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Hoy corren por ahí estos sofismas y excusas para no
confesarse. Iré dando la contestación de manera sencilla, como si
tuviera delante a quien lanza estas objeciones.
1° ¿En qué
se basan los católicos para decir que los sacerdotes sí
pueden perdonar los pecados? Jesús dijo a sus apóstoles el
día de la Resurrección “Recibid el Espíritu Santo, a quienes
perdonéis, serán perdonados…”(Jn 20, 23). Los apóstoles murieron y como
Cristo quería que ese gran don de su perdón llegara
a todas las personas de todos los siglos, les dio
ese poder de manera que fuera transmisible. Y así lo
hicieron. Por medio de la imposición de sus manos ellos
dejaron en cada lugar presbíteros, o sea sacerdotes, y al
frente de ellos un obispo.
2° Pero la confesión la inventaron
los curas en el año 1215
Quien dice esto, no sabe
lo que dice. Pasar horas y horas, en un confesonario,
con calor agobiante en verano, con frío estremecedor en invierno,
oyendo miserias, sin pago ni sueldo ninguno por hacer esto,
escuchando lo que no tiene ningún atractivo… ¡Bien poco inteligentes
tenían que haber sido los curas para inventarlo esto que
tanto les iba a hacer sufrir y agotar! Como le
pasó al cura de Ars, en el siglo XIX en
Francia, que pasaba quince horas confesando diariamente.
Lo que pasó
en 1215 fue que se reunieron los obispos de todo
el mundo en el Concilio de Letrán en Roma, y
decretaron que todo católico debe confesarse al menos una vez
al año. Ellos no inventaron la confesión. La confesión ya
existía desde el inicio de la Iglesia. Imagínense el alboroto
tan terrible que se hubiera producido si a esas alturas
de la vida a los obispos se les hubiera ocurrido
inventar una cosa tan dura y tan difícil como es
tener que ir a decirle los pecados a otro hombre.
3° ¿Cómo se le ocurre confesarse con un hombre pecador
como usted?
Es como si dijéramos: “Un médico que
está enfermo no puede recetar a nadie. Sus recetas no
valen”. ¡Qué idiotez!
Claro que el sacerdote es pecador como todos,
porque es humano. La Biblia dice: “Si alguno dice que
no ha pecado, es un mentiroso” ( Jn 1, 8
). El sacerdote es probablemente mucho menos pecador de lo que
la gente se imagina porque tiene más defensas para librarse
del pecado. Por ejemplo, tiene una formación religiosa muy sería;
tiene desde el seminario un gran respeto a Dios y
un gran cuidado de no disgustarlo, porque lo ama mucho
y porque sabe las terribles consecuencias que traen los pecados.
Tiene
menos ocasiones de pecar, porque la Iglesia (su obispo o
su superior) lo vigilan paternalmente con mucho esmero para no
permitir que el demonio venga a hacerle mal (retiros, dirección
espiritual, consejos, convivencias…) ¿Es que el cura es un pecador?
También los doce apóstoles eran pecadores y sin embargo
Jesús les dio el poder de perdonar pecados. Es que
el sacerdote no dice al pecador: “Te perdono porque yo
no he cometido eso que tú confiesas”. No. No dice
eso. Lo que dice es: “Te perdono por el poder
que para ello recibí de Nuestro Señor Jesucristo”.
4° Yo me
confieso directamente con Dios
Así dicen los protestantes y
los judíos. Un judío dijo en cierta ocasión: “yo envidio
a los católicos. Yo cuando peco, pido perdón a Dios,
pero no estoy muy seguro de si he sido perdonado
o no, en cambio, el católico, cuando se confiesa con
su sacerdote, queda tan seguro del perdón, que esa paz
no la he visto en ninguna otra religión de la
tierra”.
¡Qué fácil sería: pecar, rezar y ya! No; aquí no
es así: he pecado, siento vergüenza y tengo que buscar
al confesor y confesarme, y recibir unos consejos y unas
advertencias que despiertan al pecador y le animan al cambio
de vida. Como esas sacudidas que le damos a un
chofer que en una recta grande se duerme. Lo despertamos,
aunque se disguste un poco para que no se vaya
al abismo.
En el confesonario nos encontramos con alguien que en
nombre de Dios nos hace reflexionar, nos llama la atención,
nos perdona, nos anima y nos ayuda a cambiar de
vida.
¡Cuántas miles de personas mejoraron su vida sólo con hacer
una buena confesión!
5° ¿Para qué confesarme, si voy a caer
de nuevo?
Pues, te levantas y ya. Pensar esto es como
pensar, ¿para qué comes, si luego dentro de unas horas
vas a volver a tener hambre? ¿Para que te lavas,
si luego al final del día te vas a manchar?
6°
Yo no tengo pecados
¿Qué no? Examínate bien. Porque todos pecamos
al día más de siete veces. De pensamiento, de palabras,
de obras, de omisión.
Solo los niños pequeñitos y los
que sufren alguna incapacidad mental no tienen pecados. Pero tú
no eres un niño, ni sufres deficiencia mental alguna. Por
tanto eres pecador como todo el mundo. Y por lo
mismo necesitas del perdón de Dios.
7° Yo no tengo
pecados grandes
Pero es que la confesión no es sólo para
pecados graves. Es también para purificarse cada día más, y
lograr mayor perfección y fuerza para no caer.
8° Es que
el sacerdote va a contar mis pecados a los demás
¡Eso nunca! El sacerdote tiene el sigilo sacramental y
está dispuesto a cumplirlo, aunque tenga que dar la
vida.
El obispo Juan Nepomuceno en 1393 fue matado por conservar
el secreto de la confesión.
El rey Wenceslao, rey de Bohemia,
nombró a Juan Nepomuceno confesor de la Reina.
-Dime los pecados
de la Reina…-le dijo el rey al sacerdote. -Nunca, majestad. Es
un pecado gravísimo. Prefiero morir antes que revelarlo.
Ante esto mandó
el Rey molerle a palos, castigarlo. Y como no hablaba,
fue atado de pies y manos, y tirado al río
Moldava, en el corazón de Praga.
¡Fidelidad al secreto de la
confesión!
9° Es que me da vergüenza
¡Claro! Pues a la
confesión no vamos a contar hazañas heroicas, sino miserias. Y
esto a nadie gusta contar. Pero más vergüenza te debería
dar tener el alma sucia.
Se necesita mucha humildad. No te
dé vergüenza. Acércate. Dios no tiene vergüenza de tus pecados.
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