra: Se lleva
a cabo en el ambón. Es una de las partes
más importantes de la Misa. En la Misa diaria, hay
una sola lectura. Los domingos y días de fiestas hay
dos lecturas, siendo la primera, generalmente, del Antiguo Testamento, la
segunda, es tomada generalmente, de Hechos, Cartas, Nuevo Testamento.
Entre
la primera y la segunda, se recita el Salmo Responsorial,
parte de canto y parte de meditación. La respuesta al
Salmo es para favorecer la meditación. En esta parte, los
fieles permanecen sentados con una actitud de atención, para que
la Palabra los alimente y fortalezca. Dios habla, hay que
escuchar con veneración.
Sigue el Aleluya, canto de alegría, preparación
para el Evangelio; hay movimiento en el altar, el sacerdote
va al ambón.
La Misa continúa con el Evangelio. Antes
de su lectura, el sacerdote junta las manos y con
gran recogimiento, dice: “Purifica Señor mi corazón y mis labios
para que pueda anunciar dignamente tu Evangelio”. Éste debe ser
leído por el ministro, en caso de que sea un
diácono quien lo lea, debe pedirle su bendición al sacerdote.
Un sacerdote no le pide la bendición a otro, sólo
al Obispo. Si se escucha con atención y con las
debidas disposiciones: humildad, atención y piedad, se depositará en el
interior de cada fiel, una nueva semilla, sin importar cuántas
veces se ha escuchado el mismo Evangelio, siempre habrá algo
nuevo. Al finalizar el sacerdote dice: “Esta es Palabra de
Dios” y besa el Evangelio diciendo: “Por lo leído se
purifiquen nuestros pecados”.
La Homilía, momento muy importante para la
vida práctica de los fieles; no se puede omitir en
domingos y días festivos. En la lectura de la Sagrada
Escritura, habla Dios; en la Homilía, habla la Iglesia, depositaria
de la Revelación, con la asistencia del Espíritu Santo para
que se interprete rectamente la Escritura. Hay que escuchar con
una actitud activa lo que la Iglesia quiere decir por
medio del sacerdote, no hay que juzgarlo. La Homilía es
una catequesis, no debe hablarse de otros temas que no
sean referentes a la fe y a la salvación. Si
no hay homilía, debe haber un silencio meditativo después del
Evangelio. El Obispo predica sentado con báculo y mitra.
El Credo,
nuestra profesión de fe. Se profesan doce artículos, manifestando la
fe en Dios, Sólo se reza en domingos y días
festivos. En Navidad y en el día de la Encarnación,
se arrodilla cuando se dice: “... Se encarnó de María,
la Virgen”.
La Oración de los fieles: Todas estas oraciones son
de petición. Los fieles ofrecen sus peticiones al Señor. Pueden
ser hechas por los fieles. Su finalidad es pedir a
Dios por las necesidades de la Iglesia:
Una debe ser por
toda la Iglesia Universal.
Otra por la jerarquía, el Papa y
los Obispos.
Por los gobernantes.
Por los pobres y necesitados.
Por la Iglesia
particular o local.
Pueden haber más, pero no demasiadas. La introducción
y la conclusión debe hacerla el sacerdote.
La preparación de las
Ofrendas: Se llevan las ofrendas al altar, lo más
conveniente es que los fieles las lleven. Estas son el
vino y el pan. Se recoge la limosna, la cual
es también una ofrenda. El sacerdote prepara el altar, extiende
el corporal, si tiene copón lo destapa. El sacerdote recibe
las ofrendas del pueblo. Con las ofrendas, la asamblea no
sólo ofrece lo material, sino que simboliza la entrega del
cristiano, su total disponibilidad a lo que Dios le tiene
señalado. Se entregan los dones que Dios ha dado a
cada quien, todo se pone a su disposición.
Ofrecimiento del pan
y del vino: El pan y el vino se ofrecen
por separado. El vino es preparado por el sacerdote que
le añade unas gotas de agua diciendo: “Que así como
el agua se mezcla con el vino, participemos de la
divinidad de Aquél, que quizó compartir nuestra humanidad”. Existe un
simbolismo entre el pan y el trabajo, además de que,
en el pan hay muchos granos de trigo. Y como
dice San Pablo: “Porque el pan es uno, somos muchos
un sólo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan”
(1 Cor 10, 17). El vino se obtiene de la
vid, machacando y pisando, símbolo de dolor, de sufrimiento y
se ofrece para convertirlo en la Sangre de Cristo por
un deseo de expiación. Con el pan y el vino
se ofrece el trabajo, el descanso, las alegrías, las contrariedades;
pero sobre todo, el deseo de que Dios acepte a
cada quien con sus miserias, y los transforme con su
Gracia hasta asemejarlos a su Hijo.
El lavatorio de manos: Con
este gesto el sacerdote, una vez más, expresa su deseo
de purificación y limpieza interior. Esta acción indica que
se debe estar puro de todo pecado, lava las manos
para purificarlas. El sacerdote dice: “Lava del todo mi delito,
Señor, limpia mi pecado”.
Oración sobre las ofrendas: El sacerdote abre
los brazos y dice: ”Orad hermanos...”, recordando a los fieles
que también ellos ofrecen junto con él, el sacrificio, que
no deben ni pueden quedar al margen. Se lee la
oración de las ofrendas que expresan a Dios, de modo
oficial, los sentimientos y deseos de los fieles, de la
Iglesia en relación a las ofrendas, suplicando que las reciba
y después de santificarlas, conceda los bienes espirituales que emanan
del sacrificio.
La segunda parte esencial de la Misa:
Liturgia Eucarística: Suele
llamarse canon = regla. Comienza con el Prefacio, que es
un canto. Hay diferentes prefacios, unos provienen de la Iglesia
oriental, otros de la romana, esto es con el fin
de unificar a la Iglesia. Es una exhortación a elevar
los corazones dejando todo lo mundano porque en unos momentos
Dios se va a hacer presente. Se agradece a Dios
su preocupación por los fieles, dando gracias según la fiesta.
No se da gracias por cosas materiales en este momento,
sino porque fortaleció la debilidad humana y porque con la
muerte no se pierde la vida. Luego, el sacerdote nos
invita a alabar (Hosanna), junto con los ángeles y arcángeles,
y a dar la bienvenida a Cristo que está por
venir.
Sigue con la Anámnesis, para recordar la conmemoración del
misterio pascual. Ofrecimiento de la Víctima Divina. Después viene la
invocación del Espíritu Santo o Epíclesis, al poner el sacerdote
las manos sobre el cáliz, es el momento para que
los fieles se arrodillen. Narración de la institución de la
Eucaristía: El canon puede variar, pero, las palabras no varían
en la narración. Al terminar la narración, y antes de
formular las palabras de la Consagración, el sacerdote se inclina
sobre el altar con el fin de separar lo que
era una narración y lo que ahí va a suceder.
El sacerdote eleva primero el pan diciendo las palabras de
la Consagración, hace una genuflexión, eleva el vino diciendo las
palabras correspondientes y vuelve a hacer una genuflexión. La Consagración
es el punto central de la Misa, la parte más
importante, porque se vuelve a celebrar el sacrificio incruento de
la Cruz. Al terminar el sacerdote dice: “Este es el
misterio de nuestra fe”, como invitación a los fieles a
que se adhieran conscientemente al misterio de la Iglesia. En
esta parte se pide por los vivos, por los santos,
se conmemoran a los difuntos y el sacerdote hace su
petición personal. El rito de la consagración termina con las
palabras: “Por Él, con Él y en Él, al Padre
en unidad con el Espíritu Santo, todo honor y toda
Gloria por los siglos de los siglos”, es la glorificación
de la Trinidad (doxología). Si se analiza éste es el
objeto de la creación: la Gloria de Dios.
Rito de la
Comunión o Plegaria Eucarística: La consumación del sacrificio, el banquete.
Comienza con el Padre Nuestro. La oración por excelencia que
nos enseñó Jesús. Sus siete peticiones toman un sentido especial
cuando se recita, poder sentirse hijos de Dios, contiene todo
lo que se da en el sacrificio de la Misa.
Oraciones por la paz: Se pide la paz en la
oración que enlaza con el Padre Nuestro y la que
enseguida se dirige a Cristo. No se pide una paz
externa, sino interna. Una paz que exige valor, que es
una lucha contra el pecado. Se puede resumir en el
encuentro de la Salvación. Cuando se da la paz, se
debe de tener una verdadera disposición a ello, ninguna palabra
mencionada en la Misa es formulario.
La Fracción del pan:
el sacerdote parte la hostia consagrada en tres. La más
pequeña la junta con las demás. Se invoca al Cordero
de Dios, que es el que quita el pecado, lo
destruye y que por su sacrificio es el que da
la posibilidad del desprendimiento de los pecados. El sacerdote dice
una oración con sentimiento de humildad, pidiendo que lo libre
de cualquier falta y que cumpla sus mandamientos.
La recepción
del sacramento,la Comunión: Si no hubiera comunión, la Misa sería
incompleta, no hay que olvidar que Cristo, en la Última
Cena, nos exhorta a ello. El sacerdote comulga primero, luego
la distribuye a los fieles, quienes deben de estar conscientes
de lo que van a hacer.
Rito de purificación: Luego
de haber distribuido la Comunión, se limpian o purifican los
objetos sagrados, con el fin de que el cuerpo y
la sangre de Cristo no sean mal utilizados o sin
la reverencia que se merecen.
La acción de gracias: Es
elemental detenerse un momento para dar gracias a Dios, que
está dentro de los que lo han recibido, y agradecerle
todo los beneficios recibidos. Debe de haber una postura de
recogimiento.
La oración post comunión: Se recita y relaciona la
liturgia con la Comunión. Luego, el sacerdote despide a los
fieles y les da su bendición, indicándoles, que han de
seguir viviendo la Misa.
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