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Autor: Cardenal Joseph Ratzinger | Fuente: Zenit El sacerdote es ministro de la Unción de los Enfermos
Todo sacerdote, y sólo él, administra válidamente la unción de los enfermos.
En respuesta a varias preguntas que en los últimos años
han llegado a la Congregación para la Doctrina de la
Fe acerca del ministro del Sacramento de la Unción de
los Enfermos, el dicasterio reitera que sólo el sacerdote (obispos
y presbíteros) puede administrar tal Sacramento.
De lo anterior se
desprende que «ni diáconos ni laicos por ello pueden ejercer
dicho ministerio y cualquier acción en este sentido constituye simulación
del sacramento» --sería «inválido»--, para la cual el Derecho Canónico
prevé sanciones.
Así lo recuerda la Nota sobre
el ministro del Sacramento de la Unción de los Enfermos
(Cf. sección «Documentos» de Zenit) que, difundida con ese título
en la edición del viernes de «L’Osservatore Romano», emitió el
citado dicasterio el 11 de febrero –Jornada mundial del Enfermo--,
con la firma de su entonces prefecto, el cardenal Joseph
Ratzinger,
La nota, también firmada por secretario del dicasterio –el arzobispo
Angelo Amato--, se dirige a los dicasterios de la Curia
Romana, a las Conferencias Episcopales y a los Sínodos Orientales.
En una carta de acompañamiento, el entonces prefecto señala que
adjunta a dicha nota un apunte sintético sobre la historia
de la doctrina al respecto preparado por un experto.
Se
trata de un «Comentario», publicado igualmente en el diario de
la Santa Sede, que aclara que «en estas últimas décadas
se han manifestados tendencias teológicas que ponen en duda la
Doctrina de la Iglesia según la cual el ministro del
Sacramento de la Unción de los Enfermos “est omnis et
solus sacerdos”», según la formulación del Concilio de Trento (1542-1563).
«El
tema se afronta con preferencia desde el punto de vista
pastoral --sigue--, especialmente teniendo en cuenta aquella regiones en las
que la escasez de sacerdotes hace difícil la administración oportuna
del Sacramento, mientras que tal dificultad podría ser resuelta si
los diáconos permanentes e incluso laicos cualificados pudieran ser delegados
ministros del Sacramento».
«La Nota de la Congregación para la
Doctrina de la Fe quiere llamar la atención sobre estas
tendencias, para prevenir el peligro de que existan intentos de
ponerlas en práctica, en detrimento de la fe y con
grave perjuicio espiritual de los enfermos a los que se
quiere ayudar», aclara.
«La teología católica ha visto en la
Carta de Santiago (vv. 5,14-15) el fundamento bíblico para el
Sacramento de la Unción de los Enfermos –apunta el “Comentario”--.
El autor, después de haber dado varios consejos relativos a
la vida cristiana, ofrece también una norma para los enfermos:
“Quien esté enfermo, llame a los presbíteros de la Iglesia,
que oren sobre él y le unjan con óleo en
el nombre del Señor. Y la oración de la fe
salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante,
y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados”».
«En este texto
--continúa— la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo ha
identificado en el curso de los siglos los elementos esenciales
del Sacramento de la Unción de los Enfermos», llegando a
definir la doctrina que hace del sacerdote el único ministro
de tal Sacramento, y que la Nota califica como «definitive
tenenda», esto es, que debe considerarse de manera definitiva.
Las
palabras griegas de la Carta de Santiago, que la Vulgata
traduce como «presbyteros Ecclesiae», «no pueden referirse a los ancianos
de edad de la comunidad, sino a la categoría particular
de fieles a quienes, por la imposición de manos, el
Espíritu Santo había puesto a pastorear la Iglesia de Dios»,
explica.
Tras hacer un recorrido sucinto a través de la
historia de la Iglesia, el comentario llega al Concilio de
Trento, el cual da forma al Sacramento, explica la doctrina
católica en la materia y anatematiza «a quienes niegan que
la Unción de los Enfermos sea uno de los siete
Sacramentos y que el ministro de este Sacramento sea sólo
el sacerdote».
La doctrina del Concilio de Trento fue codificada
en el Código de Derecho Canónico promulgado en 1917, repetida
casi con las mismas palabras en el vigente Código de
Derecho Canónico (Cf. canon 1003.1) de 1983 y en el
Código de los Cánones de las Iglesias Orientales de 1990
(Cf. Canon 739.1).
El «Comentario» recuerda finalmente «la particular dignidad
y eficacia» de este Sacramento, subrayando que el sacerdote, al
ser su ministro, «hace presente de una forma del todo
particular al Señor Jesucristo, Cabeza de la Iglesia», porque «Aquél
que opera en este Sacramento es Jesucristo», mientras que «el
sacerdote es el instrumento» «visible».
Contenido en el Libro IV
(«De la función de santificar la Iglesia»), Parte I («De
los Sacramentos»), Título V («Del sacramento de la unción de
los enfermos»), Capítulo II («Del ministro de la unción de
los enfermos), dice el citado canon del vigente Código de
Derecho Canónico: 1003 § 1. Todo sacerdote, y sólo él,
administra válidamente la unción de los enfermos.
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