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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Centro de Actualización Pedagógica La Tradición
Los apóstoles, encargados de transmitir el mensaje que Cristo nos dejó
La Tradición
La palabra "viejo" cambia de significado casi cada vez
que la usamos. Las hojas del calendario se hacen "viejas"
en un día. Una revista es "vieja" cuando lleva varios
meses en la sala, los periódicos se hacen "viejos" al
día siguiente, la ropa “vieja” tiene varios años de uso,
pero un país no se vuelve "viejo" en centenares de
años. Y las viejas historias, las viejas recetas que se
han transmitido de generación a generación… ¿Son realmente "viejas"?
La "receta"
de Dios
Dios quiere que todos los hombres se salven y
alcancen la felicidad eterna. Por esta razón nos mandó
a su Hijo Jesucristo para que nos enseñara el camino
correcto, la "receta" para alcanzar la salvación. Jesucristo nos enseñó la
totalidad de este mensaje, de esta "receta" de Dios, con
su vida, obras y palabras, y al final les encargó
a los Apóstoles que lo transmitieran íntegramente a todos los
hombres.
“Como el Padre me envió, así os envío yo a
vosotros. Id por todo el mundo y predicad el Evangelio
a toda criatura, bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir
todo lo que yo os he enseñado.” (Jn. 20, 21;Mt.
28, 19-20)
Jesús quería que su mensaje se conservara íntegro para
siempre. Por eso no se lo encargó a cualquier hombre,
sino a sus Apóstoles sobre los que había fundado la
Iglesia.
Los Apóstoles eran los mejores candidatos para recibir, conservar
y transmitir el mensaje, porque ellos recibirían al Espíritu Santo
y Él les ayudaría a no olvidar, cambiar
o distorsionar el mensaje enviado por Dios.
Los Apóstoles se ponen
"manos a la obra"
Cuando recibieron el mandato de Jesús, los
Apóstoles se lanzaron a la predicación del mensaje a todos
los hombres.
Si tuvieras que transmitir algo a todo el mundo,
seguramente usarías todos los medios a tu alcance: periódicos, revistas,
anuncios televisivos, programas de radio y tal vez abrirías una
página en Internet con tu mensaje.
Los Apóstoles también usaron todos
los medios que tenían y se pusieron a predicar en
las plazas, a escribir cartas y a viajar por todo
el mundo entonces conocido, para anunciar la Buena Nueva de
Cristo a la humanidad.
Predicaron el mensaje de Jesús de dos
formas diferentes: oralmente, con su predicación, con su ejemplo y
sus instituciones, y por escrito, con los Evangelios y sus
cartas apostólicas.
¿Por qué no escribieron todo?
En tiempos de los Apóstoles
no era nada fácil escribir un libro, ya que no
existían computadoras, máquinas de escribir o imprentas, ni siquiera bolígrafos.
Es más, no existían hojas de papel. Todo tenía
que ser cuidadosamente manuscrito con plumas de ave sobre pergaminos
hechos de piel de animales.
Además de estas dificultades prácticas, el
mensaje que tenían que transmitir venía del mismo Dios: Omnipotente,
Infinito, Omnipresente… ¿Cómo poder contener a todo un Dios en
unas cuántas palabras escritas?
San Juan nos da una sencilla explicación: "Muchas
cosas más hizo Jesucristo, que si se escribieran todas, no
podrían contenerlas todos los libros del mundo”
Toda receta tiene sus
"secretos" como por ejemplo: "para que esponje debes tocar la
masa sólo con las yemas de los dedos". Generalmente hay
que conocer estos trucos para que el platillo salga perfecto,
pero éstos raramente vienen escritos en los recetarios porque son
difíciles de expresar, y sólamente se aprenden en la práctica
viendo cómo lo realiza alguien que ya los conoce.
Hay
otras cosas que no se pueden expresar por escrito por
más que se quiera: la bondad en la mirada, los
sentimientos, las reacciones ante determinadas situaciones, el tono de voz…
Todas
estas cualidades y gestos las tuvo Jesucristo y los apóstoles
las vieron, las disfrutaron, quedaron asombrados con ellas, las imitaron,
las meditaron, pero no las escribieron.
Ellos se limitaron a escribir
todo lo que el Espíritu Santo les dictó y sólo
lo que Él mismo les dijo que escribieran.
El resto del
mensaje lo transmitieron con palabras, con su ejemplo y con
las instituciones que fundaron. Este "resto del mensaje", los "secretos
de la receta" , es lo que conocemos en la
Iglesia como la Tradición.
Cuando los Apóstoles murieron…
Para que el mensaje
de Dios en la Tradición se conservara vivo e íntegro,
los Apóstoles se aseguraron de no dejarlo en manos de
alguien que perdiera el mensaje.
Los Apóstoles dejaron el mensaje de
la Tradición en manos de los obispos, que fueron sus
sucesores en la Iglesia. Ellos también tendrían siempre la ayuda
del Espíritu Santo para transmitir el mensaje íntegro y sin
modificaciones.
Desde entonces, los obispos han sido los encargados de conservar
el mensaje y transmitirlo íntegramentez a sus sucesores, y de
adaptarlo sin cambiarlo, con la ayuda del Espíritu Santo, a
las diversas épocas de la historia.
Así, la riqueza de
la Tradición ha pasado de generación en generación a la
práctica y a la vida de toda la Iglesia.
En la
transmisión de este mensaje, Dios sigue en comunicación de forma
presente y viva con su Iglesia por medio del Espíritu
Santo que es quien introduce a los fieles en la
verdad plena y hace que la Palabra de Cristo habite
en ellos intensamente.
El mensaje de la Revelación no pertenece a
una persona o a un grupo de personas, sino al
Espíritu Santo que habita en la Iglesia transmisora de la
Verdad a través de sus representantes elegidos por Dios.
¿Qué relación
hay entre la Tradición y la Sagrada Escritura?
Tanto la Sagrada
Escritura como la Tradición, tienen una misma fuente: las dos
vienen de Dios, ambas son mensajes que Dios ha dado
para el hombre.
También las dos tienen una misma finalidad: que
los hombres alcancen la salvación.
En la vida diaria de la
Iglesia, ambas cumplen con una misma función: hacer presente a
Cristo, el Verbo, la Palabra de Dios entre los hombres.
Son
dos formas diferentes de transmisión de la Verdad: la Sagrada
Escritura es la Palabra de Dios escrita por inspiración del
Espíritu Santo, mientras que la Tradición recibe la Palabra de
Dios, encomendada por Cristo a los Apóstoles, y la transmite
íntegra a sus sucesores para que ellos, con la ayuda
del Espíritu Santo, la conserven, la expongan y la difundan
fielmente en su predicación.
La Sagrada Escritura y la Tradición son
importantes, se complementan y juntas forman la verdad.
Los nacimientos, las
pastorelas y las peregrinaciones… ¿son la Tradición?
En el transcurso
de la historia de la Iglesia en los diferentes países
han surgido pequeñas tradiciones que manifiestan formas locales y temporales
de vivir la Tradición, pero no son propiamente la Tradición.
Estas
tradiciones particulares son manifestaciones, expresiones que sirven en un momento
determinado de la historia, para que las personas de cierto
lugar se acerquen más fácilmente a Dios.
Estas tradiciones tienen un
gran valor en un momento, lugar y situación determinados, pero
siempre tienen que revisarse a la luz de las enseñanzas
de la Iglesia, para ver si siguen teniendo validez o
si hay que modificarlas, adaptarlas, mantenerlas o suprimirlas, dependiendo de
las nuevas costumbres de los pueblos.
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