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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Serie "Amigos de Jesús" ¿Qué es el cielo?
Es la participación en la naturaleza divina, gozar de Dios por toda la eternidad.
La definición del Cielo que nos da el Catecismo de
la Iglesia Católica es:
"El Cielo es la participación en la
naturaleza divina, gozar de Dios por toda la eternidad, la
última meta del inagotable deseo de felicidad que cada hombre
lleva en su corazón. Es la satisfacción de
los más profundos anhelos del corazón humano y consiste en
la más perfecta comunión de amor con la Trinidad,
con la Virgen María y con los Santos. Los bienaventurados
serán eternamente felices, viendo a Dios tal cual es." Catecismo de
la Iglesia Católica, 1023-1029, 1721-1722.
Seguramente has de estar pensando: "¿Qué
el Cielo es qué? ¡No entendí nada! Algo tan
difícil de entender no debe ser tan bueno", o tal
vez: "¡Qué aburrido suena eso de contemplar a Dios… y
por toda la eternidad! A mí me gusta la
actividad, eso de ángeles , querubines y cantos gregorianos… ¡como
que no se me antoja!"
Realmente esta imagen del Cielo resulta
muy poco atractiva para cualquiera, pero es que el Cielo
no es como lo pintan los cuadros. ¿Qué tal
si te digo que el Cielo es algo así como
la suma de todos tus momentos felices, de todos tus
deseos cumplidos, de todos tus "hobbies" realizables? Empieza a sonar
interesante, pero aún se queda corto.
Ante la imposibilidad de
explicar lo que es el Cielo, muchos autores y teólogos
han intentado describirlo como lo que no es: en el
Cielo no habrá sufrimiento, no habrá hambre, ni sed, ni
cansancio, ni injusticias, no existirá el dolor y tampoco la
muerte. Esto es un buen comienzo, sin embargo, es demasiado pobre
el describir el Cielo como la ausencia del mal, pues
el Cielo es eso y mucho más.
El Cielo es felicidad
que rebasa nuestros deseos, actividad sin cansancio, descanso sin aburrimiento,
conocimiento sin velos, grandeza sin exceso, amor sin afán de
posesión, perdón sin memoria, gratitud sin dependencia, amistad sin celos,
compañía sin estorbos. En el Cielo, Dios nos concederá mucho
más de lo que podemos pedir o imaginar y aún
aquello que no nos atrevemos a pedir.
Realmente puedes imaginarte el
Cielo como quieras: imagina el lugar más bello que hayas
visto, llénalo de todo lo que te guste y quítale
todo lo que te disguste, despúes pon en él todo
lo bueno que te puedas imaginar, acompañado de gente extraordinariamente
buena y simpática, haciendo aquello que más te guste. Cuando
hayas terminado de visualizar así el Cielo, puedes estar seguro
de que esa imagen es nada junto a lo que
realmente será.
¿Por qué se usa el cielo como símbolo del
Cielo?
La bóveda celeste, el firmamento, es el símbolo que
desde siempre se ha utilizado para representar el Cielo. Este
símbolo significa lo trascendente, lo inaccesible, lo infinito. Si observamos
el cielo en una noche estrellada, forzosamente nos llenaremos de
admiración y sobrecogimiento ante la belleza y la grandiosidad del
mismo. Sin embargo, el Cielo, la felicidad eterna, sobrepasa este
símbolo.
¿Es el Cielo un lugar? ¿En dónde se encuentra?
No
lo podemos ubicar ni arriba ni abajo, ni delante ni
detrás, pues el Cielo no es un lugar, sino un
estado en el cual los hombres encontraremos la felicidad buscada
y la conservaremos por toda la eternidad.
¿En el Cielo seremos
como ángeles o tendremos también cuerpo?
Dios nos ha creado
como hombres y nos ama como hombres, por eso, el
premio que nos ofrece es para disfrutarlo como hombres, dotados
de alma y cuerpo. En el Cielo nuestra alma disfrutará
al estar en contacto con Dios y, después de la
resurrección de los cuerpos, también disfrutaremos con un cuerpo, aunque
será un cuerpo distinto, un cuerpo glorioso que ya no
estará limitado por el espacio y el tiempo, como el
de Jesús resucitado, que podía aparecer y desaparecer en cualquier
lugar. San Pablo habla de esto en I Cor
15, 40 ss.: Sonará la trompeta y los muertos resucitarán
incorruptibles y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que ese
ser corruptible sea revestido de incorruptibilidad y que ese ser
mortal sea revestido de inmortalidad.
¿Cómo podré ser feliz si alguna
de las personas a quienes amo están en el infierno?
Por supuesto esto es un misterio, pero la felicidad que
recibirás en el Cielo colmará todas tus necesidades y nada
podrá limitarla. Tendrás el conocimiento perfecto y una claridad absoluta acerca
de las intenciones de los demás, te darás cuenta de
que los condenados no están recibiendo un castigo injusto, sino
que ellos mismos lo han escogido libre y voluntariamente. Su
sufrimiento no afectará tu felicidad plena.
¿Existen diferentes tipos o niveles
de felicidad en el Cielo?
Sí, pero esto no se
debe a que el Cielo sea diferente, sino a que
las personas que llegan a él son diferentes. La felicidad
será plena para todo el que llegue al Cielo. No
es que unos sean más felices que otros, todos serán
totalmente felices en la intimidad con Dios , pues todos
estarán totalmente llenos de Dios. La diferencia está en que,
así como hay vasos grandes a los que les cabe
más agua que a otros más pequeños, de la misma
manera, hay almas más santas y otras menos, de acuerdo
con la capacidad que cada uno desarrolló a lo largo
de su vida.
Lo que Jesús nos dijo acerca del Cielo
Jesús
nos habla en el Evangelio muchísimas veces acerca del Cielo
y nos lo explica en un lenguaje que podemos entender: A
los hambrientos les hablaba de pan, a la samaritana de
un agua que sacia definitivamente la sed (Jn 4, 1
ss). Hablaba de perlas preciosas (Mt 13, 45.), de onzas
de oro, de una oveja perdida y recuperada. Nos habla
de un banquete, de una fiesta de bodas, de redes
colmadas de peces, de un tesoro escondido en el campo. Todos
estos símbolos que utiliza Jesucristo nos pueden dar una idea
de la felicidad que tendremos en el Cielo, ya que
las felicidades terrenas son una imagen de la felicidad celeste.
Algunos testimonios de los que han visto lo que
es el Cielo
Han existido muchos santos a los que Dios
les ha concedido la gracia de poder ver lo que
es el Cielo. He aquí algunos de sus testimonios, con
los cuales han tratado de explicarnos con palabras terrenas lo
que nos espera en el Cielo:
San Pablo: Dios es capaz
de hacer indeciblemente más de lo que nosotros pedimos o
imaginamos (Ef 3,20). Nada son los sufrimientos de la vida presente,
comparados con la gloria que nos espera en el Cielo
(2 Cor 4,17).
Teresa de Jesús: Pude ver a Jesús en
su Santa Humanidad completa. Se me apareció con una belleza
y una majestad incomparables. No temo decir que, aunque no
tuviéramos otro espectáculo para encantar nuestra vista en el Cielo,
ya sería una gloria inmensa. (Vida de Santa Teresa).
San Agustín:
Es más fácil decir qué cosas no hay en el
cielo, que decir qué cosas hay: En el Cielo contemplaremos y
descansaremos, descansaremos y alabaremos, alabaremos y amaremos, amaremos y contemplaremos.
(Confesiones).
San Juan de la Cruz: Tanto es el
deleite de la vista de tu ser y hermosura, que
no la puede sufrir mi alma, sino que tengo que
morir viéndola, máteme tu vista y hermosura. (Cántico espiritual).
San Francisco
de Asís: El bien que espero es tan grande, que
toda pena se me convierte en placer.
¿Qué debo hacer para
alcanzar el Cielo?
Jesús nos habla en el Evangelio del
camino a seguir:
Entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13.).
Tomar la cruz.
Vender todo lo que tienes y dárselo
a los pobres.
Dejar a tu padre y a tu
madre.
Tomar el arado y no voltear hacia atrás.
¡Se oye
muy fuerte! ¡Parece muy difícil! Sin embargo, si vuelves a
leer los testimonios de los santos que han podido verlo,
te darás cuenta de que vale la pena y que
ningún sufrimiento es demasiado grande para evitar que luchemos por
él.
Querer ganar el Cielo significa tratar de tenerlo desde ahora
y eso, como ya vimos, se logra viviendo las Bienaventuranzas.
Tener
el Cielo es tener a Dios y tener a Dios
es vivir en gracia.
Entre la gloria y la gracia no
hay diferencia en esencia: Quien tiene la bellota, ya tiene
el encino; quien posee la gracia santificante, posee el Cielo,
es decir a Dios. Las diferencias son en el modo
de tenerlo: Aquí en la Tierra, quien tiene la bellota,
tendrá más tarde el encino. La bellota no es aún
el encino, pero llegará a serlo. En la tierra vemos
el capullo, en el cielo la flor; en la tierra
el amanecer, en el cielo el mediodía; aquí las sombras,
allá la luz; aquí lo parcial, allá la plenitud; aquí
la lucha, allá la victoria. M.M. Arami, Vive tu vida.
Los
medios para vivir siempre en gracia ya los conoces:
la
oración;
la huida de las ocasiones de pecado;
el sacrificio;
la frecuencia en la recepción de los sacramentos;
la devoción
a la Virgen María,
la vivencia de las Bienaventuranzas.
Para salir
victoriosos en el Juicio Final: Jesús nos lo dice claramente:
"Venid
benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis
de comer, porque tuve sed y me disteis de beber,
estuve desnudo y me vestisteis, forastero y me acogisteis, enfermo
y me visitasteis… Todo lo que hicisteis a uno de
estos pequeños, a mí me lo hicisteis."
Si
tienes alguna consulta utiliza este enlace para escribirle a Nuestros consultores on-line . Entre los cuales hay especialistas en
temas escatológicos, es decir, de la Teología del más allá:
la muerte, el Juicio final, la resurrección, el Cielo, el
Purgatorio, el Infierno
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