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Santo Tomás de Aquino | tema
Autor: Jorge Balvey | Fuente: Arvo.net
Quinta vía de acceso al conocimeinto de Dios
Fin es aquello a lo que tienden ciertas cosas, de tal modo que obran como si algo futuro determinara el presente.
 
QUINTA VÍA DE ACCESO AL CONOCIMIENTO
DE LA EXISTENCIA DE DIOS


PUNTO DE PARTIDA DE LA QUINTA VÍA

Existe un orden evidente en el mundo. Más en concreto: hay seres que, carentes de conocimiento, obran -como si lo tuvieran- por un fin. Tienen un modo fijo e invariable de ejercer sus operaciones, lo cual, por cierto, permite a los científicos formular leyes que rigen su actividad y, hasta cierto punto, pueden predecir lo que va a suceder.

Fin es aquello a lo que tienden ciertas cosas, de tal modo que obran como si algo futuro determinara el presente. La naturaleza obra «con vistas a» conseguir determinada situación o perfección, que consigue, precisamente, obedeciendo ciertas reglas fijas e invariables, que el azar no puede explicar.

Es evidente que la naturaleza no obra al azar. Lo cual equivale a decir que todo en la naturaleza está finalizado. Sin el reconocimiento de la finalidad, sería ininteligible la armonía que reina en el universo. Mejor, dicho, sin finalidad reinaría el caos tanto en el microcosmos como en el macrocosmos.

También es evidente que hay notas en el cosmos que parecen sustraerse a la armonía que estamos afirmando (por ejemplo, la enfermedad y la muerte). En una palabra existe también el mal en el mundo. No vamos a soslayar el escándalo que denunciaba Dostoiewski: ¡las lágrimas de un niño! ¡la muerte de los inocentes!. Pero es legítimo posponer esta cuestión, porque por mucho mal que veamos en el mundo, no podemos negar el orden y la armonía que reina en el cosmos. Y esto es lo que en primer lugar requiere una explicación: ¿por qué el orden y no el caos? Si todo fuera un caos ni siquiera tendríamos la idea de orden. El desorden supone siempre un orden, aunque éste resulte deficiente. Si todos fuéramos ciegos no nos plantearíamos siquiera el problema de la ceguera, no la entenderíamos como un mal, porque no la entenderíamos de ninguna manera. Si entendemos lo que es la ceguera, es porque antes hemos entendido lo que es ver. La ceguera no es lo primero. Lo primero es ver. Después puede venir la ceguera. Por eso la pregunta por la visión es anterior a la pregunta por la no visión. La no visión se explica a partir de la visión. El desorden habrá que explicarlo después de explicar el orden.

Precisamente la existencia del orden y de la correlativa idea de finalidad, de una Inteligencia ordenadora es quizá lo que siempre ha suscitado la pregunta por Dios. Veamos que esta pregunta no sólo está justificada sino que viene exigida por la misma naturaleza de las cosas.

MEDIO DE LA DEMOSTRACIÓN

A) Si el azar no puede dar razón del orden que impera en el universo, es preciso que alguna inteligencia que tenga presente el fin, le preste ese orden, le confiera finalidad. Orientar la actividad a un objetivo, adaptar un medio a un fin es imposible sin un previo conocimiento del término (objeto o fin). Sólo una facultad intelectual es capaz de trascender el dato sensible y prever el futuro.

Ahora bien, los seres de la naturaleza carecen de conocimiento intelectual, no trascienden el dato inmediato, sólo pueden tender a los respectivos fines en cuanto son ordenados y dirigidos por un ser superior inteligente, de modo análogo a como la saeta es dirigida por el arquero.

B) Luego existe una inteligencia ordenadora del cosmos, que dirige los seres naturales a sus respectivos fines.

Esta inteligencia directora o está ordenada de suyo, ordenada por sí misma a entender, o está ordenada por otra.

No cabe un proceso al infinito: infinitas inteligencias ordenadas todas por otras sin que haya una primera inteligencia superior a la serie (trascendente a la serie).

CONCLUSIÓN

Luego existe una inteligencia que no requiere ser ordenada,

que está ordenada por sí misma,

que está esencialmente ordenada a entender,

que «es» su propio entender,

que no requiere pasar de la potencia al acto para entender,

porque está siempre en acto de entender.

En definitiva se trata del Entender en acto, subsistente, infinito, único.

Debe ser, por lo tanto, espíritu puro, sin mezcla de otra cosa.

Pura ciencia infinita y perfectísima
realmente trascendente y distinta al cosmos.

que dirige todos los seres inferiores a sus fines respectivos, no de un modo violento, sino por medio de principios naturales e intrínsecos a las cosas.

Es por tanto el Ser Providente.

RESUMEN

"Algunos afirman y tratan de demostrar que el universo es eterno y que todo el orden que vemos en el universo, comprendido el hombre con su inteligencia y libertad, es sólo obra del acaso. Pero Los estudios científicos y la experiencia admitidos par tantas personas honestas dicen que estas ideas, aunque afirmadas y tal vez enseñadas, no están demostradas y dejan siempre extraviados e inquietos a quienes las sostienen, porque comprenden muy bien que un objeto en movimiento debe tener el impulso de fuera. ¡Comprenden muy bien que el acaso no puede producir el orden perfecto que existe en el universo y en el hombre! Todo está maravillosamente ordenado, desde las partículas infinitesimales que componen el átomo, hasta las galaxias que giran en el espacio. ¡Todo señala un proyecto que comprende coda manifestación de la naturaleza, desde la materia inerte hasta el pensamiento del hombre! Donde hay orden, hay inteligencia; y donde hay un orden supremo, está la Inteligencia suprema que nosotros llamamos Dios, y que Jesús nos ha revelado que es Amor y nos ha enseñado a llamar Padre!"

"Así, reflexionando sobre la naturaleza del universo y sobre nuestra misma vida, comprendemos y reconocemos que somos criaturas, limitadas y, sin embargo, sublimes, que debemos nuestra existencia a la infinita majestad del Creador”
"Por esto la oración es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y de reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dada la vida por Amor."
(JUAN PABLO II, en la Basílica de San Pedro, 14 de marzo de 1979).



Primera vía al acceso del conocimiento

Segunda vía al acceso del conocimiento

Tercera vía al acceso del conocimiento

Cuarta vía al acceso del conocimiento















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