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Autor: P. Antonio Rivera | Fuente: Catholic.net Rito litúrgico de cada uno de los sacramentos
Ritual actual de cada uno de los sacramentos
Sacramento del Bautismo
Ritos introductorios
Diálogo inicial del sacerdote con los padres
y padrinos del niño.
Pregunta a los padres y padrinos: “¿Qué
quieren para su hijo?”. La respuesta es hermosísima: “El don
del Bautismo....La vida eterna...La santidad de Dios para nuestro hijo”.
Acogida y signación en la frente del niño.
Liturgia de la
Palabra
Lecturas.
Salmo responsorial.
Homilía.
Oración en silencio
Oración de los
fieles.
Exorcismo.
Unción en el pecho del niño.
Liturgia sacramental
Bendición del agua.
Renuncias.
Profesión de
fe.
Petición del bautismo.
Ablución más la fórmula: “Yo te bautizo en
el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo”.
Crismación en la cabeza.
Vestidura.
Entrega del cirio.
Efetá (opcional)
Ritos conclusivos
Padrenuestro.
Bendiciones varias.
Cántico de
acción de gracias.
Presentación del recién bautizado a la Virgen.
Sacramento de
la Confirmación
Cuando la confirmación es dentro de la misa se
sigue esta estructura:
Ritos introductorios
Liturgia de la Palabra
Sacramento de la confirmación
Presentación
de los confirmandos.
Homilía.
Renovación de las promesas del bautismo.
Imposición de manos.
Monición.
Oración.
Momentos de silencio.
Oración con las manos extendidas sobre los confirmandos.
Crismación
en la frente con la fórmula: N, recibe por esta
señal el don del Espíritu Santo.
Oración de los fieles
Liturgia eucarística
Rito
de conclusión
Cuando la confirmación tiene lugar fuera de la misa,
la estructura es así:
Rito de entrada: canto, procesión de entrada,
reverencia al altar, saludo del obispo, oración.
Liturgia de la Palabra.
Liturgia
del sacramento
Presentación de los confirmandos.
Homilía.
Renovación de las promesas del bautismo.
Imposición
de manos. Monición.
Oración.
Instantes de silencio.
Oración con las manos extendidas sobre
los confirmandos.
Crismación en la frente con la fórmula: N, recibe
por esta señal el don del Espíritu Santo.
Oración de los
fieles
Recitación de la oración dominical: Padrenuestro.
Rito de despedida: fórmula especial
de bendición solemne o la oración sobre el pueblo, canto.
Sacramento
de la Eucaristía
Ritos introductorios
Canto de entrada.
Inclinación al altar.
Beso al altar.
Incensación, si es solemnidad.
Saludo.
Acto penitencial.
Kyrie.
Gloria.
Oración colecta.
Liturgia de la Palabra
Primera lectura.
Salmo
responsorial
Segunda lectura.
Alleluia.
Evangelio.
Homilía.
Credo.
Oración de fieles
Liturgia de la Eucaristía
Preparación y presentación de
los dones.
Incensación, si es solemnidad.
Lavatorio de las manos
Oración sobre las
ofrendas.
Plegaria eucarística
Rito de la comunión
Ritos conclusivos
Saludo
Bendición.
Despedida final.
Sacramento de la
Penitencia
Acogida del penitente: “En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. El penitente tiene que
experimentar, desde que entra en el confesonario, la ternura de
Dios y la alegría de poderle abrazar a su Padre
Dios, lleno de misericordia.
Lectura de la Palabra de Dios: puede
leerse un texto evangélico; puede hacerse dentro de la confesión
o, mejor, antes de entrar a la confesión, para no
retrasar a otros penitentes que están ya esperando.
Confesión de
los pecados del penitente: “Estos son mis pecados:...”. Contarlos con
sencillez, humildad y sinceridad, sin poner excusas, sin enrollarse, ni
ocultar circunstancias importantes que agraven el pecado.
Manifestación del dolor por
parte del penitente: “Yo confieso; o Pésame; o Señor mío
Jesucristo...”. Este dolor es por haber ofendido a Dios nuestro
Padre lleno de amor y de ternura. Este dolor está
unido a un propósito firmísimo de enmienda, sin el cual
la confesión no tiene efecto.
Absolución sacramental por parte del confesor:
“Dios Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la
muerte y resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu
Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por
el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz,
Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE
DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO”. En
cada confesión experimentamos en nuestra alma toda la sangre redentora
de Cristo que nos limpia, nos purifica, nos perdona y
nos santifica. Cada confesión es una auténtica y renovada Pascua.
Alabanza a Dios: - “Da gracias al Señor porque es
bueno” - ”Porque es eterna su misericordia”.
Despedida del sacerdote: “Vete en
paz, y anuncia a los hombres las maravillas de Dios
que te ha salvado”. Salimos felices para proclamar la gran
misericordia de Dios en nuestras vidas.
Sacramento de la Unción
de enfermos
Ritos de entrada:
Saludo.
Acto penitencial.
Liturgia de la Palabra:
Se lee
un texto del evangelio referido a un enfermo.
Letanías
Liturgia del sacramento:
santa unción. Así es la hermosa fórmula que dice el
sacerdote: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia,
te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo”.
El enfermo responde: Amén. “Para que, libre de tus pecados,
te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”.
El enfermo responde: Amén. Acto seguido el sacerdote dice esta
oración: “Te rogamos, Redentor nuestro, que, con la gracia del
Espíritu Santo, cures la debilidad de este enfermo, sanes sus
heridas y perdones sus pecados. Aparta de él todo cuanto
pueda afligir su alma y su cuerpo; por tu misericordia
devuélvele la perfecta salud espiritual y corporal, para que, restablecido
por tu bondad, pueda volver al cumplimiento de sus acostumbrados
deberes. Tú que vives y reinas por los siglos de
los siglos”. El enfermo responde: Amén.
Ritos conclusivos: Padrenuestro y bendición
final.
Sacramento del Orden Sacerdotal
Me centraré sólo en el presbiterado, que
es el segundo grado del Orden sacerdotal. El primer grado
es el diaconado y el tercero es el episcopado.
El sacerdocio
es un don que Dios da al que quiere. Dicho
don lo otorgó sólo a varones, porque Él quiso, era
su plan. No es discriminación ni falta de atención a
la mujer. Son diferentes funciones dentro de la Iglesia. A
la mujer le tenía Dios preparada otras funciones y ministerios,
que las vive y las cumple con toda su ternura
y delicadeza.
Dios elige a esos hombres que harán las
veces de Cristo Maestro, Sacerdote y Pastor, y así su
cuerpo, que es la Iglesia, se edifique y crezca como
Pueblo de Dios y templo del Espíritu Santo.
Al asemejarse
a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y al unirse al
sacerdocio de los obispos, ellos quedarán consagrados como auténticos sacerdotes
del Nuevo Testamento, para anunciar el Evangelio, apacentar al pueblo
de Dios y celebrar el culto divino, especialmente en el
sacrificio del Señor.
El obispo el día de la ordenación
le dice al nuevo sacerdote:
“Por eso, vosotros, queridos hijos,
que ahora seréis consagrados presbíteros, debéis cumplir el ministerio de
enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Anunciad a todos
los hombres la palabra de Dios que vosotros mismos habéis
recibido con alegría. Meditad la ley del Señor, creed lo
que leéis, enseñad lo que creéis y practicad lo que
enseñáis. Que vuestra doctrina sea un alimento sustancioso para el
pueblo de Dios; que la fragancia espiritual de vuestra vida
sea motivo de regocijo para todos los cristianos, a fin
de que con la palabra y el ejemplo construyáis ese
edificio viviente que es la Iglesia de Dios.
Os corresponderá también
la función de santificar en nombre de Cristo. Por medio
de vuestro ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles alcanzará
su perfección al unirse al sacrificio del Señor, que por
vuestras manos se ofrecerá incruentamente sobre el altar, en la
celebración de la Eucaristía. Tened conciencia de lo que hacéis
e imitad lo que conmemoráis. Por tanto, al celebrar el
misterio de la muerte y la resurrección del Señor, procurad
morir vosotros mismos al pecado y vivir una vida realmente
nueva.
Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios
por medio del bautismo, al perdonar los pecados en nombre
de Cristo y de la Iglesia por medio del sacramento
de la penitencia, al confortar a los enfermos con la
santa unción, y en todas las celebraciones litúrgicas, así como
también al ofrecer durante el día la alabanza, la acción
de gracias y la súplica por el pueblo de Dios
y por el mundo entero, recordad que habéis sido elegidos
de entre los hombres y puestos al servicio de los
hombres en las cosas que se refieren a Dios.
Con permanente
alegría y verdadera caridad continuad la misión de Cristo Sacerdote,
no buscando vuestros intereses sino los de Jesucristo.
Finalmente, al participar
de la función de Cristo, Cabeza y Pastor de la
Iglesia, permaneced unidos y obedientes al obispo. Procurad congregar a
los fieles en una sola familia, animada por el Espíritu
Santo, conduciéndolos a Dios por medio de Cristo. Tened siempre
presente el ejemplo del Buen Pastor que no vino a
ser servido sino a servir y a buscar y salvar
lo que estaba perdido”.
Después de la lectura del evangelio:
Presentación
de los ordenandos por parte del rector del seminario.
Homilía del
obispo.
Se examina a los candidatos sobre sus disposiciones respecto al
ministerio que van a recibir, y la promesa de obediencia
al propio obispo y sucesores .
Letanías de los santos con
la oración “Exaudi nos” del Veronense. Terminan las letanías con
este hermosa oración del obispo: “Escúchanos, Señor, Dios nuestro: derrama
sobre este tu servidor la bendición del Espíritu Santo y
la virtud de la gracia sacerdotal, para que la abundancia
de tus dones acompañe siempre al que ahora te presentamos
para ser consagrado. Por Cristo nuestro Señor. Amén”.
Imposición
de las manos en silencio por parte del obispo sobre
la cabeza de los candidatos; lo mismo hacen los presbíteros
que participan en el rito.
La oración consecratoria es la del
Veronense, que pasó a todos los Pontificales, con algunas modificaciones.
Lo principal de la oración dice así: “Te pedimos, Padre
todopoderoso, que confieras a este siervo tuyo la dignidad del
presbiterado; renueva en su corazón el Espíritu de santidad; reciba
de ti el sacerdocio de segundo grado y sea, con
su conducta, ejemplo de vida...”.
Después algunos presbíteros colocan la
estola en sentido presbiteral a cada uno de los ordenados
y les revisten con la casulla.
Luego, el obispo unge
con el Santo Crisma las manos de los ordenados: “Jesucristo,
el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza
del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano
y para ofrecer a Dios el sacrificio”.
Sigue la
entrega a cada ordenado de la patena con pan y
del cáliz con vino y un poco de agua, mientras
dice: “Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a
Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras,
y conforma tu vida con el misterio de la cruz
de Cristo”.
Finalmente, el obispo da la paz a cada uno
de los ordenados: “La paz esté contigo”.Y el nuevo sacerdote
responde: “Y con tu espíritu”.
Acto seguido, continúa la celebración de
la Eucaristía: el obispo ordenante con los recién ordenados. Es
la primera misa que celebran los nuevos sacerdotes.
Sacramento del Matrimonio
En
este sacramento, Jesús viene a bendecir ese amor que se
profesan el esposo y la esposa, y que fue una
participación del mismo Dios. Viene elevado a sacramento lo que
es de derecho natural; se convierte en fuente de gracia
divina y en reflejo del amor fiel que tiene Cristo
con su Iglesia.
Ambos se convierten en sagrados, el uno
para el otro. Reciben la gracia de estado para cumplir
su tarea de esposos y de padres, ser fieles hasta
la muerte y educar a los hijos cristianamente. Cada matrimonio
por la Iglesia es matrimonio en Dios y por Dios,
es vivir la experiencia de la primera boda de Caná,
donde Jesús convierte nuestra agua en vino oloroso y perfumado,
el vino del amor matrimonial, con todos los aditivos para
que no se corrompa ni se avinagre.
¿Cómo es el rito
del sacramento del matrimonio?
Rito de entrada.
Liturgia de la Palabra.
Liturgia del
sacramento:
El escrutinio: “N y N, ¿sois plenamente libres para contraer
matrimonio? Responden: – Sí lo somos. Pregunta el sacerdote: ¿Os
comprometéis a amaros y respetaros durante toda vuestra vida? Responden:
- Sí, nos comprometemos. Pregunta el sacerdote: ¿Os comprometéis
también a colaborar en la obra creadora de Dios, asumiendo
vuestra responsabilidad en la comunicación de la vida y
en la educación de los hijos de acuerdo con la
ley de Cristo y de la Iglesia? Responden: – Sí,
nos comprometemos.
El consentimiento: “Manifestad entonces vuestra decisión de contraer matrimonio
estrechándoos la mano derecha y expresad ante Dios y su
Iglesia vuestro consentimiento matrimonial”. Cada uno dice: “- Yo, N.,
te recibo a ti como esposa/o y prometo serte fiel
tanto en la prosperidad como en la adversidad, en la
salud como en la enfermedad, amándote y respetándote durante toda
mi vida”. Y el sacerdote confirma el consentimiento: “El Señor
confirme el consentimiento que habéis manifestado delante de la Iglesia
y realice en vosotros lo que su bendición os promete.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Bendición
e imposición de los anillos:“El Señor bendiga estos anillos que
os entregaréis el uno al otro, como signo de amor
y de fidelidad”. Y ellos: “N, recibe este anillo como
signo de mi amor y fidelidad. En el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Bendición y
entrega de las arras: es un rito opcional. Las arras
son unas monedas. La bendición que da el sacerdote es
ésta: “Bendice, Señor, estas arras, que pone N. En manos
de N. Y derrama sobre ellos la abundancia de tus
bienes”. El esposo toma las arras y las entrega a
la esposa diciéndole: “N., recibe estas arras como prenda de
la bendición de Dios y signo de los bienes que
vamos a compartir”.
La bendición de los esposos .
Comunión, si
los esposos quieren recibirla y están en estado de gracia.
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Esta muy bueno el artículo, pero hay algunos
errores. El Diaconado pertenece al sacramento del
orden, pero no al sacerdotal, el diácono es
sacerdote en cuanto posee el sacerdocio común de
los fieles, puesto que no posee el sacerdocio de
Cristo cabeza. El orden sacerdotal posee solo dos
grados: el primero, que es la plenitud del
sacerdocio, es el de los obispos y el segundo, es
el de los presbíteros. Dios los bendiga. A Dios.
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