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Santo Tomás de Aquino | tema
Autor: Cristiandad.org
La ley natural según Santo Tomás de Aquino
La ley natural, ¿comprende muchos preceptos o uno solamente? Summa Teológica, parte 1ra. de la 2da. parte, cuestión 94, artículo 2
 

Al meterse en la Teología Natural de Tomás de Aquino, sabiendo de la hondura y coherencia de su pensamiento tanto filosófico como teológico, se llega con inesperado asombro a leer los siguientes párrafos:

"Todo ser cognoscente conoce a Dios implícitamente en cualquier cosa conocida. Del mismo modo que no hay nada apetecible sino por semejanza con la bondad por excelencia, así también nada es cognoscible más que por semejanza con la verdad primera" (De Veritate, q. XXII, a. 2, ad 1m).

"Como inteligir no es otra cosa que una cierta presencia del inteligible al intelecto, el alma siempre intelige a sí y a Dios, a lo que se sigue un cierto amor indeterminado" (Esta cita se encuentra -en latín- en la obra de Zubiri, Naturaleza, Historia y Dios).

El asombro está justificado, me parece, cuando se sabe que Tomás en modo alguno era ontologista. Más aún, refuta explícitamente el argumento ontológico. No pueden interpretarse pues estas palabras como si gozáramos de la evidencia de Dios en este mundo.

Pero sí es evidente que Tomás afirma que en cualquier conocimiento, tenemos conocimiento -... implícito- de Dios.

¿Y cómo es eso? Porque conocer es tener presente de alguna manera, lo conocido; y cualquier cosa es inteligible en la medida en que se asemeja (todo lo de lejos que se quiera) a Dios Sumo Inteligible; y por poco que se asemeje, la semejanza es suficiente para contener en alguna medida el Modelo según el cual ha sido creado.

¿Qué la desemejanza es infinita y lo finito no puede remitir el intelecto al Infinito? También es prácticamente infinita la desemejanza material que existe entre un retrato y la persona retratada. Sin embargo, cuando hemos visto un retrato de una persona desconocida y después nos encontramos con ella, decimos: ¡esta es la persona del retrato! Porque, aunque materialmente no tienen nada que ver, formalmente sí. Y como todo lo que existe, es, por poco que sea, nos está mostrando algo del Modelo según el cual ha sido creada. En el caso del ente en cuanto tal, su Creador y Modelo ejemplar es el Ser por esencia y por "poco ente" que aquél sea, los que llegan a ver a Dios en Sí mismo, dicen: ahora veo que todas las cosas me mostraban algo (aunque fuera muy poco) de Ti.

Con otras palabras, conocer cualquier cosa es conocer, aunque sea muy poco, pero realmente, a Dios. Por eso, no es tan difícil reconocerlo en cualquiera de sus obras. Y una vez más, el ateísmo se manifiesta como una violencia obturadora del pensamiento: una actitud contra natura.


A. Discusión

Los argumentos a favor de que la ley natural comprende solamente un precepto, y no muchos, son:

1. La ley pertenece al género del precepto.(q. 92, a. 2), Luego si hubiera muchos preceptos en la ley natural se seguiría que también serían muchas las leyes naturales.

2. La ley natural es algo consiguiente a la naturaleza humana. Mas la naturaleza humana, aunque es una considerada como un todo, es múltiple en sus partes. Por eso, la ley natural, o bien consta de un solo precepto por la unidad de la naturaleza humana como un todo, o bien consta de muchos por la multiplicidad de la naturaleza humana en sus partes. Pero en este caso también las inclinaciones de la parte concupiscible deberían pertenecer a la ley natural.

3. La ley, (q. 90, a. 1) es cosa de la razón. Pero la razón en el hombre es una sola. Luego la ley natural solo tiene un precepto.

Argumento en contra: consta que los preceptos de la ley natural son en el orden práctico lo que son los primeros principios en el orden de la demostración. Pero estos primeros principios son muchos. Luego también son múltiples los preceptos de la ley natural.


B. Respuesta

Como ya dijimos, los preceptos de la ley(q. 91, a. 3), natural son, en el orden práctico, lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos.

Ahora bien, esta evidencia puede entenderse en dos sentidos: en absoluto y en relación a nosotros. De manera absoluta es evidente por sí misma cualquier proposición cuyo predicado pertenece a la esencia del sujeto; pero tal proposición puede no ser evidente para alguno, porque ignora la definición de su sujeto.

Así, por ejemplo, la enunciación “el hombre es racional” es evidente por naturaleza, porque el que dice hombre dice racional; sin embargo, no es evidente para quien desconoce lo que es el hombre. De aquí que, según expone Boecio en su obra (De hebdomadibus), hay axiomas o proposiciones que son evidentes por sí mismas para todos; y tales son aquellas cuyos términos son de todos conocidos, como “el todo es mayor que la parte” o “dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí”. Y hay proposiciones que son evidentes por sí mismas sólo para los sabios, que entienden la significación de sus términos. Por ejemplo, para el que sabe que el ángel no es corpóreo y entiende lo que esto significa, resulta evidente que el ángel no esta circunscrito a un lugar; mas no así para el indocto, que desconoce el sentido estricto de estos términos.

Ahora bien, entre las cosas que son conocidas de todos hay un cierto orden. Porque lo primero que alcanza nuestra aprehensión es el ente, cuya noción va incluida en todo lo que el hombre aprehende. Por eso, el primer principio indemostrable es que “no se puede afirmar y negar a la vez una misma cosa”, principio que se funda en las nociones de ente y no-ente y sobre el cual se asientan todos los demás principios, según se dice en el libro IV de la Metafísica. Mas así como el ente es la noción absolutamente primera del conocimiento, así el bien es lo primero que se alcanza por la aprehensión de la razón práctica, ordenada a la operación; porque todo agente obra por un fin, y el fin tiene razón de bien. De ahí que el primer principio de la razón práctica es el que se funda sobre la noción de bien, y se formula así: “el bien es lo que todos apetecen”. En consecuencia, el primer precepto de la ley es éste: “El bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse”. Y sobre éste se fundan todos los demás preceptos de la ley natural, de suerte que cuanto se ha de hacer o evitar caerá bajo los preceptos de esta ley en la medida en que la razón práctica lo capte naturalmente como bien humano.

Por otra parte, como el bien tiene razón de fin, y el mal, de lo contrario, síguese que todo aquello a lo que el hombre se siente naturalmente inclinado lo aprehende la razón como bueno y, por ende, como algo que debe ser procurado, mientras que su contrario lo aprehende como mal y como vitando. De aquí que el orden de los preceptos de la ley natural sea correlativo al orden de las inclinaciones naturales. Y así encontramos, ante todo, en el hombre una inclinación que le es común con todas las sustancias, consistente en que toda sustancia tiende por naturaleza a conservar su propio ser. Y de acuerdo con esta inclinación pertenece a la ley natural todo aquello que ayuda a la conservación de la vida humana e impide su destrucción. En segundo lugar, encontramos en el hombre una inclinación hacia bienes más determinados, según la naturaleza que tiene en común con los demás animales. Y a tenor de esta inclinación se consideran de ley natural las cosas que la naturaleza ha enseñado a todos los animales, tales como la conjunción de los sexos, la educación de los hijos y otras cosas semejantes. En tercer lugar, hay en el hombre una inclinación al bien correspondiente a la naturaleza racional, que es la suya propia, como es, por ejemplo, la inclinación natural a buscar la verdad acerca de Dios y a vivir en sociedad. Y según esto, pertenece a la ley natural todo lo que atañe a esta inclinación, como evitar la ignorancia, respetar a los conciudadanos y todo lo demás relacionado con esto.


C. A los argumentos a favor de que hay solamente un precepto se responde:

1. Que todos estos preceptos de la ley natural constituyen una ley natural única en cuanto se reducen a un único primer precepto.

2. Que todas las inclinaciones de cualquiera de las partes de la naturaleza humana, como la concupiscible y la irascible, en la medida en que se someten al orden de la razón, pertenecen a la ley natural y se reducen a un único primer precepto, como acabamos de decir (respuesta anterior). Y así, los preceptos de la ley natural, considerados en sí mismos, son muchos, pero todos ellos coinciden en la misma raíz.

3. Que aunque es una en sí misma, la razón ha de poner orden en todos los asuntos que atañen al hombre. Y en este sentido caen bajo la ley de la razón todas las cosas que son susceptibles de una ordenación racional.



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