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Autor: Jorge Balvey | Fuente: Arvo.net Quinta vía de acceso al conocimeinto de Dios
Fin es aquello a lo que tienden ciertas cosas, de tal modo que obran como si algo futuro determinara el presente.
QUINTA VÍA DE ACCESO AL CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE DIOS
PUNTO
DE PARTIDA DE LA QUINTA VÍA
Existe un orden evidente en
el mundo. Más en concreto: hay seres que, carentes de
conocimiento, obran -como si lo tuvieran- por un fin. Tienen
un modo fijo e invariable de ejercer sus operaciones, lo
cual, por cierto, permite a los científicos formular leyes que
rigen su actividad y, hasta cierto punto, pueden predecir lo
que va a suceder.
Fin es aquello a lo que tienden
ciertas cosas, de tal modo que obran como si algo
futuro determinara el presente. La naturaleza obra «con vistas a»
conseguir determinada situación o perfección, que consigue, precisamente, obedeciendo ciertas
reglas fijas e invariables, que el azar no puede explicar.
Es
evidente que la naturaleza no obra al azar. Lo cual
equivale a decir que todo en la naturaleza está finalizado.
Sin el reconocimiento de la finalidad, sería ininteligible la armonía
que reina en el universo. Mejor, dicho, sin finalidad reinaría
el caos tanto en el microcosmos como en el macrocosmos.
También
es evidente que hay notas en el cosmos que parecen
sustraerse a la armonía que estamos afirmando (por ejemplo, la
enfermedad y la muerte). En una palabra existe también el
mal en el mundo. No vamos a soslayar el escándalo
que denunciaba Dostoiewski: ¡las lágrimas de un niño! ¡la muerte
de los inocentes!. Pero es legítimo posponer esta cuestión, porque
por mucho mal que veamos en el mundo, no podemos
negar el orden y la armonía que reina en el
cosmos. Y esto es lo que en primer lugar requiere
una explicación: ¿por qué el orden y no el caos?
Si todo fuera un caos ni siquiera tendríamos la idea
de orden. El desorden supone siempre un orden, aunque éste
resulte deficiente. Si todos fuéramos ciegos no nos plantearíamos siquiera
el problema de la ceguera, no la entenderíamos como un
mal, porque no la entenderíamos de ninguna manera. Si entendemos
lo que es la ceguera, es porque antes hemos entendido
lo que es ver. La ceguera no es lo primero.
Lo primero es ver. Después puede venir la ceguera. Por
eso la pregunta por la visión es anterior a la
pregunta por la no visión. La no visión se explica
a partir de la visión. El desorden habrá que explicarlo
después de explicar el orden.
Precisamente la existencia del orden y
de la correlativa idea de finalidad, de una Inteligencia ordenadora
es quizá lo que siempre ha suscitado la pregunta por
Dios. Veamos que esta pregunta no sólo está justificada sino
que viene exigida por la misma naturaleza de las cosas.
MEDIO
DE LA DEMOSTRACIÓN
A) Si el azar no puede dar razón
del orden que impera en el universo, es preciso que
alguna inteligencia que tenga presente el fin, le preste ese
orden, le confiera finalidad. Orientar la actividad a un objetivo,
adaptar un medio a un fin es imposible sin un
previo conocimiento del término (objeto o fin). Sólo una facultad
intelectual es capaz de trascender el dato sensible y prever
el futuro.
Ahora bien, los seres de la naturaleza carecen de
conocimiento intelectual, no trascienden el dato inmediato, sólo pueden tender
a los respectivos fines en cuanto son ordenados y dirigidos
por un ser superior inteligente, de modo análogo a como
la saeta es dirigida por el arquero.
B) Luego existe una
inteligencia ordenadora del cosmos, que dirige los seres naturales a
sus respectivos fines.
Esta inteligencia directora o está ordenada de suyo,
ordenada por sí misma a entender, o está ordenada por
otra.
No cabe un proceso al infinito: infinitas inteligencias ordenadas todas
por otras sin que haya una primera inteligencia superior a
la serie (trascendente a la serie).
CONCLUSIÓN
Luego existe una inteligencia que
no requiere ser ordenada,
que está ordenada por sí misma,
que está
esencialmente ordenada a entender,
que «es» su propio entender,
que no requiere
pasar de la potencia al acto para entender,
porque está siempre
en acto de entender.
En definitiva se trata del Entender en
acto, subsistente, infinito, único.
Debe ser, por lo tanto, espíritu puro,
sin mezcla de otra cosa.
Pura ciencia infinita y perfectísima realmente trascendente
y distinta al cosmos.
que dirige todos los seres inferiores a
sus fines respectivos, no de un modo violento, sino por
medio de principios naturales e intrínsecos a las cosas.
Es por
tanto el Ser Providente.
RESUMEN
"Algunos afirman y tratan de demostrar
que el universo es eterno y que todo el orden
que vemos en el universo, comprendido el hombre con su
inteligencia y libertad, es sólo obra del acaso. Pero Los
estudios científicos y la experiencia admitidos par tantas personas honestas
dicen que estas ideas, aunque afirmadas y tal vez enseñadas,
no están demostradas y dejan siempre extraviados e inquietos a
quienes las sostienen, porque comprenden muy bien que un objeto
en movimiento debe tener el impulso de fuera. ¡Comprenden muy
bien que el acaso no puede producir el orden perfecto
que existe en el universo y en el hombre! Todo
está maravillosamente ordenado, desde las partículas infinitesimales que componen el
átomo, hasta las galaxias que giran en el espacio. ¡Todo
señala un proyecto que comprende coda manifestación de la naturaleza,
desde la materia inerte hasta el pensamiento del hombre! Donde
hay orden, hay inteligencia; y donde hay un orden supremo,
está la Inteligencia suprema que nosotros llamamos Dios, y que
Jesús nos ha revelado que es Amor y nos ha
enseñado a llamar Padre!"
"Así, reflexionando sobre la naturaleza del universo
y sobre nuestra misma vida, comprendemos y reconocemos que somos
criaturas, limitadas y, sin embargo, sublimes, que debemos nuestra existencia
a la infinita majestad del Creador” "Por esto la oración es,
ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad
y de reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono
en Aquel que nos ha dada la vida por Amor."
(JUAN PABLO II, en la Basílica de San Pedro, 14
de marzo de 1979).
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