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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net ¿Qué es el Purgatorio?
En el Purgatorio reinan el amor y la esperanza, la firme convicción de la salvación eterna.
Muchos católicos no saben bien qué es eso tan misterioso
que llamamos Purgatorio, porque lo hemos escuchado de pequeños en
la catequesis, en casa, en algunas oraciones, etc.
Respondiendo en
pocas palabras, el Purgatorio es el estado en el que
van todas las almas, que, aún muriendo en gracia de
Dios, no han llegado en su vida a purificar el
daño que han ocasionado con sus pecados.
Pero... ¿De qué hay
que “purgarse”? ¿No se supone que se nos perdonan todos
los pecados en la confesión?
Con la confesión quedan perdonados
nuestros pecados y quedamos libres del castigo eterno que nos
merecíamos. Pero la confesión no repara el daño que hemos
ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas obras o
con nuestro sacrificio.
Entenderlo es tan fácil como pensar que rompimos
un vidrio de la casa del vecino. Corremos a su
casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos perdona de
todo corazón y seguimos siendo tan amigos como antes. Pero...
¡el vidrio sigue igual de roto!
Los que aún estamos vivos,
podemos reparar el daño que hemos ocasionado con los grandes
medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia como los
sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras de misericordia,
la predicación de la Palabra de Dios, las indulgencias plenarias,
la vida de caridad y de santidad.
El otro modo, que
es la forma menos recomendable para reparar la pena temporal,
es pasar por el Purgatorio.
Cuentan de santos que han
tenido la visión del Purgatorio que hubiesen preferido sufrir lo
más terrible de esta vida por mil años, que estar
un solo día en el Purgatorio. Allí se va para
una purificación en profundidad, una limpieza que cuesta grandes pesares
y malestares, pero necesaria para nuestra buena salud.
El purgatorio
existe, debe existir porque nadie entra a las Bodas del
Reino de los Cielos con la piel y la ropa
llena de mugre. Es necesario entrar con el mejor vestido.
Y en donde se nos lava hasta el punto de
quedar dignos para el paraíso y con el traje adecuado,
es en el Purgatorio. Nadie nos obligó a ensuciarnos, lo
hicimos por libre disposición. Pero si queremos ser buenos invitados,
no se nos ocurrirá entrar indignamente presentados, desearemos estar limpios,
muy limpios, como se merece el Esposo de las Bodas.
El
Purgatorio, por tanto, existe y es más que un lugar,
es un estado de purificación, con un fuego que nos
arrancará nuestros errores de raíz y los disolverá en su
fuego, con el dolor de los que se sanan de
una herida.
No es para nada igual que el Infierno, pues
en el Infierno reinan el odio y la desesperación eterna
y en el Purgatorio reinan el amor y la esperanza,
la firme convicción de la salvación eterna. Todo allí será
sufrir pero sólo para lograr amar verdaderamente al Señor que
nos esperará con los brazos abiertos en su eterno Convite
Celestial.
Si tienes alguna consulta utiliza este enlace
para escribirle al P. Joaquim Meseguer García. Especialista en
temas escatológicos, es decir, de la Teología del más allá:
la muerte, el Juicio final, la resurrección, el Cielo, el
Purgatorio, el Infierno
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