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Autor: Cristina Cendoya de Danel Propiedades del Matrimonio
Son la unidad y la indisolubilidad.
Las propiedades del matrimonio son “la unidad” y la
“indisolubilidad”, como consecuencia lógica de los fines. Ellas son propiedades
que se aplican, tanto a la institución natural que Dios
instituyó, como al sacramento porque son características propias de la
naturaleza humana.
La unidad: es la unión de un solo hombre
con una sola mujer. En el matrimonio los cónyuges se
donan recíprocamente uno al otro, uniendo sus inteligencias, voluntades, sentimientos,
teniendo los mismos deseos y objetivos. La fidelidad – prometida
al contraer matrimonio - es requisito indispensable para esta unión,
de no existir provocaría un gran desequilibrio en el matrimonio.
Por ello la poligamia (unión de un hombre con varias
mujeres) y la poliandria (unión de una mujer con varios
hombres) atentan contra esta propiedad del matrimonio. Únicamente está permitido
volverse a casar cuando el vínculo se deshace al morir
uno de los esposos (Cfr. 1 Cor. 7, 39).
Un matrimonio
se puede desbaratar si no se une sólidamente para hacer
frente a todas las dificultades y vencer los muchos obstáculos
que surgen durante la vida. No es nada más la
unión en una sola carne, sino un solo corazón y
una sola alma. Caminar juntos el mismo camino. Hay dificultades
en todo matrimonio. No es posible que dos personas piensen
igual, pero deben luchar juntos por vencer esas dificultades. Recordemos
que ambos tienen la misma dignidad.
La indisolubilidad: significa que el
vínculo matrimonial dura para toda la vida y nadie lo
puede deshacer. El matrimonio rato y consumado no puede ser
disuelto por ningún poder humano, ni por causa alguna, sólo
la muerte deshace el vínculo. “Lo
que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.
(Mt. 19, 6). Otro tipo de unión no se considera
como matrimonio.
Estas propiedades son necesarias porque - por medio de
ellas – se logra conservar y fomentar la fidelidad conyugal,
se facilita la ayuda mutua y el perfeccionamiento de ambos
cónyuges. Todo esto es muy importante para la educación
de los hijos que requiere una estabilidad familiar. Además propician
la paz y la armonía en la familia y llena
de bendiciones a toda la familia.
Existen casos en que el
vínculo matrimonial puede ser disuelto, como son:
El matrimonio rato (sacramentado)
pero no consumado, es decir sin haberse llevado a cabo
el acto conyugal. En este caso puede ser disuelto por
causas justas. (Cfr. CIC. no. 1142)
Cuando dos personas no bautizadas
están casadas y una se bautiza y la otra se
opone a vivir según los designios de Dios. A esto
se le llama “privilegio paulino” (Cfr. 1Cor. 7, 12-15; CIC.
no. 1143).
Siendo el matrimonio la unión del hombre y la
mujer para ayudarse mutuamente y transmitir la vida humana, Dios
bendice esta unión en el sacramento. El hombre y la
mujer fueron creados el uno para el otro. El matrimonio cristiano
ha de ser fiel, unido, total, indisoluble y fecundo.
La
fidelidad Es esencial en el matrimonio. La entrega total no permite
el compartir al cónyuge. Ambos deben luchar diariamente por buscar
vivir unidos en su corazón, en su mente y en
su cuerpo.
La totalidad. Los esposos han de entregarse totalmente
el uno al otro: cuerpo, sentimientos, inteligencia y voluntad. Una
entrega de todo lo que son. No podemos amar nada
más a una parte del otro. Lo debemos amar todo:
con sus defectos y cualidades, en todas las circunstancias, en
lo próspero y en lo adverso, en la salud y
la enfermedad. Si un esposo o una esposa ama al
otro, le podrá decir: tú eres el único que existes
para mí, eres mi único amor.
El matrimonio es para
siempre. No puede haber una entrega total si es nada
más por un tiempo. El matrimonio es la base de
la familia y la seguridad de los hijos, por eso,
a quien más afecta la ruptura es a ellos.
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