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Autor: Crisis Magazine Argumentos en contra del celibato y cómo refutarlo
Para responder ante las críticas
CINCO ARGUMENTOS EN CONTRA DEL CELIBATO Y CÓMO REFUTARLOS
1.
Permitir el matrimonio a los sacerdotes acabará con la pedofilia.
Es completamente falso que los sacerdotes célibes sean más susceptibles
de cometer actos de pedofilia que cualquier otro grupo de
hombres, ya sean casados o no. La pedofilia afecta solamente
al 0.3% del total del clero católico; dentro de la
población mundial de abusadores sexuales, en general, menos del 2%
corresponde a casos de sacerdotes católicos. Estas cifras son comparables
a las estadísticas, de hombres casados involucrados en actos similares,
presentadas por el investigador y académico no católico Philip Jenkins
en su libro Pedofilia y sacerdocio. Algunas iglesias protestantes han
admitido tener problemas similares entre sus pastores (a quienes está
permitido el matrimonio); esto nos permite concluir claramente que
el problema no es el celibato.
2. Un sacerdote casado
inspirará sanamente a un grupo mayor de vocaciones sacerdotales, resolviendo
la actual escasez.
Actualmente hay un gran número de
vocaciones, entre los hombres que se están incorporando a la
vida sacerdotal, en las fieles diócesis de: Denver, Virginia del
Norte y Lincoln, Nebraska. Si otras diócesis, tales como la
de Milwaukee, quieren responderse la pregunta del por qué tienen
tan pocas vocaciones, la respuesta es simple: hay que retar
a hombres jóvenes a llevar una vida religiosa dispuesta a
ir contracorriente, sacrificada y leal al Santo Padre y al
Dogma Católico. Esta es la forma más segura para garantizar
un número mayor de vocaciones.
3. Los sacerdotes casados están
más relacionados con los temas y problemáticas del matrimonio y
la familia.
Siendo honestos, no se necesita ser un adúltero para
aconsejar a los adúlteros. Los sacerdotes entienden perfectamente el sacrificio
y la santidad propia del matrimonio, visión que otros no
contemplan. ¿Quién mejor que un sacerdote, que mantiene el voto
de castidad, para aconsejar a alguien sobre la forma de
santificar el voto de fidelidad en el matrimonio?
4. Es antinatural,
para los hombres, permanecer célibes
Esta idea reduce la condición humana
a lo llanamente animal y nos hace ver como criaturas
que no pueden vivir sin que sus necesidades sexuales sean
satisfechas. Afortunadamente los humanos no somos animales. Los humanos podemos
ejercer nuestra libertad al elegir cómo satisfacer nuestros apetitos; podemos
controlar y canalizar nuestros deseos de tal manera que esa
facultad nos aparta del resto del mundo animal. De nueva
cuenta, surge la afirmación: la mayoría de los abusadores sexuales
no son célibes. Es el apetito sexual incontrolado el que
lleva al abuso, no el celibato.
5. El celibato en
el rito latino es injusto. Siendo que el rito Oriental
permite el matrimonio en los sacerdotes y el rito latino
también entre los conversos del Episcopalismo y del Luteranismo, ¿por
qué no todos los sacerdotes se pueden casar? La disciplina
del celibato es uno de los sellos distintivos de la
tradición Católica Romana. Todo aquel que opta por ser un
sacerdote, acepta esta disciplina. Por otro lado, el rito Oriental,
el Luteranismo y el Episcopalismo, cuentan con una larga tradición
de sacerdotes casados y poseen una vasta infraestructura y experiencia
para manejarlo. De cualquier forma, hay que aclarar que los
sacerdotes del rito Oriental y los sacerdotes casados que se
han convertido del Luteranismo o Episcopalismo no tienen permitido casarse
después de su ordenación o volverse a casar después de
la muerte de su esposa. Además, la Iglesia Oriental, solamente
escoge a los obispos de entre los sacerdotes célibes; una
clara demostración de que ven un valor inherente en la
naturaleza del celibato.
CINCO ARGUMENTOS A FAVOR DEL CELIBATO
1. El
celibato reafirma el matrimonio.
En una sociedad que está completamente
saturada de sexualidad, los sacerdotes célibes son la prueba viviente
de que las necesidades sexuales pueden ser controladas y canalizadas
de una manera positiva. Lejos de la denigración del acto
sexual, el celibato reconoce la bondad del sexo solamente dentro
del matrimonio, ofreciéndolo como sacrificio a Dios. La santidad del
matrimonio se prostituye si se ve como una simple válvula
de escape del impulso sexual. Nosotros, como cristianos, estamos llamados
a entender el matrimonio como un compromiso inviolable entre un
hombre y una mujer, que se aman y honran mutuamente.
De igual forma, un sacerdote ofrece un compromiso de amor
a la Iglesia; un vínculo que no puede romperse y
que es tratado con el mismo respeto y gravedad que
en el matrimonio.
2. El celibato está en la Sagrada
Escritura.
Los fundamentalistas suelen argumentar que el celibato no cuenta
con bases bíblicas afirmando que, según las Escrituras, los cristianos
“están llamados a ser fructíferos y a multiplicarse” (Génesis 1:28).
Este mandato habla a la humanidad en general, pasando por
alto numerosos pasajes bíblicos que apoyan el celibato. Por ejemplo,
en la Primera carta a los Corintios, Pablo apoya la
vida célibe: “¿No estás unido a mujer? No la busques...
El no casado se preocupará de las cosas del Señor,
de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de
las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer,
está por tanto dividido”. (7, 27-34) Esto no implica que
todos los hombres deban ser célibes; Pablo explica que el
celibato es un llamado para algunas personas y para otros
no, al decir: “Mi deseo sería que todos los hombres
fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su
gracia particular; unos de una manera, otros de otra”. (7,
7).
Jesús mismo habla del celibato en Mateo 19, 11-12:
“Pero él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino
aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos
hechos por los hombres y hay eunucos que se hicieron
tales a sí mismos por el Reino de los Cielos.
Quien pueda entender, que entienda”. Otra vez, el énfasis está
puesto en la naturaleza especial del celibato, para lo que
muchos hombres no son aptos, pero que de todas maneras
da gloria al reino de Dios”.
Quizá la mejor evidencia
que podemos encontrar en la Sagrada Escritura sea que el
mismo Jesús practicó el celibato.
El celibato es una práctica
histórica
La mayoría de las personas asumen que el celibato es
una conveniencia introducida por la Iglesia algo tarde en la
historia. Por el contrario, existe la evidencia que los primeros
Padres de la Iglesia como San Agustín, San Cirilo y
San Jerónimo apoyaron el celibato. En el Concilio Español de
Elvira (entre 295 y 302) y en el Primer Concilio
de Aries (314), una especie de concilio general de Occidente,
se presentó la legislación prohibiendo a los obispos, sacerdotes y
diáconos tener relaciones conyugales con sus esposas, siendo penados con
la exclusión del clero si esto sucedía. La redacción de
estos documentos sugiere que estos concilios no introdujeron una nueva
regla, sino que se mantienen firmes ante una tradición establecida
con anterioridad. En el año 385, el Papa Siricio emitió
el primer decreto papal acerca del tema, diciendo que la
continencia clerical era una tradición que se remontaba a los
tiempos apostólicos.
Mientras concilios y Papas posteriores proclamaron edictos similares,
la promulgación definitiva del celibato vino en el Segundo Concilio
de Letrán en 1139 con el Papa Gregorio VII. Lejos
de ser una ley impuesta al sacerdocio medieval, fue la
aceptación del celibato sacerdotal siglos antes y se llevó, en
carácter de universal, hasta el siglo XII.
El celibato enfatiza
el único rol del sacerdocio.
El sacerdote es un representante
de Cristo, un er Christuseste respecto, el sacerdote entiende su
identidad en el seguimiento del modelo impuesto por Jesús; un
hombre que vivió su vida en perfecta castidad y dedicación
a Dios. El Arzobispo Crescenzio Sepe de Grado explica: “El
ser y el actuar de un sacerdote debe ser como
Cristo: indivisible”. (The Relevance of Priestly Celibacy Today, 1993). De
igual forma, el sacerdocio sacramental es sagrado, algo separado del
resto del mundo. Tal como Cristo sacrificó su vida por
su esposa, la Santa Iglesia, el sacerdote ofrece su vida
por el bien del pueblo de Cristo.
El celibato permite
a los sacerdotes tener como prioridad a la Iglesia.
La
imagen utilizada para describir el rol de los sacerdotes es
la de un matrimonio con la Iglesia. Tal como el
matrimonio es la donación total de una persona al otro,
el sacerdocio requiere la total donación a la Iglesia. El
primer deber de un sacerdote es hacia su rebaño, mientras
que el primer deber de un esposo es a su
esposa. Obviamente estos dos roles están a menudo en conflicto,
tal como lo notó San Pablo y algunos sacerdotes lo
dirán. Un sacerdote célibe puede dedicar su total atención a
sus feligreses sin la responsabilidad de atender a su familia.
Está disponible para ir adonde sea, siempre que sea necesario,
aunque implique trasladarse a una nueva parroquia o respondiendo a
una crisis durante la noche. Los curas célibes están en
la posibilidad de responder a estos frecuentes cambios y demandas
de su tiempo y atención.
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