La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Germán Sánchez Griese Cremación o entierro, ¿cómo resucitaremos?
Nuestra resurrección no será como la de Lázaro: un tiempo extra en la Tierra, sino como la de Jesús, a una nueva vida.
Cremación o entierro, ¿cómo resucitaremos?
Si me incineran y la mitad de mis
cenizas se quedan en el horno crematorio ¿cómo resucitaré?
Cuando pensamos
en nuestra resurrección, puede ser que nos venga a la
mente la imagen evangélica de los habitantes de Betania, junto
con Marta y María que han ido a la tumba
de Lázaro. El Maestro, Jesús, ha querido acompañarlas en su
dolor y visitar el lugar donde pusieron a su amigo.
De pronto y ante el estupor de Marta, pide que
quiten la piedra que servía de entrada a la última
morada de Lázaro y con voz potente le ordena: “¡Lázaro,
sal fuera!” (Jn. 11, 43). Y así, “resucita” a Lázaro,
ante los ojos estupefactos de la multitud.
Puede ser que nos
hayamos quedado con esta idea de la resurrección: los muertos
saldrán de sus tumbas y volverán a esta tierra, como
lo hizo Lázaro.
Pero esta no es la clase de
resurrección que proclamamos en el Credo: “Creo en la resurrección
de los muertos y la vida del mundo futuro”.
Mientras
que la resurrección de Lázaro fue una extensión de su
vida temporal, algo así como vivir un “tiempo extra” en
esta vida, la resurrección al final de los tiempos será
para otra vida distinta a ésta, para la vida eterna.
Cuando
hablamos de la resurrección de los muertos deberíamos pensar en
Cristo después de su muerte que se aparece a sus
amigos en forma de peregrino en el camino de Emaús
(Lc. 24, 13-35), a María Magdalena (Mc. 16, 1-8), cuando
come con ellos un pedazo de pez asado (Lc. 24,
41-42).
El cuerpo de Cristo resucitado no vuelve a la
vida terrenal como el de Lázaro, pues ya no está
sujeto a las leyes de la naturaleza: puede presentarse en
un lugar u otro sin necesidad de caminar, puede traspasar
las paredes, puede aparecer y desaparecer a la vista de
sus amigos. Hablamos entonces de un cuerpo glorioso, de un
cuerpo resucitado a otra vida, a la vida eterna.
No es
nada fácil pensar en la resurrección de nuestro cuerpo. Éste
ha sido uno de los puntos más controvertidos del cristianismo.
Desde tiempos de San Pablo era difícil creer en la
resurrección. Incluso los griegos, uno de los pueblos más cultos
de la historia, se reían ante la predicación de San
Pablo: “Al oír la resurrección de los muertos, unos se
burlaron y otros dijeron: ´Sobre esto ya te oiremos otra
vez´”. (Hch.17, 32-34). Para los sabios griegos la resurrección era
inconcebible.
Los católicos creemos en la resurrección de los muertos porque
Cristo resucitó y Él mismo lo afirmó cuando dijo: “Y
acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en
el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo
Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es
un Dios de muertos, sino de vivos”. (Mc.12, 26-27). Y
por si esto fuera poco, Jesús nos dice que todos,
buenos y malos, vamos a resucitar: “... y saldrán los
que hayan hecho el bien para una resurrección de vida,
y los que hayan hecho el mal, para una resurrección
de juicio”. (Jn. 5,29)
La resurrección, según nos dice el Catecismo
de la Iglesia Católica en el número 997 sucede de
la siguiente manera: “En la muerte, separación del alma y
el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción,
mientras que su alma va al encuentro con Dios, en
espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su
omnipotencia, dará definitivamente a nuestro cuerpo la vida incorruptible, uniéndolo
a nuestras alma, por la virtud de la Resurrección de
Jesús”.
Al final de los tiempos, es decir, el día del
juicio universal, vendrá Cristo y unirá nuestra alma a un
cuerpo glorioso.
¿Cómo será este cuerpo? No lo sabemos con
certeza, sólo lo podemos imaginar contemplando el cuerpo de Cristo
resucitado: un cuerpo con ciertas similitudes al cuerpo terrenal, pero
no sujeto a sus leyes, un cuerpo perteneciente a otra
dimensión, a la dimensión de la vida eterna.
Entonces, contestando
a la pregunta inicial, si las cenizas de mi cuerpo
se pierden en el horno crematorio, si mis huesos se
pudren en mi tumba y se convierten en polvo, o
si caigo al mar y mi cuerpo es devorado por
los tiburones, no tengo de qué preocuparme.
En el momento
de la muerte se me juzgará y si soy digno
de la vida eterna mi alma irá a la gloria.
Después, en el día del juicio universal cuando todos los
muertos resuciten, el poder de Cristo unirá mi alma incorruptible,
que ya ha estado gozando del Cielo, a un cuerpo
transfigurado en cuerpo de gloria (Flp. 3, 21), un cuerpo
espiritual (1Co. 15, 44).
Será, por el valor salvífico de
la Resurrección de Cristo, que volverán a juntarse los restos
de ese cuerpo destrozado por los tiburones, o dispersado por
el polvo de los años o perdido en el horno
crematorio. Será como una nueva creación. No en vano los
primeros cristianos la llamaban “paleo génesis” que significa precisamente eso:
nueva creación.
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos.
Esta afirmación de San Pablo nos da la clave de
la esperanza en la verdadera vida, en el tiempo y
en la eternidad.
Si tienes alguna duda, conoces algún caso que
quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en
los foros de Catholic.net donde siempre encontrarás a alguien
al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios
y los enriquecerá con su propia experiencia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
me parece estupendo! hay que trabajar duro para ser dignos en lo que nos toque de nuestra parte y confiar en DIOS que de el depende todo para poder lograr ese cuerpo glorioso!!!
Consultores
de la sección Consulta cualquier duda acerca de las principales verdades de la fe católica, su congruencia con la razón y las normas para vivirlas. Cuestiones apologéticas para saber defender tu fe ante el ataque de las sectas y de doctrinas y corrientes contrarias a la misma
Ver todos los consultores
Curso que presenta las bases teóricas para ser un buen evangelizador, enriquecidas con un muy amplio repertorio de sugerencias prácticas.
Ver todos los eventos