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Autor: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net Elementos Materiales de la Liturgia
El Templo, el Altar, vestiduras del Papa, obispos y sacerdotes, colores litúrgicos.
Elementos Materiales de la Liturgia
Los elementos materiales de la liturgia son los siguientes:
a)
El Templo
El templo está consagrado para el culto a
Dios. Es verdad que Dios está presente en todas partes,
pero quiere tener un lugar visible de su presencia en
este mundo. Y esto es el templo, la casa de
Dios, que más comúnmente llamamos “iglesia”. Por eso, siempre que
vemos una iglesia, nos acordamos de que Dios está presente
en el mundo y hacemos la señal de la cruz.
El templo o iglesia es también la casa del pueblo
de Dios, reunido para escuchar la Palabra de Dios, para
rezar, para fraternizar como hijos de Dios.
Al inicio, los
primeros cristianos daban culto a Dios en casas particulares (casas
romanas de dos pisos). Lo requería la discreción y la
prudencia, pues los emperadores romanos impedían todo culto público.
Fue Constantino
en año 313 d.C. el que permitió el culto público
y lo revistió de solemnidad y magnificencia. Y fue él,
el que mandó construir las basílicas, que eran edificios muy
grandes, en un inicio dedicadas al rey o emperador, y
después ofrecidas a Dios, el Rey de reyes.
Durante siglos se
han ido construyendo diversos tipos de templos dedicados a Dios:
Basílica:
la basílicas mayores son siete y están en Roma; las
menores, por todo el mundo, y ha sido
el papa quien ha querido honrarlas con ese título.
Catedral: donde
tiene la sede o cátedra el obispo.
Iglesia abacial: donde tiene
su sede un abad mitrado.
Iglesias parroquiales: para atender espiritualmente a
un grupo de fieles y a cargo del párroco y
sus colaboradores sacerdotes, en una localidad o territorio delimitado.
Iglesia conventual:
que pertenece a comunidades religiosas.
Capillas, oratorios públicos, semipúblicos o privados.
b) Los lugares anexos al templo
Las capillas laterales: son
como otras tantas pequeñas iglesias dentro de la principal. Responden
al deseo de dar culto a santos locales y universales
de mayor devoción.
Bautisterio: hoy el bautisterio ha cedido su lugar
a la pila bautismal. Está colocado en los pórticos de
las grandes basílicas o muy contiguos a ellas.
Sacristía: lugar sagrado
para guardar los ornamentos y vestiduras sagradas, cálices, y objetos
del culto. Con frecuencia se encuentra dentro de la sacristía
el relicario, o capilla donde se custodia y expone el
tesoro de las reliquias de santos y vasos de orfebrería.
Torres
y campanarios: que indican la presencia de Dios en ese
lugar. Las flechas de los campanarios rematan, las más de
las veces, con una cruz, una veleta o un gallo.
La cruz proclama el signo de Cristo; la veleta recuerda
los vaivenes de la fama y lo efímero de la
vida; y el gallo es símbolo de la vigilancia.
La cripta:
los primeros cristianos la usaban como sepulcro para sus santos
mártires y para sitio de reunión en el día del
aniversario de su martirio. Con el tiempo, cada cripta sepulcral
se convirtió en una pequeña capilla sobre la que se
erigieron luego otras iglesias superiores, haciendo coincidir los altares de
ambas.
Ahora veamos el mobiliario litúrgico del templo es decir, el
conjunto de muebles que adornan o completan el templo.
Pila de
agua bendita: lo primero que se encuentra, al entrar en
una iglesia, es una o dos pilas de agua bendita.
Es un símbolo: purificarnos antes de comenzar una acción litúrgica
en el templo sagrado. Esta agua bendita es un sacramental,
que debemos aprovechar con devoción, fe y reverencia.
Pila bautismal: los
antiguos bautisterios han quedado hoy reducidos a una pila de
piedra o de mármol, más o menos grande y artística.
Se la coloca en un ángulo de la Iglesia contigua
al cancel, también en una capilla separada por una verja.
Hoy se tiende a emplazarlas en el presbiterio. A todo
buen cristiano debe inspirar agradecida devoción la pila, donde fue
espiritualmente regenerado y hecho hijo adoptivo de Dios y miembro
de la comunidad eclesial.
Púlpito: estaba adosado al muro o en
alguno de los pilares de la nave o del presbiterio.
Hoy lo suplen los ambones o simples atriles de la
sede presbiteral con su micrófono. Desde el púlpito se predicaban
los sermones, la voz llegaba fuerte a la gente y
el sacerdote podía ver a todos desde el mismo.
Ambón: es
el lugar desde donde se proclama la Palabra de Dios,
hacia el cual se dirige espontáneamente la atención de los
fieles durante la liturgia de la Palabra. Conviene que sea
estable y no un mueble portátil. Se usa sólo para
proclamar las lecturas, cantar o leer el salmo responsorial y
el pregón pascual, hacer la homilía y la oración de
los fieles. No debe usarse para el guía ni para
el cantor o director de coro.
Los confesonarios: donde Cristo, a
través de su Iglesia, en la persona del sacerdote, administra
y ofrece el sacramento de la confesión para el perdón
de los pecados de los hombres. A partir del concilio
de Trento, en el siglo XVI, aparecieron los confesonarios cerrados
a los lados, con paredes provistas de rejilla. Los confesonarios
actuales son funcionales y prácticos, y están situados en lugares
especiales de la iglesia o en capillas penitenciales.
Alcancías: destinadas
a recoger las limosnas de los fieles, para el culto,
la caridad de los necesitados, o necesidades de la parroquia,
para las vocaciones. Dichas alcancías sirven para fomentar la caridad
y la generosidad de todos.
Bancos: para sentarnos y escuchar la
Palabra de Dios, pasar un rato de meditación íntima con
el Señor.
Imágenes: ya sean pinturas (cuadros, mosaicos), ya sean esculturas
(estatuas). Son incentivos de devoción, medios de instrucción y
elementos decorativos para el culto de Dios y de los
santos. No deben ser excesivos, deben ponerse en justo orden,
y no distraer la atención de los fieles. No son
signos de superstición ni de idolatría, como creen los protestantes.
A Dios Padre se le representa como un anciano venerable.
A Cristo: se le representa en el crucifijo, o el
Sagrado Corazón, o sus emblemas: Buen Pastor, el Cordero, el
Pelícano. La figura típica del Espíritu Santo es la paloma,
o las lenguas de fuego. Los ángeles son figuras aladas.
El Via crucis representa el camino de la cruz y
las escenas de la Pasión del Salvador, recordándonos el camino
doloroso de Jesús para salvarnos.
Las lámparas: las velas se encienden
para los actos litúrgicos. Siempre queda encendida una lámpara, la
del sagrario. Ella es fiel centinela que asiste día y
noche, en nombre del pueblo cristiano, al Divino solitario del
sagrario, Jesús. Esa lamparita da fe de la presencia real
de Jesús sacramentado. Simboliza también nuestra vida que debe ir
consumiéndose al servicio de Dios, en el silencio de nuestra
entrega generosa y abnegada.
El órgano: en el rito latino ha
sido el instrumento más tradicional. Existe para el órgano una
bendición ritual, antes de su inauguración para el culto. Así
dice el documento del Vaticano II: “téngase en gran estima
en la iglesia latina, el órgano de tubos, como instrumento
musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a
las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios
y hacia las realidades celestiales” (Sacrosanctum Concilium, n. 120).
c)
El Altar
Representa a Cristo y es la mesa de su
sacrificio y del banquete celestial, para quienes caminamos hacia
la eternidad. Es el corazón del templo. Por eso se
lo besa, se lo inciensa. Tiene que ser de piedra
o mármol. ¡Es Cristo visible! Ya desde el Antiguo Testamento
se construían altares para los sacrificios a Yahvé. Tiene que
ser alto, grande.
El altar tiene sus accesorios:
El mantel: pues es
banquete lo que se celebra sobre el altar. En esa
“mesa” Dios Padre nos servirá a su Hijo Jesús, como
Cordero inmaculado, para alimento del alma.
Candelero: es la luz de
la presencia de Cristo.
El crucifijo: colocado sobre el altar, pues
cada misa es Calvario donde participamos de la cruz de
Cristo.
Vasos y utensilios sagrados: El templo es como el
palacio de Dios; el sagrario su recámara y como su
sala de recepción; el cáliz, la patena, el copón y
la custodia son a modo de vajilla sagrada de la
mesa eucarística. Todos estos vasos y utensilios son sagrados. El
cáliz y la patena se usan para la celebración del
Santo Sacrifico de la misa. El copón y la custodia
sirven para conservar, trasladar o exponer el Santísimo Sacramento. Vaso
subsidiario es la teca o cajita, usada para llevar la
comunión a los enfermos.
Otros: También son objeto de culto las
crismeras, las vinajeras y el vasito de las abluciones; el
incensario con la naveta, la campana o campanilla, las bandejas,
el acetre o calderillo con agua bendita para las bendiciones
y aspersiones; lleva dentro un hisopo.
Las vestiduras pertenecen también
a los elementos materiales de la liturgia. Tienen también su
profundo significado. Vestir una determinada ropa significa asumir la personalidad
correspondiente, asumir una identidad, puesta de manifiesto en esas vestiduras;
por ejemplo, la bata del médico, el uniforme militar, la
sotana del sacerdote, etc. Estas vestiduras no indican un poder
sobre nadie; sino un servicio a los demás.
Vestiduras del diácono
Dalmática:
Del latín “dalmatica vestis”, túnica o vestidura de Dalmacia. Vestido
litúrgico en forma de túnica hasta las rodillas, con mangas
amplias, que usan los diáconos sobre el alba y la
estola. Los primeros cristianos la tomaron de los romanos y
éstos, del pueblo de los dálmatas (hoy países balcánicos). La
vestían las personas de dignidad.
Estola cruzada: de hombro izquierdo hacia
el derecho, en forma descendente.
Vestiduras del presbítero o sacerdote
Amito:
pequeño lienzo rectangular, de lino blanco, colocado debajo del alba
que pueden usar los ministros sobre los hombros y alrededor
del cuello, debajo del alba, para ocultar los vestidos comunes.
Tenía un significado alegórico: servía en defensa contra las tentaciones
diabólicas y la moderación de las palabras. Hoy ya no
se suele usar, porque las albas vienen confeccionadas de forma
que cubran el cuello, y ya no con cuello en
forma de V. Esta es la oración que rezaba el
sacerdote al ponerse el amito: “Impón en mi cabeza, Señor,
el casco de la salvación, para rechazar los asaltos del
diablo”.
Alba: Del latín “alba”, blanca. Es una vestidura litúrgica
común a todos los ministros. Es una túnica talar blanca
de mangas largas que cubre todo el cuerpo y se
reviste sobre el vestido común. El sacerdote representa con esa
alba la pureza que el hombre recibe por los méritos
del misterio pascual de Cristo. También significa la penitencia y
la pureza de corazón que debe llevar el sacerdote al
altar. El alba se coloca sobre el clergyman o la
sotana. Esta es la oración que reza el sacerdote al
ponerse el alba: “Purifícame, Señor, y limpia mi corazón, para
que purificado con la sangre del Cordero, pueda disfrutar de
los goces eternos”.
Roquete: Del latín “Rochetum”, especie de alba corta,
hasta la altura de las rodillas, que se usa sobre
la sotana o el hábito religioso. También se llama sobrepelliz.
Puede ser usada por el sacerdote o el diácono para
exponer el Santísimo, para una celebración de Bautismo, para un
matrimonio.
Cíngulo: Del latín “cingulum”, cinturón. Es cuerda o cordón
con la que se ajusta el alba a la altura
de la cintura. Aunque su uso es simplemente utilitario, sin
embargo, podríamos ver que con el cíngulo el sacerdote ata
a la pureza del alba a todo el mundo, a
los fieles y los lleva al altar para ofrecerlos en
la celebración. Esta es la oración del sacerdote al ponerse
el cíngulo: “Cíñeme, Señor, con el cinturón de la pureza
y extingue en mis entrañas el fuego de la concupiscencia,
para que permanezca en mí la virtud de la continencia
y de la castidad”.
Estola: Del griego “stolé”, vestido. Es prenda
de tela alrededor del cuello del sacerdote, usada para las
celebraciones litúrgicas. La usan los obispos y presbíteros, colgando del
cuello hacia delante; y los diáconos, desde un hombro hasta
la cintura atravesando en diagonal la espalda y el pecho.
Es símbolo de los poderes sagrados que recibe el sacerdote,
como pastor que lleva a sus ovejas sobre sus hombros,
como maestro que enseña a sus discípulos; como guía que
conduce a las almas hacia la vida eterna. Esta es
la oración que reza el sacerdote al ponerse la estola:
“Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por
el pecado de los primeros padres; y, aunque me acerco
a tus sagrados misterios indignamente, haz que merezca, no obstante,
el gozo eterno”.
Casulla: Del latín “casula”, cabaña. Vestimenta litúrgica
amplia y abierta por los costados para la celebración de
la Misa. Se usa sobre el alba y la estola.
Confeccionada en tela, tiene la forma de una capa cerrada
por delante o poncho. Cambia su color según la celebración
y el tiempo litúrgico. Simboliza la caridad que cubre todos
los pecados y por apoyarse sobre los hombros, el suave
yugo del Señor. Esta es la oración que dice el
sacerdote al ponerse la casulla: “Señor, que dijiste: Mi yugo
es suave y mi carga ligera, haz que lo lleve
de tal manera que alcance tu gracia. Amén”.
Vestiduras del obispo
Mitra:
Gorro que usan los obispos y abades desde el siglo
X. Está formado por dos trozos de tela acartonada cosidos
o pegados por los costados, y abierto en la parte
superior. Símbolo del poder y servicio espiritual. “El obispo neoelecto
la recibe como si fuera una exhortación a esforzarse para
que en él “brille el resplandor de la santidad” y
merezca recibir “la corona de gloria que no se marchita”
cuando aparezca Cristo, el “Príncipe de los pastores” .
Ínfulas:
Cintas que cuelgan detrás de la mitra. Significan que el
ministro debe poseer la ciencia del Antiguo y del Nuevo
Testamento.
Anillo: Del latín “anellus”, anillo. Insignia propia de los obispos.
Simboliza su desposorio con la Iglesia local o diócesis. También
pueden usarlo algunos abades y abadesas. “El anillo que se
impone al obispo significa que contrae sagradas nupcias con la
Iglesia....”Recibe este anillo, signo de fidelidad y permanece fiel a
la Iglesia, esposa santa de Dios”...Este anillo, símbolo nupcial, expresa
el vínculo especial del obispo con la Iglesia. Para mí
es una llamada cotidiana a la fidelidad. Una especie de
interpelación silenciosa que se hace oír en la conciencia: ¿me
doy totalmente a mi Esposa, la Iglesia?¿Soy suficientemente para las
comunidades, las familias, los jóvenes y los ancianos, y también
para los que todavía están por nacer? El anillo me
recuerda también la necesidad de ser sólido “eslabón” en la
cadena de la sucesión que me une a los Apóstoles...”
.
Báculo: Del latín “baculum”, bastón. Insignia litúrgica propia del
obispo como pastor de la comunidad; lo recibe el día
de su ordenación y lo usa cuando preside una celebración
en su diócesis. Simboliza que es buen pastor de las
ovejas, que apacienta, instruye, guarda y las defiende, como Cristo,
el Buen Pastor. “Es el signo de la autoridad que
compete al obispo para cumplir su deber de atender a
su grey. También este signo se encuadra en la perspectiva
de la preocupación por la santidad del Pueblo de Dios...
En él veo simbolizadas tres tareas: solicitud, guía, responsabilidad. No
es un signo de autoridad en el sentido corriente de
la palabra. Tampoco es signo de precedencia o supremacía sobre
los otros; es signo de servicio... ¡Servir! ¡Cómo me gusta
esta palabra! Sacerdocio “ministerial”, un término que sorprende...El obispo tiene
la precedencia en el amor generoso por los fieles y
por la Iglesia” .
Solideo: Del latín “solus”, solo, y
“Deo”, a Dios. Gorro de tela en forma de casquillo
que usan los obispos, y cubre la coronilla. Si son
obispos, el color del solideo es violeta; si son cardenales,
es rojo, y el Papa lo usa de color blanco.
Simboliza la protección de Dios y la dedicación a solo
Dios.
Pectoral: Del latín “pectus”, pecho. Es cruz de metal,
madera, marfil que llevan los obispos sobre el pecho, como
insignia de su cargo y dignidad. En la celebración de
la Misa pueden llevarla sobre la casulla. El día de
la ordenación episcopal toman y aceptan sobre sus espaldas, de
un modo más comprometido, la cruz de Cristo, que no
faltará en su ministerio episcopal.
Vestiduras del papa
Tiara: Especie de
mitra circular con triple corona que, desde el siglo XII
hasta el Papa Pablo VI, usaban los obispos de Roma
como insignia propia. Representaba el triple poder del Papa como
obispo de Roma, supremo pastor de la Iglesia y jefe
de los Estados Pontificios.
Las vestiduras del Papa son blancas: sotana,
faja, solideo.
Vestiduras de los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión
Túnica
o toga: Vestidura sagrada que deben colocarse los ministros para
repartir la Comunión. Indica el respeto y la veneración con
que hay que repartir la Sagrada Comunión.
e) Colores litúrgicos
Después de haber
explicado las vestiduras veamos ahora los diversos colores de las
vestiduras que se usan en la liturgia.
Tienen también su
sentido. Por un lado, expresan lo característico de los misterios
de la fe que se celebran, y por otro lado,
exteriorizan con mayor eficacia el sentido progresivo de la vida
cristiana a lo largo del año litúrgico. Son como los
semáforos para orientar nuestro camino y nuestra peregrinación al cielo.
También nosotros nos ponemos un vestido de color según el
tiempo, la estación, la fiesta o la circunstancia que celebramos.
La Iglesia es pedagoga, maestra que enseña con todo lo
que nos ofrece en la liturgia.
Desde el Papa Inocencio III
(siglos XII y XIII) quedaron como oficiales, para la liturgia,
los siguientes colores: blanco, rojo, verde, morado y el negro.
Y, aunque el simbolismo de los colores cambia de cultura
a cultura, sin embargo, podemos dar a los colores litúrgicos
un simbolismo que hasta ahora la Iglesia ha aceptado.
Blanco: simboliza
la luz, la gloria, la inocencia. Por eso se emplea
en los misterios gozosos y gloriosos del Señor, en la
dedicación de las Iglesias, en las fiestas, en las conmemoraciones
de la Virgen, de los ángeles, de los santos no
mártires, y en la administración de algunos sacramentos (primera comunión,
confirmación, bodas, orden sagrado).
Rojo: es el color más parecido a
la sangre y al fuego, y por eso es el
que mejor simboliza el incendio de la caridad y el
heroísmo del martirio o sacrificio por Cristo. Se emplea para
el Domingo de Pasión (domingo de Ramos), Viernes Santo, Pentecostés,
fiestas de la Santa Cruz, apóstoles, evangelistas y mártires.
Verde: indica
la esperanza de la criatura regenerada y el ansia del
eterno descanso. Es también signo de vida y de frescura
y lozanía del alma cristiana y de la savia de
la gracia de Dios. Se usa los domingos y días
de semana del tiempo ordinario. En la vida ordinaria debemos
caminar con la esperanza puesta en el cielo.
Morado o violeta:
es el rojo y negro amortiguados o si se quiere,
un color oscuro y como impregnado de sangre; es signo
de penitencia, de humildad y modestia; color que convida al
retiro espiritual y a una vida algo más austera y
sencilla, exenta de fiestas. Se emplea durante el Adviento y
la Cuaresma, vigilias, sacramentos de penitencia, unción de enfermos, bendición
de la ceniza. Y hoy reemplaza al negro, que se
utilizaba en las exequias de difuntos.
Negro: es el color de
los lutos privados, domésticos y sociales. Hoy se cambia por
el morado para que así resplandezca mejor el misterio
Pascual.
Rosa: es símbolo de alegría, pero de una alegría efímera,
propia solamente de algunos días felices, de las estaciones
floridas de cierta edad. Se puede usar en los domingos
Gaudete y Laetare , tercer domingo de Adviento y Cuaresma,
respectivamente. Es para recordar a los ayunadores y penitentes de
esas dos temporadas la cercanía de la Navidad y Pascua.
Azul: color del cielo. Se puede usar en las misas
de la Virgen, sobre todo el día de la Inmaculada
Concepción.
Todos estos colores deben estar marcados también en nuestro corazón:
Debemos
vivir con el vestido blanco de la pureza, de la
inocencia. Reconquistar la pureza con nuestra vida santa.
Debemos vivir con
el vestido rojo del amor apasionado a Cristo, hasta el
punto de estar dispuesto a dar nuestra vida por Cristo,
como los mártires.
Debemos vivir el color verde de la esperanza
teologal, en estos momentos duros de nuestro mundo, tendiendo siempre
la mirada hacia la eternidad.
Debemos vivir el vestido morado o
violeta, pues la penitencia, la humildad y la modestia deben
ser alimento y actitudes de nuestra vida cristiana.
Debemos vivir el
vestido rosa, solo de vez en cuando, pues toda alegría
humana es efímera y pasajera.
Debemos vivir con el vestido
azul mirando continuamente el cielo, aunque tengamos los pies
en la tierra.
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