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Autor: P. Carlos M. Buela, IVE | Fuente: www.iveargentina.org ¿Se ve a Dios en el infierno?
Lo más dramático del infierno no es lo que más asusta a la mayoría, a saber, las penas sensibles. Lo que aterra del infierno es no ver a Dios
¿Se ve a Dios en el infierno?
La privación de la vista de Dios o pena
de daño
Ésta es la pena esencial del infierno. Si con
la imaginación más tropical y el corazón más calenturiento imaginásemos
las torturas más refinadas e increíbles, las penas de sentido
más espantosas que jamás se hayan pensado, y si aún
dejásemos como nenes de pecho a la imaginería barroca acerca
del infierno, a la tortura china y a los modernos
torturadores con sus refinadas técnicas, si el infierno tuviese todos
esos tormentos sensibles incluso elevados a la enésima potencia, pero
si no hubiese pena de daño, el infierno no sería
infierno sino más bien paraíso, ya que se vería a
Dios. Por el contrario, si en el infierno no hubiese
pena de sentido, pero sí privación de la vista de
Dios, el infierno sería infierno y tan insufrible como el
que tuviese los más espantosos y horribles castigos infligidos por
las creaturas.
Lo más dramático del infierno no es lo que
más asusta a la mayoría, a saber, las penas sensibles.
Lo que aterra del infierno es no ver a Dios:
“...no los conocerá aquel Dios a quien no quisieron conocer
en la vida” (2). Por eso decía sabiamente San Alfonso,
Doctor de la Iglesia: “todas las demás penas apenas si
son penas comparadas con esta pena” (3). Ni el “fuego
inextinguible” (4), ni el pestilencial olor, ni la compañía insoportable
de los demonios y de los otros condenados, ni el
lugar espantoso (5), ni el tormento de los sentidos corporales
internos y externos, ni el “gusano que no muere” (6)
roedor de la conciencia, ni “el llanto y crujir de
dientes” (7), ni “las tinieblas exteriores” (8), ni ninguna otra
de estas cosas, ni todas ellas juntas, forman el infierno,
sino el haber perdido a Dios.
Dicho de otra manera, ¿cuál
es el bien que pierde el condenado? Pierde a Dios
que es un Bien infinito. El dolor y la pena
son, por tanto, infinitos (9). Lo formal del castigo es
estar alejados de Dios. Así como el dolor sustancial de
la Pasión del Señor son los dolores interiores y no
los sensibles, así como en el temor de Dios es
más importante el temor filial y el temor servil debe
conducirnos a ese (10), así como en la penitencia lo
esencial es el dolor interior por los pecados cometidos y
la penitencia externa es sólo fruto y acicate para la
interna -y si no fuese así no serviría para nada,
pudiendo incluso ser pecado- (11), así, de manera parecida, es
la pena de daño respecto de la pena de sentido.
Claro
que esto al mundano no le llama la atención, ya
que de hecho en esta tierra vive como si Dios
no existiese y esa futura lejanía de Dios ni le
preocupa, porque la imagina como una prolongación de la lejanía
placentera y actual de Dios. Claro que esto al pecador
que vive revolcándose en el retortero de innumerables pecados esto
no le preocupa, ya que de hecho vive ofendiendo siempre
a Dios y esas ofensas le parece que no le
acarrean ningún castigo ahora, prolongando hacia el futuro en su
imaginación esa ausencia -aparente- de castigo. Claro que esto no
lo ve el que vive en las tinieblas de su
casi invencible estupidez y por su misma estupidez es incapaz
de abrir los ojos. Claro que esto no lo ven
quienes viven sumergidos en la fugacidad del tiempo que pasa,
en los miles de productos de los supermercados que ansían
y en el ensimismamiento de su voluntad permisiva. El tiempo
les impide ver la eternidad, el tener les obstaculiza captar
la primacía del ser y el creerse los autores de
su libertad a no notar la presente esclavitud, ni temer
la futura inexorable; su materialismo les impide considerar la posibilidad
de un castigo esencialmente espiritual. En última instancia, la pérdida
del sentido de Dios, los lleva a la pérdida del
sentido del pecado, y ésta los lleva a no percibir
la realidad del justo castigo por el pecado.
Niegan el infierno
los que primero han deformado o negado a Dios, en
algunas de sus características, como ser personal, espíritu puro, libre,
providente y trascendente. Cuando no hay Dios no hay forma
de trascender los horizontes de este mundo y el hombre
queda encerrado en la concreción de la inmanencia. La realidad
del infierno es demasiado clamorosa para quien ignora que tiene
un verdadero Padre en los cielos. En su libro “Discusión”,
Jorge Luis Borges, sostiene “la blasfemia de decir que todo
el que cree en el infierno ‘es irreligioso’, con lo
que caen en la Irreligión casi toda la Humanidad, menos
Borges; e inclusive Jesucristo...” (12). Algunos, aparentemente, nunca encontraron la
salida de sus tortuosos laberintos interiores.
Lo espantoso de la pena
de daño sólo lo comprenden aquí en la tierra las
almas santas y fervorosas. Los mundanos, los que viven en
pecado, lo comprenderán tarde, sólo se les abrirán los ojos
cuando entiendan que, por culpa propia, perdieron un Bien infinito.
2 San Agustín, Serm. 251, E.B.
app.: “Ultra nescientur a Deo, qui Deum scire noluerunt”. 3 Obras
ascéticas, B.A.C., Madrid, t. II, p. 669. 4 Cf. Mc 9,
42; Lc 3, 17; etc. 5 Llamado abismo (Lc 8, 31;
Ap 9, 11; 20, 1-3), horno de fuego (Mt 13,
42 y 50), estanque de fuego y azufre (Ap 19,
20; 20, 9.15; 21, 8), fuego eterno (Mt 18, 8;
25, 41), perdición, destrucción (Mt 7, 13; Fil 3, 19;
1Tim 6, 9; 2Ts 1, 9), muerte segunda (Rm 6,
21; Ap 20, 6. 14; 21, 8), tártaro (2Pe 2,
4), fuego inextinguible, tinieblas exteriores, etc. 6 Cf. Is 66, 24;
Jdt 16, 21; Eclo. 7, 19 y Mc 9, 43
ss. 7 Cf. Mt 15, 50; etc. 8 Cf. Mt 8,12; 22,
13; 25, 30; etc. 9 Santo Tomás, S.Th.,1-2, 87, 4: “Poena
damni est infinita, quia est amissio boni infiniti”. 10 Cf. San
Ignacio de Loyola, Exercicios Spirituales, [370]. 11 Ibid., [82]. 12 Leonardo Castellani,
El Evangelio de Jesucristo, Dictio, Bs. As., 1977, p. 489.
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En realidad muchos viven como si lo eterno fuera puro cuento. Algunos hablan del infierno como lo peor en materia de castigos el fuego eterno los sufrimientos más atroces pero hasta ahora gracias a este artículo veo que se hace una reflexión más profunda acerca de lo más terrible que es el infierno:la ausencia de Dios lo cual debería ser la razón más importante que nos debe mover el corazón hacia una verdadera conversión más que el miedo que algunos promueven acerca del infierno. Gracias
Publicado por: rosa
Fecha: 2009-11-10 16:59:27
Me parece exelente el comentario de no ver a Dios en el infierno. Creo que ayuda mucho a reflexionar lo importante que es ser feliz en esta vida y buscar a Dios desde este mundo.
felicidades....
Publicado por: Hugo Agudelo
Fecha: 2009-11-10 14:40:43
Muy interesantes opiniones sobre el infierno.Buenos puntos que nos ayudan a reflexionar sobre la vida de fe que deberiamos de llevar.Nuestros enemigos son aquellos que quieren destruir el alma que es siempre lo más importante.Gracias.
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