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Autor: La Buhardilladejeronimo | Fuente: La Buhardilladejeronimo Obispo restaura la posición "Ad Orientem"
El Papa Benedicto ha estado urgiéndonos a poner nuestra atención en la práctica litúrgica clásica de la Iglesia para recuperar un culto católico más auténtico.
Obispo restaura la posición "Ad Orientem"
El Obispo Edward Slattery de Tulsa, Oklahoma, ha retornado a
la práctica de celebrar la liturgia eucarística “ad orientem” en
su catedral.
El Obispo Slattery explicó en su periódico diocesano
que reconoce las ventajas de la Misa celebrada con el
sacerdote de cara al pueblo pero que “desafortunadamente, este cambio
tuvo una cantidad de efectos no previsibles y en gran
parte negativos”. A continuación, nuestra traducción de la explicación de
Mons. Slattery.
Debido a que la Misa es tan necesaria y
fundamental para nuestra vida como católicos, la Liturgia es un
tema constante en nuestras conversaciones. Es por esto que cuando
nos reunimos, a menudo reflexionamos sobre las oraciones y las
lecturas, hablamos sobre la homilía, y – probablemente – discutimos
acerca de la música. El elemento crítico en estas conversaciones
es nuestra comprensión de que nosotros, los católicos, damos culto
en la forma en que lo hacemos debido a lo
que la Misa es: el Sacrificio de Cristo, ofrecido bajo
los signos sacramentales de pan y vino.
Si nuestro hablar acerca
de la Misa quiere “tener sentido”, entonces tenemos que captar
esta verdad esencial: en la Misa, Cristo nos une a
Sí en la ofrenda que hace de Sí mismo, en
sacrificio al Padre por la redención del mundo. Nosotros podemos
ofrecernos de esta forma en Él, porque hemos sido hechos
miembros de Su Cuerpo por el Bautismo.
También queremos recordar que
todos los fieles ofrecen el Sacrificio Eucarístico como miembros del
Cuerpo de Cristo. Es incorrecto pensar que sólo el sacerdote
ofrece la Misa. Todos los fieles tienen parte en la
ofrenda, si bien el sacerdote tiene un rol único. Él
lo hace “en la Persona de Cristo” Cabeza del Cuerpo
Místico, por lo que en la Misa es el Cuerpo
entero de Cristo, la Cabeza y los miembros, que juntos
hacen la ofrenda.
De cara hacia la misma dirección
Desde los primeros
tiempo, la posición del sacerdote y del pueblo reflejaron esta
comprensión de la Misa, dado que la gente oraba, de
pie o de rodillas, en el lugar que visiblemente correspondía
al Cuerpo de Nuestro Señor, mientras que el sacerdote, en
el altar, encabezaba [la oración] como Cabeza. Formamos el Cristo
total – Cabeza y miembros – tanto sacramentalmente por el
Bautismo como visiblemente por nuestra posición y postura. Igual de
importante es que todos – el celebrante y la congregación
– miraban hacia la misma dirección, dado que estaban unidos
con Cristo en la ofrenda del Sacrificio único, irrepetible, y
aceptable al Padre.
Cuando estudiamos las prácticas litúrgicas más antiguas de
la Iglesia, encontramos que el sacerdote y el pueblo miraban
en la misma dirección, usualmente hacia el oriente, previendo que
cuando Cristo regresara, lo haría “desde el este”. En la
Misa, la Iglesia se mantiene en vigilia, esperando este regreso.
Esta simple posición es llamada “ad orientem”, que significa “hacia
el este”.
Múltiples ventajas
Por casi 18 siglos, la norma litúrgica fue
que el sacerdote y el pueblo celebraran la Misa “ad
orientem”. Deben existir razones sólidas para que la Iglesia haya
sostenido esta postura por tanto tiempo. ¡Y existen!
En primer lugar,
la liturgia católica siempre ha mantenido una adhesión maravillosa a
la Tradición Apostólica. Vemos la Misa, y de hecho toda
expresión litúrgica de la vida de la Iglesia, como algo
que hemos recibido de los Apóstoles, y que nosotros, por
nuestra parte, estamos llamados a transmitir intacto (1Co 11,23).
En segundo
lugar, la Iglesia mantuvo esta sencilla postura hacia el este
porque ésta revela en un modo sublime la naturaleza de
la Misa. Incluso si alguien que no estuviera familiarizado con
la Misa reflexionara sobre el hecho de que el celebrante
y los fieles están orientados en la misma dirección, reconocería
que el sacerdote ocupa el lugar de cabeza del pueblo,
teniendo parte en una única y misma acción que –
notaría después de un momento de mayor reflexión – se
trata de un acto de culto.
Una innovación con consecuencias
imprevistas
En los últimos cuarenta años, sin embargo, esta orientación compartida
se perdió; ahora el sacerdote y el pueblo se han
acostumbrado a mirar en direcciones opuestas. El sacerdote mira al
pueblo mientras que el pueblo mira al sacerdote, aunque la
plegaria eucarística está dirigida al Padre y no al pueblo.
Esta innovación fue introducida después del Concilio Vaticano, en parte
para ayudar al pueblo a comprender la acción litúrgica de
la Misa permitiéndole ver lo que está sucediendo, y en
parte como una adaptación a la cultura contemporánea, en la
que se espera que el que tiene autoridad mire directamente
a las personas que sirve, como un maestro que se
sienta detrás de un escritorio.
Desafortunadamente, este cambio tuvo una cantidad
de efectos no previsibles y, en gran parte, negativos. Primero,
que fue una seria ruptura con la tradición de la
Iglesia. Segundo, que puede dar la apariencia de que el
sacerdote y el pueblo están ocupados en una conversación acerca
de Dios, en lugar de estarlo en el culto a
Dios. Y tercero, que esto le da una importancia excesiva
a la personalidad del celebrante, poniéndolo en una especia de
escenario litúrgico.
Recuperar lo sagrado
Incluso antes de su elección como sucesor
de San Pedro, el Papa Benedicto ha estado urgiéndonos a
poner nuestra atención en la práctica litúrgica clásica de la
Iglesia para recuperar un culto católico más auténtico. Por esta
razón, he restaurado la venerable posición “ad orientem” cuando celebro
la Misa en la Catedral.
Este cambio no debe ser malinterpretado
en el sentido de que el obispo “está dando la
espalda a los fieles”, como si yo estuviera siendo inconsiderado
u hostil. Tal interpretación no entiende que, al mirar en
la misma dirección, la postura del celebrante y de la
congregación hacen explícito el hecho de que juntos estamos en
camino hacia Dios. El sacerdote y el pueblo están juntos
en esta peregrinación.
También sería equivocado ver la recuperación de esta
antigua tradición como un mero “atrasar el reloj”. El Papa
Benedicto ha hablado repetidamente de la importancia de celebrar la
Misa “ad orientem”, pero su intención no es animar a
los celebrantes a transformarse en “anticuarios litúrgicos”. En lugar de
esto, su Santidad quiere que descubramos lo que está detrás
de esta antigua tradición y lo que la hizo viable
por tantos siglos, es decir, la comprensión de la Iglesia
de que el culto de la Misa es primaria y
esencialmente el culto que Cristo ofrece a Su Padre.
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