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Autor: Cristina Cendoya de Danel Sentido e institución del Orden
Es el que hace posible que la misión, que Cristo le dio a sus Apóstoles, siga siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Sentido e institución del Orden
Naturaleza
El Sacramento del Orden es el que hace posible
que la misión, que Cristo le dio a sus Apóstoles,
siga siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de
los tiempos. Es el Sacramento del ministerio apostólico.
De hecho este
es el sacramento por el cual unos hombres quedan constituidos
ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble, y
así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de
Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la
persona de Cristo Cabeza, las funciones de enseñar, gobernar y
santificar”. (CIC. c. 1008)
Todos los bautizados participan del sacerdocio de
Cristo, lo cual los capacita para colaborar en la misión
de la Iglesia. Pero, los que reciben el Orden quedan
configurados de forma especial, quedan marcados con carácter indeleble, que
los distinguen de los demás fieles y los capacita para
ejercer funciones especiales. Por ello, se dice que el sacerdote
tiene el sacerdocio ministerial, que es distinto al sacerdocio real
o común de todos los fieles, este sacerdocio lo confiere
el Bautismo y la Confirmación. Por el Bautismo nos hacemos
partícipes del sacerdocio común de los fieles.
El sacerdote actúa en
nombre y con el poder de Jesucristo. Su consagración y
misión son una identificación especial con Jesucristo, a quien representan.
El sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común de
los fieles.
Los sacerdotes ejercen los tres poderes de Cristo. Son
los encargados de transmitir el mensaje del Evangelio, y de
esa manera ejercen el poder de enseñar. Su poder de
gobernar lo ejercen dirigiendo, orientando a los fieles a alcanzar
la santidad. Así mismo son los encargados de administrar
los medios de salvación – los sacramentos – cumpliendo así
la misión de santificar. Si no hubiesen sacerdotes, no sería
posible que los fieles reciban ciertos sacramentos, de ahí la
necesidad de fomentar las vocaciones. De los sacerdotes depende, en
gran parte, la vida sobrenatural de los fieles, pues solamente
ellos pueden consagrar, al hacer presente a Cristo, y otorgar
el perdón de los pecados. Aunque estas son las dos
funciones más importantes de su ministerio, su participación en
la administración de los sacramentos no termina ahí.
El Sacramento del
Orden consta de diversos grados y por ello se
llama orden. En la antigüedad romana, la palabra Orden se
utilizaba para designar los cuerpos constituidos en sentido civil, en
especial aquellos que gobernaban. La Iglesia, tomando como fundamento la
Sagrada Escritura, llama desde los tiempos antiguos con el nombre
de taxeis (en griego), de ordines (en latín) a diferentes
cuerpos constituidos en ella. En la actualidad se designa
con la palabra ordinatio al acto sacramental que incorpora al
orden de los obispos, de los presbíteros y de los
diáconos, que confiere en don del Espíritu Santo que les
permite ejercer un poder sagrado que sólo viene de Cristo,
por medio de su Iglesia. La “ordenación” también es llamada
consecratio.
En el Antiguo Testamento vemos como dentro del pueblo de
Israel, Dios escogió una de las doce tribus, la de
Leví, para el servicio litúrgico. Los sacerdotes de la Antigua
Alianza fueron consagrados con rito propio. (Cfr. Ex. 29, 1-30).
Pero, este sacerdocio de la Antigua Alianza era incapaz de
realizar la salvación, motivo por el cual tenía la necesidad
de repetir una y otra vez sacrificios en señal de
adoración, de gratitud, de súplica y de contrición.
La Liturgia de
la Iglesia ve en el sacerdocio de Aarón y en
el servicio de los levitas, así como en la institución
de los setenta “ancianos” (Nm. 11, 24-25), prefiguraciones del ministerio
ordenado de la Nueva Alianza. También el sacerdocio Melquisedec es
considerado como una prefiguración del sacerdocio de Cristo, único “Sumo
Sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hb. 5, 10; 6,
20).
Todas esta prefiguraciones encuentran su plenitud en Cristo, “único mediador
entre Dios y los hombres” (1Tim. 2, 5). Cristo es
la fuente del ministerio de la Iglesia. Él lo ha
instituido, le ha dado la autoridad, la misión, la orientación
y la finalidad.
Institución
El Concilio de Trento definió como dogma
de fe que el Sacramento del Orden es uno de
los siete sacramentos instituidos por Cristo. Los protestantes niegan este
sacramento, para ellos no hay diferencia entre sacerdotes y laicos.
Por
la Sagrada Escritura, podemos conocer como Jesús escogió de manera
muy especial a los Doce Apóstoles (Cfr. Mc. 3, 13-15;
Jn. 15, 16). Y es a ellos a quienes les
otorga Sus poderes de perdonar los pecados, de administrar los
demás sacramentos, de enseñar y de renovar, de manera incruenta,
el sacrificio de la Cruz hasta el final de los
tiempos. Les concedió estos poderes con la finalidad de continuar
Su misión redentora y para ello, Cristo les dio el
mandato de transmitirlos a otros. Desde un principio así lo
hicieron, imponiendo las manos a algunos elegidos, nombrando presbíteros y
obispos en las diferentes localidades para gobernar las iglesias locales.
El Jueves Santo, en lo que se conoce como la
Cena del Señor, se conmemora la institución de este Sacramento.
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